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Arco de la Desventura Añil
Arco de la Desventura Añil
Información
Número de capítulos 8
Anterior Arco de la Kunoichi
Posterior Arco de la Nobleza Aoyama
Creador NeoGirl

El Arco de la Desventura Añil es el quinto arco de The Blue Haired One.

Capítulo 19: Carta de Aviso

Usando el log pose que poseía Chiyome, los Piratas de la Peliazul lograron llegar a la isla San Faldo. Allí, como habituaban a hacer, el grupo de piratas explora la isla. Dejando el barco en la costa, Elliott era esta vez quien se quedaba en él. Mientras observaba algunos detalles del barco un rollo de papel cayó en la proa. Elliott alzó la vista y divisó una pequeña ave alejándose. Sin más tomó y extendió el papel, y al cabo de unos segundos leyó su contenido.


Por otra parte, Meredy encabezaba el paseo por el poblado. En silencio, Chiyome observaba a sus nuevos compañeros en un "día normal". Cecilie se distraía y se quedaba obsevando algunos locales de moda, apreciando los vestidos que estos exhibían, lo que retrasaba al grupo. —¡Oye, deja de perder el tiempo!— Reclamaba el primer oficial con un tono gruñón, frustrándose aún más al ver que era ignorado, esta vez por Ben, quien se encontraba junto a Cecilie opinando respecto a los vestidos.

Chiyome procede a tocar con su dedo índice la espalda de Wallace, llamándolo. Este voltea, notándose su rabia contenida, y ve como la kunoichi le señala hacia un lado, donde se puede ver a Meredy alejarse mientras iba detrás de un vendedor ambulante de comida. —¡Meredy, te dije que no te alejaras!— Exclamaba, para luego correr detrás de su capitana para arrastrarla de regreso. —Debemos volver antes de que anochesca.— Decía ya cansado Wallace, intentando que el grupo no se separara.

Ben se acercó a una frutería, donde exponía unas brillantes frutas atractivas a la vista. Tras él se acercó Meredy, y tomó una manzana. —Adelante, puedes probarla si lo deseas. Mis frutas son de la mejor calidad.— Habló el vendedor. Meredy iba a morder la manzana pero fue detenida por Ben, quien de un rápido movimiento con su espada cortó la manzana, la cual se abrió en dos aún en la mano de la peliazul. —No eres más que un farsante.— Dijo el samurái tras observar el putrefacto interior de la fruta, reconocible por su oscuro color.

Ante la furiosa mirada del vendedor, Ben procedió a retirarse con estilo. —Si que tienes un buen ojo, sin mencionar tu habilidad con la espada.— Una voz femenina halagaba al samurái. De entre las pocas personas que se detuvieron a observar lo sucedido, una mujer de cabello blanco resaltaba. —Gracias.— Respondió Ben, prosiguiendo con su paso, y tras él Meredy, no sin antes cruzar miradas con aquella mujer.


De regreso en el barco, el grupo de piratas se reencuentra con Elliott, quien ansiosamente los estaba esperando. Al ingresar el pelirrojo rápidamente le entrega el papel que había recibido previamente a su capitana. Meredy lo toma y comienza a leerlo. —¿Qué es eso?— Consultó Wallace, curioso por la misteriosa actuación del navegante. — Es una carta, contiene información sobre algunos movimientos de la Marine y...— Pese a no acabar sus palabras, los piratas comprendieron que fue obra de Alessio.

Elliott explicó la primera parte del informe, exponiendo los detalles de la misma, la cual fue analizada por Cecilie. —No es casualidad que sigan el mismo camino que nosotros, ¿no es así?— Comentó. Elliott tomó el log pose y lo posicionó frente a todos. —No podemos cambiar el curso ahora. Aún así sería recomendable evitarlos.

Meredy, quien hasta entonces estaba extrañamente callada, habló. —Lo siento.— Sus compañeros hicieron un corto silencio, y prosiguieron con el debate sobre que acciones tomar al respecto. —¿¡Acaso no dirán nada!?— Vociferó la peliazul con angustia. Esto atrajo a Ben, quien se había retirado brevemente para organizar y acomodar la despensa de suministros. Confundido, el samurái se acercó, con una expresión de no entender lo que sucedia. Normalmente él no participaba del debate de decisiones, tarea que encomendaba a sus compañeros. —No hay nada para decir, ya lo sabíamos.— Esta vez hablaba Wallace. Mientras que Chiyome le alcanzaba la carta a Ben, el único que no la había leído.

