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Arco de las Bestias Divinas
Arco de las Bestias Divinas
Información
Número de capítulos 5
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Posterior Arco de la Reina Hada
Creador NeoGirl

El Arco de las Bestias Divinas es el primer arco de The Blue Haired One.

Capítulo 1: Tigre del Oeste

Amanecía en el concurrido poblado de Loguetown, la ciudad del principio y fin. La noche anterior, Meredy, una joven entusiasta con aspiraciones como pirata había arribado al Archipiélago Polestar. Esta mañana caminaba por el centro de la ciudad, curioseando tienda tras tienda. Todo era nuevo para ella y le llamaba la atención, en especial los comercios de comida, los cuales abrieron su apetito. Lamentablemente no tenía dinero, lo único que llevaba consigo era su Bō.

Llegado un momento, notó como varias personas observaban en la misma dirección. De forma curiosa también dirigió su mirada hacia aquella calle donde pudo ver a un pequeño grupo de Marines correr apresurados. Su instinto curioso la obligó a ir en la misma dirección, con la esperanza de encontrar a un gran pirata que estuviera causando problemas.

Unas calles más adelante, vio que los Marines se detuvieron en la entrada de un bar. De un momento a otro, la entrada de este estalló en pedazos y polvo, y de entre escombros de madera cayó el cuerpo de un joven hombre de cabello grisáceo. Las personas cercanas se apartaron rápidamente, dejando lugar a la escena. El joven mostraba señales de dolor, pero aún así intentó levantarse, fue entonces cuando el grupo de soldados de la Marine lo apuntaron con sus armas.

No te molestes en levantarte, Dientes de Sable.— Dijo una voz femenina con firmeza.

De entre el hueco en la entrada del bar surgió una mujer de cabello negro y gabardina blanca. Ante la vista de Meredy, esa mujer demostraba su fuerza con tan solo su presencia. Su formidable aparición no hizo más que alimentar el fervor del momento. De entre los curiosos pudo escuchar que la reconocieron como "Halcón Blanco".

¿Dientes de Sable? ¿Halcón Blanco? Apodos que para Meredy sonaban geniales. Perdida en su entusiasmo, no notó que el hombre se había puesto de pie y, de forma desafiante, observaba a la Marine frente a él. En ese momento, el joven comenzó a transformarse. De su piel brotó un pelaje albino, su tamaño aumentó junto a su musculatura, no fue hasta detallar las rayas negras de su pelaje que se trataba de un tigre.

Rápidamente lo reconoció como la habilidad de una Fruta del Diablo de tipo Zoan. Por su parte, la Marine de cabello negro solo lo observó y esbozó una leve sonrisa. En cambio, los civiles que yacían en el lugar huyeron asustados por la monstruosa apariencia de aquel hombre. Los Marines que se encontraban allí intentaron controlar el alboroto de los civiles, fue entonces cuando un soldado se percató de la presencia de Meredy y de su extraña actitud al no inmutarse frente a la bestia que tenían delante.

¡Oye! Aléjate de este lugar.— Exclamó el Marine de primera clase.

Luego de ser ignorado, el soldado nuevamente le exigió que se retirara. Esto atrajo la atención de la Marine que, al observar a la joven peliazul, se quedó asombrada por un segundo. El cruce de miradas entre ambas fue interrumpido por la bestia atigrada, que se precipitó contra la Marine. Esta volvió en sí y dedicándole una fría mirada lo redujo de un fuerte golpe en el estómago seguido de un preciso golpe en la nuca con la palma de su mano, lo que suscitó un prematuro fin del combate luego de que este cayera al suelo noqueado, volviendo a su apariencia humana.

La mujer de cabello negro dedicó toda su atención en Meredy. —Dime, ¿cual es tu nombre?— Interrogó seriamente mientras apuntaba con su espada hacia ella.

No es de educación apuntar con un arma a alguien.— Expresó la joven peliazul, quien de un rápido movimiento tomó su Bō que hábilmente giró con sus manos, para luego lanzarse directo contra la Marine que actuó rápidamente intentando detener el ataque. Esta solo recibió un fuerte golpe en su mano derecha, con la que sostenía su espada, mas la acción no fue más que eso, puesto que Meredy aprovechó y pasó de ella, acercándose al inconsciente muchacho.

Por cierto, mi nombre es Meredy.— Dijo con una sonrisa en su rostro, mientras cargaba el cuerpo sin mayor esfuerzo. Luego de esto procedió a retirarse lo más rápido que pudo, alejándose rápidamente.

La Marine había quedado sorprendida, mientras observaba la laceración en su mano no hacía más que pensar en el habilidoso golpe con el que la muchacha había logrado desestabilizarla, puesto que luego del impacto en su mano había quedado vulnerable a una siguiente ofensiva.

