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Arco del Gato Azul
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Número de capítulos 4
Anterior N/A
Posterior Arco de la Fama y el Fracaso
Creador Pauloca

El Arco del Gato Azul es el 1er arco de la historia de una banda pirata aún de nombre desconocido y el 1º de la Saga del Amanecer de los Olvidados.

Primer capítulo: Ladrón

Un chico se oculta entre las calles concurridas de Loguetown. Su pelo azulado y sus ropas simples no destacan entre la multitud, al contrario que esa sonrisa victoriosa en su rostro. Lleva un pequeño saco de piel en la mano derecha y, aunque parezca un saquito de lo más normal, no para de mirarlo cada cinco segundos, como si no se creyese que existe y tuviese que estar comprobando que aquello era, efectivamente, real. Unos gritos resuenan entre la multitud:

-¡Al ladrón! -¡Capturad a ese crío! -¡¡Chicos, que no escape!!

-Unos cuantos reclutas de la marine atraviesan la marea de ciudadanos, que no saben si asombrarse, asustarse o enfadarse por el comportamiento tosco de dichos soldados. El chico, aún con una sonrisa en su rostro, empieza a recorrer a gran velocidad la calle, esquivando con éxito a los transeúntes que no hacen más que entorpecer a los marines.

Durante la persecución, el joven se escabulle por uno de los callejones. Uno de los reclutas lo avista y lo persigue al mismo, pensando que ya lo tiene atrapado. El asombro enmarca su cara al ver que el chico ha desaparecido.

Gracias a su agilidad, el joven había logrado escalar por una de las tuberías del edificio que limitaba el callejón, alcanzando así el techo. Saltando de tejado en tejado, finalmente siente que les ha dado esquinazo, pero la confianza en su mirada desaparece tras el potente sonido de un disparo.

Entre los gritos de la multitud se haya una mujer de unos veinte años, de pelo largo, oscuro y lacio. A su alrededor hay un vacío, provocado por el miedo de los ciudadanos al arma de fuego que se encuentra en sus manos y que acaba de ser disparada. El chico la mira retadoramente y ella tan solo remarca su aspecto enfadado.

El joven continúa saltando de tejado en tejado a una velocidad apabullante y semi agachado para protegerse de las balas que la mujer le está disparando. Atraviesa el aire como una serpiente alada, sin pararse ni un segundo por el viento que golpea su rostro.

Pasados unos minutos, y sin que los disparos le hayan alcanzado en lo más mínimo, el chico desaparece. La mujer mira por todos lados, incluido entre la multitud, pero no logra avistarlo.

Los reclutas anteriores, que ya habían quedado bastante atrás, la alcanzan. Uno de ellos se acerca a la chica: -Lynnete ¿Lo has...? -El soldado para su pregunta en seco al ver el rostro de la mujer, que parece a punto de explotar. Se aleja unos pasos y sus compañeros hacen lo mismo.

-Hmmmmmph... ¡ARGH! -Suelta, dejándose de morder el labio. -¡JODEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER! -Grita mientras tira su pistola al suelo y la pisa, causando dolor en su pie, al que agarra mientras no para de vociferar improperios. Sus camaradas, viéndose incapaces de calmarla, tan solo se dedican a observar como los ciudadanos de Loguetown les lanzan miradas acusatorias, decepcionados por el papel de sus aclamadísimos "justicieros".


Varios metros más allá del suceso, la barra de un pequeño y vacío bar es limpiada por un hombre corpulento pero de aspecto anciano. Calvo y con una densa pero más bien corta barba gris. Su mirada, que podría confundirse con la de un criminal en potencia, está centrada en la mancha que trata de limpiar hasta que el sonidito característico de la campana del local resuena en sus oídos, lo que lo hace mirar a la puerta.

-... Supuse que eras tú.

-El anciano ignora al recién llegado, que es precisamente el chico de la persecución. Caminando con altanería, el joven llega hasta el mostrador del bar y se sienta en una de las sillas más cercanas al camarero. -¿Qué has hecho esta vez? -Le pregunta el barman. El chico sonríe y pone el saco frente al hombre.

-¿¡Que te parece Senecal!? ¡Al fin lo he conseguido! ¡Jajajaja! ¡El gran tesoro!

-¿Conseguiste el One Piece? -Aunque por su rostro y su tono parezca que lo diga en serio, el chico logra captar el sarcasmo en sus palabras.

-¡No, señor gruñón! Pero ¿Quién sabe? ¡¡Quizá me lleve hasta él!!

-Chico, deja de hacerte el misterioso conmigo, no soy una de tus conquistas. -Ante este comentario, el joven infla los cachetes en señal de enfado, aunque ahora estos tienen un tono rojizo. -Dímelo ya ¿Qué hay en esa bolsa?

-Sin mediar más palabra, el chico desata el nudo del saco, mete su mano enguantada dentro y saca de él una fruta de color celeste con la forma de una pera, puede que de un tamaño un tanto más grande.

