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Capítulo 881: Planos, planes

Nadine: ¿Qué hacemos entonces? 

Maximus: ¿Hacemos? 

Nadine se queda un poco impactada por como dice esto él mayor de sus primos, pero

Konstantine:  Ya que trajiste a Lord Adrien haciendo gala de… esa nueva habilidad tuya, ¿Por qué no la usas para interrogarlo? 

Nadine: Por supuesto. Pero que otra… 

Sus dos corregentes la miran inquisitivamente, como si le dieran a entender que… 

Nadine: ¡¿Ahora!? ¡Pero…! ¡Estamos en pleno consejo de guerra! 

Maximus: Un consejo que ya irrespetaste comiendo esa fruta del diablo. Si quieres ayudar a nuestros planes futuros, interroga a Adrien y obtén inteligencia. 

La mujer mira a todos en el consejo, esperando que alguien rebata la decisión, pero obtiene lo contrario. Ya sea que la miren igual o que desvíen la mirada por completo. 

Nadine: Tch…

La Princesa se retira entonces, no sin antes azotar el gran portón al abrir y al salir. Maximus y Konstantine, por su parte, ruedan los ojos ante el berrinche para luego continuar con el consejo de guerra. 

Agamenon: No solo han reclutado a los del Ave Azul. Tuvimos que retirarnos cuando una unidad compuesta únicamente de gyojins y tritones nos ataco. Añadiendo eso a las habilidades de la ex General, ex Lord Emeric y el disidente Wine, podríamos tener un problema entre manos. 

Albertanus: Sabiendo que nuestros enemigos son Piratas buscados, debemos intuir lo mismo de esos tambien, y debemos ser mucho mas cuidadosos. Solo los 11 de ellos derrotaron a más de 900 soldados de la Marine en Eiyuu. Aunque bueno, Nadine dice que mató al Querubín. 

Konstantine: Hmmm, eso solo los pondrá furiosos en ese caso. Con  la potencia de fuego que tiene esté, además del capitán, lo consideraría como uno de los mas peligrosos. 

El Carmesí señala el cartel de James, pues este nunca fue actualizado. Y aunque tambien se comenta que no ha habido avistamientos de este, deben estar preparados. Considerando todo esto, el Ministro de Ciencias se dispone a hablar. 

Cristian: Sus altezas. Si los poderes del enemigo son un problema, entonces nosotros mismos debemos dotarnos de superpoderes. Llevo un tiempo trabajando en esto podría ser una solución definitiva. 

El hombre extiende unos planos sobre la mesa, dejando a todos los presentes muy impresionados con lo que pretende realizar. 

Maximus: Es… ¡realmente impresionante! 

Konstantine: Demasiado talvez. Parece ciencia ficción. 

Cristian: Oh, pero les aseguro que es posible. Con la tecnología que nos… ha brindado el Gobierno Mundial, puede desarrollarse a la perfección. Tengo ya un prototipo en desarrollo. 

Maximus: ¿Y cuánto tardaría en terminar ese prototipo? 

Cristian: Pues… dos meses mínimo… 

Konstantine: No tenemos tanto tiempo. 

Cristian: No me dejo terminar, alteza.  Dos meses mínimo con los recursos que tenga ahora, pero, si aprueban más recursos, materiales y mano de obra, les aseguro que podría terminarlo en días. 

Cristian dice la cifra de lo que necesita. El número es alto, y tanto Maximus como Konstantine se quedan pensativos un momento, aunque uno más serio que otro. Cuando se tardan demasiado en responder, otros mandos en la sala son los que hablan. 

Albertanus: Si se me permite dar mi opinión como consultor real, considero que cualquier precio a pagar es muy bajo comparado con alcanzar la unidad de Brusian. 

Agamenon: Si eso puede acabar con las fuerzas enemigas, yo tambien estoy de acuerdo

Rotilius: ¿Qué es otro pequeño sacrificio por el bienestar del Reino?

Con estas “palabras de aliento” la decisión les queda clara a ambos, aunque el semblante serio del Segundo Príncipe permanece. 

Konstantine: Bien… 

Maximus: Tiene nuestra aprobación, Lord Cristian. Ahora hágalo. 

El Ministro de Ciencia entonces hace reverencia con una sonrisa. 

Cristian: Como desee, mi señor.

Capitulo 882: No saber nada

Unas horas más tarde…. Campamento del Autentico Ejército Real…Espadaña… 

Con ya todos los heridos en la enfermería siendo atendidos, y los caídos honrados y cremados, los líderes del auténtico ejercito y Todos somos Esclavos estan estableciendo el que hacer ahora. Comenzando por cuestiones de defensa. 

Rosolynde: ¿Como va todo? 

Shiny: *vía Den Den Mushi, desde Baluarte* Ya tenemos listo el puesto de comunicación permanente. Estaremos con informes cada hora, tal como lo han solicitado. 

Rosolynde: Excelente. 

Hollow: *tambien desde Baluarte* Si, Señora, pero, sin afán de ser descortés, esto  no ayudara en caso de que cualquiera de las regiones sea atacada. El ataque a Espadaña nos fue avisado en sus primeros minutos y ni así se llego a tiempo para asistir desde aquí. 

Betula: Se nos ha ocurrido algo ya. Dada la efectividad de los escuadrones de Shane y Wendy ante el ataque anterior, he ordenado que se aposten en puestos de avanzada en ambas regiones así como en sus fronteras. Los que les defenderán ya van para allá . 

Shane: Exactamente. Ya se están excavando trincheras y los carpinteros y otros maestros artesanos nos ayudan con torres de vigilancia tambien. 

Rosolynde: Y les agradezco por ello. Con eso al menos tendremos tiempo de pensar y actuar si es que otra situación así se presenta. 

Aun hay más temas que hablar, pero hay uno en especifico que Lord Emeric no quiere dejar pasar. De hecho, se ve demasiado ansioso por ello, aunque el resto se ve especialmente apesadumbrado por ello. 

Emeric: ¡Tenemos que rescatar a Lord Adrien! 

Rosolynde: Lord Emeric… 

Emeric: ¡Él nos dio su apoyo y acabo así por nosotros! ¡Tenemos que ayudarlo! 

Rosolynde: Entiendo su preocupación, Lord Emeric, pero… 

Emeric: ¡Entonces que esperamos! ¡Hay que ir a por él! 

Rosolynde: ¿Y a donde iríamos exactamente, Lord Emeric? No sabemos con exactitud donde está. En el peor de los casos, se lo llevaron a Ciudad Ciudadela. Sabe que no tenemos aun la fuerzas para atacar la capital, seria suicidio. 

Emeric:… Mandemos una pequeña patrulla de infiltración entonces. Joven Black , usted entró y salió de la ciudad, ¿no? Podría dirigir una expedición. 

La forma desesperada de hablar del noble y el hecho de que le este hablando directamente ponen a Jean de los nervios, pero aun responde la pregunta.

Jean: Pues… Si, pero casi morí en el intento, y no diría que me infiltre exactamente. 

Rosolynde: Lord Emeric. Nací, crecí y dedique mi vida entera a defender Ciudad Ciudadela, la conozco bien, por eso que se que esta fuera de nuestros alcances ,así  que no, una misión a la capital no se realizará.

Emeric ni intenta rebatir, pues sabe que tienen razón, seria la muerte. Así que solo toma asiento y se agarra la cabeza con ambas manos mientras se apoya en la mesa de la casa de su anfitrión secuestrado. Los ánimos se todos se van a los suelos con esto, por lo que el bufón de los vientos intenta hacer gala de su nombre y animar un poco la situación. 

Fernand: Bueno… no tenemos la certeza de que Lord Adrien este en Ciudadela. Además, aun tenemos cautivo a ese “noble pirata”. Podemos sacarle información. 

Rosolynde: Estoy de acuerdo. 

Betula se pone muy tensa al oír del hombre, pero Jean intenta calmarla tomando su mano y  algo que ella nota y agradece solo con la mirada. La conversación resulta ser oportuna, porque justo en ese momento, un soldado interrumpe, hace reverencia y habla. 

Soldados: Señores. El prisionero ha recuperado la conciencia. 

Es hora de hacer el interrogatorio. Curiosamente, en Ciudad Ciudadela, se lleva a cabo otro. Precisamente a la perdona sobre la que comentaban de salvar. 

Nadine: ¿Dónde está la Corona? 

Adrien: No lo se. 

Nadine: ¿Qué planes tienen?

Adrien: No lo se. 

Nadine: ¿Dónde esta la traidora de Rosolynde entonces? Al menos eso debes de saber.

Adrien: ¿y como podría saberlo? La última vez que supe de ella iba a Baluarte. Luego usted me secuestró. 

Nadine suspira, harta. No está llegando a ningún lado. Molesta, decide aplicar lo que sugirió su primo con sorna,asís que mira a Adrien fijamente, dejándolo en un trance. 

Nadine: Tch…. A ver si ahora funciona. ¿Dónde está la corona? 

Adrien: No lo sé. Solo Dame Rosolynde lo sabe. 

Nadine: Es un avance. ¿Qué planes tienen? 

Adrien: No lo habíamos decidido aun. Esperábamos a saber de noticias de la operación de Baluarte y luego paso lo del ataque. 

Nadine: Hmmm… (¿Qué en serio no sabe nada?) ¿En donde esta Rosolynde? ¿O su mano derecha, Lord Emeric? 

Adrien: Lo siento… no se donde está Dame Rosolynde, y Lord Emeric… tú estas aquí… 

Nadine: ¿Dónde? 

Adrien: Aquí… frente a mi… ¿por qué preguntas por ti mismo? 

Ante esa contestación,  Nadine aprieta los ojos con fuerza, rompiendo su alucinación. El rostro de Adrien es de confusión, él de ella es puro asco. 

Nadine: ¡Ughhh! ¡¿Entonces es por eso que siempre rechazaba mis propuestas de compromiso!? ¿¡Por él es que ha traicionado a su reino!? 

Adrien: No sé… *se sonroja demasiado* no sé de que está hablando. Y sea cual fuera el caso de que rechazara sus propuestas, jamás le serviría de nuevo y mucho menos me casaría con una tirana genocida que mando quemar y matar a mi pueblo. 

Nadine: *apretando los dientes* Solo lo hice porqué me traicionó primero. Y los únicos que murieron fueron soldados igual de traidores que usted. 

Adrien: No hablo de anoche, hablo de hace dos días. Me habían dado una semana para responder si uniría Espadaña al resto del Triunvirato y luego de la nada trataron de quemar la villa ¿Qué? Me va a decir que no se acuerda. 

Pero el rostro de Nadine indica que no solo no lo recuerda. Y por su expresión y su falta de habla, Adrien tambien puede saber lo que piensa, aunque se ve igual de impactado por ello. 

Adrien: ¿Es… Es en serio? ¿No lo sabía? 

La mujer solo niega lento con la cabeza, aun demasiado afectada por esta súbita revelación. ¿Qué demonios esta sucediendo? Mientras, en Espadaña. Son Emeric y Rosolynde los que interrogan a Gelacius, pero a pesar de su posición de desventaja, este sonríe por alguna razón. 

Emeric: ¡Contesta! ¡Debes de saber a donde se lo llevaron! ¡Habla! ¡¡HABLA!! 

Gelacius: Pues no sé . A Ciudadela o a*con una mirada burlona* Que poco civilizado. ¿En serio así trata un “viejo” noble a su sucesor? 

Emeric: ¡Oh! ¡Yo te enseñare que es incivilizado! 

