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Arco de la Nobleza Aoyama
Arco de la Nobleza Aoyama
Información
Número de capítulos 8
Anterior Arco de la Desventura Añil
Posterior Arco del asalto a Lazaward
Creador NeoGirl

El Arco de la Nobleza Aoyama es el sexto arco de The Blue Haired One.

Capítulo 27: Todos para uno

El brillante sol iluminaba un nuevo amanecer en la ciudad del carnaval. Allí, un llamativo restaurante se encontraba abierto desde muy temprano, «Douceur». —Ya he vuelto.— Anunciaba de forma animada Cecilie, siendo recibida por Ben, quien se encontraba con el cabello atado y portando un delantal blanco. —¡Aún hay platos sucios por aquí!— Exclamaba una voz femenina desde el fondo de la cocina del restaurante. —Realmente se vuelve gruñona cuando está aquí adentro.— Decía Ben por lo bajo.

Ben se dirigió hacia la cocina, mientras que Sakura se acercó al mostrador. —¿Que tal todo?— Le preguntó a Cecilie. —Bien, he conseguido lo que me has pedido. Aunque he oído que algunas personas están molestas por lo ruidosos que pueden ser los piratas.— Comentó, a lo que Sakura dejó salir una pequeña risa. —Esos dos están causando más problemas de los que esperaba.— Decía Cecilie, refiriéndose a sus compañeros.

En las afueras de la ciudad, en medio de un desolado bosque, fuertes golpes resonaban a la vez que árboles caían y rocas se partían. El entrenamiento que estaban llevando a cabo Wallace y Elliott estaba dejando en ruinas los alrededores de San Faldo. Un destello fue lo que generó una pausa en los estallidos a la distancia. Con un prominente brillo al igual que musculatura, Elliott yacía de pie en pose de guardia, mientras que, al otro lado del despejado bosque entre algún que otro árbol caído, se encontraba Wallace, reincorporándose y con una respiración agitada.

Llevamos semanas con esto y aún no hay progresos, estoy comenzando a creer que es una pérdida de tiempo.— Decía el pelirrojo, tomando un respiro. —¿Eso crees?— Preguntó con un tono de ironía. —Apenas estoy logrando adaptarme al ritmo y ya he logrado que te pusieras en guardia.— Terminaba por decir Wallace, mientras mostraba una sonrisa. Ambos se ven interrumpidos al oír crugir el cesped debido a unas pisadas aproximándose. —Ustedes si que saben como encender el ambiente.— Decía Sakura, quien llegaba acompañada de Cecilie y Benjiro.

Sakura aparece abanicándose con su sombrero. —Hoy pasarán al siguiente nivel.— Dijo, y continuó hablando. —Ya conocen el haki, pero no lo dominan. Y deberán hacerlo si quieren derrotar a los Aoyama.— Ben procedió a adelantarse, junto a Wallace y Elliott, mientras que Cecilie sostenía el sombrero de Sakura y oía las palabras de la peliblanca hacia sus compañeros desde una distancia prudente. Internamente se sentía impotente por no poder esforzarse al igual que ellos lo estaban haciendo.

La teoría fue llevada a la práctica rápidamente, cuando Sakura les propuso que ellos intentaran golpearla. Fácilmente logró reducir a Ben, pese a que el cuerpo de este era de acero, a base de golpes a mano limpia. También fue capaz de evadir los rápidos movimientos de Wallace y bloquear los potentes ataques de Elliott. De esta forma dejó en claro que un combatiente que usa haki es superior en un combate.

Luego de unos minutos de observar los intentos de sus compañeros, Cecilie se dispuso a participar también. —No quiero quedarme fuera.— Mencionó, algo avergonzada. Sakura, por su parte, amablemente la invitó a unírseles. La médica se acercó a sus compañeros y los reunió para dedicarles unas palabras en voz baja, dejando a Sakura al pendiente por unos segundos. La peliblanca pudo notar como el trío masculino asintió con la cabeza y se dispuso a proseguir.

Bien, adelante.— Dijo. Elliott se precipita a tacar primero lanzando un puńetazo directo hacia Sakura, quien usando haki oscurece su brazo izquierdo y detiene el golpe sin problema. Acto seguido, Wallace aparece a su lado y lanza varios manotazos hacia ella con intención de atraparla, pero esta predice sus movimientos y los evita, sólo para ser interceptada por Cecilie quien la toma del brazo. —Hecho.— Pronunció mientras sonreía, dejando sorprendida a la peliblanca.