¡Contraalmirante!— Profirió uno de los soldados presentes en llamado a su superior.

¡Ustedes, síganlos!— Ordenó al pequeño grupo de soldados presentes, quienes rápidamente asintieron con sus cabezas. A su vez, detuvo a uno. —Contacta con la base, hay algo que necesito comunicar.


Pasadas ya algunas horas, Meredy se había llevado el cuerpo del hombre lo más lejos posible del centro de la ciudad con el fin de evitar a los Marines. Ella yacía sentada a su lado, esperando a que despertara. Fue entonces cuando despertó y repentinamente se reincorporó, lo que asustó a la peliazul.

¿Qué sucedió?— Preguntó, mientras que con una mano se tocaba la parte trasera de su cabeza en señal de molestia.

Luego de que cayeras inconsciente te traje aquí.— Respondió la peliazul.

Supongo que debería darte las gracias.— Expresó con calma, y continuó. —¿Quien eres?

Mi nombre es Meredy. Estoy buscando miembros para mi tripulación. ¿Que te parece ser mi primer oficial, Dientes de Sable?— Dijo alegremente.

Ante el entusiasmo de la chica no tuvo más opción que aclarar su postura. —Lo siento, pero no soy un pirata, soy un revolucionario. Además, mi nombre es Wallace.

La idea de que sea un revolucionario emocionó más a Meredy, quien rió con picardía. Interrumpiendo el momento, el estómago de Meredy resonó con fuerza, por el hambre que tenía. —¡Bien, mañana saldremos en busca de suministros para abastecernos!— Exclamó con ansias. Wallace la observó extrañado por la forma en que prácticamente fue ignorado, pero prefirió no decir nada puesto que él también padecía hambre.

Capítulo 2: Ave del Sur

Ya un nuevo día en Loguetown, Meredy no se encontraba exactamente de buen humor, principalmente por la falta de alimento que ella y Wallace se encontraban experimentando en ese momento.

Prácticamente se encontraban caminando en círculos, pasaban por los mismos lugares una y otra vez, esperando que algún alma dadivosa se le ocurriera verles la cara de hambrientos y les dieran un poco alimento, sin embargo, después de dos horas realizando la misma actividad, se dieron por vencidos.

Explícame nuevamente porque caminamos por horas sin rumbo alguno. — Preguntó Meredy a Wallace, su compañero desde hace algunos días y con quien se estaba llevando especialmente bien. — Porque decidiste que era hora de comer y, sin pensar bien qué íbamos a hacer, saliste impulsivamente de la habitación. — Comentó Wallace seriamente.

Meredy respondió con un suspiro de agotamiento. Tenía bastante hambre y no podía creer que eso le estuviera sucediendo a ella. Al instante, observó a un joven de cabellera roja, y cuya indumentaria le sorprendió bastante, con bolsas de comida y que se encontraba en dirección al puerto.

Wallace se encontraba sumamente hambriento, la única solución que pudo encontrar para, no solo satisfacerse él, sino satisfacer también a su capitana, era robarle la comida al pelirrojo. Para sorpresa de ambos, el joven pelirrojo sintió la presencia de Wallace, y al instante lanzó su comida al aire y con su abanico metálico golpeó la cabeza del segundo al mando de Meredy.

Si de verdad pensaste que lograrías robarme la comida, estabas bastante equivocado. — Comentó el joven pelirrojo hacia Wallace, mientras además atrapaba su comida. — Si lo que quieren es alimentarse, no hay necesidad de robar. He realizado algunos trabajos de cartografía últimamente, por lo que me he abastecido bastante estos días, si desean acompañarme a mi hogar, con gusto los ali--- — El joven pelirrojo fue sorprendido por un abrazo de Meredy, quien no paraba de agradecerle por invitarles a comer.


¿Entonces son piratas? — Preguntó el joven pelirrojo a Meredy y a Wallace, mientras se sentaba al lado de ellos en la mesa. — Sí, es una historia graciosa el como nos conocimos, pero el asunto es que ahora necesitamos un barco... ehm... ¿como dijiste que te llamabas? — Preguntó Meredy un poco confundida.

Elliott Akaminai, soy originario del South Blue, pero vine aquí para realizar unos cuantos trabajos de cartografía. — Comentó, y tras esto tomó un sorbo de su café, aunque realizando una expresión de disgusto una vez lo probó. — Creo que el cocinar no se te da... — Sugirió Wallace al observar la cara de disgusto que hizo Elliott con su café.