Yo...— La peliazul no podía verlos a la cara, su mirada yacía en el suelo. Para entonces, Ben terminaba de leer y, a su vez, comprender lo que sucedía. —Eventualmente sucedería, esto explica tu recompensa tan alta.— La seriedad del primer oficial cortaba un poco con la tensión que se había generado. —También explica el porqué te molesta que mencionen tu apellido.— Esta vez tomaba la palabra Elliott, quien recordaba brevemente lo sucedido en Mock Town.

Meredy alzó la mirada y los observó. —Nunca lo he mencionado porque es algo que preferiría cambiar, pero no puedo.— Chiyome, estando a su lado, reposó su mano en el hombro de su capitana, en señal de que la apoyaba. —¿Acaso no pretendes convertirte en una gran pirata? Que más da si una familia noble nos persigue. ¡Ese debería ser un gran logro para un pirata!— Las palabras de Cecilie levantaron la moral. Conmovida por el accionar de sus compañeros, Meredy intentaba retener las lágrimas. —Son los mejores compañeros que podría tener.— Sollozaba, mientras abrazaba con fuerza a Chiyome, quien se incomodaba ante el brusco ataque de cariño de su capitana.

Capítulo 20: El Verdadero Sueño

Luego de una cómica aunque breve batalla de abrazos por parte de Meredy, el grupo se concentra nuevamente en como proseguir. —Oye, Meredy. ¿No habías dicho que tu objetivo era convertirte en una pirata?— Habló Cecilie, a lo que la peliazul asintió con la cabeza. —Y bueno... ¿qué sigue? Es decir, ya has comenzado a cruzar el Grand Line y ya tienes una tripulación.— El resto de los presentes se quedaron en silencio, esperando una pronta respuesta de la capitana, quien no hizo más que tomar una pose pensativa. —No te molestes en inventar algo nuevo.— Interrumpió Elliott.

Deberías dejar de hacernos perder el tiempo con tus ideas infantiles y decirnos la verdad. ¿Qué planeas hacer?— Las palabras del pelirrojo fueron contundentes. —Te hemos seguido sin cuestionar nada, creo que merecemos tu sinceridad.— Esta vez fue Wallace quien habló, que pese a no gustarle el curso que tomaba la conversación se dio por enterado que sus dos compañeros notaron un extraño comportamiento en Meredy. La mirada de la peliazul se llenó de emoción y, apretando su puño para luego alzarlo, exclamó con entusiasmo. —¡Yo... quiero descubrir el mayor tesoro de la historia, y así ganar el reconocimiento de todos los piratas!

Ciertamente no era lo que esperaban oír, y se notó en sus confusos rostros. —¿Pero para eso no necesitas un mapa? Y tal vez una pata de palo.— Preguntó Cecilie. —De eso se trata la emocionante aventura.— Respondió con una sonrisa. Aún con dudas, Wallace pensaba en que se refería al legendario tesoro dejado por el anterior rey de los piratas. —¿Entonces piensas llegar a Raftel y convertirte en la reina pirata?— Consultó Elliott, que al parecer pensaba igual que el primer oficial. Meredy rió. —La pirateria está relacionada con la libertad. Un rey o reina no representa libertad si hay escalas de títulos.— La peliazul sonaba convencida, pero todavía no aclaraba sus intenciones como pirata. —¿Han oído hablar de los Poneglyph?— Les preguntó. Elliott afirmó el hecho de conocerlos, mientras que Wallace, sorprendido, se mostró alterado al recordar de que trataban.

¡No estaras pensando en...!— El modo en que se expresó atrajo la curiosidad de todos. —Los Poneglyph son enormes piedras distribuidas por el mundo que poseen escrituras antiguas. En ellas se cree que se encuentran inscritos secretos históricos e instrucciones de armas ancestrales que el Gobierno Mundial se esfuerza por ocultar.— Explicó Wallace. Tanto Ben como Cecilie se mostraron sorprendidos. —Aún si logras encontrar uno, ¿como piensas descifrar su contenido?— Preguntó con seriedad el navegante.

