Arco de St Poplar

Arco de Britannia
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Creador NeoGirl

El arco de Britannia es el onceno arco de The Blue Haired One.

Capítulo 88: Verdugos

En los cuarteles de St Poplar se anuncia la llegada de un buque de la Marine que transporta prisioneros. Estos son recibidos en el puerto principal por quien está a cargo de la sede de la isla, un hombre delgado y alto, de cabello celeste.

「 Comodoro de la Marine, Kurita «el verdugo». 」

Extrañamente animado, el comodoro recibió a los marines del barco con un amistoso grito. —¿Como están, amigos?— Mientras esbozaba una sonrisa macabra.

El grupo de marines pareció ignorarlo, siendo que el único que se dirigió hacia él fue el capitán a cargo de la embarcación.

「 Capitán marine, Charles Webber «la bestia». 」

El capitán se acercó a él y solo se limitó a reportar que su trabajo estaba hecho. —El traslado de Ted Bundy fue exitoso.— Mencionó.

Por su lado pasó el recluso, un gigantesco y sucio hombre el cual cubría su rostro con una hoja de papel con un solo hoyo para su ojo izquierdo. Este era escoltado por el teniente Alessio Paolini, quien no cruzó miradas con el comodoro, y por la teniente Johanne, quien le sonrió falsamente a modo de saludo.

Sin más que decir, el capitán continuó su paso siguiendo a sus tenientes. El desprecio hacia el comodoro era evidente, pero esto no parecía importarle. Luego de quedar solo frente al puerto dejó caer su cabeza hacia atrás, aún con una sonrisa de oreja a oreja. —Finalmente... que comiencen las ejecuciones.—

Momentos más tarde, el trío de marines se encuentra en el despacho que le fue otorgado a su capitán a modo de oficina temporal. Allí aprovechan para descansar por unos momentos tras el largo viaje.

Tanto Charles como Alessio querían un descanso en condiciones, pero algo les molestaba e incomodaba. Esto era la extraña actitud de Johanne, quien se encontraba inquieta, como si estuviera aguantándose el decir algo.

Charles se percató rápidamente de esto, conociéndola. —Si quieres decir algo, solo dilo.— Mencionó en voz alta.

Tras tragar saliva, la teniente se animó a hablar. —Esto de las ejecuciones... no lo comparto. ¿En qué momento nos convertimos en verdugos de la justicia?— Cuestionó.

Alessio respondió casi por inercia. —No lo se, pregúntale a tu padre.— La respuesta del teniente provocó una fría mirada de su capitán, por lo que notó que se había excedido.

En efecto, el padre de Johanne era reconocido no solo por sus logros, sino también por su brutalidad a la hora de ejercer la justicia. Aunque tanto Charles como Alessio sabían que, pese a ser criada por él, Johanne no pensaba igual que su padre y sus ideales son diferentes.

Con una mirada seria, Johanne le respondió a su compañero. —Yo no soy mi padre.— Lo que provocó que Alessio desviara la mirada, admitiendo su error.

—¿Aún así, qué quieres hacer con los asesinos como el tipo este Bundy?— Replanteó Alessio. —Casi doscientas víctimas confirmadas, en su mayoría mujeres jóvenes. ¿Quieres que le perdonemos la vida así sin más?—

—He sabido que entre los condenados hay un niño de trece años de edad. ¿Les parece bien asesinar niños? ¿Qué nos diferencia de ese tipo Bundy, entonces?— Respondió Johanne, planteando un problema ético que siempre ha estado presente.

—Yo también me he enterado de aquel niño, al parecer posee conocimientos sobre historia y lenguaje antiguo.— Esta vez habló Charles. —Pero nos guste o no, no depende de nosotros. Limitémonos a cumplir con nuestro trabajo e irnos cuanto antes. El comodoro me provoca náuseas.— Con un razonamiento frío, el capitán concluyó el tema.

• • •

En uno de los callejones de la ciudad, Wallace observaba los movimientos de la marine desde las sombras cubriéndose con una desgastada capa con capucha. Al igual que él, su compañera de infancia, Sindel, le acompaña. Aunque para su disgusto, ya que él no deja de quejarse sobre la presencia de ella.

—¡¿Podrías dejar de seguirme a todos lados?!— Exclamó con nerviosismo.

—Cada vez que vas solo a algún lado, algo malo sucede.— Respondió ella con seriedad.

La rubia procedió a retirarse la capucha, ya que esta ensuciaba su cuidado y sedoso cabello.

—¡No soy un niño como para que me estés cuidando! Además, fui yo quien tuvo que salvarte el trasero esta última vez.— Discutió Wallace.

—¡Yo también te salvé el trasero varias veces!— Reprochó.

Wallace suspiró, para luego cambiar su expresión con una sonrisa provocadora. —¿Segura que no es porque mi recompensa es superior a la tuya?— Sindel se mostró alterada, entrecerrando su ojo derecho a modo de tic nervioso. —¡¿Eso que tiene que ver?!— Expresó furiosa.