El noble ya esta transformando su mano en la de un erizo para aporrearlo pero Rosolynde lo detiene antes. 

Rosolynde: Mantenga la calma, Lord Emeric. Lo que quiere es provocarlo. 

Emeric: Pshe…

Rosolynde: Y usted “Lord” Gelacius, no tiene que seguir con su teatrito, sabemos lo que es usted. Mano Diabólica, Capitán de los Piratas Red Hand, poseedor de una recompensa de 101 millones por su cabeza. 

Gelacius: Oh… entonces ya le dijeron. ¿Fue la bruja o el muchacho azul? 

Rosolynde: Eso no importa ya. Ahora, respóndame esto. ¿Por qué el Triunvirato está poniendo Piratas en posiciones de poder como tu? ¿Poderío militar? ¿Ganancia económica? ¿O simplemente han caído tan bajo? 

Pero ante esas preguntas, Gelacius, incluso con la cara toda jodida, se ríe, y no con suavidad, a carcajadas. ¿Qué es tan gracioso? ¿Por qué se ríe incluso siendo prisionero? 

Gelacius: Jejejeje, ustedes no tienen ni idea. Pero, ¿que van a saber ustedes? Son títeres, marionetas. ¡Todos son viles peones haciendo nuestra voluntad! ¡Y cuando todo esto acabe! ¡Nosotros estaremos en la cima! ¡Brusian siempre nos pertenecerá! ¡Larga vida al “Triunvirato”!

El pirata se ríe sin parar, dejando a Rosolynde y Emeric con un terrible presentimiento. 

Capitulo 883: Molesta

Nadine: Hmph…. 

Tras el interrogatorio, Nadine se ha retirado a sus aposentos. Todo el asunto la ha dejado no solo sin las respuestas que buscaba y quería, sino con interrogantes más y más terribles.

Adrien: ¿No lo sabía? 

Recostada desnuda en la lujosa bañera de su cuarto, medita sobre todo esto hasta que sus dedos se arrugan como pasas y se hiela su agua, y ni así deja de pensar. Esto preocupa a sus doncellas, por o que una toca desde afuera. 

Doncella: ¿Mi Lady? ¿Todo esta bien, mi Lady? 

Nadine: ¿Qué? ¡Ah! Si, si. Ya salgo. 

Fuera de su bañera y su cuarto de baño, las doncellas la ayudan a vestirse y peinarse, quedando hermosa y regia como siempre, aunque su semblante sigue sombrío. 

Adrien: Usted… ¿no ordeno el ataque? 

Nadine: ¡Por supuesto que no! 

Adrien: Entonces… ¿quien fue? 

Nadine no lo sabe y eso la deja intrigada y preocupada. Adrien por su parte, llega a una conclusión propia. 

Adrien: Tsk… debió ser Lord Maximus. O Lord Konstantine. 

Nadine: ¡Eso jamás! ¡Ninguno de nosotros haría algo así! 

Adrien: ¿Está segura? 

Ella quiere decir que si, de verdad que quiere. Pero rodo eso ha hecho que esté llena de inseguridad , inseguridad de la que pretende librarse ahora en el presente. Tras ponerse presentable se dirige inmediatamente al estudio real, alguna vez de su tío, pero en el que ahora sus primos discuten por algo en específico mientras Lord Albertanus actúa de intermediario 

Konstantine: Lo he pensado bien. Es demasiado dinero del erario. 

Maximus: Sin esa arma, la guerra durara mucho más y el erario sufrirá aún más por eso. 

Konstantine: Aha, ¿Y como piensas mantener al Reino después de la Guerra?

Albertanus: Si se me permite dar mi opinión como consultor real, podrían subir un poco mas los impuestos. Temporalmente claro. 

Maximus: Y apreciamos tu palabra como consultor real. Gracias, Lord Albertanus. 

Albertanus: Solo hago mi trabajo, Alteza. 

Konstantine: Tch… 

Nadine: ¿Ya terminaron de actuar como niños de cinco años? 

La aparición de la Princesa sorprende un poco a los presentes, solo un poco, luego, recuperan su actitud altiva de siempre. 

Maximus: Ah, eres tu. 

Konstantine: Debiste  terminar el interrogatorio hace horas. ¿Dónde estabas? 

Maximus: Más importante aún. ¿Qué averiguaste? 

La noble señorita no obstante, se toma el tiempo de sentarse apropiadamente antes de contestar cualquier cosa, con rostro mortalmente serio. 

Nadine: *suspiro* Pues, el hombre, tal como su reputación dice, es un florero. Además de un detalle… demasiado incómodo de su vida personal, el hombre no sabía absolutamente nada. Ni ubicaciones de la corona o de los líderes enemigos, ni planes, nada. 

Esto hace a todos los hombres rodar los ojos. 

Konstantine: Hmmph… no se porque no me sorprende. 

Maximus: Tch… no se porque creímos que podríamos sacar algo de ese traidor. Habra que… 

Nadine: Aunque dijo algo interesante… 

Todos se callan ante estas palabras, incluso ella, lo que saca un poco de quicio a los Príncipes.

Konstantine: ¿Y piensas decirnos o pretendes dejarnos en la oscuridad por la eternidad? 

Nadine: Lord Adrien dice que nos traicionó porque atacamos su pueblo. 

Ante esto, los dos príncipes ponen caras hastiadas.

Maximus: Pues obviamente.

Konstantine: Tu misma fuiste ahí.  Es la peor excusa que he oído. 

Nadine: No, no me refiero anoche. El dice que el ejército del Triunvirato ataco antes, cuando aun era neutral. 

Ante esto, los dos primos la ven, se ven el uno al otro y luego la vuelven a ver. 

Maximus: Esa es una excusa peor que la anterior. 

Konstantine: Nadie ordenaría un ataque en un territorio neutral. 

Nadine: Lo se… pero el, parecía tan convencido…

Konstantine: Convencido no, mentiroso. Son puras patrañas. No se porqué nos repites esas estupideces, Nadine. 

Nadine: Es que… 

Albertanus: Perdone mi atrevimiento, Mi señora. ¿Pero no cree que, tal vez, sus sentimientos previos por Lord Adrien estén nublando su juicio? 

Ante esto, Nadine se queda callada y con las mejillas rojas, pero no de vergüenza. 

Nadine: Pshe… como sea. 

La Princesa se levanta con fuerza y se dispone a salir de la habitación, para sorpresa de todos. 

Maximus: ¿A dónde vas? 

Nadine: No es de tu incumbencia. 

Albertanus: Oh…¿ fue algo que dije? 

Konstantine: Déjelo, Lord Albertanus. Solo debe seguir molesta por haberla sacado de la sala de Guerra anoche.

Pero no está molesta, al menos no por eso. Tiene la cabeza echa un lío. ¿Qué es lo. Que está pasando?  

Capitulo 884: Una nueva operación

De vuelta en Espadaña, los lideres de la alianza Brusiana – Pirata se reúnen una vez más para comentar lo que se realizará ahora. Empiezan por otra mala noticia. 

Betula: ¿Qué tal salió… el interrogatorio a Gelacius? 

Emeric: Por desgracia mal. No nos dijo absolutamente nada. Solo se burlo de nosotros. 

Betula: Tch… debí imaginármelo. 

Esto hace a Jean recordar por un momento todos los “interrogatorios” que realizó a los días que sucedieron la muerte de James. Sabe que con la tortura podría obtener tal vez la información que quieren, aunque eso lo haría el Jean que prometió no volver a ser. 

Rosolynde: Lo que si obtuvimos son varios reportes de lo que sucedió en el ataque a aquí,  Espadaña, que nos han dado inteligencia importante del enemigo. El primero. Nadine de Fortaleza, Princesa de Brusian y comandante de las fuerzas del Triunvirato del ataque a Espadaña, cuenta ahora con las habilidades de una Fruta del Diablo. 

Fernand: ¿De que clase?

Rosolynde: Una Paramecia al parecer. Según el Capitán Brimstone, él cual me alegra saber que se recuperará por completo, está Fruta otorga la capacidad de causar alucinaciones al enemigo, aunque describió dichas alucinaciones como muy “felices”. 

Hollow: *via Den Den mushi* ¿Felices? 

Rosolynde : Aparentemente, esto evito que él se diera cuenta de las lesiones que le estaba provocando por esto hasta que lo arrojó lejos y desvío su atención a alguien más. 

Jean: Hmph…Mis camaradas y yo enfrentamos un poder similar en el pasado. Pero era de un Marine. Dudo que sea el mismo. 

Pero lo que dice el peliazul solo pone en alerta al Señor de Baluarte. 

Emeric: ¿De casualidad era un hombre fornido, de pelo verde y que siempre usaba gafas? 

Jean: ¿Lo conoce? 

Pero la mirada ensombrecida de Emeric avisa de algo terrible. 

Emeric: Conocía…  él fue el oficial que vino aquí a investigar cuando logré reunir evidencia de los tratos ilegales del Triunvirato. Pero fuimos emboscados por el General Agamenon. Usó ese poder lo poco que duro la batalla, pero… de su unidad no quedo nadie.

Betula: Debemos… inferir entonces que su poder renació y fue consumido por la Princesa. 

El oír esto deja un poco afectados a todos, pero deben continuar con el siguiente punto. 

Rosolynde: Segundo. El Triunvirato hizo uso de un cañón extremadamente avanzado y poderoso.  Aunque no logramos destruirla o retenerla, gracias a algunos de los hombres de la señorita Betula *Betula asiente*, logramos identificar su numero de serie y concluimos que no es un arma producida localmente, sino alguna producción extranjera, seguramente traída de contrabando. 

Fernand: ¿Cómo están tan seguros de eso último? 

Shiny: *Vía Den Den Mushi*Porqué no es la primera vez que lo hacen. Logramos incautar un montón de Dance Powder antes y en los inicios de la guerra.

Emeric: Además, yo mismo descubrí sobre su tráfico de explosivos, principalmente nitroglicerina.

Rosolynde: Sin olvidar esclavos de fuera del Reino , como descubrió el joven Black.

Jean: Tsk… 

Rosolynde: Sin contar ese incidente con la señorita Aprilia porque ella llegó por un intermediario ya presente en la isla, no habíamos tenido noticias sobre estas actividades en un tiempo, pero éste cañón prueba que han vuelto a ellas. Y podrían representar un riesgo mayor para nosotros si no las detenemos ahora. 

Todos los presentes saben de inmediato a donde se dirigen con eso.

Fernand: Esa es nuestra siguiente misión, ¿no?

Rosolynde: Exactamente. 

La General pone tres marcadores en un mapa de Brusian, señalando puertos. 

Rosolynde: Los traslados de contrabando deben ser por uno de estos puertos. No tenemos la certeza de cuál, pero ya he enviado pequeñas escuadras para investigar. Una vez, tengamos la certeza, estaré contando con su flota, señores míos.

Lideres de Todos somos Esclavos: Por supuesto.

Y así deciden hacerlo. Manteniéndose a la espera por al menos un día. Quedándose en Stand by por un rato, esto llama la atención del Triunvirato.

Maximus: Inusual, ¿no? Que no se movilicen después de su victoria. 

Konstantine: Deben ser precavidos, ya qué “alguien” los tomo de sorpresa.

Nadine:…

Maximus: Algo estan planeando, algo grande. 

Konstantine: Planearemos algo más grande entonces. Lord Albertanus.

Albertanus: Señor.

Konstantine: Diga al General Agamenon que se prepare.

Albertanus: Si, señor.    