Pues no... por eso suelo comprar frutas, no hay que cocinarlas y saben bien así... pero se pudren muy rápido y eso no es exactamente de mi agrado. — Dejo Elliott volviendo a tomar un sorbo de su taza, aunque esta vez al probarla decidió dejar de tomar. — Pues bueno... creo que ya han comido, ¿no?

Al instante, y de manera sorpresiva, Elliott tomó su abanicó y lo agitó tan fuerte que Meredy y Wallace no pudieron evitar ser empujados por la ráfaga de viento emitida por el abanico. El golpe de viento fue tan fuerte que los llevó nuevamente al centro de Loguetown.

Eso fue... sorprendente. — La joven peliazul se quedó boquiabierta ante semejante forma de ataque de Elliott. — Oye Wallace... para salir de aquí necesitamos un barco, ¿no? — Preguntó Meredy hacia su segundo al mando, sin apartar la vista hacia la dirección de donde fueron enviados. — Claramente, no podemos surcar los mares únicamente nadando... No estarás pensando en... — Las palabras de Wallace fueron interrumpidas por el gran ánimo de Meredy. — ¡ELLIOTT Y SU BARCO SERÁN NUESTRA SIGUIENTE ADQUISICIÓN!


¡MALDITA PULGA! — El golpe que sufrió Wallace en ese momento fue suficiente para romper la pared del bar en el que estaban Meredy y él. La verdad es que la joven peliazul no terminó de entender porqué el Pirata con el cual estaban hablando se enojó, puesto que Wallace únicamente estaba tratando de pedirle que los llevara a otra isla.

Estos piratas viejos que no tienen paciencia para nada. Vamos a ver que tan bien recibe una paliza. — A una gran velocidad, Wallace se lanzó contra el capitán pirata que tan amigable se veía cinco minutos antes. El golpe fue tal que dejó noqueado al hombre. — Creo que le di muy fuer--

Al instante, Wallace fue golpeado por otro hombre, no entendía que estaba sucediendo, pero la fuerza de ese golpe era fácilmente tres veces más grande que la del golpe recibido por la persona que actualmente se encontraba noqueda.

Vaya vaya... derrotaste a mi hermano... — Dijo un hombre de gran altura y masa muscular temible, que portaba una gran hacha sobre su hombro como si de una simple espada se tratase. — ¿No se supone que tu hermano es tu capitán? — Preguntó Wallace tras escupir un poco de sangre por el impacto. — ¿Él? Kyahahahahahaha... — Río escandalosamente el hombre, quien al instante recobró su compostura. — No... yo soy el capitán, el gusta de alardear porque poseemos el mismo apellido, pero la realidad es que yo lo soy... así que prepárate para morir.

El movimiento del hacha fue tan rápido que Wallace lo pudo evitar por muy poco. Apareciendo detrás del hombre musculoso, Meredy lo golpeó con su bastón, haciendo que el hombre se distrajera un poco y pudiese ser golpeado fuertemente por Wallace. Si bien el golpe fue bastante estruendoso y perfectamente pudo haberlo noqueado, el hombre se defendió con su brazo izquierdo, y al instante con su hacha corto el hombro de Wallace profundamente.

Meredy tomó a su compañero y trató de alejarse, sin embargo, el hombre la tomó de la pierna y la azotó contra el suelo.

¿La pequeña pulga trata de escapar? Kyahahahaha... — Con una sonrisa maquiavélica, dirigía su hacha nuevamente hacia Meredy, quien cerrando sus ojos esperaba su inevitable impacto. Sin embargo, luego de un gran estruendo, la joven abrió sus ojos. — Vaya... para ser piratas no están preparados para las batallas de verdad... — Para sorpresa de Meredy, el joven pelirrojo del día anterior estaba frente a ella deteniendo con su abanico el hacha gigante de aquél hombre tan musculoso.

¿Podrías comentarme la hora? Estoy un poco perdido con el tiempo. — Preguntó Elliott con una gran sonrisa en su cara, aunque Meredy no entendía el porqué, respondió tranquilamente que faltaban treinta minutos para el medio día. — Perfecto... cuando acabe con estos chicos, necesito que me pongas este brazalete de nuevo. — Señalando el brazalete de su mano, procedió a lanzárselo a Meredy.

Al instante, la masa muscular de Elliott incrementó exponencialmente. Con un simple golpe destrozó el hacha de su oponente, y al instante, prosiguió a lanzarlo contra una pared, para más tarde golpearle la cara tan fuerte que el tipo quedó irreconocible.

En cuestión de cinco minutos, Elliott había acabado con toda la tripulación de aquél hombre tan musculoso. Al instante, miró a Meredy y a su herido compañero, a los cuales rápidamente tomó y con un gran salto, los llevó a su barco.