Sakura se mostró extrañada de la forma en que la tomó desprevenida. —He estado observando. Siempre evitabas a Wallace moviéndote inconscientemente hacia la izquierda, además de que usabas tu brazo izquierdo para detener a Elliott. Asumí que eres diestra por el simple hecho de dejar una apertura a tu lado derecho del cuerpo, con el que comenzabas tu ofensiva contra Ben. En este caso alteré el orden y la posición. Les indiqué que forzaran por la izquierda, obligándote a ir hacia la derecha, suponiendo que no estarías naturalmente cómoda aproveché la oportunidad.

Impresionada por el rápido análisis y accionar de Cecilie, Sakura elogió su capacidad. Mientras que Ben cuestionaba si tanto él como sus compañeros habían sido usados de cebo. —Esta vez no pienso quedarme sin hacer nada. Si vamos a traer de vuelta a Meredy lo haremos todos.— Cecilie estaba decidida a apoyar a sus compañeros.

Capítulo 28: Desayuno

La misma mañana, en una isla próxima al Calm Belt, la nobleza se preparaba para un largo día de quehaceres. La isla Lazaward, lugar de residencia de los Aoyama, comenzaba sus actividades matutinas. Mientras que en el muelle principal se anunciaba la llegada de un buque de la Marine.

Dentro del castillo, los príncipes se encontraban en el comedor principal desayunando. La tranquila mañana de los peliazules se ve interrumpida por la llegada de Meredy, quien lentamente se aproximaba caminando, vistiendo unas elegantes ropas. Junto a ella, estaba una de las sirvientas de la familia.

Liz, creí haberte dicho que la despertaras más temprano. Estas no son horas de levantarse.— Liz ha servido a los Aoyama desde hace muchos años, inclusive se había encargado de los cuidados de Meredy en su niñez. Ahora, su trabajo era acompañar y guiar a Meredy por el camino correcto de la nobleza.

Con una rápida reverencia, se disculpó. —Lo siento. No se volverá a repetir.— Con completa tranquilidad, Neirin pretendía proseguir con su desayuno, pero su hermana menor alzó la voz. —¡Oye, no te metas con ella!— Dijo con rabia. Esto causó un tenso cruce de miradas entre los hermanos.

Divirtiéndose, Ronet no pudo evitar acotar al respecto. —Hey hey. ¿Qué son esos modos tan rudos?— Luego río de forma poco disimulada. Liz se retiró y Meredy procedió a sentarse en la extensa y lujosamente adornada mesa. Una vez sentada, su estómago no resistió mucho tiempo sin rugir.

Neirin untaba uno de los tantos tipos de mermelada que había sobre la mesa sobre una rodaja de un suave y fresco pan. Su idea de un desayuno tranquilo se estaba desmoronando poco a poco al escuchar lo ruidosa que era su hermana para comer. De forma relajada, reposó el cuchillo de plata que usaba para untar sobre la mesa.

Meredy.— Pronunció, con intención de dirigirle la palabra. Esta se detuvo, soltando la rebanada de pan, a la espera una queja por parte de su hermano mayor, quien la miraba seriamente. —Nuestro padre ha dicho que más tarde quiere verte.— Dijo. Palabras que normalmente deberían decirse con naturalidad, en este caso eran chocantes para Meredy.

La mirada de la peliazul denotó incomodidad. Tras perder el apetito, se levantó de su asiento. —Ya no tengo hambre.— Habló, para comenzar a retirarse. Se dirigió a la puerta más cercana, pero antes de poder abrirla Neirin habló. —Alístate. Luego te llevaré con él.— No recibió respuesta. A lo que ella procedió a salir del gran comedor.

Ya en el extenso y amplio pasillo que conectaba diferentes salas del castillo, se encontró a Liz, quien la estaba esperando detrás de la puerta. Esta le siguió el paso apresurado hacia su habitación.

Capítulo 29: Cruce

Meredy yacía en su lujosa habitación. Sentada en su cama, tendida hacia atrás reposándose sobre sus brazos. Su mirada reflejaba frustración. Con ella se encontraba Liz, quien la acompañaba a diario.

Liz se acercó al escritorio de la habitación, abrió un cajón y de él tomó un libro cuya tapa estaba desgastada. En la tapa de este se mostraba su título en letras claras, «History». —Me has contado todas tus aventuras que has vivido desde que te has ido, pero yo también tengo algo que comentarte.