Capítulo 885: Remendar

Ocaso, Región de Barbacana

Un gran barco ha llegado al Puerto Castro, en la Región de Barbacana. Atraca en uno de los mueles principales y luego sus tripulantes desembarcan, bajando no solo hombres, sino tambien un montón de materiales en cajas y barriles.  Toda la operación es supervisada por soldados del Triunvirato, que vigilan que los materiales sean llevados a varias carretas, que luego salen hacia la capital. Esto, no obstante, toma tiempo y los soldados conversan para pasar el rato. 

Soldado 1: ¿Sabes que llevan? 

Soldado 2: Creo que metal. Con eso de que la nueva refinería ahora esta en control de los traidores ahora importan de fuera. 

Soldado 3: No, no. Yo escuche que son materiales para el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Cosas científicas pues. 

Soldado 1: Pues creo que esa es mucha ciencia. ¿Ya viste la que hay de cajas?

Soldado 2: Y agárrate, que va venir otro cargamento mañana por la mañana. 

Todos los soldados suspiran audiblemente a modo de queja por la increíblemente larga jornada que tendrán por ello, sin darse cuenta de que, escondidos, dos soldados del Auténtico Ejército Real les observan desde la distancia. 

Mientras tanto… en Espadaña… 

En la enfermería que han armado los médicos de la Alianza, Jean se sienta junto a la camilla de Evangeline. Ella no ha despertado aún, y las marcas de su cuello todavía se ven terribles. El joven capitán, por supuesto esta preocupado por ella, y es por su rostro de pesar que su maestra se sienta a su lado. 

Betula: ¿Cómo está? 

Jean: No sabemos aun. Taylor dice que no sabremos si hay daño permanente hasta que despierte. 

Betula: Oh… 

El silencio perdura por un rato, mientras que el no le despega la vista a su herida camarada. Betula está pensando en algo que decirle, pero al final, el le gana la palabra. 

Jean: Es horrible verlos así… verla a ella así. 

Betula: Lo se. 

Jean: Se supone que debería protegerlos… ¿Por qué no puedo protegerlos? ¿De verdad soy un capitán tan patético? ¿Tan fracasado? 

Pero antes de que su vista se siga hundiendo más y más por la depresión, Betula lo toma por los hombros y lo obliga a verla a los ojos. 

Betula: No hables así de ti mismo, ¿oíste? No eres un mal capitán, tienes dificultades solamente, como todo ser humano, y aun así haces lo menor que puedes. No vuelvas a hablar así de ti mismo. 

La franqueza de como le ha dicho esto deja al peliazul sin palabras, por tanto tiempo de hecho que Betula, que aun lo tiene por los hombros se avergüenza un poco. Sin decir nada más, ella se levanta y se dispone a irse. Pero Jean esta ya no esta dispuesto a que dejen todo a medias. 

Jean: ¡Betula, espera! 

Tras haber abandonado la Alianza temporalmente, toda su relación ha estado rara, como estirada, simplemente mal. Quiere enmendar el daño que hizo, y ella parece querer perdonarlo pero no a la vez, así que va tras ella para poner claras las cosas de una vez por todas. No obstante, cuando va a alcanzarla, suena una alerta en toda la Región. 

Altavoz: ¡A todos los altos mandos! ¡Se solicita su presencia en la sala de Guerra! 

Con esto Jean es obligado a dejarlo para más tarde. Ambos entran en la sala. Rosolynde y Emeric ya están ahí, y pronto, los demás mandos llegan. 

Fernand: ¿Qué sucede? 

Ink: ¿Nos atacan? 

Rosolynde: Por el contrario. 

Betula: ¿Encontraron el puerto donde se recibe el contrabando? 

Rosolynde: Si. Y no solo eso. 

Emeric: La escuadra enviada logro descubrir que un cargamento llegó hace no mucho, que sin materiales para el Ministerio de Ciencias y que otro embarque llegará mañana al alba. 

Fernand: ¿Ministerio de Ciencias? ¿Qué no el ministro de eso vino a atacar aquí…? 

Rosolynde:…. Con su cañón, si. Debemos intuir que son mas armas poderosas, o materiales para fabricarlas. 

Betula: ¿Que estamos esperando entonces? 

Jean: Si… 

Rosolynde: Ya saben lo que deben hacer. Reúnan a sus hombres. Partiremos de inmediato. 

Y así lo hacen…     

Capitulo 886: Ataque al Puerto

Palacio de Ciudad Ciudadela… un par de horas antes del Alba… 

En sus aposentos, el Príncipe Konstantine se encuentra refrescándose y arreglando su atuendo con la ayuda de dos donceles. Parece que se prepara para salir. Poniéndose su capa al último, el hombre se dispone a salir, aunque antes, recibe una pregunta de uno de sus sirvientes. 

Sirviente: Alteza, perdone mi atrevimiento pero, con esta situación que impera en el país , ¿No es mas necesaria aquí su presencia que en Barbacana?

Konstantine: Es igual de importante. No puedo descuidar mis obligaciones como regente de un Señorío tampoco, aun si ahora estoy a la cabeza de todo el Reino. Además, no tomará más de un día. 

Sirviente: Si, alteza. Lo lamento, alteza. 

Konstantine: No hay porque disculparse. 

En los túneles exteriores al palacio, ya esta preparada una carroza y todo un séquito de soldados para su partida, no obstante, cuando está a punto de subir a ella, una voz lo detiene. 

Albertanus: ¡Espere, alteza! 

Konstantine: ¿Qué sucede, Lord Albertanus? 

Albertanus: Lord Maximus me ha pedido que lo acompañe en su viaje. 

Esto hace a Konstantine fruncir el ceño. No le gusta que le “manden niñeras” a vigilarlo, y trata de librarse de ella. 

Konstantine: Con todo respeto, Lord Albertanus, pero mi primo podría necesitar su consejo aquí. Además, me voy menos de un día. 

Albertanus: Si, eso pensaba yo también, mi señor. Pero Lord Maximus está supervisando la construcción del arma personalmente y mi consejo, por desgracia, no es muy útil en el ámbito científico, para eso tiene a Lord Cristian. Además, Lady Nadine se quedará también por si hace falta.

Aunque aun ceñudo, el Segundo Príncipe de Brusian no tiene forma de rebatir esto, así que ordena. 

Konstantine: Muy bien entonces. ¡Preparen otro carro para que viaje Lord Albertanus! 

Soldado: ¡Si, alteza!

Los preparativos no tardan mucho más y ambos nobles suben a sus carros. 

… Horas después…  afueras de Puerto Castro… 

Las fuerzas del Auténtico Ejército Real han llegado hasta las afueras de su objetivo. Aun no amanece así que la oscuridad les resguarda. Por Den Den Mushi , la General llama a la escuadra que aun esta apostada ahí. 

Rosolynde: El puerto está rodeado ya. Ha llegado el cargamento. 

Soldado: Aun no, general. Le mantendremos informada. 

Rosolynde: Entiendo. Con sigilo, soldado. 

Ka’cha… 

Entonces esperan. Una hora más tarde, cuando el sol comienza a salir, en el Pueblo de Barbacana, a pesar de lo temprano que es, la gente recibe con gran júbilo al contingente de Lord Konstantine.

Albertanus* via Den Den Mushi desde su cómodo carro* Parece que el pueblo se regocija de verlo, mi señor. 

Konstantine: Eso veo. 

El que griten su nombre logra sacarle una pequeña sonrisa al Príncipe, que ignora por completo los hombres armados en la multitud, justo detrás del pueblo que sigue vitoreando, con sudor escurriendo de su frente y ojos trémulos. Finalmente, el cortejo de su alteza llega a la Casa del Señor de Barbacana, la casa de Konstantine si no fuera Príncipe, en cuyo portal se detiene su carroza. Al bajar, le recibe una mujer de bonitas facciones y ropas lujosas, aunque rostro arrogante. 

Mujer: Oh, Lord Konstantine. Que gran regocijo verle en estos tiempos difíciles. 

• Señora interina de la Región de Barbacana. Helga. 

Konstantine: Igualmente, Lady Helga. 

Helga: Se que tiene muchas cosas que hacer pero me imaginó que el viaje debió ser agotador y que tampoco debe haber probado alimento recientemente. Así que le contare como han estado las cosas por aquí mientras tomamos el desayuno, ¿le parece? 

Konstantine: Gracias por su amabilidad. 

La mujer tambien saluda brevemente a Lord Albertanus y entran todos al gran comedor de la casona, ignorantes de lo que se va a desatar. 

… 

Soldado: Ya se puede ver el barco de la entrega a lo lejos. 

Rosolynde: Necesitamos que desembarquen, hay que esperar , hay que esperar.

……

Konstantine: Esta bebida esta deliciosa, Lady Helga. ¿Qué es? 

Helga: Oh. Escuché que le gustan los sabores amargos, así que la pedí exclusivamente para usted, me parece que se llama “Mate”. 

Albertanus: *hace cara de asco al probarla* Pues sinceramente, prefiero el jerez. 

……… 

Soldado: ¡Ya han comenzado a descargar! 

Rosolynde: ¡Ahora! 

Las fuerzas de Rosolynde, aparentemente salidas de la nada, desbordan Puerto Castro por todas partes. 

Emeric: ¡Recuerden! ¡Los materiales deben ser incautados! ¡Si es imposible, destrúyanlos! 

Soldados del Auténtico Ejército: ¡Si, señor! 

Soldados del Triunvirato: ¡No permitan que se acerquen al embarque! 

Rápidamente, todo se convierte en un pandemonio. Con soldados, piratas y un montón se otros que no entran en ninguna de esas categorías atacando sin parar. 

Jean: ¡Ara Pfeilspitze! 

Big Bird: ¡Tua Darts! 

Desde el aire, los Piratas Voladores atizan a sus enemigos con plumas endurecidas mientras un ejercito de frailecillos les hace segunda. 

Ink: ¡Abstact Art! 

Zachary: ¡Bonecrack! 

Ink, por su parte, por una vez su fuerza física para pelear queriendo acabar las cosas bien y rápido. Su grumete le hace segunda, y si bien, no es tan potente, si logra hacer gran daño. 

Fernand: ¡Limamlama! 

Fitz: ¡Lock Step! 

Los de Wind Jester hacen lo propio rompiendo pies y cuellos si hace falta. La Primer Oficial del Ave Azul no se encuentra muy lejos, y despacha a todos a patadas. 

Angélique: ¡Turning Heel! 

Fitz: Bien hecho, linda. 

Angélique: Gracias. 

Ambos se guiñan el ojo tras el intercambio de palabras, cosa que Jean ve desde el cielo apretando los dientes antes de lanzar otra andanada contra los enemigos, enemigos que por cierto y a duras penas, han logrado dar aviso de alarma, el cual llega rápido al Pueblo principal de Barbacana, y por ende, a oídos nobles. 

Albertanus : ¡¿Qué el Puerto Castro qué!? 

Sirviente: ¡Bajo Ataque, Señor! ¡Las fuerzas enemigas están ahí! ¡La General Rosolynde esta ahí! 

No hace falta ni ver al Príncipe y Señor de Barbacana para saber que su expresión es de severidad absoluta. De inmediato, da órdenes. 

Konstantine: ¡Preparen mi caballo y las armas!  ¡Iremos a pelear!

Albertanus: Señor. Si me disculpa. Me quedaré aquí para pedir apoyo de la Capital.

Konstantine: Buena idea, Lord Albertanus. ¡Los demás! ¡Vamos!

En cuestión de minutos, el y su sequito, ahora convertido en regimiento parten hacia Puerto Castro, con Konstantine y su caballo a la cabeza. Totalmente ignorante de la mujer soldado en la retaguardia que le ha llevado desde Ciudadela y  con un “parecido impresionante” a Lady Nadine.     