Leyendo y traduciéndolo, obviamente.— Dijo Meredy, con una sonrisa en el rostro. La respuesta fue tan obvia que parecía absurda. Wallace creía saber que no había nadie capaz de leer un Poneglyph puesto que el Gobierno Mundial se había encargado de ocultar toda información al respecto, aún así su capitana lo sorprendió con la respuesta. —Bueno, primero que nada debemos enfocarnos en llegar a Water 7.— Elliott aclaraba la prioridad del momento. —Podemos llegar rápidamente a Water 7 usando el tren marítimo.— Comentó Cecilie. —Bien, entonces iremos allí y contrataremos a un carpintero para que revise el Big Sunshine.— Concretó el pelirrojo.

El día transcurrió, y ya al día siguiente a primera hora los piratas estaban listos para su viaje a Water 7. Esta vez era Chiyome quien se quedaba a cuidar el barco, a lo que rápidamente se despidieron de ella y partieron hacia la estación del tren marítimo. Tras un corto viaje en locomotora, llegaron a Blue Station. La enorme estación los dejó asombrados. Mientras que, en la lejanía, una silueta los observaba, sacando de entre sus ropas un den den mushi.

Mientras tanto, Chiyome observaba los daños del barco, al recordar la explicación de Elliott, quien dijo que los barcos necesitaban mantenimiento contínuo debido al desgaste que sufren al navegar. En algunas partes, la madera del Big Sunshine rechinaba, en otras estaba tan desgastada que parecía que se partiría en cualquier momento. En su caminata por la proa, escuchó un estruendo lejano, lo que provocó que se quedara quieta, intentando adivinar de que se trataba. Acto seguido el barco sufrió una fuerte sacudida, provocando que la kunoichi cayera al suelo. Rápidamente alzó la vista y pudo ver como un gran buque de banderas blancas se acercaba.

Capítulo 21: Choque en Blue Station

Asombrados por la gran estructura frente a ellos, el grupo de piratas se adentra en la azulada estación. Con la intención de llegar a Galley-La Company, avanzan entre la multitud, pero algo distrae a Meredy, lo que causa que se parara en el lugar. Al ver que dejó de avanzar, sus compañeros se detienen y la observan, era extraño puesto que ella siempre era quien se entusiasmaba por explorar las islas. Inesperadamente, Wallace empuja a Meredy por detrás, provocando que esta tropiece hacia delante. En la misma fracción de segundo, un proyectil pasó entre ambos, terminando por clavarse en una columna cercana, pudiendo ver que se trataba de una flecha.

Acto seguido, todos dirigen su atención en la derección en la que provino el proyectil, en lo que era un segundo piso de la estación, allí pudieron observar a lo que parecía ser un hombre sosteniendo un arco, y preparando una segunda flecha para lanzar. Este cubría su rostro con una máscara, por lo que no era posible identificarlo. Efectuando un segundo disparo, lanzó la flecha, pero esta fue detenida fácilmente por Ben, quien usó su katana. —¡¿Quieres pelear?!— Exclamó Wallace, con su característica expresión salvaje. —Evitemos alterar el orden público.— Dijo una voz masculina que provenía de detrás de ellos, lo que sorprendió a los piratas.

Este otro sujeto era alto y también portaba una máscara, aunque de diferente diseño. Acto seguido, un pequeño escuadrón de la marine se hace presente en la estación, cubriendo las salidas. Las personas en la estación comenzaron a ser evacuadas por los marines presentes. —¡Rápido, vuelvan al tren, allí no podrán alcanzarnos!— Exclamó Cecile a sus compañeros, quienes rápidamente corrieron en dirección al tren marítimo. Pero una tercera figura, esta vez femenina les impidió el paso. Parada frente a ellos se encontraba una mujer con vestimentas distinguibles de la Marine. Curiosamente, el cabello corto de la mujer tenía un color añil, muy familiar para el grupo de piratas. —Prometo que se les dará un buen trato si se entregan y no causan problemas.— Mencionó la mujer con suma tranquilidad.

¡¡Retirada!!— Gritó Meredy, para luego correr velozmente y saltar sobre la mujer que les cortaba el paso. Sorprendiéndola, así como también a los demás, cayó sobre esta y la retuvo desde sus brazos. —¡Apresurense y suban al tren!— Vociferó la peliazul, ordenando a sus compañeros. Elliott y Cecilie rápidamente obedecieron a su capitana y se dirigieron al tren, pasando por su lado. Por otra parte, tanto Wallace como Ben no obedecieron, y al ser quienes estaban más retrasados en cuanto posicionamiento decidieron quedarse a combatir. Un fuerte rugido resonó en toda la estación, Meredy volteó y pudo ver como su primer oficial, ahora con la apariencia de una bestia mitad tigre, le hacía frente al grupo de marines que se acercaba, lo mismo por parte del samurái, quien desenvainó su katana y se lanzó sobre ellos.