La curiosidad picó a Meredy, quien ahora estaba atenta a las palabras de Liz. —Te he enseñado bastante sobre el siglo vacío, pero quien lo diría, ha sido una sorpresa para mi. No creerás lo que he descubierto.— Decía alegremente. Los ojos de la peliazul tomaron color tras oír tales palabras.


Momentos más tarde, como se esperaba, tocaron a la puerta. Al abrir se encontró con Neirin. —Ya es hora.— Dijo seriamente. Los tres comenzaron su caminata por los extensos pasillos del castillo. En completo silencio, se trasladaron de un extremo al otro del mismo, llegado a un punto, Neirin le dedicó una mirada a Liz, quien comprendió que hasta allí podía acompañarlos. Luego de una formal reverencia los observó alejarse.

Tras de una largo trecho recorrido, en un cruce entre pasillos se encuentran con Dilys, acompañada de un marine subalterno. El soldado hizo una leve reverencia como un cordial saludo, por su parte Dilys sólo se limitó a cruzar miradas con sus hermanos. Pero al observar a su hermana menor, pudo ver como la expresión de esta cambió notablemente. Su ceño se frunció y no tardó en lanzarse sobre ella brutalmente.

El marine quedó boquiabierto ante tal escena, donde pudo observar a Meredy reteniendo a Dilys sobre la pared más cercana mientras la sostenía de sus ropas. La mayor de las Aoyama, sin aparente sorpresa, cuestionó el accionar de su hermana. —¿Qué crees que estás haciendo?

Con una mirada completamente furiosa, Meredy no dejaba de presionar a Dilys contra el rocoso muro. —Espero que mis amigos estén bien, porque sino volveré para patearte el trasero.— Dijo. En ese entonces Dilys recordó sus palabras dichas en el encuentro en Blue Station.

Dilys solo bajó la mirada, y le susurró al oído. —Escucha, Meredy. En este momento, yo no soy tu enemiga.— La joven peliazul se mostró un poco confundida, pero la escena fue interrumpida por Neirin, quien tomó por detrás a Meredy y la distanció de Dilys. —Vamos.— Se limitó a indicar.

Capítulo 30: Viva imagen

Los tres hermanos peliazules continuaron su trayecto, como si nada hubiese sucedido. Llegando a una apertura final del pasillo previamente recorrido, en esta media-sala se podían aprecíar adornos tales como cuadros, jarrones y estatuas. Entre tanto lujo, una última puerta aguardaba. Frente a esta se encontraba Ronet, quien esperaba de brazos cruzados.

La puerta se abrió. De allí salió uno de los tantos sirvientes y, como es costumbre, hizo una reverencia hacia los príncipes, para luego retirarse. La puerta quedó abierta, dando paso a Neirin, quien fue el primero en ingresar. Seguido de Ronet, Dilys y por última Meredy. Parados en línea, uno al lado del otro, se ubicaron.

El amplio salón mantenía la temática de adornos y cuadros, pero con el único detalle que había un gran ventanal en su extremo. Frente a este, una lujosa silla, con una imponente silueta de un hombre. La intensa luz del día no permitía discernir las facciones del rostro del hombre, aunque eran bien conocidas por los jóvenes peliazules.

Buenos días, padre.— Saludó de forma educada Neirin. Quien a cambio solo recibió una cruda mirada. —¿Y tu... porqué no saludas a tu padre?— Mencionó, dirigiendo una mirada furiosa hacia Meredy, quien mantenía sus ojos en el suelo. —¡Levanta tu cabeza!— Elevó su tono de voz. Forzada a hacerlo levantó la vista, sólo para ver nuevamente, después de tantos años, esa mirada de desprecio y desaprobación.

La tensión se hizo presente de un momento a otro, y el incomodo silencio dominó el salón. —Pese a que te has convertido en una deshonra para el apellido que portas no te exigiré nada, solo cumplirás con un convenio matrimonial. Sobre el resto de lo que quieras hacer, no me interesa.— Las palabras del líder de la familia soprendieron a los príncipes presentes. Mientras que Meredy, contenía su rabía.

Además, tu cabello... deberás cortártelo. Hasta entonces, desaparece de mi vista.— Tras oír tales palabras, Meredy volteó rápidamente y procedió a retirarse. Ronet, viendo que tampoco era necesaria su presencia, optó por seguir a su hermana. —¡Oye, Meredy!— La llamó por su nombre, ya cuando ambos habían salido de la sala principal. Ella sólo se detuvo, aún dándole la espalda. —Quiero mostrarte algo.