Silencio es lo que responde el anciano.

-¿Se lo has robado a la marina, cierto? -Aham. -¿Cómo sabías que la tenían, para empezar? -Hace unos días vino un barco de la marina con distintas mercancías, en ese momento les vi cargar una pequeña caja entre tres reclutas ¡Y si a eso no se le llama actuar de manera sospechosa...! -Pff... -El anciano tan solo niega con la cabeza. Desde la ida del ex-capitán, la marina de Loguetown ya no es lo que era.

Tras unos segundos de silencio, el joven alza la voz: -¡Viejo, una cerveza! -El barman instantáneamente toma una pequeña jarra y la llena del jugo pedido, a pesar de que no parece conforme. -Sigo creyendo que eres demasiado joven para beber. -¡Ya hemos tenido esta conversación! ¡Aburre! ¿Eres tan senil que no te das cuenta de que lo has repetido como mil...? -Antes de acabar la frase, el anciano le da un fuerte golpe en el pescuezo, haciendo que el chico suelte un "¡Au!" mientras encoge los hombros. Tras recuperarse de la cachetada inesperada, se frota el cuello y mira a Senecal con cara de malhumorado. Toma su bebida mientras sigue lanzándole una mirada de enfado.

Hay un ligero silencio en ese entonces. El joven bebe cada cierto tiempo durante el cual mira al suelo frente él mientras que el anciano se dedica a fregar unos cuantos vasos sucios. Ni una mirada ni una palabra. Entonces, el chico habla:

-Creo que es hora de comerme esta pequeña joya.

-Adelante

-Mientras el muchacho toma un cuchillo sin permiso para partir la fruta a la mitad, el señor empieza a llenar un gran vaso de agua fresca.

-¿Para qué necesitas eso, viejo? ¿Ya estás demasiado mayor para una buena cerveza? ¡Jajaja!

-El barman no responde a la ocurrencia del chiquillo y tan solo ve como este se come la preciada pera.

-Huh... Iuuuuuugh. -El chico se tapa la boca, asqueado, y es entonces cuando el anciano le tiende el vaso que previamente había preparado. -No era para mí, chaval.

-Gracias al agua, el chico se recupera con velocidad y continúa con su bebida. De nuevo, un silencio sepulcral llena la sala en la que se encuentran. El adolescente decide hablar primero, otra vez:

-No noto nada extraño. Ningún tipo de cambio.

-Tras esa afirmación, vuelve a quedar tan solo una cantidad apabullante, desorbitante, de silencio. Ninguno sabe si es por lo extraño del momento o por que ambos siempre han sido así, muy callados. Esta vez, es el anciano el que da el paso para continuar la conversación:

-¿Qué tienes planeado hacer?

-El joven se sobresalta ligeramente ante la pregunta, observa a su jarra mientras piensa en que es lo que va a decir exactamente y entonces mira al anciano a los ojos y con una sonrisa y una mirada decidida le dice:

-Pienso irme de aquí a buscar el One Piece.

-Senecal suspira, ya sabía esa respuesta de todos modos, pero se siente como si le doliese verlo partir del nido. A pesar de todas las molestias que le ha llegado a causar su presencia, lo echará de menos.

-Oye -Dice el chico mientras mira al anciano de forma dubitativa. -¿Por qué no te vienes conmigo?

-Por primera vez, el barman expresa un ligero asombro ante algo dicho por el joven. Tras unos segundos de sorpresa, el hombre recupera su rostro apático y niega con la cabeza. -Lo siento, chaval, pero no creo que sea útil allá a donde vas, ya tengo mis años y eso tú lo sabes mejor que nadie. Mi lugar está aquí. -Hum... -El chico mira al suelo. -Ya sabía que dirías eso. -A pesar de esta afirmación, es imposible no ver la decepción en sus ojos.

-¿Y cuándo piensas partir? -Mañana por la tarde. -Pensé que te estarías ansioso por irte. -Ya ¡Pero tengo una pequeña sorpresa para mis admiradores! -Ten cuidado, quizá esta vez te atrapen.

-En respuesta, el chico salta de su silla y niega con el índice:

-¡Imposible! Después de todo, la marina de Loguetown ya no es lo que era.

-Tienes razón, ahora Loguetown solo es un vertedero ¿Cierto?

-El anciano lo mira fijamente, parece tan inexpresivo como las otras veces, pero el chico logra ver unas intenciones acusadoras a través de sus ojos, llenándolo de culpa.

-¿En serio todavía te acuerdas de eso? ¡Lo siento si usé mal las palabras, buen señor! ¡Era solo un crío! -El joven levantó los brazos, exagerando su tono y sus gestos. -Y lo sigues siendo. -Dice el camarero. -¡Mira, no quiero que nuestra última conversación sea esta! -Hubo un silencio momentáneo, entonces, el anciano volvió a hablar:

-Buena suerte. Esperaré a tu regreso.