Tal y como había pedido a Meredy, esta le colocó nuevamente el brazalete, y como si nada hubiese pasado, Elliott volvió a su apariencia normal.

Perdona que hayas tenido que ver eso... — Comentó el joven pelirrojo mientras acomodaba sus pertenencias nuevamente. — Consumí la Fruta Dera Dera desde una corta edad, y no soy exactamente capaz de controlarme cuando la utilizo. — Explicó Elliott mientras buscaba una camisa nueva, exactamente igual a la que se destruyó cuando se transformó en el hombre tan musculoso que acabó con la tripulación enemiga. — Por eso utilizo este brazalete de kairoseki... así no tengo que transformarme a menos que me lo reti-- — Fue interrumpido por Meredy, quien se encontraba un poco desesperada porque Elliott no se callaba, y ella necesitaba pedirle que se uniera a ellos.

Tardó quince minutos en convencer a Elliott para que se uniera a ella y a Wallace. Si bien este se negó las primeras veces, finalmente accedió al ver que la joven pirata tanto lo necesitaba. Ahora su prioridad es encontrar alguien que sea capaz de curar a Wallace, quien necesitaba curar su herida en el hombro.

Capítulo 3: Dragón del Este

Luego de recubrir el hombro derecho de Wallace con vendas, el trío se dispone a tomar un descanso. Aprovechando el momento, Elliott se dispuso a consultar sobre los futuros planes de Meredy. —¿Qué es lo que sigue, capitana?— Preguntó el pelirrojo, quien se quedó extrañado ante la inesperada y pícara risa por parte de Meredy. —Eso de capitana suena genial.— Comentó, mientras intentaba contener su emoción.

No pareces ser alguien con ambiciones de piratería.— Continuó diciendo Elliott, esperando una respuesta. Meredy se detuvo a pensarlo por un momento, pero antes de que pudiese contestar fue interrumpida por Wallace. —¿Y que hay de la ambición de un cazarrecompensas?— Cuestionó en clara alusión hacia Elliott, quien le dirigió una fría mirada.

Meredy se levanto y alzó sus brazos, estirándose. —Necesitamos a un doctor que revise las heridas de Wallace, sino no podremos seguir.— Dijo, para luego saltar del barco hacia el muelle. Allí se encontró con una mujer, a la cual casi golpea por accidente.

¡Oh! Lo siento.— Se disculpó rápidamente.

Como si se hubiera quedado sin palabras, la mujer no hizo más que observar a Meredy, para luego hacer una reverencia. Wallace y Elliott se sorprendieron por el extraño actuar de la dama. Meredy, incómoda por la situación, dio un paso hacia atrás. —¿O-Oye qué haces?

¿Se conocen?— Preguntó Wallace desde la distancia.

Te he visto antes, en mis sueños.— Dijo la mujer, tras alzar la mirada.

¿Sueños?— Meredy, al igual que sus dos compañeros, se mostró extrańada por aquellas palabras.

Desde mi infancia he tenido esta clase de sueños, aquellos donde acompaño a una mujer de cabellos azules.— Explicó, sin quitarle los ojos de encima a Meredy.

Oh, bueno. Me llamo Meredy, mucho gusto.— Se presentó amablemente.

Mi nombre es Cecilie, el destino nos ha unido.— Respondió, para luego estrechar su mano.

¿Destino?— Interrumpió Wallace, preguntando con curiosidad.

Claro. El destino me ha traído aquí.— Comentó, a la vez que mostró una brújula que llevaba.

Sin poder evitarlo, como navegante experimentado, Elliott se acercó y tomó la brújula, al hacerlo notó como la aguja giraba constantemente sin marcar un punto fijo. —No puedes buscar personas con una brújula. Además, esta brújula no funciona. No puedes relacionar esto con algo destinado.— Discutió el pelirrojo.

Con sólo mirarte a los ojos puedo notar lo incrédulo que eres. La brújula te guía a aquello que más deseas, sólo debes saber como usarla.

Bueno, somos libres de creer lo que queramos, después de todo somos piratas.— Comentó Meredy con una sonrisa en su rostro. Elliott dirigió la mirada hacia ella, entendiendo el ideal de su capitana. Por su parte, Cecilie se soprendió al ver que ella ni siquiera se molestó en opinar al respecto, siendo la primera vez que alguien no juzgaba sus creencias.

Ya que estamos, ¿te gustaría unirte a mi tripulación?

Cecilie, con una expresión de sorpresa, aceptó inmediatamente. —Claro. Pero debo advertirte que no se nada sobre piratería.