Capítulo 887: El carmesí

Rosolynde: ¡Karmic Cycle! 

La batalla progresa rápido y a favor de las fuerzas del Auténtico Ejército Real y sus aliados de Todos somos Esclavos. La General se deshace de varios enemigos con facilidad, rebotando su escudo contra sus cabezas para luego cubrirse con el mismo de varios disparos enemigos. 

Soldados del Triunvirato: ¡Mátenla! 

Rosolynde: Tsk… 

Es por ello que cambia a una táctica mucho mas agresiva, lanzando su gladio girando para corta edad las piernas de la escuadra que pretende ejecutarla, para que luego este vuelva a su mano, bañado en sangre de los enemigos gimientes. 

Rosolynde: Earth Retribution… 

Soldados del Triunvirato: ¡Gaaahhhh! 

Aun más agresivo e incluso violento es Lord Emeric, el cual, en su forma híbrida hace pedazos a los enemigos cargando directamente contra ellos. 

Emeric: ¡Bola de Demolició! 

De diez soldados, nueve caen como moscas, completamente aplastados y noqueados. El último, alcanza a rodar para esquivar, y suspira levemente por escapar de ese destino, solo para ver con horror una sombra que va cayendo sobre él. 

Emeric: ¡Meteorit Espinós! 

Y con esto, el decimo cae, mientras el noble va a la casa de nuevos enemigos. La situación se esta empezando a tornar desesperada para el Triunvirato, pero aun tratan de cumplir con su misión. 

Soldado del Triunvirato: ¡Salven los materiales! ¡Lleven lo que puedan a los carros y sáquenlo del puerto! 

Pero cuando algunos soldados están por enviar un carro con las cajas afuera, éste es volteado por las potentes garras de Jean en su forma Harpyie…

Soldado del Triunvirato: ¡No! 

Jean: *temblando de frio* Tshh… ¡Ara Fausten! 

… Y luego, sigue despachando soldados. Todos siguen despachando soldados. 

Taylor: ¡Python Grab! 

Angélique: ¡Vertical Heel! 

Fitz: ¡Creo que la victoria está cerca! 

Fernand: ¡Si! 

Pero, súbitamente los ruidos de los cascos de caballos en la lejanía se empiezan oír. Muchos voltean a buscar su origen , incluyendo a Rosolynde a la cual se le hunde el rostro al encontrarlo al fin. 

Rosolynde: No… aun no estamos cerca de la victoria. 

Como un milagro del  cielo para el Triunvirato y una maldición infernal para el Auténtico Ejército Real, el sequito de Lord Konstantine ha llegado y con este a la cabeza. Al verle, inmediatamente los corazones de decenas de hombres de Rosolynde se llenan de terror.

Soldado del Auténtico Ejército: ¡El Carmesí! ¡Es el Carmesí! 

Varios directamente salen corriendo, para impacto de sus aliados de Todos somos Esclavos. No obstante, Rosolynde y sus oficiales lo encuentran perfectamente razonable. 

Big Bird: ¿Quién es ése? ¿Quién es ese? Ahhh

Emeric: El Segundo Príncipe de Brusian. Konstantine, el Carmesí… 

Angélique : ¿Carmesí? 

Emeric: Si…  verá… él, a diferencia de la Princesa, no recibió su epíteto por una cuestión física...

Konstantine: ¡Ocelot Bite! 

Unos pocos hombres intentan hacerle frente al Príncipe y su montura, pero con un simple tajo de su espadón, Konstantine rebana la garganta de al menos tres de los que estaban más cerca, matándolos en el acto y extendiendo el rojo sangre de sus cuerpos sobre la nieve y sobre la hoja de su arma. 

Emeric: El sólo ganó su epíteto hasta que comenzó la guerra…

A pesar de aun tener números menores, el Triunvirato empieza a ver inclinada la balanza a  favor solo por la fuerza del Príncipe, el cual recorre todo el campo de batalla con la intención de decapitar o desmembrar todos los que pueda.

Konstantine: ¡Acaben con los traidores! 

Soldados del Auténtico Ejército: ¡Corran! 

Pero Rosolynde no esta dispuesta a perder a más de sus amados hombres. Estando a una distancia extremadamente lejana de él, lo apunta con su escudo mientras el sigue avanzando a toda velocidad sobre su caballo, para luego, lanzar su defensa a las patas del animal.

Rosolynde: ¡Road to Samsara! 

Konstantine: ¡…! 

El caballo pierde su equilibrio y da una vuelta sobre si mismo, casi aplastando a Konstantine en el proceso, y estrellándose ambos de forma estrepitosa sobre la tierra y la nieve. 

Konstantine: Aghhh…. ¡Maldición! 

Su caballo, aterrado por lo sucedido, sale corriendo lejos de la batalla , mientras que Konstantine, algo aturdido y con un tallón feo en el pómulo izquierdo, toma su espada del suelo y se levanta solo para encontrarse con Rosolynde ya frente a el y lista para el combate.

Rosolynde: ¡No dejaré que siga lastimando a mis hombres! 

Konstantine: *limpiándose la sangre de la mejilla* ¡Tú…! ¡Maldita! 

Y sin mediar más palabras, General y Príncipe se lanzan el uno contra el otro con todas sus fuerzas.      

Capitulo 888: El Príncipe vs La General

Rosolynde: ¡Gyaaaaaaaaaaaaaaaah! 

Konstantine: ¡Haaaaaaaaaaaaaaaah!

El espadón de Konstantine y el gladio de Rosolynde chocan sus aceros tan fuerte que crean un eco metálico. Aliados y enemigos de ambos por igual se estremecen por el horrido sonido incluso a metros de distancia, pero entre sus líderes, ninguno cede. 

Rosolynde: ¡Victory March! 

Konstantine: ¡Jaguar Tooth! 

Los dos intentan una estocada exactamente al mismo tiempo y las puntas de sus espadas terminan chocando, lo que los desvía violentamente uno al lado del otro, y les hace tener que dar un giro para recomponer su postura, mientras sus capas revolotean y danzan con el movimiento, como mariposas sobre la nieve. 

Rosolynde: ¡Karma! 

Eb un intento de tomar ventaja, ella le lanza du escudo justo a la cabeza, pero este lo esquiva con una gran agilidad para luego x lanzarse contra la General de nueva cuenta. 

Konstantine: ¡Killer Tiger! 

Rosolynde: ¡…! 

El escudo de la mujer regresa a ella apenas a tiempo para cubrirse, pero la puñalada que intenta el Segundo Príncipe tiene tanta fuerza que la deja en el suelo y empieza a atravesar su defensa, literalmente, está perforando el metal. 

Konstantine: ¡Al fin tendrás lo que mereces! 

Rosolynde: ¡…! Agghhh… ¡No! 

Pero súbitamente, una energía negra irradia el círculo de metal. Ahora imbuido en haki de armadura, la espada de Konstantine no se hunde mas, de hecho, sale despedida para atrás  con todo y su amo, dándole a Rosolynde la oportunidad de ponerse en pie. 

Rosolynde: ¡Karma! 

Acto seguido, aprovechando el hecho de que su enemigo aun se tambalea, la General lanza su escudo una vez más, pero, comete un error craso, deja de imbuirle su haki. 

Konstantine: ¡Panther Claw! 

Con un movimiento extraordinario y preciso, y su espadón cargado de negra energía de ambición, Konstantine parte por la mitad el escudo de Rosolynde, cuyos pedazos con los bordes cercenados regresan irremediablemente a su ama, por obra de la Bume Bume. 

Rosolynde: ¡Kyaaahhh! 

Su brazo queda prensado entre el metal a gran velocidad. La parte acorazada esta completamente abollada, y la que no, tiene la ropa reventada y todo purpura por debajo. No obstante, no hay tiempo para sentir dolor. Con su extremidad colgando, Rosolynde deja los pedazos de su escudo en el suelo y toma de nueva cuenta su gladio, con mirada determinada. 

Rosolynde: ¡Victors Ballad! 

Konstantine: ¡Panther Tooth! 

Rosolynde vs Konstantine por Kandawalker
 

Sus armas chocan una vez más, una dos y tres veces, una dos y tres veces, aunque esta vez, con negro haki cubriendo sus hojas y causando tal estruendo que la nieve en el suelo sale volando lejos. Sus capas harían lo mismo de no estar bien atadas a sus cuellos. 

Konstantine: ¡Debiste entregarte y rendirte desde el día uno! ¡Mira todo lo que has causado, Rosolynde! 

El hombre señala la batalla sin cuartel que sigue pasando a su alrededor, pero ella no se deja intimidar. 

Rosolynde: ¡No me va a culpar por esto tambien! ¡No se saldrá con la suya! 

Por desgracia, su cuerpo empieza a quedarse atrás en comparación a sus palabras. Por mucho que quiera ignorarlo, la herida de su brazo es grave y el dolor mucho para no distraerse. La calidad de su haki esta bajando. Incluso su espada se empieza a mellar al chocarla con la de su enemigo. 

Konstantine: Veo que al fin la Providencia esta siendo justa. 

Pero ella no se va a rendir, hay demasiado en juego. Tiene que superarlo, tiene que pensar como, y entonces, tiene una idea. Da un paso atrás…

Konstantine: ¡Eres mía! 

Pero lo que Konstantine interpreta como debilidad y oportunidad, resulta ser una trampa. Ella toma su propia capa y  se la arroja en la cara. 

Konstantine: Pshe… ¿¡Crees que con un truco barato como ese podrás…!? 

Pero justo cuando el príncipe la esta cortando para librarse de ella, la Fruta de Rosolynde hace efecto , enredando la capa en el arma de Konstantine y lanzándolo hacia su enemiga sin posibilidad de contrataque. 

Rosolynde: ¡Justice Harbinger! 

Konstantine: ¡Aghhhh! 

Con el codo imbuido en haki, Rosolynde le pega un golpe tremendo a la cara. El Segundo Príncipe cae estrepitosamente al suelo, con el ojo convertido en un cardenal gigante. 

Konstantine: ¡Aghhhh! 

Pero aun así, el se vuelve a levantar, retoma su arma y se lanza contra ella, medio ciego. 

Konstantine: ¡Pagarás! 

Rosolynde: ¡Eso debería decirlo yo! 

Su pugna cruel continua  y empeora. Para este punto, ya muchos lo han notado, incluyendo la mano derecha de la Dame. 

Emeric: ¡Mi Lady! 

El noble trata de llegar a ella, pero esta atorado enfrentando soldados rasos. Otra persona que tambien lo nota es aquella soldado que se parece a Lady Nadine, la cual, es de hecho y obviamente, Lady Nadine haciéndose pasar por soldado. 

Nadine: Maldición, Konstantine la encontró primero. 

La mujer planeaba encarar a Rosolynde sola, y ahora, está pensando como hacerlo sin la interferencia de su primo. 

Nadine: ¡Ya se! 

Pero cuando sale corriendo hacía donde ambos están, se ve detenida súbitamente por la aparición de un hombre alado de cabello azul, el cual reconoce por el cartel de recompensa. 

Nadine: Pluma Azul-Dorada… 

Jean: Será mejor que te rindas.       

Capítulo 889: Hablar y vengar

Jean esta en pose de combate, pero no se le ve especialmente agresivo. Solo cree que enfrenta a un simple soldado y quiere acabar con eso de la forma más rápida y probablemente menos violenta. Nadine no obstante esta en pose de combate total, pues esta bien consciente de a quien enfrenta.