-Son palabras simples, pero al chico le bastan y le sobran. Sonríe y le responde:

-¡Espera sentado!

-Antes de que el barman puede hacer un solo gesto, él ya ha hecho sonar la campana del local, marchándose definitivamente. Una suave sonrisa se dibuja en el rostro del hombre.


Durante las siguientes horas, el chico va de tienda en tienda, preparando su pequeña sorpresa. Esquivando a los marines, logra llegar a su "armería de confianza".

-¡Armin, contigo quería yo hablar! -Dice el joven nada más entrar. -¡Chaval! Ya sabes como se pondrán los soldadetes si te dejo comprar algo más. -El chico infla los mofletes y lo mira acusadoramente. -De verdad que lo siento, pero ¡No quiero tener a esa mujer gritándome "irresponsable" otra tarde más! -¡Vamos, solo quiero cápsulas de explosivos vacías! Será lo último que te pida, mañana me voy y creo que las necesitaré ¡Por favor! -El dependiente abre los ojos como platos. -¿¿Qué mañana te vas?? ¿En serio? -El chico asiente. Armin mira a un lado y luego a otro para seguidamente inclinarse con el objetivo de estar más cerca del joven: -Mira, te haré este favor ¿Vale? Pero ten cuidado con qué usas esas cápsulas. -¡Lo tendré! -Dice el chico con una sonrisa que tan solo podría ser catalogada en el grupo de "niños buenos".

Tras comprar unas siete cápsulas, sale de la tienda, silbando desafinadamente una tonada portuaria. Armin lo mira irse y suelta:

-La que me va a caer por esto.

-Se ríe de su propia broma y empieza a hablar con uno de sus clientes.


Al día siguiente, en la base Marine de Loguetown, la mujer de pelo negro todavía refunfuñaba por la fallida persecución acontecida 24 horas atrás. Su compañero de oficina le mira, algo preocupado.

-Lynnete, no es para tanto. Lo pillaremos en cualquier otro momento.

-¡Te he dicho mil veces que si vas a usar mi nombre completo pongas un "señorita" delante!

-Y yo te he dicho otras mil veces que eso es una tontería.

-Si no lo vas a hacer, llámame tan solo Lynn, por dios. No es tan difícil.

-Mientras la mujer mira un lado de manera prepotente, el recluta tan solo suspira mientras mira por la ventana. Otro recluta aparece por la puerta:

-¡Paquete para la señorita Lynnete!

-¡¿Ves?! ¿Tan difícil es? -Dice mientras se levanta a recoger la entrega. Su compañero tan solo la mira, algo exasperado, y suspira de nuevo. -¿Sabe de que se trata, recluta? -Ni la más mínima idea, señorita. -Muchas gracias, puede retirarse.

-Aunque el hombre está algo extrañado de que otra recluta de su mismo rango le "de permiso para retirarse", le hace caso y se marcha mientras susurra para sí mismo lo raro que es que hayan llegado tantos paquetes de urgencia tan de pronto.

-Hmm, hay una nota adjunta. Ejem: "Para abrir, tira de la cuerda" ¿Qué se cree el que me lo ha enviado, que soy estúpida? ¡Pff! [...] ¡No finjas, te he oído susurrar algo, habla capullo! -Mientras ella abre la bolsa, su compañero se tapa la boca, tratando de aguantar la risa. Pero entonces sus amagos de carcajada acaban en una mirada de puro terror:

-U... Una...

-¡¡Una bomba!!

-Antes de que la mujer pueda deshacerse de ella, la bomba explota...

Pero en vez de llamaradas y olor a pólvora, lo que sale de la misma es una cantidad irracional de pintura de gran variedad de colores.

-¡AAAAAAAAAAAH, JODER, MIS OJOS!

-Mientras su compañero se sulfura por el ardor ocular debido a no cerrar los párpados a tiempo, la pelinegra se levanta como una bala, toma su pistola y un par de cuchillos y sale disparada por la puerta. Puede escuchar como otros de su rango se quejan por los mismos dolores que su camarada, otros solo lanzan improperios al ver sus impecables uniformes manchados de pintura y la gran mayoría se pregunta quién ha podido hacer tal cosa.

-¡Solo puede haber sido... ÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEL!

-Nada más salir de la base, la mujer va corriendo a la armería. Allí Armin le saluda como cualquier otro día: -Señorita recluta ¿Qué se le ofr...? -Antes de que pueda terminar, Lynn le está apuntando con el arma: -¿Dónde está ese crío, estúpido? -¿¡Qu-qué crío!? ¡Yo no...! -¡Ha tenido que comprarte las bombas a ti! ¿¿DÓNDE COÑO ESTÁ?? -¿¿H-hablas de...?? -¡QUE ME DIGAS DÓNDE ESTÁ! -¡¡N-no lo sé, lo juro, ve a preguntarle al anciano del bar Silver!! ¡¡Él sabrá!!