Cecilie y Elliot se detuvieron al ver como sus compañeros no los siguieron. Aprovechando el descuido de Meredy, la mujer contrarrestó la fuerza aplicada sobre ella y se zafó del agarre de la pequeña peliazul, para revertir la situación y pasar a ser ella quien esté encima, reteniendola. —No se que pretendes, ya he enviado una tropa a la posicion donde anclaron su barco, y he ordenado que lo bombardearan. No tienen escapatoria.— Dijo con rudeza, mientras la tomaba del cuello y la apuntaba con su florete. Como si algo la golpeara por dentro, Meredy desistió, notándose en su mirada. —Que cruel que eres, Dilys.— Habló el primer enmascarado, quien de un rápido movimiento se posicionó a su lado.

Este se retiró la máscara, dejando ver su sonrisa y su también azulado cabello. —Parece que tienes unos amigos interesantes, Meredy.— Dijo con confianza. Esto provocó a la peliazul, quien comenzó a forcejear. —Dejenlos.— Mencionó con un tono bajo, debido al fuerte agarre que la retenía. Al ver que estaban acorralados, Elliott decidió actuar. Entregándole sus brazaletes a su compañera, se adelantó. —Oh, pero si es el Ave Bermellón.— Dijo el joven hombre, observando como los músculos del pelirrojo se tonificaban de forma inmediata. Acto seguido, tomó su abanico y se posicionó para abanicar, con la intención de generar una gran ráfaga de viento, pero el joven peliazul se adelantó y, de forma muy veloz, le lanzo una flecha, la cual se clavó en el antebrazo izquierdo de Elliott.

El pelirrojo se mostró impresionado por la velocidad con la que atacó su oponente, practicamente pudo ver sus movimientos pero no logró reaccionar a ellos. Aún así, con una seriedad casi absoluta, procedió a tomar la flecha y retirarla de su brazo, lo que causó que la herida comenzara a sangrar. —Haha, he oído hablar de ti.— Mientras su oponente no parecía tomarse en serio el combate, Elliott intentaba buscar un método de atacar, sabiendo que si intentaba lo mismo la situación se iba a repetir, por lo que procedió a dejar su abanico extendido frente a él, como si de un escudo se tratase.

Por otra parte, Wallace y Ben lograban contener al grupo de marines, pero esta vez el hombre enmascarado se posicionó frente a ellos. —Yo me encargaré de él.— Pronunció Wallace, a lo que Benjiro entendió que debía dejarlo y ayudar a sus compañeros.

Capítulo 22: Los de Cabello Añil

Frente a frente, se encontraban Wallace y el enmascarado. Este último procedio a quitarse la máscara, para luego presentarse formalmente. —Mi nombre es Neirin. Estaba interesado en conocerte, Wallace West.— Pronunció el peliazul. Su aspecto firme y su palabrería formal lo hacían ver como todo un noble. Wallace no prestó atención a las primeras palabras del hombre, pero lo que prosiguió si pareció sorprenderlo. —Dime. ¿Cómo es que alguien como tu decidió unirse a mi hermana?

¿Celos de hermano?— Replicó. A lo que Neirin, sin perder la compostura, esbozó una leve sonrisa. —En ese caso... ven con todo lo que tengas, Dientes de Sable.


En el otro extremo de la estación, Meredy continuaba en un intenso forcejeo con Dilys, quien se posicionaba sobre ella. De forma sorpresiva, Ben aparece parado detrás de la mujer. —Sueltala.— Ordenó, mientras la enfilaba con su katana por la espalda. Esto la tomó por sorpresa, pero no cedió. Acto seguido, de forma casi inmediata, un grupo de tres marines se hizo presente, apuntando con sus rifles al samurái, al grito de que bajara su espada. También otros dos marines acorralaron a Cecilie.

Al no haber respuesta por parte del samurái, quien se encontraba amenazando con su katana a Dilys, los soldados de la marine estaban preparados para disparar. —¡Disparen!— Gritó, a lo que los soldados obedecieron. De forma simultanea, los tres marines gatillaron. Estos se quedaron sorprendidos al ver como las balas rasgaron las ropas de Benjiro pero no lograron causarle heridas en la piel, por el contrario, las balas no tuvieron efecto. —No tiene caso que lo intenten.— Mencionó por lo bajo.