A todo esto, el sonido proveniente del callejón atrajo la atención de dos marines rasos que patrullaban por ahí. Por lo que ambos se acercaron. —¿Oigan, tortolitos, qué hacen aquí escondidos?— Interrogó el primero en acercarse, aunque al segundo le era familiar el rostro de la joven. —Acaso tu no eres...— El marine expandió sus ojos de sorpresa al reconocerla.

Sindel, «princesa ámbar», oficial de la armada revolucionaria. Recompensa: Beli68.000.000 」

Al ver que la reconocieron, el dúo de jóvenes reaccionó rápidamente y cada uno tomó a un marine de sus ropas metiéndolos en el callejón. Sindel con una toma de agarre, cruzando su brazo derecho por delante del cuello del soldado, lo inmovilizó hasta que rápidamente este se desmayó por la falta de oxígeno. Por su parte Wallace solo le propinó un fuerte golpe en la cabeza al otro, el cual cayó noqueado.

—Al menos esta vez no fue mi culpa.— Comentó Wallace, provocando la mirada de Sindel.

Capítulo 89: Algo que pedirles

El descanso del equipo de Charles duró poco. Ya que rápidamente les llegó el reporte de unos marines advirtiendo la presencia de miembros de la armada revolucionaria en la isla.

Con la preocupación de que los revolucionarios podrían estar ahí por el asunto de las ejecuciones del comodoro Kurita, Charles envía a sus tenientes a investigar. Dicho esto ambos tenientes salieron de inmediato, Johanne sobrevolando el centro de la ciudad y Alessio dirigiéndose hacia los muelles.

Mientras tanto, en el puerto el Big Sunshine acaba de anclar, con los piratas de la peliazul preocupados por el estado de su médica a bordo, quien ha vuelto a presentar síntomas como fiebre alta y tos, por lo que se encuentra en cama haciendo reposo.

El grupo estaba decidiendo quien saldría a buscar a Wallace y quien se quedaría en el barco, pero se ven interrumpidos por Meredy quien repentinamente alza la mirada hacia el cielo, alertando al resto. Con Elliott, Ben, Chiyome y Talp, haciendo lo mismo. Siendo el mink el último en reaccionar, y de forma exagerada al ver a un hombre levitar sobre ellos.

—¡WAAAAH!— Gritó Talp con asombro. Mientras el hombre descendió lentamente hasta apoyar sus pies sobre el suelo del barco. Elliott y Ben reaccionaron poniéndose el guardia ante la sorpresa, pero la ver de que se trataba de Alessio se relajaron un poco.

A diferencia de sus compañeros, Chiyome no conocía a Alessio por lo que reaccionó lanzando un kunai directo hacia él. Pero el marine con un leve movimiento de mano lo detuvo en el aire, y con otro movimiento se lo devolvió, dejando atónita a la kunoichi.

Mientras que Ben le explicaba a Chiyome resumidamente como habían conocido a Alessio en el pasado, Meredy lo saluda amistosamente. —¿Qué tal, Alex?— El marine no pudo evitar hacer una expresión de molestia luego de notar que la peliazul había olvidado su nombre.

「 Teniente marine, Alessio Paolini, «la mente». 」

—No te lo tomes personal, es Meredy.— Intento justificar a su capitana Elliott.

—Como sea. No es buen momento para que estén aquí, mejor váyanse.— Habló seriamente Alessio.

—¿Qué sucede?— Curioseó el navegante.

—Asuntos de la marine, no creo que quieran verse involucrados en eso.— Respondió, sin especificar.

—Primero debemos encontrar a Wallace.— Esta vez habló Meredy.

El marine se tomó unos segundos para pensar. Y no tardó en asumir que el posible reporte de revolucionarios en la isla tenga que ver con Wallace. —Yo lo buscaré, ustedes quédense aquí.— Replicó Alessio.

—Nah, nosotros lo haremos.— Dijo la peliazul mientras mostraba en su mano su brújula. —Con el Heart Pose lo encontraremos más rápido.— Aclaró.

Alessio no comprendió de que se trataba al ver el artefacto, pero no dijo nada al respecto. Mientras que la banda terminaba sus preparativos, Talp no pudo contenerse y se acercó al marine.

—¿Y... cómo es que puedes volar? ¿Acaso es una técnica secreta de la Marine?— Curioseó el mink.

Alessio tardó unos momentos en responderle, y solo le dirigió una mirada seria. —Poseo una de las frutas más poderosas que existen, la Nen Nen.— Se limitó a decir.

La expresión de Talp dejó de ser la de alguien emocionado y pasó a ser la de alguien decepcionado. —Buh, con que se trata de la habilidad de una fruta del diablo...— Mencionó con desprecio.

Las palabras y el desinterés repentino del mink fueron un golpe directo al orgullo de Alessio.

Mientras tanto, cerca del centro de la ciudad. Wallace y Sindel se movían entre callejones. El dúo caminaba a paso ligero a mitad de un callejón, en silencio, a lo que Sindel se detiene al ver que Wallace lo hizo previamente. —¡¿Qué es ese olor?!— Exclamó a la vez que llevaba su mano hacia su nariz, intentando bloquear el aparente olor que sintió.

