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Arco de la entrada a Grand Line

Arco de la entrada a Grand Line
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Información
Número de capítulos 7
Anterior Arco de Flaskma
Posterior Arco de Silvertasse
Creador El Principe
El arco de la entrada a Grand Line (グランドライン門口編, Gurando Rain Kadoguchi Hen ?) es el primer arco de la Saga de la isla Catalina y el cuarto en la historia de los Piratas Alquimia.

Antecedentes

Los Piratas Alquimia llegaron a Flaskma, la «Ciudad Transparente», allí conocieron la verdad sobre Valentina Argiria, que era miembro de la organización Crystal y se unió a ellos sólo para hacerles, sin que se diesen cuenta, seguir las órdenes de Crystamia, que era la líder de toda la organización. Después de conocer a Mayers y el secreto de Valentina, los Piratas Alquimia fueron a enfrentarse a Crystamia, saliendo éstos victoriosos. Después huyeron de la isla gracias a la inesperada ayuda de un nuevo integrante de la banda, Hendrik, que consiguió hacer que la Marine no les persiguiera hacia su próximo destino, Grand Line.


Capítulo 44: Reverse Mountain

El viaje de Nailen, el Enclavador, vol. 1: «Al fin, ya está acabado, el Pícida».

Fest Nailen ha acabado de construir su barco, llamado Pícida, en la isla Coral. Se trata de una carabela de pequeño tamaño con un pájaro carpintero como mascarón de proa con las alas abiertas que ocupan parte de la parte superior del casco de la proa. En la popa tiene tres salientes imitando la cola de dicha ave.


Poco a poco la corriente seguía arrastrándonos y la tormenta seguía embraveciendo el océano. Los rayos llegaban al agua y la lluvia era impetuosa. Con miedo, Valentina nos advirtió de algo:

— ¡Tenemos que tener cuidado! ¡La corriente podría arrastrarnos hacia el muro de piedra!

— ¡¡Cómo!! —exclamamos asustados todos.

— ¡Debemos conducir el barco para que entre por aquella entrada! —concluyó señalando hacia un pequeño cauce adornado con arcos de piedra que, curiosamente, subía por una enorme montaña.

— ¡Pero Valentina, ese cauce es muy pequeño! —avisó Hendrik.

— ¡¿Y qué le hago yo?! ¡Más vale que tengas puntería, «cocinitas».

— ¡Vale, está bien!

— ¡Oye, Hendrik! —llamé al cocinero— ¿Porqué no usamos a tu pingüino-globo para elevarnos en el aire?

— Imposible, Al, sólo puede con el peso de una persona, no podría con un navío entero —me respondió.

Con toda la charla, no nos dimos cuenta, pero nos acercamos mucho más a Red Line, y, cada vez, más deprisa. La corriente era más veloz cuanto más nos acercábamos al cauce de la montaña.

— ¡¡Hendrik, todo a estribor!! —Ordené asustado.

El Sulphur Lion fue reconducido hacia el cauce y, justo al entrar, nuestra velocidad ascendió de forma brusca.

— ¡¡Chicos!! ¡¡Agarraos a algo!! —Avisé y me agarré al mástil principal.

— ¡¡Ya estamos dentro, esto es Reverse Mountain!! —Comenzó Valentina— ¡¡Esta corriente nos llevará hacia la cima, desde donde accederemos a una corriente descendente que, al final de dicha corriente está Grand Line!! ¡¡El mar más grande del mundo!!

— ¡¡Yo encontraré el All Blue!! —Gritó Hendrik.

— ¡¡Yo daré la vuelta al mundo!! —Gritó Valentina.

— ¡¡Yo robaré los tesoros y las banderas de los piratas más grandes del mundo!! —Gritó Dante.

— Y yo... ¡¡yo me convertiré en el hombre que obtendrá la Piedra Filosofal!! ¡¡Uno de los tesoros más grandes del mundo!! —Grité a los cuatro vientos.