Con un rápido movimiento, Dilys suelta a Meredy, aunque aún ejerce presión sobre ella con su cuerpo, y con su mano libre toma la hoja de la katana de Ben, sorprendiendo a este. Utilizando su otro brazo ataca al samurái con un estoque, el cual logra perforar su piel, hiriéndolo a la altura de su hombro derecho. De esta forma Benjiro se vio obligado a retroceder.

Rápidamente Meredy empujó a Dilys, quitándose la de encima, y se reincorporó. Ahora, la mujer marine, se encontraba en un dos contra uno.


Mientras tanto, el combate de Elliott contra el arquero se desarrollaba. Elliott lograba cubrir todo ángulo de disparo del peliazul que se movía rápidamente alrededor de él buscando una abertura. Entre movimientos, Elliott intentaba acercarse poco a poco a él, con la idea de aprovechar un combate cuerpo a cuerpo. En ese momento un soldado de la marine aparece. —Señor Ronet, he venido a apoyarlo.— Dijo, mientras sostenía un rifle. Elliott no pareció darle importancia, pero al parecer el peliazul si.

¡¿A quién llamas «señor», cabeza de alcornoque?!— Reaccionó de forma cómica, aunque en un tono molesto. Esto fue inesperado para el marine, quien mostró una expresión de sorpresa y temor a la vez. La actitud del peliazul, ahora identificado como Ronet, le resultó muy familiar a Elliott. Sin pensárselo dos veces el pelirrojo se lanzó al ataque, aprovechando la distracción. Ronet reaccionó velozmente usando sus brazos para cubrirse al potente puñetazo que lo envió a volar varios metros hacia atrás e impactando sobre uno de los pilares de la estación.

La columna se dañó levemente, mientras que Ronet solo parecía un poco aturdido. —¡Que divertido!— Dijo. Elliott observó la mirada del peliazul, notando que había cambiado, pero para entonces ya se encontraba corriendo hacia él a una velocidad jamás antes vista por el pelirrojo. Instintivamente intentó usar su abanico pero su contraataque fue evadido de un salto, pasando sobre él, y utilizando su arco y flecha disparó rápidamente antes de caer. Elliott apenas pudo reaccionar, cuando un dolor punzante se hizo presente.

Extrañamente debilitado, notó que la flecha se clavó en su espalda, a la altura de su omóplato izquierdo. Sin poder evitarlo, cayó sobre sus rodillas, y luego sobre sus brazos, esforzándose por no caer rendido. —¿Esto es veneno?— Se preguntó en voz alta. —¿Veneno? Claro que no, simplemente es piedra marina. Cortesía de la nobleza Aoyama.— Aclaró Ronet.

Capítulo 23: Escalofrío

Ben aún estaba extrañado de como había sido herido, nunca antes alguien había podido lastimarlo mientras mantenía la consistencia del acero. —¿Acaso nunca te has enfrentado a un usuario de haki, Tortuga Negra?— Decía Dilys. De forma casi inmediata, Meredy se lanzó al ataque. A gran velocidad se acercó y lanzó un golpe con su puño, el cual fue evadido con facilidad por su hermana mayor. —Creí haberte dicho que es inútil que te resistas.— Habló, mientras contraatacó con una patada, la cual fue evitada de un salto hacia atrás.

¡No me importa lo que digas, no te escucharé!— Exclamaba caprichosamente la peliazul. Dilys la observaba fríamente, mientras que venían a su mente viejos recuerdos junto a su hermana, reconociendo que no ha cambiado.

Ben no pretendía quedarse sin hacer nada, por lo que comienza a correr en dirección a Dilys, con la intención de tomarla desprevenida. Acto seguido, se propone a atacar, con un corte descendente. Dilys lo esquiva facilmente moviendose hacia a un lado y se prepara para atacarlo con su florete, pero el samurái rápidamente cambia su consistencia a la del acero. La estrategia de Ben dio resultado al ver como el filo del florete no atravezaba su piel. Esto pareció molestar a Dilys, quien lo demostró con una mirada de enfado.