Ella simplemente lo siguió a paso ligero, aunque dos o tres pasos por detrás. Mientras intentaba secar rápidamente sus lágrimas, Ronet comenzó a hablarle, aunque sin dirigirle la mirada. —No lo hagas.— Mencionó, para luego continuar. —No te cortes el cabello.— Terminó por decir. Por un momento Meredy se mostró confundida. —¡Por supuesto que no lo haré!— Vociferó.

No hay ningún retrato de ella. Sólo un vago recuerdo. Tu eres su viva imagen, y no quiero que también destruya eso.

Capítulo 31: No soy un ratón

Ya en las afueras del castillo, Ronet y Meredy se dirigen a una instalación aledaña. Allí, dos guardias vigilaban su entrada. Estos, al ver a los jóvenes peliazules, hacen una rápida reverencia para luego abrirles la puerta de entrada. Ellos ingresan a los calabozos de la isla, un extenso camino de celdas iluminado por antorchas. Al contrario que el vistoso castillo, los calabozos dejaban a la vista una imagen tétrica.

Sin recorrer demasiado, y tras curiosear entre las vacías celdas, Ronet se detiene. Meredy hace lo mismo, y se asoma poco a poco para observar de cerca lo que hay detrás de los barrotes frente a ellos. Una repentina silueta salta sobre ella, golpeando los barrotes con fuerza, a lo que la peliazul da un salto hacia atrás del susto. —¡KYA!— Ronet no hace más que soltar una carcajada.

Al observar más detenidamente, Meredy notó que se trataba de un animal. —¡Es... un ratón gigante!— Exclamó sorprendida, tras observar la forma erguida que portaba la criatura. —¡No soy un ratón, niña tonta, soy un topo!— Meredy nuevamente dio un salto hacia atrás del asombro de que el ratón, ahora topo, había hablado.

Ellos son minks, portan aspecto animal pero actúan como humanos.— Explicó Ronet. Al oír que se dirigió en forma plural, Meredy enfocó su vista al rincón más oscuro de la celda, pudiendo ver que había otro mink allí, este portaba un aspecto de un conejo de pelaje rosado. —¿Y que hacen aquí?— Preguntó Meredy, preocupada por el estado en el que se encontraban. —Ya sabes, los capturamos y hay quienes los compran a buen precio.

¡Ustedes, malditos, se adueñan de la libertad de otros!— Expresó con furia el mink topo. Un gran sentimiento de empatía se apoderó de Meredy. —Yo los quiero.— Dijo. A lo que Ronet dirigió su mirada hacia ella. —Dijiste que pueden ser comprados. En ese caso, yo quiero hacerlo.— Ambos minks se quedaron estupefactos ante las inesperadas palabras de la peliazul, mientras que Ronet, esperandose una reacción así de su hermana, no pudo evitar esbozar una sonrisa.


Momentos más tarde, ambos príncipes se encontraban saliendo de los calabozos. Meredy, a un paso más veloz, enfurecida. —Hacía tiempo que no veía uno de tus berrinches.— Comentaba Ronet, mientras intentaba aguantarse la risa. Meredy, con una expresión de furia, le clavó la mirada. —Ya ya, tampoco te pongas así. Sabía que dirías algo como eso pero no puedes quedártelos así sin más.— El ceño fruncido de su hermana lo decía todo. —¡Ni siquiera puedes cuidarte tu misma!

Los hermanos Aoyama comenzaron a caminar por los bosques que rodean al reino. Meredy, por su parte, intentaba acelerar su paso con el fin de perder a Ronet, aunque este no cedía. —¡Ya deja de seguirme!— Exclamaba la joven. Aquel "paseo" improvisado le trajeron muchos recuerdos a Ronet, donde junto a sus hermanos jugaban y entrenaban.

Una idea lo iluminó. —¿Oye, Meredy, qué te parece una carrera hasta el castillo?— Propuso con entusiasmo. Tras esto, comenzó a correr en dirección al Reino Lazaward. Meredy lo observó y, esperando que no le sacara demasiada ventaja, corrió tras él a gran velocidad. Ambos príncipes se movían ágilmente por los terrenos cercanos al reino, los cuales se caracterizaban por ser en cierta medida peligrosos e impredecibles.

