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Capítulos

  1. El Clan Número 25
  2. Heredero Desafortunado
  3. Uno Entre Miles

1. El Clan Número 25

Dado que el humano tuvo conciencia, principió a buscar cada vez soluciones más complejas a problemas tan comunes, que apreciaba tanto la originalidad; es decir, que buscaban el origen, volver a la simplicidad de las primeras soluciones.
— Narrador

Hace cuantioso tiempo, hubo una familia que basada en este principio, fundó un clan, un clan que esperaban que prosperara. Esta familia, era la típica familia, tal vez no lo eran con los típicos vestuarios que usted conoce, las típicas comidas que usted sabe que comen las familias, pero sí lo eran con el común de que en ella había una oveja negra, dicha desdicha de la familia, fue el que en su intento de singularidad, separó a los clanes, dejando a cargo al líder del Clan 25, este siendo reemplazado casa cierto tiempo, a su vez se creó una nueva costumbre, nadie supo de cómo surgió ni siquiera quien le dio nombre. El 'Compromiso Milenario del Vestigio Original' pasó así a ser una de las principales misiones de los sucesores al trono.

Obligados así pues, los mismos tenían la necesidad buscar cómo conseguir esta meta, muchos no lo conseguían y eran aborrecidos, considerados como fracasados eran humillados hasta que la mayoría decidía acabar con su suplicio. A su vez, como contraparte, los que sí lograban esto, eran considerados héroes, eran amados y respetados por todo el clan. Akaryuutou, el sucesor 149 de la generación, fue el primero en considerar la piratería como un medio para conseguir su meta.

La familia no aprobó esto pero no pudieron detenerlo. El antes de partir discutió con su familia sobre el asunto.

- Espera, ¿Por qué tienes que hacerlo de esta forma hijo? Tu sabes lo peligroso que es volverse pirata, además...

- Lo sé madre, pero es lo que creo, sé que me convendrá para lograr traerle honor a la familia - dijo Akaryuutou calmando a su alterada madre.

- Déjalo ir, mujer. - Se introduce firme el padre a la conversación. - Tú sabes que tu hijo es fuerte, valiente y sabe protegerse solo, sólo debe tener en cuenta que el fracaso no es opción, menos con la elección que ha hecho, puesto que esto traera honor o deshonor a la familia dependiendo del resultado de tu misión.

- ¡Claro que lo tengo muy en mente padre!

- Bueno, me da gusto, tienes que lograrlo, nada me complacería más que verte volviendo exitoso de tu travesía, pero mis fuerzas ya no dan para más...

- ¡No hable así padre, usted vivirá muchos años! - Lo interrumpió Akaryuutou angustiado.

- Gracias por tus palabras hijo mío pero es innegable el hecho de que cadaa vez me enfermo y deterioro más, que no sé el día en que pueda...

- Bueno, no hablemos más del asunto, de cualquier forma irás ¿Cierto? - dijo la madre sollozando, con lárgimas entre los ojos y a punto del llanto.

- ¡Sí madre! - Se pone de pie del gran comedor que tenían en el palacio de liderazgo. - ¡Padre, madre... Les juro que les haré sentir orgullosos!

Dicho esto salió de la habitación dirigiéndose al puerto donde le esperaba un pequeño barco como del tamaño de un bote salvavidas pero más resistente que un trasatlántico, pues había estado con la familia de uno de sus mayordomos por bastantes generaciones, lo que lo hacía confiable, lejos de la naturaleza de reliquia que tenía el bote, estaba muy bien cuidado por la familia de Salvador, el mayordomo.

Así, emprendió pues su viaje en busca del tesoro sagrado para su familia, sus únicos compañeros de viaje eran un remo, una caña de pescar vieja que se encontraba a bordo, una mochila con su equipaje que se límitaba a un cepillo de dientes, un cambio de ropa, dinero de sus ahorros que no superaban los 100,000 B y una navaja que le regaló un tío, además de una parvada de gaviotas que volaba por ahí cerca y la voluntad de un aventurero en busca de su destino.