Mientras tanto, Elliott, por lo bajo, le preguntó a Wallace si ella piensa reclutar a todo aquel que se le cruce. Wallace sólo levantó sus hombros en seńal de que desconocía la respuesta, el movimiento lo dejó adolorido por lo tanto tomó su hombro con su mano. Cecilie notó su expresión de dolor a lo que le preguntó si estaba herido. —¿Estás herido, no es así?

¡Casi lo olvido! Wallace necesita ser revisado por un doctor.— Dijo de forma alterada Meredy.

Pues es su día de suerte, yo lo revisaré.— Expresó con confianza Cecilie.


Momentos más tarde, los cuatro se encontraban en el barco. Cecilie terminaba de curar y vendar el hombro de Wallace, además de hidratar su cuerpo gracias a las habilidades de su Fruta Ika Ika, mientras Meredy y Elliott observaban.

Eso debería bastar, sólo debes esperar a que cicatrice. Las hojas medicinales ayudarán a que no se infecte la herida.— Explicó.

Meredy, fascinada por la facilidad que mostraba su nueva tripulante, le preguntó su procedencia. Cecilie se tomó unos segundos antes de responder.

Soy del East Blue. Me formé como curandera y he practicado la medicina desde que tengo memoria.— Dijo con seriedad.

Escuché que los curanderos son perseguidos por sus metodos poco prácticos.— Comentó Elliott.

Si, mi familia ha tenido cientos de problemas por esa razón.— Respondió la mujer cabizbaja.

De todas formas ya me siento mejor.— Interrumpió Wallace, mientras mostraba que podía mover con mayor libertad su brazo.

El agradable rato les duró poco, ya que sus estómagos comenzaron a resonar nuevamente. El siguiente objetivo de Meredy era encontrar a un cocinero para su tripulación cuanto antes.

Capítulo 4: Tortuga del Norte

¡Hora de ir de compras! — Exclamó efusivamente la joven capitana de cabellos azules. Se levantó, y señaló con su dedo índice la persona a la cual le correspondía acompañarla para realizar las compras, en esta ocasión, fue turno de Cecilie.

La realidad es que el ir de compras en realidad era más comenzar un lío en el centro de la ciudad. No tenían dinero, y dependían sobre todo de encontrarse monedas en el suelo y recogerlas para poder comprar alimento. El barco de Elliott estuvo abastecido de grandes cantidades de alimento, sin embargo, gran parte del mismo tuvo que ser echado a la basura debido a los intentos de toda la tripulación de cocinar. Necesitaban un cocinero, y aparentemente ningún miembro de la tripulación era capaz de hervir un poco de agua.

Salieron del barco mientras Wallace y Elliott trataban de reparar el tejado de la cocina del barco. En uno de los intentos de la tripulación por cocinar, algo estalló y el tejado del barco terminó hecho trizas. Meredy iba sumamente entusiasmada, tenía un gran presentimiento sobre ese día, tal vez encontraría un trozo de pescado en perfectas condiciones que fuera comestible a simple vista, o una bolsa repleta de dinero con el cual podrían reabastecerse de comida.

Pasando por la zona central del mercado, observaron que ese día estaba el mismo se encontraba con una mayor cantidad de personas a lo usual. — ¡Meredy! ¡Mira! — Cecilie se encontraba señalando un cartel gigante a la distancia, el cual recitaba "Productos alimenticios a mitad de precio". Ambas se apresuraron a contabilizar su dinero, percatándose que tenían lo suficiente para poder comprar por lo menos comida para una semana.

Cuando comenzaron a moverse, Meredy se tropezó con una mujer alta de largo cabello negro y quien simplemente ignoró lo que acababa de suceder y siguió caminando. Meredy se sorprendió al verla, parecía ser agradable pero había perdido a Cecilie de vista por lo que tuvo que buscarla nuevamente.

Cuando la logró divisar, notó que la misma se encontraba en compañía de la misma mujer con la cual se había tropezado, la cual se encontraba dándole instrucciones sobre como debía realizar la compra de ciertos alimentos.

... si la carne se encuentra muy dura, es porque ya está mala querida. Lo mejor es que busques trozos de carne que estén suaves y mucho más rojos, significa que están más nuevos. — Recitaba la joven mujer, a quien Cecilie prestaba mucha atención. Meredy observó con detenimiento a esta, y no tuvo el reparo de contener sus palabras. — ¿Eres chico o chica?

La cara de sorpresa de Cecilie fue gigante, no podía creer las palabras que habían salido de la boca de su capitana y no pudo evitar sonrojarse. Sin embargo, esta respondió sin problema alguno. — Ja, ja, ja, es la primera vez en mucho tiempo que me hacen esta pregunta querida... Pero sin problema puedes observar que lo más importante en este mundo es que ustedes dos vinieron a este lugar a realizar compras sin tener en su cabeza que exactamente querían cocinar. Así que... ¿les parece si las llevo a mi casa y les cocino un poco? Se encuentran bastante desnutridas y no puedo evitar pensar que han de estar muriendo de hambre.