Jean: Será mejor que te rindas.

Pero el le da está opción. Lo que hace que Nadine se sienta confundida una vez más. ¿Por qué un pirata desalmado le ofrecería una salida? Esto la hace regresar al “interrogatorio” que tuvo con Lord Adrien. 

Nadine: ¿Qué hay de los Piratas que contrato Rosolynde para su ejército? 

El noble, una vez más, pone cara de que no sabe de que está hablando. 

Nadine: ¿En serio no sabe nada? Son criminales peligrosos y desalmados. Una se jacto de haber derrocado otro reino. Incluso uno de ellos incluso atacó a Lord Albertanus en una ocasión anterior. 

Adrien: Pues… si se refiere a los hombres que ayudan a Dame Rosolynde, no tenía ni idea de que eran piratas. Lo único que se de ellos es que nos ayudaron durante y después del ataque incendiario. Ellos dicen que quieren ayudar a la gente, quieren salvar esclavos.

Nadine: ¿Esclavos? 

… 

Nadine: Hmph… 

Jean: Es tu última oportunidad, amiga. Ríndete y no te lastimare. 

Es entonces que ella, baja su látigo y abandona su pose de combate, para satisfacción del peliazul. 

Jean: Bien, alguien listo al fin. Sal de aquí mientras puedas. 

El joven pirata ya está a punto de salir volando pero se detiene cuando oye un grito. 

Nadine: ¡Espera!

Jean: ¿Huh? 

Nadine: Quiero… hablar con su persona. ¿Podría? Es usted Jean Black, “Pluma Azul-Dorada”, ¿no?

Jean reacciona confundido. Más por la petición de diálogo que porque le hayan reconocido, después de todo es un “infame criminal buscado”. Pero aún así, afirma con la cabeza. 

Nadine: Gracias… me presento…

La mujer hace una reverencia, revelando una gracia y porte muy dignos, aun en su vestimenta de soldado. 

Nadine: Mi nombre es Nadine. Señora de la Región de Fortaleza y Princesa de Brusian. 

Jean: La… Princesa… 

El nombre resuena en Jean por dos cosas. Uno. Es el nombre del enemigo. Dos. Es el nombre de quien dijo Angélique que atacó a Evangeline. 

Nadine: Ya que ha sido tan amable en ofrecerme clemencia aun en la guerra, quisiera pedir un favor a su merced. Necesito hablar con Roso…

Pero súbitamente, una lluvia de dardos negros le llueve encima. Si no fuera por sus rápidos reflejos y el hecho de que viste armadura, seguramente habría salido mal librada. ¿Qué ha pasado? Es solo entonces que se da cuenta de que los ojos lunares del peliazul, antes calmos, ahora están inyectados en sangre y rabia.

Nadine: ¿¡Pero qué le pasa!? 

Jean: ¡Pagará por lo que hizo! ¡Ara Schlitz! 

Nadine esquiva la garra de milagro, aun sin comprender que paso. ¿Quizá ese hombre en serio es un criminal desalmado? Tal vez en ese momento, lo sea. Pero, ¿Por qué le ha dicho que lo pagará? 

Nadine: ¡Solo quiero hablar! ¡Maldición! ¡Strand of Restriction! 

La mujer usa su látigo para intentar someter a Jean de forma rápida, pero este lo esquiva con su gran agilidad, o eso parece, pues súbitamente, ella hace un movimiento de mano y enreda su dorada arma en el brazo del peliazul. 

Nadine: Ahora, cálmese. Lo único que quiero es… 

Jean: ¡Ara Flug! 

Pluma Azul - Dorada súbitamente alza el vuelo, con ella aun aferrándolo con su látigo. Por fortuna para ella, alcanza a reaccionar antes de que este consiga altura, por lo que se suelta y aterriza sin daños mayores a unos pequeños tallones.

Nadine: Aghh… 

Jean: Tsk… 

Su látigo, por la falta de tensión que ella ejerce, se suelta del brazo de Jean y cae junto con ella, que lo vuelve a tomar rápido, pues el no piensa volver a darle una oferta de rendición. 

Jean: ¡Ara Style – Regen von Messern! 

Nadine: ¡String of Protection! 

Él intenta deshacerla con las decenas de cortes de los cuchillos plumas que dispara desde sus alas negras, ella, no obstante, logra evitar todos y cada uno gracias a su agilidad y maestría con el látigo. 

Jean: Tsk…  es peligrosa, debí imaginarlo. Abra que ponerse… ¡Más rudo! ¡Ara Sabel! 

Cogiendo una larga pluma de su ala y convirtiéndola en espada, Jean se dispone a convertirla en carne para tasajo y vuela justo había ella de frente, pero antes de que pueda dar un golpe, ella le mira a los ojos y todo el mundo cambia. 

Nadine: Eros Arrow… 

El peliazul se detiene en seco, encontrándose a si mismo ante una visión perfecta, un mundo divino. La alucinación le habla con voz dulce y él se queda por completo encandilado. 

Alucinación: Jean.

El Peliazul suelta su arma entonces y regresa por completo a su forma humana, mientras que en el mundo real,  Nadine le mira fijamente. 

Nadine: Tchh… no me quedo opción. Ahora, Jean Black. ¿Haría algo por mi? 

Jean: *con voz suave y mirada bobalicona* Claro, lo que quieras. 

Nadine: Bien, llevame a Roso… 

Pero no termina su frase, pues un brutal golpe desde atrás casi la desnuca. Nada más y nada menos que una patada de Angélique. 

Angélique: *con voz increíblemente ronca*¡Ember Heel Beheader!

Nadine cae absolutamente inconsciente por el impacto, solo un impacto. Mientras que Angélique la mira con rabia incluso estando en el suelo. 

Angélique: No… lo harás… otra vez.        

Capítulo 890: ¿Dónde están los refuerzos?

Konstantine: ¡Panthera Bite! 

Rosolynde: ¡Gaaaaaaah! 

Un tajo reforzado y ennegrecido es lo que finalmente penetra las defensas de Rosolynde. Su armadura, su ropa, su piel, todos se abren y se revientan, desbordando una importante cantidad de rojo. Rosolynde no cae, pero esta tambaleándose, sosteniendo la herida de su pecho con la mano que no tiene herida, con todo y su espada. 

Konstantine: ¡Se acabo, Rosolynde! 

Pero justo cuando se dispone a dar el último golpe, se oye un grito inesperado al otro lado del campo de batalla. 

Soldado del Triunvirato: ¡La Princesa! 

Konstantine: ¿Princesa? 

Es entonces cuando el Carmesí se da vuelta, con los ojos encogidos por lo que ve. A Nadine, vestida de soldado, tendida entre la nieve, mientras una mujer de cabellos escarlatas se yergue sobre ella. 

Konstantine: Nadine… ¡¡NADINE!! 

Ignorando todo y a todos, el Segundo Príncipe corre por el campo de batalla, intentando llegar a donde está su prima, algo que resulta casi ser un error mortal…

Rosolynde: ¡Karmic Slash!

…porque la espada de Rosolynde le aparece por un lado, casi cortándolo de no ser porque el la desvía con su propia espada. El arma enemiga regresa entonces a su atacante, que aun en su estado herido, salta frente a el y sigue haciéndole frente. 

Rosolynde: *escupiendo la sangre y las palabras” ¡Su duelo conmigo no ha terminado, “alteza”! 

Konstantine: Tsk… 

Angélique, mientras tanto, está ocupada atando a la Princesa Nadine con su propio látigo de hilos de oro. Inmovilizándola lo mejor que ha podido, se dispone a sacarla de la nieve. 

Angélique: Jean, ¿me ayudas con sus pies? 

Pero Jean no le responde, ni se mueve tampoco. Está quieto, de pie, pálido. Lo que sea que haya visto a través de los ojos de La Plateada, lo ha dejado muy tocado. 

Angélique: ¿Jean? ¿Jean estás bien? 

Preocupada, ella lo toma por los hombros y lo agita un poco. Solo entonces reacciona, pero su expresión al finalmente escuchar su voz es aun más pálida de lo que tenía. 

Angélique: ¿Jean, qué tienes?

Jean: Nada… ¡nada! 

El peliazul agita la cabeza con los ojos fuertemente cerrados, como si fuera un perro queriendo librarse de algo. Luego, se pone una mano en la frente, como si estuviera mareado. Su camarada ya se dispone a ayudarlo a sostenerse pero el se aleja antes de que pueda tocarlo y luego se agacha para recoger los pies de Nadine, tal como le habían pedido antes.

Angélique: ¿Jean? 

Jean: Estoy bien, en serio. ¿Qué hacemos con ella? 

Angélique: Llevémosla con la General o alguien. Puede servirnos de rehen. 

Y vaya que les sirve como tal, pues varios intentan atacarlos pero dejan de hacerlo cuando la ven con ellos. Los más osados tratan de despachar a sus captores, pero son en cambio,  despachados por ellos. 

Jean: ¡Doppel Ara Schlag! 

Soldados del Triunvirato: ¡Gaaah! 

Konstantine: ¡Maldición! 

El Carmesí sigue sin poder quitarse de encima a Rosolynde, y para colmo, nota algo alarmante. Sus soldados no dejan de caer como moscas. Eso y que ha perdido de vista a Nadine, lo están poniendo sumamente nervioso. 

Konstantine: (¡No puedo seguir así!) ¡Snow Leopard Burrow! 

El hombre clava su espada en el suelo, levantando una cortina de nieve. Cuando esta se dispersa. El ya se ha ido. 

Rosolynde: ¿¡Que!? ¿¡A donde…!? 

El Príncipe ha aprovechado para correr y esconderse detrás de una inmensa pila de nieve y rocas. Ahí, toma un Den Den Mushi y llama a través de este mientras sigue buscando a su prima con la vista.

Albertanus: *contesta al otro lado de la línea* ¿Diga?

Konstantine:  ¡Albertanus! ¡¿Donde demonios están los refuerzos!? 

Albertanus: Señor, cálmese. Los…

Konstantine: ¡No me digas que me calme! ¡Nadine! ¡Nadine fue capturada por el enemigo! 

Albertanus: ¿¡Que!? ¿¡Qué hacía mi señora allá!?

Konstantine: ¡No se y no me interesa! ¡¿Dónde están los refuerzos!? ¡Nos aplastan! 

Konstantine los necesita ya o no resistirán mucho más, pero la respuesta de Albertanus lo deja tan frio como la nieve entre la que se esconde. 

Albertanus: Ya… ya deberían estar allá. 

A la par, Emeric se ha encontrado con Rosolynde, la vual tiene algunos problemas para andar por sus heridas pero aun se mantiene en pie. 

Emeric: ¡Mi Señora! *se le queda viendo a su herida* ¡Buscaré un médico! 

Rosolynde: Después... ¿Cuál es el estatus de la operación? 

Emeric: Estamos logrando avanzar sobre las fuerzas enemigas pero aun no hemos logrado hacernos con los materiales. 

Rosolynde: En ese caso, ordene a los… 

Pero sus palabras se quedan solo en su lengua, pues en ese preciso momento, aparecen frente a ella Jean y Angélique con su rehen, a la cuál reconoce de inmediato. 

Rosolynde: Por eso Konstantine gritó su nombre. ¿Qué está haciendo aquí? ¿Y cómo la capturaron ustedes? 

Jean: No… No sabemos. 

Angélique: La noquee de una patada así que deberá estar un rato inconsciente. Se la trajimos porque pensamos que podría servir de rehen o algo. 