Después de una larga jornada de estar remando, descansando y volviendo a remar, avistó una isla, una isla extraña donde no había puerto, al contrario, había una gran reja por todo el límite de la isla. Dejó el bote sobre las rocas que sobresalían de la playa, él sabía que sería mientras la marea estaba baja porque si no, se quedaría varado, sin poder salir de la isla.

No había nadie, aunque si lo hubiera, sería el menor de sus problemas, puesto que para subir la reja que confinaba aquel lugar tendría que subir por una reja metálica de aproximadamente 65 metros, si caía sólo le esperaba una lenta y dolorosa muerte segura al chocar contra las rocas. En la cima había puntas filosas que hacían que cualquiera que tratara de entrar por lo menos se cortara un miembro, ya sea una mano amiga o un pie suicida, hasta una cabeza entera.

- ¿Será una isla desierta y alguien está guardando algo dentro con tanta seguridad o será una civilización muy miedosa?

- ¡Oye! ¡Oye tú! - Se escuchó un grito cerca de ahí.

- ¿Qué fue eso? ¿Será a mí?

- Sí, es a ti...

- ¡Ah, qué bueno! Espera... ¡¿Quién me descubrió?! - Dijo Akaryuutou anonadado. - ¿Dónde te encuentras? Disculpa pero necesito pasar.

- ¿De qué hablas? Sí nadie te ha dado permiso para pasar.

- Bueno, me puedes decir cuando cruce la reja. - Contestó Akaryuutou ignorando a la voz.

- ¿Qué estás diciendo, so zopenco? - Le recriminó la voz muy enfadada mientras le comenzó a lanzar unas flechas desde los arbustos interiores. - ¡¡No entres!!

- ¡Oye! ¿Por qué no?

- Porque aquí hay mosntruos, cosas espantosas y monos que te roban el dinero de tu almuerzo.

- ¡Ah, mira tú! ¡Qué miedo! - Le contestó mientras cruzaba la reja y se aventaba a los árboles y arbustos del otro lado.

- ¡Estúpido! ¡¡Te dije que no entraras!! - Salió corriendo entre los arbustos y lo escondió entre los árboles jaloneándolo. - ¡Zaaz! - Se escucharon las hojas al esconderse. - Espero no nos hayan visto.

- ¡Ey, oye! ¡¿Quién eres tú?!

- ¡¡Shhhhh...!! - Chistó - Cállate... - Le murmuró - O sino los guardianes del Sha nos pueden escuchar.

- ¿Quiénes? ¿Por qué nos escondemos de ellos?

- Sólo cállate y espera a que pase el peligro. - Hizo silencio mientras se escuchaba un ruido lejano.

- ¡Ra... Ra... Rummm...! ¡Rah... Rah... Ruhmmm...!

- ¿Qué mier...? ¿Qué rayos son esos sonidos? - Le murmuró cuestionándole a la pequeña criatura que lo había salvado de ser descubierto, ella sólo le volteó a ver y con una mirada entendió que no era nada agradable.

Pasaron una y dos, tres y cuatro, hasta cinco horas para que la condenada máquina esa que hacía los ruidos, se fuera. Después de ello se relajaron más y empezaron a salir de donde se escondían, lo que llevó a que Akaryuutou hiciera la cuestión obvia, para lo que ella dudó en responder, dudó en contarlo pero resignada pensó que si ya estaba dentro de esa isla, tendría que saber lo mínimo para por lo menos sobrevivir.

La niña interesada en aquel viajero que entró cual insecto volador que cae redondita en la trampa de la araña, una telaraña. Por ello le hizo el trato de que si él le contaba sobre él y como era afuera, ella le contraría todo sobre la isla. Akaryuutou ni tarde ni perezoso aceptó su oferta. Al hacerse de noche, les entró hambre por lo que tuvieron que irse a otro lado, ella le aconsejó un lugar por ahí cercano donde era poco probable que los vieran, además ahí había un pequeño lago con algunos cuantos Percas de Rejas, una especie endémica de la isla la cual era muy valorada.