Ambas asintieron, siguieron a esta hasta su hogar. Cuando entraron, notaron que la misma casa tenía bastantes adornos del país de la Armonía, aunque lo que más sorprendió a Meredy fue la katana que se encontraba en la casa. — Este era el hogar de mis padres, fallecieron hace unos 5 años y por lo tanto me lo heredaron a mí. — Comentó mientras se ataba el cabello en una cola de caballo. Al instante chasqueo sus dedos y señaló a Meredy. — Olvidé decírtelo, soy chico.

El comentario sorprendió a Cecilie y Meredy nada más soltó un "¡Lo sabía!". En cuestión de minutos el joven apareció con una gran cantidad de platillos que emanaban olores exquisitos. — Oh, lo siento pensé que tenía ingredientes suficientes pero solo pude realizar ocho platillos. Tenemos un Mini Soufflé Omelette, una Insalatta Frittata, un Boeuf Bourguignon y otros platillos, no planeo abrumarlas con los nombres. — Observó fijamente a las jóvenes quienes veían fijamente los platillos pero no probaban nada. — Vamos, coman.

Tomaron cada uno un poco de los ocho platillos que el joven les había cocinado. Sabores exquisitos que lo único que hacían era que quisieran probar más y más de lo que tenían en frente. Cuando se percataron, se habían comido todo. — ¿Les ha gustado? — Preguntó entusiasmado el joven, quien no paraba de verles. — ¡Claro! ¡Estaba delicioso! — El joven sonrió y se dirigió a la cocina. Al instante, volvió con un libro cuya tapa se leía como "1001 Recetas Estupendas por el chef Benjirō Kurosaki", Cecilie lo tomó y leyó el titular. — ¿Quien es Benjirō Kurosaki?

El joven rió fuertemente y dirigió su dedo índice hacia sí. — Soy yo. Desde joven he sido un apasionado por la cocina, estuve en una de las mejores escuelas culinarias del North Blue... pero luego murieron mis padres y no hubo quien pagara mi estadía en ella... — Su voz iba entristeciéndose poco a poco, era como si su sueño se hubiera apagado de un pronto a otro. — Mi sueño es ser el chef número uno del mundo, aunque actualmente me encuentro haciendo pequeños trabajos para poder hacer mi propio restaurante.

Yo te ayudo. — Dijo Meredy sin pensarlo dos veces. La mirada de Benjiro se iluminó un poco, pero no pudo evitar ver a la joven con un poco de confusión. — ¿Y como planeas hacerlo? — Meredy respiró hondo, y comenzó a contarle su historia sobre como llegó a Loguetown, y cual era su meta. Finalmente, preguntó a Benjirō si aceptaba unirse a su tripulación. — Claro.

«¿Tan fácil aceptó?» Se preguntó Cecilie al oír la tan tranquila respuesta de Benjirō. Sin embargo, Meredy preguntó antes de partir. — ¿Tienes alguna habilidad para el combate? — Benjirō mostró una leve sonrisa y tomó la espada que se encontraba en la entrada de la casa, a la cual Meredy había observado con tanta sorpresa. — Mis padres me entrenaron para samurái de pequeño, aprendí de los mejores y he combinado mis técnicas con la Fruta Tetsu Tetsu, la cual consumí hace mucho tiempo. Así que sí, se combatir querida.

Meredy mostró gran felicidad ante la explicación de Benjirō. Diez minutos después, se encontraban en el barco otra vez, cuando pusieron un pie dentro del mismo, notaron que Wallace y Elliott se encontraban en el suelo, desmayados.

Despierten, ya está la comida. — Los jóvenes se levantaron al oír una voz bastante femenina, al levantarse, vieron a una joven de largo cabello negro sirviéndoles la comida. Sin problema, se comieron lo que les pusieron en frente degustando todos los sabores que tenían los platillos. Cuando terminaron, Meredy y Cecilie aparecieron, siendo la última en preguntar. — ¿Ya conocieron a Benjirō?

La sorpresa en los ojos de Elliott y Wallace fue tan grande que Meredy y Cecilie comenzaron a reírse a carcajadas, mientras que Benjirō nada más sonría de manera coqueta.

Capítulo 5: Juramento Pirata

El día comenzaba bastante animado, al menos por parte de Meredy. Ben había preparado el desayuno para todos, quienes aún se encontraban cansados por haberse quedado reparando el barco hasta tarde. Meredy comenzó comentando que necesitarían un carpintero, Cecilie asintió con su cabeza dándole la razón, a eso se sumó Ben, siendo el último en sentarse a desayunar.