-La chica lo deja al instante y sale disparada a dicho bar. Antes de que el anciano logre ver quién es "su nuevo cliente", la mujer ya lo tiene a tiro. -¡Eh, viejo! -... -¡¡Te hablo a ti, senil!! ¿No me oyes? -No se le habla así a tus mayores, señorita. -Lynn se muerde el labio y mira a su izquierda, aguantando las ganas de disparar.

Tras lo que podría considerarse un minuto largo, vuelve a mirar al barman, a pesar de su rostro algo más calmado, no baja el arma. -Necesito saber dónde se encuentra el ladrón, el crío de pelo azul. -A pesar de que ya no grita, su tono es severo y denota autoridad. El anciano, que se había dedicado a limpiar la cubertería y los vasos, la mira con falta de ganas. Hay un silencio entre ambos y, aunque la chica comienza a desesperarse y está a punto de usar la violencia para hacerle hablar, el hombre finalmente le responde:

-Ya debe haberse ido de esta isla.

-Ante tal respuesta, Lynn sale del bar, aún más veloz que cuando salió de la central. Se dirige a toda la velocidad que sus piernas pueden darle hacia el puerto. Finalmente llega y se dedica a buscar al chico, con llamas de puro odio y rabia ardiéndoles en las pupilas.

-¡AHÍ ESTÁS!

-Grita al ver al chico en la lejanía, subido en un bote con todas sus pertenencias. Su voz alerta al joven, que empieza a desatar el nudo del bolardo a toda la velocidad que sus manos pueden permitirse. La chica empieza a disparar, fallando debido a la distancia.

Cuando llega al borde del muelle, el pequeño bote ya está a unos cuantos metros de distancia.

-No pienso fallar.

-Dice, apuntando con precisión a la cabeza del chico. Antes de que apriete el gatillo, él se levanta y la mira con la misma sonrisa retadora de hace un día. Por un segundo, la mujer vacila, temiendo del posible truco que tiene él entre manos... Pero la duda la recubre la determinación, que la hacen creer que ese joven tan solo desea morir. Apreta con fuerza el detonador justo cuando él alza la mano.

En ese momento, ocurre.

Una fuerte corriente salida de ninguna parte hacen que ella suelte su pistola, que sale volando hasta estallar contra el suelo. Ella, qué prácticamente hace lo mismo que su arma, logra ver como la pequeña barca sale disparada del muelle, dejándola a tanta distancia que apenas logra ver el rostro del chico. Asustada y asombrada a partes iguales, Lynn se recupera de la corriente mientras se pregunta que demonios acaba de pasar...

...

Y entonces, por su mente pasa la imagen de una fruta celeste con forma de pera.

Todo el miedo por el susto es sustituido por pura cólera, dejándole un rostro deformado por el odio que ahora está experimentando. Logra ver como, en la lejanía, el joven se despide de ella con una sonrisa en el rostro.

Pega fuertes patadas al suelo mientras lo único que puede hacer es gritar, gritar de desesperación e impotencia. Se deja caer de rodillas al suelo, alza su rostro al cielo y brama, con toda la fuerza que sus pulmones le pueden dar:

-¡SAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAALEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEM!

Segundo capítulo: Alegría

Océano y cielo. Eso es lo único que se puede ver desde esa barca.

Salem, nuestro joven aventurero, se encuentra en estos momentos a la deriva de un mar tranquilo y piadoso. Piensa en impulsar la barca con el uso de su recién adquirido poder, pero no serviría, pues no tiene ni la más mínima idea de a dónde ir. Tan solo suspira mientras mira al horizonte que no parece tener tierra contra la que chocar. Quizá debería haberlo planeado mejor, una brújula y un mapa no hubiesen estado nada mal.

Mientras no tiene otra cosa que hacer que mirar a la nada, piensa en que es lo que se supone que tiene que hacer a continuación. Buscar un nuevo miembro de su banda sería un buen primer paso... ¿Pero no sería mejor ponerle un nombre a dicha banda? Aburrido por estos detalles técnicos, se dedica a fantasear con quién podría ser su futuro compañero ¿Quizá un espadachín terriblemente peligroso y genial? ¿Tal vez un tritón gigantesco y con enorme fuerza? ¿Una hermosa, curvílinea y destructiva mujer? Había muchas posibilidades, y cualquiera de las ideas mencionadas serían bien aceptadas a bordo de su navío.

Hablando de lo cual, también tenía que obtener un barco de verdad.


-¡Jefe, me da igual que sea un crío, ese chaval necesita que alguien lo detenga!

-Una recién aseada Lynn estaba hablando frente a frente con el nuevo capitán de Loguetown; un anciano de aspecto enclenque, portador de un gran bigote que compensaba los cuatro pelos que trataban de ocultar penosamente su calva. El susodicho capitán, de nombre Monogawa, no parecía muy de acuerdo con ella.