Luego de unos minutos, la carrera dio fin cuando Ronet llegó en primer lugar a las puertas del castillo. Meredy llegó unos segundos por detrás. —No vale, empezaste antes.— Reclamó. —Excusa de perdedores.— Replicó con ironía. A lo que Meredy gruñó furiosa, pero luego, tras secarse el sudor de la frente, sonrió. Ronet se quedó pasmado, puesto que era la primera vez que veía alegre a Meredy desde su llegada.

Capítulo 32: Juego de hermanos

¿Qué están haciendo?— Una gruesa voz los alertó. Ambos voltearon, con una expresión de terror, y pudieron ver a su hermano mayor, Neirin, caminando hacia ellos. —Ehm... nada, sólo pasábamos el rato.— Respondió Ronet. Neirin observó en detalle lo agitados que se encontraban sus hermanos, pero al cruzar miradas con Meredy pudo notar que ella mantenía el ceño fruncido. —Tu mirada, es igual que con Dilys. ¿Qué esperas que haga?

De un momento a otro, el ambiente se había vuelto tenso. Meredy se mantuvo en silencio por unos segundos, acto seguido suspiró y clavó sus ojos en él. —¡Quiero que me ayudes a entrenar!— Vociferó con entusiasmo. Aunque por parte de Neirin y Ronet se vieron descepcionados, debido a que esperaban algo más... ¿serio? —Quiero ser más fuerte, y si me ayudas tal vez comience a quererte un poquito más.— Decía Meredy, pretendiendo hacerse la dura.

Ronet no pudo evitar lanzar una carcajada, por su parte, Neirin no pudo evitar mostrar una expresión de disgusto. —Vamos, Neirin, sólo dejala entrenar con nosotros.— Sugirió el hermano menor. Neirin, aún mantenía su expresión pero parecía que ahora se lo estaba pensando. —Además, sabes que ella posee "esa" habilidad en particular.— Fueron las palabras finales de Ronet, mientras observaba a su hermano y le guiñaba el ojo. Mientras, Meredy sólo los oía mientras torcía su cabeza hacía un lado al no comprender de que hablaban.

Bien.— Se limitó a mencionar Neirin. Aceptando, aunque no sonaba muy convencido. —¡YEI!— Festejaron Meredy y Ronet. —Aunque... deberás estar a la altura de nuestro entrenamiento. Al momento que te conviertas en una molestia te regresaré a tus actividades regulares de princesa.— Neirin impuso su seriedad. Meredy sólo asintió con su cabeza.


Así fue como, al día siguiente, el trío de hermanos comenzaba con su entrenamiento. Por la mañana, luego de un liviano desayuno, Nirin lideraba el entrenamiento matutino el cual constaba de trotar alrededor del reino, más precisamente alrededor de Blue Montain. A ellos se les sumaban algunos sirvientes, quienes también estaban capacitados en ambitos del combate, con el fin de entrenar. Estos eran Garrick y Roddick, quienes actuaban como guardias por los horarios nocturnos del reino. Ambos se encontraban esperando a los príncipes, pero se sorprendieron al ver que estos se les sumaba una integrante más.

Señorita Meredy, no es habitual verla por aquí a estas horas.— Comentó Garrick. —Ella nos acompañará en el entrenamiento, por eso mismo hoy haremos sólo cinco vueltas.— Mencionó Neirin. Meredy no comprendió porque Neirin había aclarado limitaciones, por lo que Ronet procedió a explicarle. —Verás, Meredy, generalmente solemos hacer diez vueltas al reino. Pero Neirin decidió que serían la mitad ya que estas aquí. Es algo así como bajar un nivel.— Meredy se mostró molesta al ver que la estaban subestimando. —¿A qué te refieres con nivel?

La explicación dio un giro explicativo al mejor estilo Ronet. —Existen varios niveles de entrenamiento. El «nivel debilucho», que suelen ser diez vueltas, que es el límite que alcanzan estos debiluchos.— Procedió a señalar a Garrick y Roddick, quienes se sentían algo adoloridos moralmente por el comentario. —Luego está el «nivel Neirin», lo cual son treinta vueltas a preferencia de Neirin. Y luego está el «nivel Ronet» el cual son cincuenta vueltas.— Completaba sus palabras con un pulgar hacia arriba.