Durante la subida nos adentramos en las nubes y, momentos después, llegamos al fin a la cima, donde se unían otras tres corrientes de agua. El Sulphur Lion salió volando y temimos por si caíamos en el sitio equivocado. Efectivamente, el barco fue a parar al canto del cauce de la corriente descendente, pero un espabilado Hendrik usó uno de sus muñecos, en este caso su ballena-flotador, que nos envió justamente a la corriente correcta. Bajamos a toda velocidad, tanta que nos tuvimos que sujetar mucho más fuerte. Al acabar de descender, el barco acabó parándose poco a poco y todos nosotros no nos recuperábamos del susto, cuando, de pronto, vimos a un enorme cachalote con heridas en la cabeza y un dibujo muy raro.

Al contrario que en la entrada del West Blue, el tiempo era soleado y la mar estaba en calma. Flanqueando la corriente por donde descendimos había dos cabos y en cada uno un faro.

— ¿Esto es... Grand Line? —me pregunté.

Capítulo 45: Crocus

El viaje de Nailen, el Enclavador, vol. 2: «Adiós, isla Coral».

Fest Nailen, ya subido en el Pícida y habiendo zarpado, se despide de la isla Coral para irse hacia su próximo destino.


En uno de los cabos, había un hombre mayor de cabeza despejada y con una especie de pétalos en la parte trasera de su cabeza con unas gafas redondas mirándonos fijamente.

— Vaya... ¿otro grupo de piratas? —comenzó— Desde la Batalla de Marineford se ha vuelto muy peligrosa esta zona.

— ¡Oiga, señor! ¡¿Qué está haciendo ahí sentado?! —pregunté al tipo.

— ¡Estoy tomando el sol! ¡Marchaos ya!

— ¡Oiga no sea tan borde con nosotros! —le espetó Valentina.

— ¡No me gustan los piratas, largo de aquí!

— ¿Será borde el viejo? —se quejó Hendrik.

De pronto un News Coo nos tiró un periódico, cuando Dante fue a recogerlo de la cubierta del Sulphur Lion, se cayó un cartel de recompensa. El mismo ave le tiró el mismo periódico al viejo y también se dio cuenta de la recompensa.

— ¡Vaya, así que vales Berrysymbol32.000.000, me recuerdas a cierto pirata!

A mí me extrañó lo que estaba diciendo el anciano pero resultaba que era un cartel dedicado a mí en el que mi recompensa era la cantidad que decía él. No me lo podía creer, al fin tenía una recompensa por mi cabeza.

De pronto, el cachalote que vimos antes se acercó hacia nosotros como si fuese a tragarnos, pero, sorprendentemente, el viejo pudo detenerlo.

— ¡Espera, Laboon! —ordenó el viejo— ¡Piratas, me vais a disculpar, pero tengo que atender a este animal ahora mismo! —se disculpó y caminó hacia él con una jeringa gigante. Se la inyectó y el cachalote se calmó.

— ¿Es suyo ese animal? —pregunté.

— ¡Podría decirse que así es, somos muy amigos, él está esperando a cierto pirata que le prometió volver, pero, desgraciadamente, se encuentra en paradero desconocido —explicó el viejo—. Por cierto, mi nombre es Crocus, soy el farero de los Cabos Gemelos de Reverse Mountain.

Valentina y Hendrik se confundieron debido a la repentina cortesía de Crocus, Dante, por el contrario, permaneció impasible. Y yo, como no podía ser de otra forma, me interesé por su cambio de actitud.

— Oiga señor, ¿a qué viene ese cambio de actitud?

— A que he leído ciertas noticias sobre ti en los titulares del periódico de ahora mismo. Te enfrentaste a parte del Inframundo del West Blue y saliste victorioso, además de al mismísimo Francis Prince, sois los Piratas Alquimia. También disteis esquinazo a la 56ta división de la Marine dirigida por el vicealmirante Slothy. Son grandes hazañas que merecen mi respeto.

— ¡Sabe más de nosotros que nosotros mismos! —Exclamó Valentina.

— Acercad el barco, os invitaré a comer, estaréis hambrientos después de entrar a este mar.

Y confiando en lo dicho por Crocus, acercamos a la costa al Sulphur Lion y nos reunimos con él. Mientras tanto pensé si se podría unir a nuestra tripulación.