Ante está idea, los ojos de Rosolynde se abren grandes e iluminados, mira de nuevo a Nadine, mira a su alrededor, y luego a Lord Emeric. 

Rosolynde: Cambio de planes. Ya no necesitaremos los materiales. Avisen a los otros que vengan ya. 

El Segundo Príncipe, ahora enfrentando soldados al azar, sigue aguzando la vista para buscar en el horizonte, tanto a los refuerzos que espera como a Nadine. No obstante, lo primero nunca aparecen y de lo segundo solo obtiene un vistazo. Su prima es llevada amarrada e inconsciente junto a Rosolynde, la cual… ¿Sale de Puerto Castro? 

Soldado del Triunvirato: ¡Se están retirando! 

En efecto, las fuerzas de Rosolynde se van. Algunos en las Fuerzas del Príncipe se regocijan por esto. Pero, Konstantine no. Trata aun de ir tras de Nadine, pero entonces, nuevos gritos de horror le alertan. 

Soldado del Triunvirato: ¡A las nueve! 

Desde el mar, unos diez barcos se acercan, todos con banderas negras. 

Konstantine: ¡Piratas…! 

En minutos, se ponen alrededor de todo el puerto y sus muelles, y luego, en uno se oye una orden, esa terrible orden.         

¡Fuego!          

Capítulo 891: ¿Qué fue lo que viste?

Horas más tarde… Centro de Barbacana… 

Pies pesados y lentos avanzan sobre la nieve, dejando sangre en su pisar. ¿A quien pertenecen? A Konstantine y su séquito… o lo que queda de él.  De los casi cincuenta soldados que fueron, regresa menos de un tercio. 

Mujer del pueblo: Oh, Dios mío … 

El propio Konstantine está muy apaleado, con el brazo colgando y la pierna medio coja. Nada más es verlo llegar para que un montón de gente corra a ayudarle a él y a sus hombres. Incluyendo a Lord Albertanus y Lady Helga, que van saliendo de la Finca. 

Albertanus: ¡Oh, Alteza! ¡Gracias al cielo que está…!  

Pero, inesperadamente, lo primero que hace Konstantine al verlo es lanzarse sobre él, agarrarlo del cuello y alzarlo en el aire, para pánico de quien observa. 

Helga: ¿¡Mi señor!? ¡¿Qué está…!? 

Konstantine: Los refuerzos ya deberían estar allá, ¿eh? 

Albertanus: ¿Qué… ?  *cof cof* Señor, no entiendo que está pasando. 

Konstantine: ¿Qué que esta pasando? ¡Puerto Castro fue devastado! ¡Mi prima Nadine fue secuestrada! 

Los ojos de Albertanus se abren enormes al oír esa noticia, al igual que los de todos los que alcanzan a escuchar. 

Helga: ¿La princesa? Pero, ¿Qué hacía ella…? 

Konstantine: ¡No se y no importa porque Rosolynde se salió con la suya! ¡Y todo esto es tu culpa, Albertanus! Los refuerzos ya deberían estar allá, dijiste. ¡Nunca llegaron los refuerzos! 

El Príncipe alza a su consultor aún más arriba, empezando a asfixiarlo. Pero Albertanus, incluso con sus manos intentando zafarse del fuerte agarre de su señor, habla en su defensa. 

Albertanus: Pero…. Pero yo los pedí a la capital... Me dijeron que ya estaban en camino… aghh… Lady Helga está de testigo. 

La mujer noble asiente muchas veces, nerviosa. Konstantine, viéndola y viendo el miedo en los ojos del Consultor Real, lo suelta. Luego, se deja caer al suelo de nalgas a la par que Albertanus se soba la nuez de Adán. Su cabeza esta hecha un desastre y un millón de escenarios pasan por su mente. 

Konstantine: ¿Por qué…? ¿Por qué no llegaron? 

En Espadaña… 

Rosolynde: ¡Honor a los victoriosos caídos! 

Auténtico Ejercito Real: ¡Honor! 

La General, ya con sus heridas atendidas, derrama una copa de licor sobre el suelo a manera de honrar a aquellos soldados que no volvieron. No obstante, el ambiente general es más animado. Han vuelto de una gran batalla y con una gran victoria, más significativa que cualquier otra. No obstante, sigue siendo solo una victoria más

Rosolynde: ¡Ahora descansen y coman! ¡Porque después de eso aun nos queda mucho que hacer! 

Auténtico Ejército Real: ¡Si, señora! 

Tal como la General lo dice, sus soldados comen para reponer fuerzas. Y ella tambien lo hace. A su mesa está su siempre leal, Lord Emeric, y un par de invitados especiales, nada menos que Jean y Angélique. 

Angélique: Agradecemos la invitación, Dame Rosolynde. 

Rosolynde: Oh, no tienen nada que agradecerme. Yo soy la que debería hacerlo. Hemos alcanzado la victoria ya tres veces gracias a su Alianza, pero lo que hicieron ustedes dos hoy, capturar a la Princesa… es… es… 

Emeric: Podría ser el punto de inflexión de está guerra. 

Rosolynde: Exactamente. No solo podríamos usar la como herramienta de negociación. Podría ser una fuente de  inteligencia valiosa. Movimientos de tropas, planes del Triunvirato… 

Emeric:… el paradero de Lord Adrien. 

Rosolynde: En serio, no sé como agradecerlo lo suficiente. 

Angélique, que no había pensado en todas las repercusiones positivas de lo que pensó solo era salvar a su capitán y evitar que le pasará lo que a Evangeline , no puede evitar que sus mejillas se tornen del color de su cabello. 

Angélique: No fue nada, solo cumplimos con nuestra misión en la Alianza. ¿No es así, Jean?

Pero este no responde. 

Angélique: ¿Jean? 

Jean está bastante ido, se ve turbado, apenas y ha probado bocado. Los que lo acompañan en la comida lo notan y empiezan a preocuparse.

Rosolynde: ¿Joven Black? 

Jean: ¿¡Qué!? ¡AH! Si, si. No fue nada… 

Emeric: ¿Se siente bien? 

Jean: Si, si. Solo un poco cansado…por favor,  excúsenme, iré a descansar un momento. 

Rosolynde: Si, no hay problema. 

Angélique: ¿Quieres que te acompañe? 

Jean: ¡NO! 

El muchacho habla tan fuerte que asusta a los presentes un poco, por lo que se disculpa.

Jean: N… no hace falta, Angélique. Los veré más tarde cuando se reúna el consejo. 

Y así el muchacho se marcha, para preocupación de Angélique y sus otros aliados. No se dirige a descansar, se dirige a la enfermería  en donde por primera vez en un rato, sonríe. 

Evangeline: *con voz ronca* Hola, capitán. 

La mujer alada ha despertado al fin después de su pelea con la princesa y Taylor y Gareth la revisan. 

Jean: ¿Cómo estas? 

Evangeline: Mejor creo. 

Taylor: *revisando sus pupilas* Pues dado que estás despierta y hablando, creo que estás muy bien. 

Gareth: Si, no parece que haya daño permanente. 

Jean: Es un alivio. 

En ese mismo momento, el estómago de Evangeline gruñe con fuerza. Después de todo, no ha comido en días. 

Taylor: Je, veo que tienes hambre. Eso es bueno. Te traeré algo. 

Gareth: Yo tengo que revisar a otros pacientes. Jean, ¿te quedas un rato con ella? 

Jean: Por supuesto. 

Los dos camaradas se quedan solos entonces, con un diminuto silencio antes de que ella pregunte… 

Evangeline: ¿Qué fue lo que me perdí? 

Jean: Uff, esa es una larga.

El Joven capitán le pone al día entonces. Su victoria en Baluarte de la que no había llegado a enterarse, lo que paso en Espadaña después de que quedará inconsciente, el secuestro de Lord Adrien, la operación exitosa de Puerto Castro… y la captura de la Princesa. 

Jean:… y ahora, ella está aquí como prisionera. La General espera que le de mucha inteligencia. 

Evangeline: Ya veo… me alegro… 

Pero sus palabras no coinciden con su cara, esta brutalmente seria. 

Jean: ¿Estás bien? 

Evangeline: Si, si… es solo que… 

Las palabras se le van a la arquera. Y aunque a simple vista no se notaria , al acercarse, uno puede notar que sus manos tiemblan. 

Jean: Ella… te hizo ver algo, ¿verdad? 

Evangeline: ¿¡Cómo lo sabes!? 

El peliazul no responde con palabras, sino con su mirada que se va al suelo. Otra vez parece ausente y es por eso que Evangeline lo concluye. El también vio algo. 

Jean: ¿Qué fue lo que viste?          

Capítulo 892: Aprovecha el tiempo

Jean: ¿Qué fue lo que viste?

Evangeline:… 

Solo esa, solo es esa pregunta para convertir una vez más a Evangeline en ese desastre llorón que ha sido tantas veces las últimas semanas. 

Evangeline: Yo… yo… *sniff* yo vi a James. Por un momento creí… que él estaba bien… que estaba vivo. Me llamo por mi nombre y… lo sentí abrazarme… de verdad lo sentí abrazarme. 

Llora una vez más, y Jean, en un intento de consolarla, la abraza, mientras él mismo se seca unas lágrimas propias. 

Evangeline: Lo extraño… 

Jean: Yo también lo extraño. 

El abrazo dura un buen momento, hasta que finalmente ella se suelta primero y por ende, él la suelta, pero entonces, el se da cuenta de que su inventora le mira con curiosidad.

Jean: ¿Qué pasa? 

Evangeline: ¿… Qué viste tú? 

Jean: ¿¡Yo!?... Nada importante en realidad. 

Evangeline: Por favor. Se que ella te hizo ver algo también. Algo muy serio por esa mirada de muerto que traías hasta antes de que me vieras despierta.

El Peliazul se pone visiblemente nervioso, pero todavía intenta pretender que no. 

Jean: En serio. Y si me veía preocupado era por… 

Evangeline: Viste a la Señorita Primer Oficial, ¿verdad? 

Con los ojos abiertos como platos y las mejillas coloradas no solo por el frío, el peliazul intenta rebatir eso, pero no logra emitir palabras, solo balbuceos y murmullos para, finalmente, suspirar derrotado. 

Jean: ¿Cómo supiste? 

Evangeline: La verdad, Jean, se te nota a kilómetros… como probablemente se nos notaba a mi y a James. Entonces, ¿si la viste a ella?

Jean: Si… vi a Angie. 

El joven pirata, que todo ese tiempo llevaba sentado en el borde de la camilla de Evangeline, se levanta sin advertirlo y empieza a caminar en círculos mientras camina. 

Jean: O bueno… creí que la estaba viendo a ella. Con esa melena roja de fuego desatado que tiene y que enmarca su cara, sus ojos grises como lunas… y su voz, tan dulce. Esa voz que te hace sentir que todo estará bien, que te hace creer en lo que sea que te diga. Era… tan perfecta como la real… no. Casi perfecta… nada podría superarla a ella y a su corazón de oro. 

Evangeline solo escucha con atención, y un pequeño nudo en la garganta todo lo que su Capitán dice de la Señorita Primer Oficial. Es… tan profundo. 

Jean: No se cuando pasó… tal vez fue hace una semana o… desde el primer día que la vi pateándole el trasero a un imbécil en Isla Oldale… pero… creo que yo… yo… 

Los labios de Jean tiemblan mientras cierra los ojos. Su expresión casi duele y Evangeline sonríe enternecida.

Jean: Estoy enamorado de Angélique… yo… yo la amo… la amo. 

Evangeline: No me lo digas a mi. Ve y díselo a ella. 