- ¿Qué es lo primero que quieres saber, niño? - Le preguntó sentado encima de un tronco mientras trataba de prender la fogata que les serviría para cocinar el pescado que consiguió.

- ¿Quién eres tú, joven?

- Yo, yo soy Akaryuutou, miembro del clan número 25, sucesor al liderazgo del clan.

- ¡Ojú! ¡Suena importante! ¿Eres algo así como un principe! - dijo admirada.

- ¡Eh...! ¡S-Sí! Algo... algo así - Le contestó sin saber que responderle.

- ¡¡Cuéntame más!! ¡¡Cuéntame más!! ¿Cómo es de dónde vienes? ¿Por qué entraste a la isla? ¿Qué es lo que buscas aquí? ¿Tienes una princesa contigo? ¿Cuántos miembros son en tu familia? ¿Qué es lo que comen allá? ¿Hay niños también allá? ¿Cómo se llama...?

- ¡Oye! ¡Oye! ¡Oye! ¡Jajá! Si me preguntas todo a la vez no podré responderte... A ver, déjame ver... Trataré de responderte lo más que recuerde - Terminó con una sonrisa que se le salió al momento cómico que fue ese. - Vengo de un mar muy lejano o eso creo, no sé cuanto llevo remando pero cuanto más remaba más me acercaba al mar hasta casi naufragar, por lo que al ver esta isla fue una salvación para mí. No entre por ningún motivo en especial, por ello te puedo asegurar que no buscaba nada aquí...

- ¡Espera! ¡¿Entraste a la isla sin saber a qué venias?! ¡Achá! ¡Qué mala fortuna la tuya! - Le interrumpió y finalizó llevándose una palma a la frente en señal de vergüenza.

- Bueno, bueno, déjame seguir. - Le siguió la bola. - En mi familia hay muchos miembros, todo nuestro clan, se divide en subclanes, llamados clanes alfabéticos, porque están divididos de la A a la Z, cada uno tiene aproximadamente 200 a 300 personas, así que somos una familia grande ¿No crees? También me preguntaste sobre nuestra comida, ¿Cierto? - Le preguntó para reafirmar esto a lo que ella le asintió y este prosiguió. - Pues no sabría decirte con total seguridad, ya que allá comemos toda clase de comida, muchos tienen gustos diferentes, por ello es impensable tratar de asegurar que todos sólo comen carne de Rey Marino, o que sólo comen pescados frescos, o que sólo comen frutas... ¿Me entiendes?

- Ya veo, es una lástima pero entiendo... Sígueme contando. - Contestando a la cuestión y cediéndole la palabra.

- Pues bueno, lo último que me preguntaste fue sobre los niños, ¿Verdad? - Trató de asegurarse, pensando por un breve momento, en la rareza de las cuestiones de la niña. - Bueno, los niños de mi clan son posiblemente como los niños de esta isla, ¿No crees? Están todo el día con sus madres, jugando con sus amigos, haciendo apuestas en las que el perdedor es el que paga los helados a los demás, jugando a ser como sus héroes, estudiando, llenándose de conocimientos para un futuro, viendo sus programas favoritos desde la comodidad de su Den-Den Mushi Proyector, entre otras cosas de niños pero... También hay momentos en los que tienen que trabajar y entrenar para ser los mejores guerreros de la isla, practicar en con sus padres el oficio que prontamente heredarán. ¡En pocas palabras, forjándose un futuro!

- ¡Ah! Ya veo, eso ha de ser muy, muy, muy, muy bonito, ¿No es cierto? - Mencionó con una enérgica sonrisa, que prontamente se fue apagando.

- ¡Sí! ¿Por qué? ¿Aquí no pasa eso?

- ¿Eh? Bueno... Lo que pasa es que... - Se le hizo un nudo en la garganta a la niña antes de seguir.

- ¿Qué pasa? Cuéntame

- Bueno, lo que pasa es que el Sha... El encargado de toda esta isla.

2. Heredero Desafortunado

3. Uno Entre Miles

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