Un leve escalofrío recorrió su espalda, a lo que volteó rápidamente, sólo para ver como Meredy, prácticamente, se encontraba ya detrás de ella con una pose en la cual estaba lista para dar un puñetazo. Esa fracción de segundo fue suficiente como para que reaccionara y pudiera saltar, saliendo del rango de la ofensiva. Los rápidos reflejos de Dilys la salvaron de ser golpeada fuertemente por detrás, pudiendo ver como la ofensiva de Meredy terminaba sobre Ben, impactando el potente puñetazo directo en pecho de su compañero, enviándolo a volar.

Apenada, Meredy comenzó a exclamar con nerviosismo cuanto lo sentía. —¡L-lo siento Ben, y-yo sólo quería... pe-perdón!— Intentaba disculparse, mientras observaba a Ben salir de entre un hoyo producido en la pared más cercana donde se incrustó tras el golpe. Para su buena suerte, no se vio afectado por el golpe en mayor medida, puesto que su cuerpo de acero lo protegió.

Dilys, por su parte, se mostró sorprendida por aquella sensación que sintió. Creyendo que no llegarían a ser un desafío, ahora ella estaba sudando. —¿Qué fue eso?— Se preguntaba una y otra vez. Intentando aclarar su mente, no podía quitarse de esta la mirada de Meredy, la cual llegó a observar justo antes de esquivar su ataque, así como también el extraño sudor que le causó la misma.


Mientras tanto, dentro de la misma estación aunque a una gran distancia, Wallace se encontraba tendido de rodillas en el suelo, con sus brazos caídos hacia delante. Su mirada reflejaba furia a la vez que frustración, y sus nudillos cubiertos de su propia sangre. Frente a él se encontraba Neirin, quien lo observaba seriamente. —Tu persistencia es digna de ser mencionada. Pero no es suficiente.— Habló.

El orgullo de Wallace estaba destruido, no había podido siquiera hacer retroceder a su enemigo. Sin embargo, él mismo era quien sufría cada golpe que daba. —Deberás entender que, por mucho que golpees, hay cosas que no se romperán.— Terminaba por decir Neirin, mientras comenzó a avanzar, pasando por su lado y alejándose.

Capítulo 24: No Será Hoy

Tras disculparse repetidas veces, Meredy decide enfocarse nuevamente en su hermana mayor. Otra vez, su mirada se volvía penetrante. Incluso Ben llegó a notarlo, que al observar la mirada de Dilys también pudo notar como dos fuertes personalidades chocaban a través de un cruce de miradas. Por su parte, Dilys se propuso terminar con su misión antes de que la situación se complicara más.

Esta vez, cara a cara, ambas se lanzan la una contra la otra en lo que parecía ser lo que definiría el combate. Meredy se adelanta con un pequeño salto, con intención de atacar por el aire, pero Dilys prevee el movimiento y se inclina hacia abajo, para luego golpearla directamente en el estómago con el reverso de la empuñadura de su espada. Esto detuvo en seco a Meredy, provocando que cayera sobre sus rodillas.

Considerando lo rápido que evolucionas, eventualmente me superarás. Pero... no será hoy.— Dilys observaba con superioridad a su hermana menor que yacía en el suelo, de rodillas, inclinada hacia adelante mientras que con sus brazos cubría su estómago en señal de molestia. Luego de un profundo suspiro, Dilys se enfocó en Ben, dándole la espalda a Meredy, quien apretaba con fuerza sus dientes.

Ben sostiene su espada frente a él y se pone en guardia. Meredy, con esfuerzo, estira su brazo y logra tomar el tobillo de Dilys, quien responde hostilmente dándole una patada. —No se cuantas veces deba decirlo. Tu tripulación está acab...— Dilys interrumpió su palabrería ya que nuevamente sintió esa extraña sensación. Rápidamente volteó y noto como Meredy yacía de pie.

Una fuerte ola de presión cubrió el lugar. Acto seguido, los soldados de la marine presentes cayeron al suelo inconscientes, mientras que Dilys se quedo paralizada. Internamente se esforzaba por levantar su brazo y apuntar con su florete, pero su cuerpo no respondía. Meredy, lentamente, se acercó a ella, alzó su brazo derecho y apretó su puño. Esperando el golpe, Dilys solo atinó a cerrar sus ojos, pero para su asombro nada sucedió.

Meredy cayó al suelo, y con ella la presión aplastante desapareció. Ben quedó boquiabierto del asombro, al igual que Dilys, quien se sintió completamente frustrada ante la situación que acababa de acontecer. El samurái pensó en atacar nuevamente pero una voz interrumpió su plan de ataque.