-Pero, querida, me es imposible encomendar una misión de búsqueda a una sola recluta y...

-No es como si los demás no pudiesen acompañarme ¡Soy la marine que mejor conoce a ese criajo, y sé de lo que es capaz! ¡Tiene bajo su poder una fruta del diablo, es imposible que eso...!

-Nunca entendí porque no eras capaz de tranquilizarte y bajar la voz.

-Bajo sus palabras suaves y de tono anecdótico, se puede percibir un deje algo violento e intimidante. Lynn nota esto y al instante se endereza y se muerde el labio, con la intención de hacerse callar a sí misma. Tras unos instantes de silencio, la mujer vuelve a hablar, esta vez con un tono de voz más bajo: -Lo que quiero decir, Capitán, es que deberíamos acabar con el problema antes de que sea demasiado grave. Si tan poco importante es él ahora, tampoco es... Eh... Ilógico pensar que un recluta como yo no puede encargarse de ello... ¿No lo cree... Señor? -El hombre la mira con seriedad unos segundos y tras estos le responde: -Supongo que tienes razón, Lynnete, aunque sabes tan bien como yo que no debería dejarte tanta libertad debido a tu condición... -La chica traga saliva y se mantiene en silencio. -Pero bueno, de eso hace ya mucho ¿No? Lidiar con los fantasmas del pasado no es... Algo que me agrade. Tienes mi voto positivo, tampoco es que seas indispensable por aquí. Jaja. -Aunque su risa fue más bien plácida e inocente, la crudeza de sus palabras hicieron que la mujer casi estallase, aguantándose las ganas de gritar mordiéndose el labio de nuevo.

El compañero de Lynn la ve salir del despacho del capitán. Todavía tiene los ojos enrojecidos debido a la pintura, pero la misma ha desaparecido de su ropa y de su piel, al igual que pasó con la chica. -¿Y bien? ¿Te deja ir tras él? -La chica asiente. -Voy a hacer las maletas, volveré en cuanto me lo encuentre. -Buena suerte. -De eso nunca tengo.

-Y con esas palabras, desapareció por la salida, dejando a su compañero con la incógnita de si la volvería a ver otra vez.


Tras unas horas viendo como las gaviotas vuelan a su alrededor y tratando de ver formas en las nubes, Salem finalmente ve tierra. Pasa de estar tumbado a estar completamente de pie en medio segundo, causando que la barca se tambalease ligeramente, haciendo peligrar al chico y a sus pertenencias. Pero bueno, daba igual, él sabía nad... Ups, espera, que ya no. Abrumado por recordar su recién adquirida debilidad, el chico se asusta de lo que su propia inconsciencia habría causado si llega a caerse... ¡Pero espera ¿Qué importa? Finalmente ha llegado a una isla!

Se pone de espaldas y, sin pensar demasiado en la posibilidad de caerse -a pesar de que es lo que acaba de hacer hace un par de segundos- activa su habilidad, creando una corriente que lo impulsan a él y su barca contra uno de los muelles. A punto estuvo de estrellarse en el mismo, pero por suerte no ocurrió. Algunos pescadores se quedan asombrados, pero muchos lo atribuyen a las fuertes corrientes de la zona mientras que otros piensan que ha sido una alucinación debido al calor. Salem ata una cuerda en su barco, poniendo el otro extremo en uno de los bolardos de aspecto oxidado y seguidamente se sube a tierra de un salto. Finalmente, frente a él está su primer destino.

Hora de empezar.

Tras preguntar a uno de los pescadores sobre su paradero, descubre que en esos instantes se encuentra en Perodaya, una isla pesquera como cualquier otra en el East Blue. Tras intercambiar un par de palabras con el pescadero anteriormente mencionado, descubre que, aparte de él, nadie ha llegado a la isla en meses. Un poco decepcionante, pero todavía no hay que perder la esperanza, quizá algún nativo tenga algo interesante que mostrar. Se despide del hombre y empieza a avanzar por las calles de la pequeña ciudad allí presente. Tras comprobar que el aspecto de los ciudadanos no eran lo suficientemente característicos como para juzgar a primera vista, decide ser mucho más directo:

-¡Busco gente para una misión que...! [...] ¿...No? ¡Bueno, no importa, seguiré buscando!

-¡Oiga! me gustaría que me acompañase en... [...] ... ¿Ocupado? ¡No hay problema, lo entiendo!

-¡Sí, y me encantaría que...! [...] Ya, la familia... Lo entiendo ¡Sí, sí...!

-¡Y a lo que quería llegar es precisamente que...! [...] ¡¡Oye, no hace falta insultar!! [...] ¿Perdona? ¡Mira quien fue hablar! ¡Pfft, maldito viejo senil...! [...] ¡¡Yo también le deseo lo mismo a su madre!!