Capítulo 46: Log Pose

El viaje de Nailen, el Enclavador, vol. 3: «¡Son piratas! Me esconderé en un lugar seguro.»

Nailen observa a un barco pirata que se acerca al Pícida y huye para esconderse en la bodega de dicho barco.


Los cuatro desembarcamos en uno de los Cabos Gemelos y hablamos con Crocus, le preguntamos sobre ese cachalote con heridas en la frente y ese feo dibujo, él nos contestó que su nombre era Laboon y que estaba esperando a cierta tripulación pirata que llegó a ese lugar hace un año.

— ¡Esta comida está buenísima! —Exclamó Hendrik— ¿La preparas tú, viejo?

— Si, este pescado lo pesqué esta misma mañana, la verdad es que la salinidad que tiene esta zona es ideal para que el pescado salga así de rico.

— Oye, señor Crocus, mira mi brújula —comenzó Valentina enseñándole la brújula al viejo—, no deja de dar vueltas sin cesar desde hace un rato.

— No tenéis ni idea, ¿verdad?

— ¿Es que es algo natural en esta zona? —preguntó la chica.

— Grand Line es un lugar muy peculiar donde el polo magnético del planeta cambia constantemente, y eso se debe a las corrientes de agua que salen desde Reverse Mountain. Por tanto, cada isla de Grand Line tendrá un campo magnético propio que ha de ser registrado por una brújula especial conocida como Log Pose. Una vez registrado el campo magnético de una isla, el Log Pose señalará hacia la isla siguiente, de esa manera podréis navegar por una de las siete rutas que comienzan desde este punto.

— ¿Siete rutas? ¿Y cuál es la más segura? —volvió a indagar la chica.

— Todas son iguales de peligrosas, no importa la ruta que tomes ya que todas se unirán al final en una sola ruta. La última isla de Grand Line se llama Raftel, es el último punto de este mar, una isla legendaria donde los únicos que fueron capaces de acceder a ella fueron los Piratas de Roger.

— ¡¡¿Ahí es donde está el One Piece?!! —Pregunté emocionado.

— Podría ser, pero no se sabe.

— ¡Si en esa isla está el One Piece seguro que también se encuentra la legendaria Piedra Filosofal!

— Tranquilo Al —dijo Dante—, debes saber que nos encontraremos con mil rivales antes de llegar allí, desde hace veintitrés años una gran cantidad de piratas se han embarcado en esta ruta para encontrar ese legendario tesoro y convertirse así en el Rey de los Piratas. Y hay rivales que no son fáciles de derrotar precisamente...

En medio de la conversación, un barco apareció con una bandera que consistía en una calavera con tibias cruzadas en forma de cruz. En las cabezas de las tibias había lo que parecían rosas.

— Vaya, ya están aquí otra vez esta gente... —se quejó Crocus.

— ¡Eh, viejo! —dijo una voz que salía del barco— ¡Espero que hayas tomado una decisión respecto a darnos a ese cachalote para que nos guíe fácilmente por Grand Line!

— ¡Mi respuesta sigue siendo la misma que entonces! —contestó Crocus— ¡No os daré a Laboon, piratas!

— ¡Entonces lo tomaremos nosotros mismos!

Laboon, que estaba en ese momento con nosotros en uno de los cabos, se asustó de las declaraciones de ese misterioso barco pirata.

— Malditos Piratas Rosenkreuz... —maldijo Crocus.

Capítulo 47: Los Piratas Rosenkreuz

El viaje de Nailen, el Enclavador, vol. 4: «¡Los Piratas de Talco!»

Nailen se fija en la bandera pirata y resulta ser la bandera de los Piratas de Talco.


Del barco pirata misterioso comenzó a emanar una gran cantidad de pétalos de sakura que se dirigieron directamente hacia Laboon.

— ¡Malditos piratas! —volvió a maldecir Crocus.

— ¡¿Qué es eso?! —se preguntaba Valentina.

— ¡Parecen ser pétalos de cerezo! —contestó Hendrik.

Los pétalos comenzaron a tomar forma de soga como si de la cadena de un perro se tratara rodeando a Laboon por la cabeza.