Vaya vaya, quien lo diría.— Este era Ronet, aunque desconocido para Ben. El peliazul traía consigo a Cecilie, a la fuerza, sosteniéndola del brazo, aunque portaba un guante ya que había oído de la habilidad de su fruta. De un brusco movimiento la empujó hacia delante, junto a su compañero. Cecilie se acercó, preocupada por Ben al ver que este sangraba. —¿Es muy profunda?— Le preguntó por la herida, a lo que Ben lo negó con su cabeza.

En ese instante, aparece Neirin. Lo que fue una sorpresa tanto para Ben como para Cecilie. Para sus hermanos, en cambio, esto significó que ya era momento de retirarse. —Bien. Ustedes quedan arrestados.— Habló Dilys, dirigiéndose a los piratas. Estos, con la moral por el suelo, ni siquiera se atrevían a levantar la vista.

Ronet canto

De forma ruidosa y cómica, Ronet comienza a cantar. —Sigue quebrando, ¿qué dices? Sus corazones. Sigue aplastando, ¿qué dices?...— Haciendo una pausa para que alguien más termine la frase, señala a su hermana. Al no recibir respuesta por parte de esta termina la estrofa él mismo. —...sus espíritus.~

El trío de hermanos peliazules se ven atraídos por una nueva presencia, esta vez una mujer de cabello blanco, quien se anuncia con ruidosos pasos. —Tu eres...— Dijo Neirin, con una leve expresión de sorpresa en sus ojos al reconocerla.

Capítulo 25: Pluma Blanca

El silencio en la estación era casi completo. Sólo se podía oir el constante caminar de la mujer de cabellos blancos. Esta vestía largas botas blancas y una extensa gabardina azul acompañada de un sombrero tricornio el cual adornaba con una pluma oscura. —Lamento tener que interferir.— Decía, mientras mantenía un paso constante, acercándose. Su femenina figura y modos de caminar atrajeron la atención de Ronet, quien hizo un silbido en señal de interés.

Ya estando lo suficientemente cerca de ellos, Dilys se interpuso en su paso, quedándose firmemente frente a ella. —¿Qué haces aquí, Pluma Blanca?— Dijo con rudeza. Entendiéndose que no se trataba de una interrogante sino más bien una invitación a que se retirara.

Un intenso cruce de miradas aumentó la tensión. La peliblanca reposó su mano sobre la vaina de su sable, el cual llevaba en su cintura. —No es necesario causar más alboroto.— Mencionó Neirin, cortando con el ambiente tenso. —Tenemos lo que hemos venido a buscar.— Mientras que tomaba a Meredy de sus ropas y luego la cargaba en sus brazos.

Los planes de los Aoyama se vieron interrumpidos por la intromisión de la «Pluma Blanca», por lo que decidieron enfocarse en lo que importaba y retirarse sin causar mayor revuelo. Tras un suspiro, Ronet le siguió el paso a su hermano mayor, quien ya había comenzado a retirarse de la estación.

Como si tuviera que tragarse su orgullo, Dilys actúo bajo las palabras de Neirin. —Definitivamente algunas cosas no cambian.— Murmuró, para luego avanzar y chocar de forma brusca el hombro de la peliblanca. Esta no hizo más que esperar unos segundos para vociferar con fuerza. —¡No hay razón para creer que no habrá cambios en el futuro!— Tales palabras, acompañadas de una sonrisa, resonaron en la silenciosa estación.

La la calma se hizo presente. Por una parte, los piratas sintieron un enorme alivio, pero al mismo tiempo una gran preocupación por su capitana. —¡No pueden llevarsela!— Reclamaba Cecilie. —No hay nada que puedan hacer. No en estas condiciones.— Respondía la mujer peliblanca. Quien se acercaba a Elliott.

En ese instante Ben reconoció a la joven mujer. —Tu eres... aquella de San Faldo.— Efectivamente, Ben estaba en lo cierto, y aquella mujer le respondió con una sonrisa. Mientras que, con delicadeza, tomaba la flecha aún clavada en la espalda de Elliott. —Los consumidores de frutas son en verdad un problema.— Decía, a la vez que retiraba la flecha, lo que provocaba que el pelirrojo diera un pequeño grito en señal de dolor.