Por un momento, los ojos de Jean se iluminan con la idea de hacerlo. Pero muy pronto se apagan de nuevo, de hecho, todo en el se apaga. Con cara de un tremendo pesar, se agarra la cara y deja caer el cabuz en la camilla de su amiga. 

Jean: No puedo… 

Evangeline: Se que te asusta, pero… 

Jean: No es que me asuste…

La chica alada lo mira intensamente, buscando una respuesta a su pregunta, que el contesta al notar que ella le mira. 

Jean:… Ella está con Fitz… 

Evangeline: ¿Y? 

Jean: ¿Cómo que Y? No sería correcto. Además…  ¿La has visto cuando habla de él? ¿La emoción en su voz? ¿El brillo en sus ojos? 

El joven de cabellos azules vuelve a suspirar. 

Jean: Él la hace feliz, Evangeline. 

El  muchacho no dice más, pero Evangeline no esta dispuesta a dejarlo ahí. 

Evangeline: ¿Y quien dice que no puedes hacerla feliz tu? 

Jean: Evangeline… no soy como él… 

Evangeline: Da igual lo que seas hay muchas maneras de ser y hacer feliz. 

La mirada de el le dice que no esta satisfecho con eso, así que le dice algo incluso más impactante. 

Evangeline: Justo… justo antes de que James… me declarara lo que sentía por mi, el dijo que yo merecía saberlo, incluso si yo no le correspondía. Yo siento que ella merece lo mismo. 

Jean: ¡Evangeline…! 

Evangeline: ¿Quién sabe? Las cosas podrían salirte bien. Aprovecha que ambos están aquí. Aprovecha que tu si puedes decírselo. Yo ya no tuve la oportunidad de decirle al único hombre que he amado y que me ha amado que yo sentía lo mismo. No pude decirle que quería estar con él, no pudimos disfrutar más tiempo juntos. No desperdicies el tiempo como yo, que no tuve el valor de preguntárselo tampoco . Aprovecha que tu aun tienes la oportunidad, aun tienes tiempo…mañana quien sabe. 

La chica otra vez se seca una lágrima traicionera pero mira a Jean con una intensidad y un apoyo inmensos, el cual se queda demasiado pensativo y conmovido.           

Capitulo 893: Respuestas inesperadas

Más tarde…  Ciudad Ciudadela… 

Maximus ¡Konstantine!

Entre los muros del gran portal principal, el Príncipe Mayor de Brusian recibe al segundo Príncipe y a Lord Albertanus. El primero aun no ha recibido el tratamiento adecuado por sus heridas y se ve, evidentemente, exhausto y jodido. 

Maximus: ¿¡Por qué no lo han atendido como se debe!? 

Konstantine: Yo me negué … no podía perder tiempo para llegar aquí. 

Maximus: ¡¿Y te serviría ese tiempo si llegases muerto?! ¡Manden traer al Médico Real! 

Soldado: ¡Si, alteza! 

El soldado corre a lo que le han pedido, mientras otro ayuda a Konstantine a sentarse un momento y Maximus se queda junto a él de pie. 

Maximus: Lord Albertanus me dijo lo que pasó…

Albertanus: Solo… ehem… solo hice mi trabajo. 

El Carmesí mira al Púrpura con una expresión indescifrable, luego habla. 

Konstantine: Entonces sabes lo de Nadine… 

Maximus: ¡Si! ¡Esa idiota! ¡¿Qué estaba haciendo allí!? ¿¡Y como no te diste cuenta de que fue contigo!? 

Konstantine: ¡¿Cómo no te diste cuenta tu de que no estaba en el palacio!? 

Maximus: ¡Estaba supervisando la construcción del arma! ¡Se suponía que ella estaba en sus aposentos! 

Konstantine: Aha, bien. ¡¿Y que hay  de los refuerzos que pedimos!? ¡Sin ellos…! 

A pesar de sus heridas, Konstantine ya se esta poniendo de pie para pelear con su primo, pero Lord Albertanus intercede. 

Albertanus: ¡Mis señores! ¡Mis señores! ¡Basta! Ninguno de ustedes tiene la culpa por lo que paso con Lady Nadine o Puerto Castro. ¡Rosolynde es la culpable! ¡Ella es la causante de todo esto!

El segundo Príncipe , exhausto, se vuelve a sentar, con ese nombre en la mente, mientras que el Príncipe Mayor da vueltas alrededor de él con las manos en la espalda y la mirada baja. 

Konstantine: Rosolynde… 

Maximus: Si… si. Supongo que es culpa de esa maldita bruja. 

Albertanus: Quién sabe que cosas horribles estará haciéndole a la Princesa…

En Espadaña, precisamente, la Princesa despierta al fin de su inconsciencia, entrando en pánico de inmediato al recordar que estaba en batalla justo antes. 

Nadine: ¿¡Qué paso!? ¿¡Dónde estoy!? 

No está en su habitación en el Palacio, sino en otra habitación, aun lujosa, pero definitivamente no la suya. Intenta salir por la puerta, pero esta cerrada fuertemente.  Ve que hay una ventana con un balcón, pero grande es su horror al ver soldados con armaduras negras y azules vigilando por ahí. 

Nadine: ¡¿El Ejército Traidor!? ¿¡Fui capturada!? 

Rosolynde: Podría decirse.

La Princesa casi pega un grito al ver que la General enemiga y su mano derecha van entrando al lugar. Instintivamente, intenta coger su látigo,pero no lo tiene. Por su parte, Rosolynde, por una vez, no lleva su armadura y solo va con simple ropa negra , las vendas que cubren sus heridas y una charola de comida en las manos que pone en una mesita frente a la Princesa. 

Rosolynde: Supuse que tendría hambre. Lamento si es humilde para usted, debe estar acostumbrada a cosas mucho mejores. Ande, coma. Recupere fuerzas. 

Pero Nadine, en lugar de aceptar la comida, da una patada a la mesa y la comida sale volando, quedando toda en el suelo salvo por un pan que Lord Emeric alcanza a atrapar con la mano. 

Nadine: ¡No me engañara con su “hospitalidad”, sucia mujer! ¡Quiere envenenarme como hizo con mi querido tío! ¿¡Verdad!? 

Ante este comentario, Rosolynde se ve especialmente sorprendida y hasta dolida. Emeric, por su parte, mira a Nadine con rabia y luego muerde el pan que había atrapado en el aire. 

Emeric: Ah, que buen xuixo. Que bueno que no se desperdicio. 

Nadine mira sorprendida como le da otra mordida y luego se lo traga completo, destrozando su argumento del veneno, cosa de la que Emeric se da cuenta y se burla. 

Emeric: Si mi señora quisiera matarla, “Princesa”, lo hubiera hecho en el campo de batalla o mientras dormía. Incluso siendo su prisionera le da un techo digno y comida, y aun así, usted la trata como basura. 

Rosolynde: Lord Emeric… por favor. 

Emeric: Pshe… lo siento, mi señora. 

Acto seguido, Rosolynde acomoda la mesa que tiro Nadine y se sienta frente a ella. 

Rosolynde: Esperaba que pudiera darnos información, Lady Nadine…pero, creo que ya me ha dado algo. 

Nadine: ¡Yo jamás le daría nada a usted! 

Rosolynde: No con sus palabras, con sus acciones. 

Nadine pone una cara de que no sabe nada de lo que le dice. 

Rosolynde: Primero, lo que acaba de hacer ahora me dice que usted genuinamente cree que yo asesine a su Majestad. 

Nadine: *apretando los dientes * ¡Y todavía tiene el descaro de decir que no lo hizo! 

Nadine casi intenta írsele encima, pero la General la esquiva con un simple movimiento, dejando la princesa tambaleándose mientras ella agacha la cabeza y suspira. 

Rosolynde: Se que seguramente no me creerá pero déjeme decírselo una vez más. Yo no asesine al Rey Lauritz. Y yo tampoco deseaba su favor sobre el trono y la corona. Deseaba que cambiara su decisión, pero fue asesinado antes de que pudiera hacerlo. 

Nadine escucha con los puños apretados y los ojos llorosos pero sin lágrimas todo lo que Rosolynde le dice, ¿Por qué lo escucha? 

Rosolynde: Mi único y mayor pecado fue no proteger a su tío a pesar de que era mi deber y por eso me arrepentiré toda mi vida. 

Nadine: ¡Ja! ¿Y por eso huyó con la corona! 

Emeric: ¡Huyó con la corona para protegerla de ustedes! 

Nadine: ¡Patrañas!

Ambos nobles siguen gritándose, para ofuscación de Rosolynde que solo se soba las sienes. 

Emeric: ¡Agh! ¡Lo siento, mi señora! ¡Pero no más diplomacia para la “Princesa”! ¡Ahora conteste! ¡¿Dónde está Lord Adrien!? 

Esta pregunta agarra completamente en curva a la Princesa, pues todo el interrogatorio que tuvo con él le vuelve a hacer la cabeza un lío. 

… 

Adrien : ¿No lo sabía?

Emeric: ¿¡Donde está!? 

Y es por ese lío y los gritos incesantes de Emeric, que Nadine termina por decir algo que ni ella esperaría haber dicho. 

Nadine: ¡Está en el palacio, con un demonio! 

Ante esto, los tres se quedan callados, incluso Nadine, que se cubre la boca con las manos. Emeric es el primero que se repone del impacto y pregunta ansioso. 

Emeric: ¿Esta bien? ¿¡Le hicieron algo!? 

Nadine: No… su “querido” Lord Adrien estás bien. Encerrado en una celda pero bien. 

Esto llena de alivio a Emeric, el cual suspira aliviado. No obstante, Rosolynde se ve confundida y curiosa. 

Rosolynde: …Princesa Nadine.  Hace un momento no quería colaborar…  ¿Por qué lo hace ahora? 

Nadine: No lo sé… 

La Princesa parece demasiado turbada,  y solo se abraza a si misma nerviosamente, pasando sus dedos de arriba a abajo por sus brazos mientras mira de lado y hacia abajo. No obstante, Rosolynde decide presionarla. 

Rosolynde: Y ahora que lo pienso… por la mirada del Príncipe Konstantine cuando la vio, creo que no se supone que estuviera en Puerto Castro. ¿Qué hacia ahí? 

Nadine: No lo sé… 

Rosolynde: ¿Qué hacia ahí? 

Nadine: ¡ No lo sé! ¡No lo sé! ¡Solo… quería respuestas! ¡A eso fui a Barbacana! ¡Luego usted ataco Castro y pensé que podría encararla y obtenerlas, pero Konstantine se me adelantó! 

Luego de este arrebato. Emeric mira sorprendido, Rosolynde seria y Nadine se deja caer en la cama donde antes estuvo inconsciente quedando en silencio hasta que se oyen las siguientes palabras. 

Rosolynde: Bueno, estoy frente a usted, ¿no? 

Nadine: … 

Rosolynde: Adelante, pregunte lo que quiera. Tal vez pueda darle las respuestas que busca.            

Capítulo 894: Un interrogatorio peculiar

A pesar de su rabia, miedo y confusión, la Princesa siente algo más. Curiosidad. Por lo que se sienta finalmente, y habla, aun si está llena de desconfianza. 

Nadine: ¿Promete hablar con la verdad? 

Rosolynde: Y nada más que la verdad, Princesa. 

Nadine: Bien… 

Entonces hace su primer cuestionamiento. 

Nadine: ¿Es cierto que Espadaña ya había sido atacada por fuerzas del Triunvirato antes de que yo la atacase? 

La pregunta sorprende a la General y su noble seguidor, pero la contestan. 