-Tras un buen par de horas preguntando por todos lados, se encuentra superado por el viaje y la caminata y su estómago está empezando a pedir alimentos. Es entonces cuando se da cuenta de que no tiene dinero. Sí que debería haberse organizado mejor.

Se apoya en una pared a la entrada de un pequeño callejón, desde dónde ve a toda la gente pasar. Algunos van con prisa, otros hablan con algún amigo o familiar y unos cuantos simplemente llevan su compra del día... Salem empieza a pensar que quizá él debería haberse quedado como ellos, como alguien normal, ajeno a los peligros y desventuras del Grand Line...

Solo con pensar en no haber dado el paso le entran escalofríos.

Tras borrar esa "estúpida idea" de su mente se dedica a analizar a aquellas personas que le parezcan más interesantes. No es algo que se le de especialmente bien, pero tiene suficiente experiencia para saber que ninguno de ellos le sería especialmente útil. Suspira y apoya su barbilla en sus rodillas. Quizá debería desistir en encontrar a un camarada y empezar a hacerse con unos cuantos belis para, bueno, poder sobrevivir. Justo cuando decide optar por esta última idea -levantándose en el proceso- una chica de más o menos su edad se aparece frente a él, como salida de ninguna parte. Dicha aparición causa que Salem se sobresalte: -¿¡Qu-qué!?

La joven no contesta, permitiendo al chico analizarla un poco por encima: Es de su altura, lleva un vestido de color rosa, celeste y amarillo, todos en tonos pastel. Sus anchas botas hacen que ella parezca incluso más pequeña de lo que es, y sus enormes guantes ayudan con ello. Su pelo es rubio platino y lo lleva peinado en dos trenzas bien hechas y cuidadas -No como la única y pequeña trenza de Salem, que se hace él mismo cada mañana-, decoradas con coleteros con un pequeño detalle similar a una joya rosada, quizá algún tipo de cuarzo. Pero lo que más destaca es su rostro, totalmente apático e inexpresivo; Su mirada color turquesa está completamente vacía mientras mira a los ojos oscuros de Salem. Tras un rato de estar mirándose mutuamente, el ladrón decide hablar:

-¿Quién e...? -Gato azul. -Justo cuando el chico había empezado a hablar, ella lo había interrumpido con unas palabras un tanto confusas. -¿Perdo...? -Gato azul, sí. -Esta manía de hablar justo cuando él trataba de hacer lo mismo lo estaba exasperando, decidió intentarlo una última vez: -Ya, ya ¿Pero qué sign...? -Definitivamente, gato az... -¡QUE ME DEJES HABLAAAAAR! -Tras lanzar aquel grito, se dio cuenta de que la gente que pasaba por ahí se le había quedado mirando. Algo avergonzado, los mira y mueve ligeramente la mano, tratando de expresar que no había pasado nada. Cuando la multitud vuelve a avanzar, él retoma su concurso de miradas con la chia, acompañando el momento con un rostro de enfado y logrando percibir que la expresión sin sentimiento de la muchacha no había cambiado. Antes de que a él le de tiempo de decir nada, ella saca un cartel enrollado. Deja de sujetar uno de los extremos de dicho papel, dejando ver lo que había en él impreso. Salem abre la boca de puro asombro: En el cartel hay una foto de él mismo y justo debajo...

"Dead or Alive Berrysymbol10.000"

-Oh, dios... -El chico parece aterrado... Pero entonces, su expresión cambia drásticamente a una mucho más enfadada. -¡MENUDA MIERDA DE RECOMPENSA! -Y, como antes, todos se le quedan mirando mientras que la chica no hace más que observar al joven.


Ahora ambos se encuentran en una especie de bar. Salem está disfrutando de un buen plato de carne, acompañado de arroz, ambos bañados en una salsa con especias. Mientras, la chica tan solo se dedica a sorber de un zumo de piña.

-¡Graci*ñam*as de nuevo por *ñam* invitarme a comer *ñam*! -No hay de qué, Gato Azul. -El chico la mira extrañado, desde que la vio en la entrada no ha podido percibir ningún cambio en su expresión, lo cual es un poco preocupante. Antes de llegar a esa situación, había logrado averiguar su nombre, "Danahí”. Además, al preguntarle por el cartel ella había dicho que ese era el único que había, en ese momento, en la isla. Y aunque ella se había callado cuando le pidió que le dijese por qué estaba ese único papel en su poder, Salem se sentía más seguro sabiendo esa información. Tras acabar su plato, su curiosidad volvió.

-¿De verdad que no me vas a decir por qué tienes esa recompensa? -… … … … -Supongo que no.