Mi nombre es Sakura Kumiko.— Se presentó, mientras observaba el extremo de la flecha. —Estamos agradecidos de que hayas aparecido. De alguna forma ellos decidieron no confrontarte, es por eso que si tan solo pudieras ayudarnos a rescatar a nuestra capitana...— Hablaba desesperadamente Cecilie. —No me malentiendas. No tengo intención de ganarme a los Aoyama de enemigos.— La seriedad de la peliblanca silenció a Cecilie, quien le dedicó una mirada de descepción.

¿Además, como pretenden rescatarla si apenas pueden estar de pie frente a ellos?— En ese momento, Elliott dio un brusco golpe al suelo con su puño, su frustración era tan grande que no quería reconocer que Sakura estaba en lo cierto. El pelirrojo aún tenía dos heridas abiertas, en su brazo y espalda, pero el dolor no parecía ser su mayor preocupación. —¿Y Wallace?— Preguntó en voz alta Ben.

Capítulo 26: Apuesta

La triste mirada de sus compañeros reflejaba la dolorosa situación de la tripulación. Allí, tendido de rodillas en el suelo, se encontraba Wallace. Su mirada perdida daba a entender que su mente estaba completamente en blanco. Al notar la presencia de sus compañeros solo les pudo dedicar una mirada, la misma mirada que ellos le dieron. Con la moral por los suelos, se reincorporó y caminó en dirección a ellos. —Lo siento.— Murmuró.

Cecilie, al ver el mal estado de los brazos de su compañero, tomó por la fuerza uno y lo observó detenidamente. —Tus manos están destrozadas.— Concluyó con una simple observación. —Debemos regresar al barco, allí podremos tratar nuestras heridas.— Sugirió Elliott, quien internamente estaba preocupado por el Big Sunshine tras oír las palabras de Dilys.


En el transcurso de una hora, la estación volvió a funcionar normalmente. Los piratas, junto a Sakura, tomaron el tren marítimo de regreso a San Faldo. En el recorrido, Cecilie pudo vendar las heridas de sus compañeros. El viaje fue tan silencioso como la noche misma.


Comenzaba a oscurecer cuando llegaron a San Faldo. Inmediatamente se dirigieron hacia donde habían anclado el barco. Apenas se acercaron fueron interceptados por Chiyome, quien apareció a gran velocidad. Para sorpresa de ellos, esta, con lágrimas en los ojos, se lanzó haciendo la reverencia por excelencia del arrepentimiento.

Aún sin levantar su cabeza sus lágrimas recorrían sus mejillas, completamente destrozada intentaba disculparse. Tras ella, con tan solo alzar un poco la vista, pudieron ver al Big Sunshine prácticamente destruido. De él brotaba una pequeńa nube de humo, mientras que la parte exterior estaba despedazada debido a varias balas de cañón.

Dolor, tristeza, furia, frustración, no había palabras para describir el sentimiento. Cecilie se aproximó a ella y, también con lágrimas en sus ojos, le susurró que no era su culpa. —Se acabó.— Mencionó Elliott, atrayendo la mirada de Ben y Cecilie. —Esto es demasiado para nosotros.— La desmotivación del pelirrojo provocó la furia de Cecilie.

¡¿Acaso piensas abandonarla?!— Gritó con angustia. —No sabemos como derrotarlos. Tampoco sabemos hacia donde se dirigen, no hay...— Refutaba Elliott, pero fue interrumpido por Ben, quien alzó la voz. —Debe haber algo que podamos hacer.— Acotó, intentando calmar la situación.

Enfurecida, Cecilie dirigió su furia hacia Wallace. —¿Y tu porqué no dices nada? ¡Deja de actuar como un gatito asustado y haz algo!— Alterado, Wallace apretó con fuerza sus puños, aunque vendados estos comenzaron a sangrar levemente. Acto seguido, alzó la mirada, llena de rabia. —¡MALDICIÓN!— Exclamó de forma prolongada. —¡¡Esos malditos peliazules... quiero patearles el trasero!!

El grito de desahogo de Wallace asombró a todos. Pero de alguna manera, verlo actuar así de salvaje y furioso, como era natural en él, les devolvió la esperanza, por muy pequeña que sea. Sakura no pudo evitar esbozar una sonrisa, algo dentro de ella la emocionó.

El camino de la piratería no es fácil, pero son estas situaciones las que te vuelven más fuerte.— Habló en voz alta. —Si quieren traer de vuelta a su capitana deberán esforzarse, deberán sacrificarse y deberán apostar por sus compañeros, por su capitana. ¿Están preparados para apostar todo al futuro?

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