Rosolynde: Si. La Villa y antes sus tierras de cultivo fueron atacadas por los hombres al servicio del Capitán Draco Luteus. 

Emeric: ¿Usted no lo sabía?

La noble señorita no responde a eso, en cambio, hace otra pregunta. 

Nadine: ¿Qué hay de esos mercenarios piratas que contrató para su ejército? 

La Princesa espera que esta vez le digan algo como “No se de que habla” o “Esa es una mentira”, pero… eso no sucede. 

Nadine: Bueno, no les pagamos así que no son mercenarios. Ellos son voluntarios. Escucharon lo que sucedía aquí, y se ofrecieron a ayudar. Nos advirtieron que eran criminales desde día uno, y si, debo admitir que eso daba desconfianza. Pero no han hecho más que ayudar en todo aspecto que pueden. 

Nadine: ¿Se ofrecieron? Tch… no creo que lo hagan solo por buena fe. Algo querrán al final. 

Emeric: Habla por experiencia, ¿no? 

La forma grosera de hablar de Emeric sorprende a Nadine, y no tarda en hacer notar su molestia. 

Nadine: ¿Me está increpando por algo? 

Emeric: Oh, nada… 

Rosolynde: Lord Emeric… 

Emeric: Pero mi señora. Solo decía que la Princesa debe saber de lo que habla. Considerando que “Lord”  Gelacius y varios miembros más de su “gobierno” tambien son piratas buscados…

Nadine: ¡¿Piratas Buscados!? ¡¿De que está hablando!? 

Emeric, que ha llevado al cuarto una carpeta, la abre y entrega a la Princesa el cartel de recompensa de Lord Gelacius, así como el de otros miembros de su corte. 

Princesa: No puede ser…. Sabia que algunos de ellos venían de familias del extranjero pero, tenían gran reputación, estaban recomendados…. esto… 

De nueva cuenta, Emeric y Roso se ven sorprendidos de nuevo por lo genuino de la reacción de ella. Nadine esta pálida, casi se empieza a hiperventilar. 

Nadine: Entonces. ¿Por eso atacaron Baluarte y lo capturaron? Sabían que era un criminal… 

Rosolynde: En realidad eso lo descubrimos después del ataque y gracias a una de nuestras aliadas. Solo pretendíamos recuperar el hogar de Lord Emeric, y liberar a los esclavos de las refinerías de metal. 

Al oír esto, Nadine, si no estaba pálida antes, ahora si lo está. 

Nadine: ¿Esclavos…?

La noble Princesa sigue haciendo preguntas y todas se las responden. Descubriendo no solo a su corte criminal o los campos de esclavos. También cosas como los esclavos de Albertanus, la Ilegalidad del barrio rojo de Black Angus, el contrabando de armas y materiales en Puerto Castro. En especial, se muestra turbada al enterarse del origen de su Fruta del Diablo y el destino de su consumidor anterior. 

Emeric:… Trate de ayudarlo, pero el General Agamenon terminó con su vida al final. 

Rosolynde: ¿Tiene alguna otra pregunta, Princesa? 

Nadine: No…

Al final la mujer de cabellos cual plata hilada se queda silenciosa y con la mirada gacha, y es entonces que la General decide ahora ser quien le haga unas interrogantes.

Rosolynde: ¿En serio no sabia nada de esto? 

La Princesa solo niega con la cabeza. 

Rosolynde: Entiendo… antes esta era mi creencia, y perdón por preguntar pero necesito estar segura. ¿Estuvo usted implicada en la muerte del Rey Lauritz? 

Nadine: ¡Por supuesto que no! ¿¡Cómo se atreve a pensar eso!?

La mujer de la realeza se ha puesto de pie tan rápido que ha tirado la mesa de nuevo. No obstante, su exaltación se va apagando rápido.

Nadine: ¡Por supuesto que estaba enojada con él cuando la escogió a usted y no a mi a o mis primos para el trono, porque de verdad que me esforcé para ser una sucesora digna pero…! Jamás le habría hecho daño a mi tío… el me acogió cuando era cadi una bebe… ni siquiera recuerdo  bien a mis padres. Él… era lo más cercano que tuve a un padre, mi modelo a seguir… él…

Las lágrimas la traicionan, convirtiendo esa imagen de la temible tirana en puros y diminutos añicos.

Nadine:... Él no lo merecía…

Le toma unos momentos volver a serenarse, aunque se siente avergonzada después . Después de todo, impropio de la realeza desplegar tal cantidad de sentimientos. Luego, se pone de pie una vez más, y mira a sus enemigos a los ojos.

Nadine: Me jura usted… que no tomo la vida de mi tío… que no desea la corona.

Rosolynde: Lo juro con mi vida. Y creo que puedo decir lo mismo de usted.

La princesa asiente.

Emeric: Entonces. Si usted no fue, y no fue mi señora… ¿Quién…?

Las mentes de Rosolynde y Nadine se desvían al mismo lugar, con las mismas personas, y en el caso de la segunda, un momento específico. El como la dejaron fuera del consejo de guerra.

Nadine: Konstantine y Maximus…             

Capítulo 895: Gran Lord

Fernand: ¿Sucede algo, Dame Rosolynde? 

Hollow: *via Den Den Mushi* ¿Paso algo malo? 

Rosolynde: En realidad, es más bien al contrario. 

La General a convocado a todos los altos mandos a reunión urgente, y estos no han tardado en llegar a su improvisado cuartel y sala de guerra, aun en la casa y comedor del desaparecido Lord Adrien. Todos estan un poco exaltados, pues la manera en la que se les ha llamado ha sido un poco alarmante en comparación a veces anteriores. 

Betula: ¿El interrogatorio salió bien? ¿Tenemos nuestro siguiente objetivo? 

Emeric: Hmmph… podría decirse. 

Todos somos Esclavos: ¿Huh? 

Rosolynde: Tenemos a alguien que quiere hablar con ustedes. 

Ink: Genial. ¿Dónde está? 

Rosolynde: Mi Lady. Ya puede pasar. 

Las puertas del comedor/sala de guerra se abren, revelando a una mujer bellísima, de gran porte y presencia en atuendo militar. La mayoría no reaccionan, pero Jean y el capitán Brimstome, este último recién recuperado de sus heridas,  tienen una mirada de absoluto impacto y hasta palidez

Rosolynde: Les presento a… 

Jean: ¡La Princesa! 

Todos somos Esclavos: ¡¿La Princesa!? 

Jean: Bastarda…

El peliazul, aunque algo tembloroso, demuestra una mirada rabiosa y toma su forma Harpyie con la intención de pelear, no obstante, Rosolynde media para evitarlo. 

Rosolynde: Tranquilo, Joven Black. Lady Nadine no está aquí para pelear. 

Jean: *sarcasmo *Ah, si.  Claro. ¿Desde cuando? 

Nadine: Desde Puerto Castro donde solo intentaba hablar con usted, y usted solo quería sacarme los ojos. 

Jean: Mis razones tenía… 

Betula: Jean, calma… 

Derrotado, el peliazul chasquea la lengua, y se deja caer en la silla donde estaba sentado, destransformándose y a la par, cruzando los brazos con mirada molesta y que ignora a la mujer de la realeza, quien procede a presentarse adecuadamente 

Nadine: Ehem… como el… Joven… Jean Black “Pluma Azul-Dorada” les adelantó. Yo soy Nadine de Brusian. Señora de la Región de Fortaleza, única Princesa del Reino de Brusian y… una de los triarcas del Triunvirato de Brusian.

Un silencio grande se extiende sobre la sala tras esto. Silencio que solo el Bufón de los Vientos se atreve a romper. 

Fernand: Entendemos eso, pero… ¿Qué es lo que hace aquí?

Ink: Si. ¿No se supone que era nuestra enemiga? 

Nadine: Si. Tal cono usted lo dijo, señorita. Era. 

Esto deja a todos confundidos, así que Nadine procede a explicarse. 

Nadine: La General Dame Rosolynde me ha informado de una  serie de… Actividades realizadas bajo el mandato y las ordenes del Triunvirato. 

La Princesa repite todo aquello que escucho en su charla con la general y su mano derecha. Desde el ataque incendiario a Espadaña hasta los piratas miembros de su corte, pasando por los campos de esclavos y el incidente con la Marine. 

Nadine: Quiero dejar en claro que hasta hace unas horas, ninguno de estos eventos tenia mi conocimiento y mucho menos mi aprobación. Todo esto se hizo a mis espaldas.

Jean: ¿Ah, si? ¿Y que hay del otro ataque aquí?  ¿O el secuestro de Lord Adrien? 

Ante esta pregunta en un tono un tanto cruel, la Princesa no puede evitar suspirar con fuerza. 

Nadine: Eso, al igual que otras muchas cosas, si fueron mi decisión y tomo responsabilidad completa por ellas. Pero todo fue bajo la creencia  de que mi querido tío había sido asesinado por Dame Rosolynde, pero ahora veo que no es el caso. 

Betula: Entonces, si usted no es responsable… ¿Quién de lo que mencionó antes? ¿Quién si lo es? 

La pregunta duele a Nadine pero la contesta. 

Nadine: Basada en su desprecio y desdén a mi y mi participación en los consejos de guerra de mis últimos días en la capital, me temo que sea una obra del resto del Triunvirato. El Príncipe Mayor y el Segundo Príncipe. 

Fernand: ¿Sus primos? 

Nadine: Si… 

Rosolynde: Tambien creemos que fueron ellos los que conspiraron para el asesinato de mi señor, el Rey Lauritz, así cono la recaída de la culpa sobre esta servidora suya.

El silencio vuelve a predominar un rato tras toda esta revelación. Luego, Betula es quien habla. 

Betula: Entonces, Princesa. ¿Cuál es su plan? 

Nadine: ¿Disculpe?

Betula: Si. Nos ha dicho todo esto sobre lo que hizo y no hizo, pero¿ que pretende hacer ahora? 

Todos en la sala la miran con atención, mientras que la mirada de la Princesa se torna en determinación y los deja sin palabras por lo que dice.

Nadine: Deseo ayudar al Auténtico Ejército Real. A partir de hoy, abandono efectivamente el Triunvirato y mi influencia, recursos y persona estén enteramente a su disposición. 

Mientras tanto… 

En sus aposentos, Konstantine es terminado de vendar en todas sus heridas, mientras que Maximus observa el procedimiento muy serio.

Médico Real: Ya está. Ahora solo debe descansar y tomar sus medicamentos, alteza.

Konstantine:… 

El médico sale de la habitación al mismo tiempo que el consultor llega, un tanto apurado. 

Albertanus: Mis altezas, el consejo de guerra ys los esta esperando. 

Konstantine: Ya vamos para allá… 

El segundo Príncipe ya se está levantando pero se siente adolorido, a lo que su primo lo toma de los hombros y lo hace volver a sentarse en su cama. 

Maximus: ¿Qué te acaba de decir el doctor? Tienes que descansar esas heridas. 

Konstantine: Pero… el consejo. 

Maximus: Yo me ocupare de todo. De lo que único que tu debes preocuparte es en sanar, y cuando estés mejorado podrás volver con toda tu capacidad. 

Konstantine: Tch… bien. 

De mala gana, el hombre se acuesta en la cama mientras una doncella le trae almohadas extra para acomodarse. Maximus, por su parte, sale junto a Albertanus hacia el Salón de Guerra, en donde al llegar al fin, es recibido por los miembros de su corte y ejercito bajo el mismo saludo y con una gran reverencia. 

Todos: Gran Lord…    

TO BE CONTINUED
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