Pero ahí no terminaba su palabrería. —Si quieres podemos nombrar «nivel Meredy» a las cinco vueltas.— Terminó por decir entre risas. —Dejense de tonterias y comencemos.— Habló Neirin, quien fue el primero en comenzar a trotar. Detrás lo siguieron Roddick y Garrick, y luego Ronet mientras seguía riendo. Meredy, apretando sus dientes, gritó. —¡NO ME SUBESTIMEN!— Y se lanzó a correr a gran velocidad, pasando a todos. Apenas habían comenzado el primer entrenamiento y Neirin ya comenzaba a arrepentirse.

Al cabo de una vuelta Meredy ya estaba bastante agotada, por lo que tuvo que detenerse a tomar un respiro. Tras ella llegaban los demás, quienes mantenían el ritmo y apenas mostraban rasgos de cansancio. —Deberás aprender a no desgastar toda tu energía en un impulso.— Decía Neirin, mientras pasaba por su lado y avanzaba tranquilamente. No fue hasta que escuchó la risa de Ronet por lo bajo que Meredy se dispuso a correr nuevamente.

Casi dos horas habían pasado, y el entrenamiento ya había llegado a su fin para Garrick y Roddick, quienes se quedaron a un costado con el fin de descansar e hidratarse luego de las diez vueltas. Ambos observaban a los principes seguir trotando, aunque estos ya demostraban signos de cansancio. —¿Me parece a mi o la señorita Meredy ha logrado hacerlos esforzarse de más? Después de todo el príncipe sólo había dicho cinco vueltas.— Comentó Roddick con un tono de sorpresa, al ver como el trío de peliazules parecían estar ahora metidos mentalmente en una carrera entre sí.

Aún así, miralos. No se como sus cuerpos resisten tanto.— Continuaba diciendo, a lo que Garrick le respondió. —Este es el famoso "juego de hermanos" del que había oído hablar. Realmente ellos están a otro nivel.— Dijo, con una risa nerviosa. Tras esto, el trío pasó trotando frente a ellos, aunque allí fue donde la resistencia física de Meredy cedió y cayó desplomada en el suelo. —¡Ouch!— Exclamaron al verla caer.

Capítulo 33: Nivel Meredy

Ya por la tarde, los hermanos Aoyama dedicaban su tiempo a entrenar y perfeccionar, aún más, sus estilos predilectos de combate. Ronet practicaba con su arco mientras que Neirin le lanzó una espada de madera a Meredy, quien con suerte alcanzó a atraparla. Sus piernas temblorosas apenas le permitían moverse, el desgaste matutino le pasaba factura. —Debes mantener dominio sobre cualquier tipo de arma, así podrás defenderte bien.— Mencionó Neirin, tras tomar otra espada de práctica. —¡Yo no quiero una espada, quiero un bo!— Protestó. —¿Un bo? No conozco quien perdure en un combate con un bastón.

¡Deja de subestimarme! ¡Las kuja me enseñaron a luchar!— Exclamó la peliazul, lo que sorprendió a sus hermanos. Ronet, quien debería estar entrenando aparte, apareció de un salto y de forma sorpresiva se lanzó sobre su hermana. —¡¿Kujas?! ¡No me digas que estuviste en una isla de mujeres hermosas!— Reprochaba mientras tomaba por los hombros a Meredy y la sacudía cómicamente. Por su parte, Neirin se mantuvo en silencio, comprendiendo el porqué Meredy había desarrollado costumbres tan "salvajes".

En ese caso, pasemos al siguiente nivel.— Dijo Neirin, quien dejó su espada de práctica a un lado y fue a buscar un arco. Tras eso, sacó un pañuelo de su bolsillo y vendó los ojos de Meredy, asegurándose de que esta no pudiera ver. Acto seguido, se alejó y tomó una felcha de práctica, una cuya punta no es de acero sinó que esta recubierta de una bola de cuero. —Esquívala.— Dijo, y disparó. La flecha impactó directamente en la frente de Meredy, quien algo adolorida se quejó. —¿¡Cómo se supone que la esquive si no la veo!?

Ronet rió ante la ridícula situación, pero fue interrumpido por su hermano. —Disparale con una de las tuyas.— Ronet se sorprendió, pero su curiosidad de ver que era lo que sucedería pudieron con él, por lo que no dijo nada más. Tensó su arco y, con la flecha ya preparada, lanzó el proyectil. Por precausión, Ronet había apuntado a los pies de su hermana, esperando no causarle daño, pero Meredy reaccionó a último momento moviendo sus piernas, aunque cayó hacia atrás. Rápidamente se quito la venda de los ojos y observó la flecha clavada en el suelo delante de ella.