¿Cómo es que un samurái es un experto cocinero?— Comentó Cecilie, halagando las habilidades culinarias de Ben. Este no hizo más que sonreir. En ese entonces a Meredy se le ocurrió una idea, y todos lo notaron por su cara de emoción. —¡Escuchen! ¡Debemos hacer nuestro juramento pirata!

Todos se la quedaron viendo sin entender a que se refería, fue entonces cuando procedió a explicar que se trataba de dedicar unas palabras en alusión a los objetivos de cada uno donde juraban cumplirlos como piratas. Sus rostros no cambiaron, la idea del juramento sonaba ridícula. Ben decidió seguirle la corriente, por lo que se paró firmemente y vociferó su sueño. —¡Yo me convertiré en el mejor cocinero del mundo!

Motivado también, no podía negar que se sentía a gusto al decirlo en voz alta, pero Meredy lo interrumpió. —No no, así no es.— Dijo para luego retirarse y rápidamente volver con un barril, el cual apoyó delante de ella. —Primero deben pararse alrededor.

Cortando toda emoción de su capitana, Wallace se negó a hacerlo. Elliott, desafiándolo, decidió acotar. —¿Acaso te averguenzas de tu objetivo en la vida?

Claro que no. ¿Y tu qué?— Se notaba el tono de disgusto de Wallace. —A diferencia de ustedes, yo no vivo del mañana, simplemente me gusta disfrutar del hoy.— Respondió orgulloso de sus palabras el pelirrojo.

Justo antes de que comenzaran una discusión, Ben interfirió y se dirigió directamente a Cecilie. —No recuerdo haber escuchado nada de ti respecto al tema. ¿Tienes alguna meta?— Tanto Elliott como Wallace se quedaron en silencio, esperando una respuesta de su compańera.

Yo... quiero encontrar la cura a una enfermedad.— Dijo con timidez.

¿Alguien cercano a ti está enfermo?— Preguntó apenado el samurái.

No. Yo soy quien lo está.— Aclaró, sorprendiendo a todos. —Es una extraña enfermedad degenerativa que afecta al sistema inmune, y hasta el momento no se conoce cura posible.

Luego de unos segundos de silencio e incomodidad, Meredy se volvió el centro de atención. De forma enérgica comenzó con su juramento. —¡Yo, Meredy, me convertiré en la Reina de los Piratas!— Exclamó con una sonrisa en su rostro. —¿Y porqué quieres convertirte en la Reina de los Piratas?— Preguntó Wallace, dejando confundida a Meredy. —Amm... pues, la verdad no lo había pensado.— Su respuesta casi logra que todos cayeran de sus asientos.

No tiene sentido.— Se quejó el peliblanco en voz baja, para luego levantarse y dirigirse fuera del barco, con intenciones de tomar algo de aire. En ese entonces la agudeza de sus sentidos hicieron que se percatara de que algo no iba bien. Al momento que quiso alertar a sus compañeros un disparo se escuchó. Los demás, alarmados, salieron y vieron a Wallace, justo delante de él, en el suelo, la madera se encontraba perforada por un disparo, en señal de que no se moviera.

Varios soldados de la Marine hicieron su aparición al grito de "¡No se muevan!". Tomándolos por sorpresa, Wallace se vio rodeado por tres soldados que lo apuntaban con sus espadas, mientras que otros dos tomaron a Cecilie de sus brazos y la retuvieron. —¡Salgan de mi barco!— Exclamó Elliott, golpeando al marine que se le acercó. Meredy también golpeó a quienes se acercaron a ella, defendiéndose.

Por su parte, Ben desefundó su espada y saltó del barco directo al muelle, derribando a dos soldados en el camino. Allí se encontró con una mujer pelinegra, quien al ver que él portaba una espada decidió mostrar la suya, aunque esta era de madera. —¿Es una broma?— Preguntó al verla.

Mientras tanto, Wallace derribó a otros dos marines y el tercero fue derrotado por Elliott. A su vez, los dos marines que retenían a Cecilie cayeron al suelo sin fuerzas, debido a que sus cuerpos sufrieron el efecto de la deshidratación. —Aprenderán que no deben tocarme.— Les comentó, mientras la observaban sin poder hacer nada.

Meredy tomó su bastón y saltó detras de Ben, encontrándose nuevamente con aquella mujer, "Halcón Blanco". —Nos volvemos a encontrar.— Comentó la marine. Meredy avanzó unos pocos pasos, adelantándose de Ben, por lo que este entendió que no debía entrometerse en la batalla, en cambio volteó y se propuso cubrir a su capitana del resto de soldados que los rodeaban.