Por su parte, Sindel tardó unos segundos en sentir dicho aroma. Este era agradable para ella puesto que le recordaba el dulce aroma de unas flores. Acto seguido, son sorprendidos por una figura que se alzaba sobre ellos. Sindel quedó estupefacta al ver las coloridas alas que poseía esta figura. Mientras que Wallace la reconoció de inmediato, aún sin retirar su mano de su rostro.

「 Teniente marine, Thorner D. Johanne, «reina de las hadas». 」

La joven marine de cabellos rubios descendió frente a ellos, mientras que Wallace hacía una expresión de asco sacando la lengua. —Así que se trataba de ustedes.— Dijo seriamente.

Sindel reaccionó llevando su mano hacia la empuñadura de su espada, preparándose para desenvainar. Pero Wallace la detiene alzando su brazo delante de ella.

Una idea repentina vino a la mente de Johanne. —Ya que están aquí, tengo algo que pedirles.— La joven se mantuvo seria y firme.

—¿Qué te hace creer que escucharemos a la hija de un almirante?— Esta vez Sindel se mostró hostil. Aunque se sorprendió de que Wallace no dijera nada.

—Al menos denme la oportunidad de contarles algo, luego deciden que hacer.— Johanne mantuvo la compostura.

Luego de cruzar miradas con su compañera, Wallace habló. —Habla, antes de que te arranquemos tus apestosas alas.— Las hirientes palabras de Wallace provocaron un cambio en la mirada de Johanne.

Capítulo 90: Ejecuciones

Desconcertado, Charles se encontraba consolando a Johanne. La teniente lloraba sobre él, mientras le repetía una y otra vez lo mismo. —Él... él dijo que mis alas eran apestosas.— Su lloriqueo parecía no cesar.

Luego de halagar a su teniente repetidas veces y ver que esto no funcionaba, Charles intentó darle otra perspectiva. —A todos nos gustan tus alas, ya lo sabes. No puedes dejar que un comentario negativo tenga más peso que cientos de positivos.— Esto pareció calmar a Johanne un poco.

El dúo de marines se vio interrumpido por el regreso de Alessio, quien se mostró extrañado al ver la escena de Charles dando palmaditas en la cabeza a una llorosa Johanne.

—Eh... creo que querrán saber que la banda de la peliazul está en la ciudad.— Informó el teniente.

Charles mostró una expresión pensativa. —¿Tendrán algo que ver con los revolucionarios?— Preguntó en voz alta.

—Lo dudo, pero mencionaron que estaban buscando a Wallace West.— Acotó Alessio.

Charles se mostró más pensativo aún. —¿A todo esto, qué sucedió exactamente en tu encuentro con Wallace?— Se giró hacia Johanne.

Johanne dio un pequeño salto de sorpresa. —Ehh, bueno... nada. Ya sabes, no quiso escuchar las advertencias que le di.— Explicó algo nerviosa.

Charles siguió en su pose pensativo. —En cualquier caso, revolucionarios y piratas, esto será un problema.— El capitán se encontraba confundido respecto sobre a como actuar.

Mientras tanto, de incógnitos, el grupo compuesto por Meredy, Elliott y Chiyome se mueven por la ciudad. —¡Por allí!— Lideraba el paso la peliazul, siguiendo hacia donde apuntaba su brújula.

Debido a la gran cantidad de marines rondando por las calles, tenían que moverse por los techos de las casas, intentando no llamar la atención.

Desde la distancia pudieron observar en dirección a la plaza principal de la ciudad, donde se encontraba el mayor movimiento de personas. Allí parecían terminar los preparativos para un concurrido evento. Muchas personas civiles se encontraban alrededor a la espera.

Extrañados, se acercaron y pudieron identificar una especie de pequeño escenario de madera en el centro de la plaza. —¿Habrá un show?— Preguntó Meredy.

Elliott detalló que había dos hombres vestidos completamente de negro, con capuchas incluidas que tapaban sus rostros. Así como también pequeños postes de donde colgaban sogas, las cuales estos corpulentos hombres estaban ajustando.

—Eso no es un escenario... ¡es una plataforma de ejecución!— Exclamó el pelirrojo.

—No me esperaba que la marine hiciera estas cosas.— Dijo Meredy, sorprendida.

—En el pasado han ejecutado a criminales muy famosos. Pero creí que habían dejado esas prácticas.— Comentó Elliott.

Chiyome llama la atención de sus compañeros y les señala hacia la plataforma. Donde pueden observar a soldados de la marine escoltando a un pequeño grupo de prisioneros. Entre estos, destacaban un enorme hombre, un niño y una mujer de cabello rojizo.

—¡Atención, damas y caballeros, en breves instantes comenzará el show mensual favorito de todos!— Utilizando un den den mushi con un altavoz añadido en él, un oficial de la marine anunciaba al público. —¡Las ejecuciones!—

Capítulo 92:

Capítulo 93:

Capítulo 94:

Capítulo 95:

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