— ¡Lei! —pronunció una voz de dentro del barco, mientras Laboon se quejaba porque los pétalos le apretaban—. ¡Ya eres mío, cachalote!

— ¡Deja que la música acaricie tus sentidos... Caricia Musical! —pronuncié yo haciendo movimientos como si estuviera arañando algo, al mismo tiempo los pétalos pegados a la piel de Laboon se rompieron liberando así al masivo animal. Con el enfado que me había provocado tal acto, usé mi Pentagrama y volé hasta el barco para encontrarme con el responsable.

— ¡Al, ¿dónde vas?! —Se preocupó Valentina— ¡Es peligroso!

— ¡Hey, chico, vuelve! —Me gritó Crocus.

En el barco, algunos miembros de la tripulación, avisaron al capitán de que yo me dirigía volando hacia ellos.

— ¡Capitán Christian! ¡Algo viene volando hacia nosotros!

— ¡¿Cómo es posible?! —se preguntó el capitán.

Tal como abordé la nave, pregunté a voces por el capitán de la misma, algunos miembros se empeñaron en no responderme y luchar contra mí.

En el cabo, Crocus explicó a mi tripulación lo que estaba pasando con más detalle:

— Esa banda de piratas ha estado molestando a Laboon desde que llegaron a Grand Line. Llegaron hace una semana, creo que su base está en una isla cercana pero se habrán encontrado con que no pueden avanzar mucho y quieren llevarse a Laboon para que les guíe. No es una práctica muy común entre los novatos que acaban de llegar a esta ruta marítima.

— ¿Desde una semana te están molestando, viejo? —preguntó Dante— ¿Y quiénes son?

— Son los Piratas Rosenkreuz, están dirigidos por el capitán Rosenkreuz Christian, el tipo que ha hecho emanar los pétalos de cerezo para domar a Laboon —respondió Crocus.

— No sé de qué, pero me suena mucho ese nombre... —mencionó Hendrik.

— Además de ese poder, ellos poseen una extraña tecnología y su capitán es muy intuitivo, son una peligrosa banda, así que, si fuera vuestro capitán, me andaría con cuidado.

— Tranquilo, Crocus, nuestro capitán es un tipo muy inteligente —tranquilizó Valentina—, creo que será capaz de acabar con esta situación y dejarán a tu cachalote de una vez.

En el barco de los Piratas Rosenkreuz, me encontraba sometido, de rodillas, y sangrando. Esta vez, creo que me adelanté a la hora de atacar el enemigo.

Capítulo 48: Mano del Diablo

El viaje de Nailen, el Enclavador, vol. 5: «¡Al ataque!»

Los Piratas de Talco y Nailen comienzan a luchar.


Rosenkreuz Christian se alejó un poco de mí ordenando a sus hombres recogerme de la cubierta y meterme en la bodega del navío. Mientras me arrastraban como podían, comencé a recordar esta aplastante derrota.

Al llegar a la cubierta, pregunté por el capitán del barco y un hombre alto me respondió desafiante que se trataba de él. Él era Rosenkreuz Christian, el capitán de los Piratas Rosenkreuz. De pronto le lancé un Pentagrama pero Christian lo evitó fácilmente. En sus manos pude apreciar unos guantes extraños. De pronto, el capitán me atacó con los pétalos de sakura.

— ¿Qué es esto, pétalos? ¿Qué clase de poder ridículo es éste? —me extrañé.

— ¡Es el poder de la fruta Saku Saku, una fruta del diablo que transforma en un hombre-pétalo a quien la consume! Los pétalos son muy pegajosos y no te dejarán en paz tan fácilmente si están húmedos. Además puedo controlarlos a voluntad. ¡Rosenflügel! —Los pétalos comenzaron a colocarse en la espalda de Christian emulando a unas alas rosas en forma de pétalos de sakura gigantes.

— ¡Es impresionante! —alagué sorprendido— ¡Pero las alas se pueden rasgar! ¡deja que la música acaricie tus sentidos... Caricia Musical! —Entonces comencé a hacer gestos como si estuviera arañando el aire, pero por alguna razón, las alas de Christian no se podían rasgar— ¿Cómo es esto posible?