Luego de que se les diera su espacio, ambas se pusieron en posición de combate y se observaron fijamente a los ojos. Meredy saltó hacia delante velozmente, comenzando su ataque con su Bo. Sus golpes eran fácilmente cubiertos y detenidos por la Marine, quien usaba su espada para defenderse.

Todos se habían detenido a observar el combate, los pocos soldados de la marine que aún quedaban alentaban a su superior, mientras que los piratas se mantuvieron en silencio. —¿Quién es ella?— Consultó Cecilie, mientras analizaba los movimientos de la mujer marine. —Es una Contraalmirante de la Marine, su nombre es Kyoko.— Respondió Wallace, sintiéndose responsable ya que era consciente de que ella llegó allí, en un principio, buscándolo a él.

La Marine toma la ofensiva rápidamente y golpea fuertemente a Meredy en su estómago provocando que esta pierda el aliento y, por consecuencia, el conocimiento. Antes de que cayera al suelo, Kyoko se precipita a darle una patada, aplicando la misma fuerza que en el golpe anterior, causando que la peliazul volara por los aires, superando los límites del muelle y cayendo directamente al agua. —Maldición.— Pensó en voz alta, reconociendo que se había excedido.

¡Se ahogará!— Gritó Cecilie, quien sin pensarlo dos veces saltó tras ella, pese a perder sus fuerzas al tocar el agua. Wallace también reaccionó saltando allí y tomando a esta última de su brazo, pero de igual forma comenzó a debilitarse rápidamente. Ben y Elliott se sumergieron a medias mientras se sostenían desde el borde del muelle, y con fuerza lograron sacarlos poco a poco, viendo que en ningún momento Wallace soltó a Cecilie ni ella soltó a Meredy.

Ya con su capitana fuera del agua los cuatro tripulantes se encontraban completamente exhaustos por el esfuerzo sobrehumano que habían hecho, esto dejó perpleja a Kyoko quien no podía creer lo que había visto, estaba sorprendida de ver a consumidores de frutas del diablo saltar al mar para salvar a su capitana. —Sin dudas ese fue un gran acto de voluntad.— Comentó, mientras se acercó caminando a ellos. Los cuatro se levantaron rápidamente y se pusieron en guardia, pero para su sorpresa Kyoko enfundó su espada.

Se ganaron un día de descanso.— Dijo la marine con una sonrisa en su rostro. Los mismos subordinados de ella se sorprendieron al escucharla, y sin más alternativas, tras ayudar a sus compañeros heridos, comenzaron a seguirla en su retirada.

Pese a no creerlo se mostraron aliviados de oír eso, tomándose un respiro. Cecilie se apresuró en revisar a Meredy, deduciendo que no había sufrido ninguna herida grave y que sólo se encontraba inconsciente. Tomándose su tiempo, los cuatro decidieron volver al barco, allí dejaron a Meredy para que descansara.

Wallace se encontró con el barril que previamente Meredy había dejado, luego de quedárselo viendo por unos segundos decidió tomarlo. Mientras tanto, el resto se encontraban sentados sin saber que hacer, esperando a que la capitana despertara. —¿Y ahora qué?— Preguntó Elliott, quien sin más observó a Wallace acercar el barril.

Posicionándolo en medio, Wallace dejó caer el barril, cuyo ruido atrajo la atención de Ben y Cecilie, quienes se preguntaron que pretendía. —Lo de hoy fue una prueba de lo que nos espera en el futuro. Pero somos una tripulación y los superaremos.— Habló Wallace, procediendo a levantar una de sus piernas y apoyando su pie sobre el barril. —¡Yo acompańaré a la Reina de los Piratas a cumplir su objetivo, y juntos pondremos al mundo de cabeza!— Vociferó.

Ben decidió seguirlo y también reposó un pie sobre el barril y dijo. —Ya lo he dicho. ¡Seré el chef número uno del mundo, y ustedes serán testigos de ello!— Mientras sonreía. Posteriormente, con algo de timidez se acercó Cecilie, y en un impulso de confianza se les sumó. —Prometo encontrar la cura a mi enfermedad... ¡y así poder acompañarlos!

Por último quedaba Elliott, que estaba extrañado por el comportamiento de sus compañeros. Luego de suspirar se acercó al barril e imitando la posición de los demás dedicó unas palabras. —No llegarán a ningún lado sin mi, es por eso que los guiaré hacia donde sea necesario.— Los cuatro se comprometieron. Mientras tanto, Meredy, aún recostada y con sus ojos cerrados, esbozaba una sonrisa.

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