Esperando algún reclamo ante la peligrosa situación, los hermanos Aoyama se quedaron en silencio. —¡Lo hice, pude esquivarla!— Exclamó alegremente Meredy. —Bien hecho.— Dijo Neirin, sorprendiendo a sus hermanos, quienes no estaban acostumbrados a recibir felicitaciones por parte suya. —Deberás aprender a predecir los movimientos de los demás. Tienes que mejorar.— Terminó por decir, para luego retirarse.


A la mañana siguiente, los hermanos peliazules se soprendieron de no ver a su hermana menor en el desayuno. Al terminar de desayunar, se dirigieron a las afueras del castillo. Allí se encontraron con Liz, quien estaba parada observando en dirección a los jardines. —¿Has visto a Meredy?— Consultó por su hermana Neirin. Liz tan solo señaló más allá de los jardines, donde se podía observar a Meredy correr. —Ha estado corriendo desde hace unas pocas horas.— Comentó Liz.

¿Qué estás haciendo?— Se acercó Neirin a preguntar. Meredy, sin detenerse, vociferó con un tono agitado. —¡Estableciendo una nueva marca para el «nivel Meredy»!— Ronet no pudo evitar reir ante tal respuesta, pero su hermano mayor le dirigió una fría mirada. Ciertamente la culpa era suya. De este modo, el entrenamiento se volvió parte de la rutina diaria de Meredy.

Capítulo 34: Uno para todos

De vuelta en la isla del carnaval, el cielo comenzaba a aclararse puesto que pronto amanecería. El grupo de piratas se encontraban hospedados en una habitación de huéspedes en el restaurante. El aparentemente único despierto era Elliott, quien al no poder conciliar el sueño se reincorporó y observó a sus compañeros, quienes dormían profundamente.

Un extraño sonido llamaba su atención. —¿Golpes de martillo?— Pensaba, pero el sonido era tan lejano que apenas podía distinguirlo. Optó por levantarse y curiosear. El pelirrojo tomó su kimono y salió del lugar camino a la costa, de donde provenía el sonido. Tras no más de cinco minutos de caminata, llegó al lugar donde yacía anclado el Big Sunshine.

Aún no despabilaba, pero notó que el sonido se había detenido hacía unos momentos. Sin darle mayor importancia, se aproximó al barco y lo observó de cerca. Tal era el desgaste del mismo que Elliott se lamentó no haber conseguido un carpintero a tiempo. —Lamento que las cosas hayan terminado así.— Se lamentaba en voz alta, mientras reposaba una de sus manos sobre el barco.

Se sentó en el lugar, mirando hacia el mar. —No podré navegar solo, Meredy nos necesita a todos.— El brilloso amanecer iluminaba su rostro, y lo llenaba de energía. Pero su relajante momento se vio interrumpido. —¡Oye!— Lo llamó alguien desde la distancia, lo que provocó que diera un pequeño salto en el lugar, puesto que lo tomó por sorpresa. Al observar notó que se trataba de Wallace. —¿Acaso estabas hablando con el barco?— El tono de burla era evidente.

¿Qué haces aquí?— Preguntó el pelirrojo, aparentemente molesto. —Chiyome ha regresado.— Mencionó el primer oficial. A lo que Elliott reaccionó siguiéndolo hacia el encuentro con su compañera.

Ya en el restaurante, poco antes de que abriera sus puertas al público, el grupo de piratas se encuentra con Sakura y la recién llegada Chiyome. Wallace y Elliott entran a la pequeña sala y se encuentran con el resto. Posicionados alrededor de un barril que servía como mesa de apoyo, Chiyome extendió unos planos acompañados de una brújula especial. —Gran trabajo consiguiendo los planos y el Eternal Pose de la isla.— Sakura felicitó a la kunoichi.

Elliott, a diferencia del resto, parecía ser el más distraído. Mientras tanto Sakura continuaba con su discurso. —Parece que ya tienen casi todo lo necesario, sólo necesitan algo para navegar.— La peliblanca esperaba una respuesta del navegante. Pero el pelirrojo no retiraba la vista de la ventana, la cual no dejaba de observar a la vez que, nuevamente, oía golpes de martillo. —Creo saber como lo haremos.— Dijo, para posteriormente retirarse del lugar, no sin antes tomar una bolsa de herramientas.

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