— ¡Conozco perfectamente tus poderes... Albertzinni Magnus! ¿Crees que estás tratando con un idiota? —Me respondió volando en círculos sobre mi cabeza— ¡Vamos, atacadle! —Entonces se me lanzaron algunos de sus hombres sobre mí, pero pude librarme de ellos con mi Escudo Pentagrama. De pronto, Christian se lanzó hacia mí con el puño izquierdo por delante, cosa que no me esperaba ya que traspasó mi escudo. El golpe vino a parar a mi cara y me electrocutó, cosa que me hizo escupir algo de sangre—. Espero que te haya gustado, ese era mi Electrometeoro.

— Maldita sea... ¡¿cómo es posible?! —gritaba muy agobiado— Evitas mi poder con suma facilidad, ¿qué clase de cosa eres?

Entonces, tres de sus hombres aprovecharon mi confusión para golpearme fuertemente con los puños que estaban resguardados en unos extraños guantes que me causaban picor y me quemaban. Ello me hizo agobiarme y enervarme aún más, no comprendía qué era lo que pasaba.

— Es muy fácil... conozco tus poderes y puedo evitarlos con facilidad usando una de las debilidades más grandes que tiene... si no oigo tu música, tu poder no puede afectarme. Tu poder alcanza todo aquello que pueda «oír» tu música. Además... yo también soy un alquimista como tú.

La afirmación de Christian me sorprendió enormemente y, de pronto, recibí otro golpe por parte de otro de sus hombres, ésta vez me quemó con un guante que parecía estar a la temperatura de un volcán.

Mano del Diablo... —dijo el hombre que me había golpeado.

Yo me quedé en el suelo casi inconsciente después de las sorpresas y este último golpe.

Capítulo 49: Derrotado

El viaje de Nailen, el Enclavador, vol. 6: «¡¿Cómo pueden cambiar de forma sus espadas?!»

Nailen se enfrenta a Erlen Mayers y se sorprende por su garasuryu.


Mientras dos de los hombres de Christian me llevaban a algún sitio que desconocía, mi tripulación se empezó a preocupar y, disculpándose con Crocus, subieron a bordo del Sulphur Lion para ir hacia el barco de los Piratas Rosenkreuz. Al mismo tiempo, intenté recordar, qué fue lo que me dio en la espalda.

Sin quedarme inconsciente en el momento del ardiente golpe, señalé con la punta de mis dedos a quien vi que podría haber sido y usé mi Pentagrama. Confiado en que le había afectado el ataque, con sorpresa vi que no había recibido ni un sólo rasguño.

— ¿Cómo?

— ¿Pensabas que ibas a hacerme daño con eso? —me preguntó burlón.

— También tienes tapones, ¿no?

— No, no me hacen falta tapones para evitar tus ataques... —me contestó sonriente.

En su mano tenía un guante incandescente que debía ser con el que me dio el golpe, aunque, de pronto, se apagó.

— Así que me diste con eso por la espalda... cobarde...

— ¿Cobarde? Somos piratas, ¿qué te pensabas? —Entonces apretó su guante recién apagado y comenzó a salir lo que parecía metal líquido por la parte de la muñeca más cercana al dedo meñique—. Te voy a enseñar algo muy interesante... Albertzinni Magnus... ¡Espada de Hierro! —Tras formarse una hoja se lanzó contra mí, pero pude esquivarlo por poco moviéndome a la velocidad del sonido.

— ¡Ya estoy harto! —Aparecí agarrando la hoja de hierro recién formada— ¡Resonancia! —Pronuncié y la hoja se partió y me puse en pie—. Si quieres hierro, te daré hierro... ¡Notas Pesadas! —Los trozos metálicos esparcidos por la cubierta se elevaron y rodearon al tipo girando a su alrededor y dañándole, al acabar se volvieron a esparcir por la cubierta y ese tipo salió de nuevo completamente ileso—. ¡No puede ser!