El chico se levanta de su asiento y mueve la mano ligeramente, como para despedirse. Danahí alza la voz antes de que él pueda dar un solo paso: -No has colocado tu silla. -Salem mira y, efectivamente, se percata de que dicho mueble no está en su posición correcta. Aunque mira raro a la joven debido a esa extraña frase, no se resiste y coloca el asiento. -No he terminado mi zumo y quiero seguir hablando contigo. Siéntate, Gato azul. -¡Pero si me acabas de obligar a poner la silla correctamente! -No, solo te he informado que no lo habías hecho al levantarte. -Grrrr… -A pesar de lo exasperado que se siente ante el comportamiento de la chica, el peliazul le hace caso y se sienta de nuevo frente a ella. Danahí no dice absolutamente nada y, aunque el chico está a punto de levantarse e irse de una vez por todas, decide dar un primer paso:

-¿Por qué me llamas Gato Azul? -La chica, que en ese momento estaba mirando a sus manos, mira a Salem a los ojos. -Pensé que te quedaría bien. Me gusta poner motes. -… ¿Solo eso? -Sí, me gustaría que te llamasen así a partir de ahora. Salem, el Gato Azul ¿No crees que queda bien? -La chica ni siquiera sonríe al decir estas palabras, no hay emoción ni orgullo, nada. Esta falta de sentimiento estremece al chico, que tan solo fija su mirada en los iris turquesa de su compañera de mesa. Hay otro silencio. Salem decide esta vez ser mucho más directo:

-¿Por qué quieres hablar conmigo?

-La chica, que volvió a la actividad de admirar sus propias manos, alza la mirada. Y con un tono serio dice:

-Quiero ir contigo al Grand Line

-Salem en un principio suelta un sencillo "Oh" antes de darse cuenta de lo que la chica realmente estaba diciendo. Es entonces cuando abre los ojos como platos y pega un salto en el sitio: -¿¡Qu-qué tú qué!? -Quiero salir de aquí a ver mundo, solo eso. -¡P-pero no es tan fácil...! -Claro que lo es, robamos un barco a algún pescador y nos vamos. -¿Qué? ¡Eso es una locura! Además, ya tengo un bar... -Esa barca es diminuta. -¡Ya, pero...! -El chico se para en seco, algo de lo que acaba de decir Danahí le ha extrañado... Antes de darse cuenta de lo que es, ella ya ha retomado la conversación: -Tú ya le has robado a la marine varias veces ¿Qué te importa robarle un pequeño barco a uno de esos pescadores? -Al oír eso, Salem se da cuenta: ¿Cómo sabe esas cosas? ¿Cuándo vió ella su barco, cuándo supo que le había robado a la marine? Esa chica empezaba a ser demasiado... Sospechosa.

-Lo siento, pero creo que me piro de esta isla. -Se levanta por segunda vez y coloca la silla para marcharse sin más preámbulos. Antes de llegar a la puerta, ya la tiene delante. -Gato azul, no permitiré que te vayas sin mí. -Ya, eso te crees tú.

-Ambos se quedan quietos, uno frente al otro. En apenas un segundo, Salem ya se ha impulsado hacia una de las ventanas abiertas, dejando a Danahí un tanto atrás. Esta se recupera con facilidad al salir por la puerta y lo persigue por las calles. Es un tanto más lenta que él, pero incluso así es increíblemente rápida y tiene una gran agilidad a la hora de esquivar a las multitudes. El chico da varios rodeos, esperando perderla, aunque esta lo sigue como si de un sabueso se tratase. Pasan varios minutos antes de que Salem pueda verse por fin solo. Suelta un bufido de orgullo y sonríe con alegría. Tranquilo el fin, sigue avanzando a paso ligero...

Entonces, aparecida de la nada, Danahí salta sobre él, tumbándolo en medio de una calle altamente transitada. Trata de librarse de su peso, pero es demasiado débil físicamente para lograrlo, lo que causa que se rinda, avergonzado, mientras ella le mira con sus fríos ojos. Varios ciudadanos se detienen a ver lo que está sucediendo mientras que otros se disponen a ayudarlos, por si se han hecho daño. Es entonces cuando uno de ellos, un hombre vestido de recluta de la marine, dice:

-¡¡Es ella, es la hija de Breton Meromy!!

-Inmediatamente, todos los que se habían acercado a ellos retroceden varios pasos, algunos llegan incluso a huir de aquella escena. Tras un silencio sepulcral en el que reina el miedo y la incertidumbre, se empiezan a oír insultos hacia Danahí. "¡Así te pudras en la cárcel!" "¡Bruja, vuelve al infierno!" "¡¡ASESINA!!", tras estas palabras, todo el público empieza a pedir la encarcelación de la chica. El recluta que la reconoció empieza a pedir refuerzos mientras que Salem no hace nada más que estar atrapado debajo de ella, confuso por lo que está sucediendo a su alrededor. Es entonces cuando la mira. La joven tan solo sigue observando al chico con sus ojos vacíos, pero haciendo sentir a Salem que esos mismos ojos están atravesando su corazón. Entre todo ese desorden y caos, ella tan solo dice:

-Llévame contigo, Gato Azul.