Entre mi desconcierto, un montón de pétalos de sakura me rodearon y quedé atrapado completamente. Christian había usado su técnica Lei, que usó contra Laboon. Caí al suelo y el capitán de los Piratas Rosenkreuz me tocó de nuevo con su guante eléctrico. Finalmente, mi cuerpo acabó ensangrentado y bocabajo en la cubierta entre las risas de la tripulación enemiga. Me volví a poner en pie como pude para hacer frente a Christian, pero éste me dio un puñetazo eléctrico en estómago dejándome arrodillado, ensangrentado y quemado.

No podía creer lo que me había pasado, nada había funcionado... ¿sería éste el final de mi viaje? No podía ser así, pero no me quedaban fuerzas para seguir. Christian, entonces, ordenó mi encierro en su camarote y hasta allí me estaban arrastrando.

Capítulo 50: Razones

El viaje de Nailen, el Enclavador, vol. 7: «Clavados cual retratos en una pared.»

Nailen acaba usando su poder para acabar clavando en el aire a los Piratas de Talco.


El barco de los Piratas Rosenkreuz comenzó a alejarse de los Cabos Gemelos, mi tripulación zarpó despidiéndose de Crocus, mientras éste les advirtió que tuvieran mucho cuidado puesto que los Piratas Rosenkreuz no eran una banda de piratas cualquiera.

En la nave de Christian, yo me hallaba en una silla maniatado dentro del camarote del capitán. Pude ver que, tras de mí y frente a la puerta había un ventanal y una mesa que parecía de de madera de roble. Parecía un camarote grande a la par que acogedor. A ambos lados pude ver estanterías llenas de libros de lo que parecían ciencias. Además de un retrato cuya persona plasmada me recordaba a alguien.

De pronto, la puerta se abrió y aparecieron Christian y el hombre que me atacó con el guante ígneo.

— Hola, Albertzinni Magnus... —saludó Christian.

— ¿Qué quieres de mí? —pregunté enfadado.

— Siento haber sido descortés contigo —me sorprendí ante esas palabras, era lo último que me esperaba, que fuese cortés conmigo.

— ¿Descortés?

— Sí, necesitamos tu ayuda para un asunto en una isla cercana.

— ¿Cómo es posible que me conozcáis? —le interrogué.

— Hemos leído las noticias de la derrota de Francis Prince y Crystal en el West Blue, además hemos oído rumores sobre ti. Es por eso que conocíamos tu poder y las debilidades de éste —No podía creer lo que oía, no era consciente de lo famoso que me había hecho debido a esos dos casos.

— ¿Y mi tripulación?

— No te preocupes, nos están siguiendo, pero no podrán contra mis hombres. De todas formas —comenzó y tomó una silla y se sentó frente a mí— no queremos luchar contra ellos —Y miró hacia atrás, donde estaba el hombre del guante ígneo—. Por cierto, me gustaría presentarte a esta persona.

— Siento mucho haberte atacado así, sólo seguía órdenes. Mi nombre es Fasto Grey, pero me conocen como «Eterno». De no haberte vuelto a levantar, no te habría atacado.

— ¿Hacia dónde nos dirigimos? —pregunté con exigencia.

— Nos dirigimos hacia Silvertasse, lo llaman «el Reino Inexpugnable» —comenzó a explicar Christian— debido a que ni los más poderosos han conseguido conquistarlo. Pero desde hace un tiempo están en una crisis horrible que pronto desembocará en una sangrienta guerra.

— Y... ¿yo qué pinto en todo ésto?

— Necesitamos tu poder para poder calmar los ánimos de ambos bandos...

Por otra parte, Dante, al mando del Sulphur Lion, nos estaba siguiendo de cerca. Valentina le informó el rumbo que estábamos tomando, cuando, de pronto, el mar se embraveció.

— ¡Recoged las velas! —Ordenó Dante— Tomaremos los remos, no debemos perderles de vista.

— Si no me equivoco, creo que se dirigen hacia Silvertasse —comenzó a explicar Valentina—, se trata de una isla no ha podido ser conquistada nunca por nadie. Si se ocultan allí... No podremos rescatar jamás a nuestro capitán.

Tras las palabras de Valentina, Hendrik y Dante se quedaron anonadados, pues ¿cómo iban a continuar el viaje sin su capitán?

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