-El chico no duda. Quiere respuestas y si la deja ahí nunca las tendrá. Además, ella ha demostrado ser dura de roer. Asiente y Danahí lo libera, dejando que ambos se levanten.

-¡Detente, Danahí Meromy, no te resistas ante el poder de la justicia! -Dice el recluta, ahora rodeado de marines armados. -¡Deja libre a ese rehén y entrégate! -Ella abraza la cintura de Salem, ante la mirada atónita del público, y se sujeta fuertemente a él. El chico en un principio no está muy seguro de cuál es su plan, pero entonces se da cuenta. Pone las palmas de sus manos mirando hacia abajo y entonces...

-¡¡Chiisana Kyoofuu!!

-Ambos salen volando debido a una fuerte corriente, causando en el proceso que varios marines y presentes caigan debido a la fuerza del impulso. Aterrizan en una zona alejada, pero aun así todavía no están lejos del peligro. Danahí se levanta como si nada, quitándose el polvo de la falda; Salem, que había hecho de almohada de la chica, la mira con algo de molestia, pero en seguida lo olvida cuando ve a un marine cercano hablando por un Den Den Mushi de bolsillo.

-¡Vamos! -El chico empieza a correr en una dirección cuando la voz de Danahí lo detiene: -Gato azul, el muelle está por el otro lado. -Salem da un derrape brusco, casi cayéndose, para poder escapar a tiempo y seguirle el ritmo a la chica. Ambos llegan rápidamente al puerto, dónde no hay ni vista de los marines. Seguro, él toma la delantera y está totalmente dispuesto a meterse en su barca cuando ella vuelve a hablar: -Gato azul, detente -Salem no le hace caso, aunque la advertencia hace que su velocidad disminuya considerablemente. Es entonces cuando su pequeña embarcación cae debido a una explosión.

-NO, NO, NO ¡TODAS MIS COSAS ESTABAN AHÍ, CAPULLOS! -Déjalo, he visto un pequeño barco cerca, vamos antes de que nos atrapen. -La chica señala a unos marines cerca de por ahí, parecen muy enclenques. Uno le está echando la bronca al otro, que tiene un mando con un único botón verde. -¡No voy a permitir que se salgan con la suya! -Salem está totalmente dispuesto a pelear contra ellos, pero Danahí le agarra de la muñeca sin mediar más palabra. -¡Eh! ¡Suéltame! -Ella no responde y tan solo lo lleva junto a uno de los pesqueros. El chico, convencido aunque todavía enfadado, se dispone a desatar el nudo que ata la embarcación a tierra mientras que la joven se sube de un salto.

En la lejanía se pueden oír varios "¡Deteneos!" "¡En nombre de la marine!" "¡No escaparéis!" justo cuando Salem se acaba de subir a su nuevo navío. Alza las manos y uno de los reclutas grita "¡Ni se te ocurra!", pero cuando lo hace ya es demasiado tarde.

-¡¡Amari Chiisana Kyoofuu!!

El barco sale disparado por la fuerza del viento, al igual que algunos de los pescadores y sus capturas. Se oyen los disparos de los marines, pero ninguno los alcanza a tiempo. Para cuando los reclutas están en el borde del muelle, ellos ya han prácticamente desaparecido entre el horizonte.


Han pasado unas horas desde la huida de Perodaya y ninguno de los dos ha articulado una sola palabra. Salem debido al cansancio y a la pérdida de varios de sus objetos personales y Danahí debido a... Bueno, debido a que es Danahí. Cuando el chico se encuentra mejor, alza la mirada hacia ella.

-¿Qué pasó? ¿Por qué te llamaban asesina? -La joven hizo como que no le escuchaba y se quedó mirando hacia el infinito mar. -¿Quién era ese tal Bralon? -Una ligera molestia sacudió por medio segundo el rostro impasible de Danahí. -Se llamaba Breton, no Bralon. Ese nombre suena ridículo. -¡Eso no es lo que importa! ¿De verdad no me vas a decir que hiciste? -De nuevo, silencio. Salem esperó un par de minutos, pero no recibió ninguna respuesta, ni tan siquiera un mísero gesto logró percibir. Derrotado, suelta un suspiro cargado de agobio.

-Pff ¿¿Así es como me pagas que te reclute en mi afamada banda?? Eres bastante desagradecida, por lo que v...

-Breton era mi padre.

-La chica interrumpió a su nuevo capitán, como era costumbre, pero esta vez el chico no se enfadó con ella, tan solo la miró con curiosidad.

-Sí, eso mencionó uno de ellos. -Ella tan solo mantuvo su mirada firme en el horizonte, sin cambiar ni un ápice su seca expresión. -¡Oye, si no quieres hablar de ello yo...! -Todos en la isla lo apreciaban, era un gran comodoro. -Salem se estaba empezando a preocupar de a dónde se dirigía esa conversación.

¿De verdad ella...

-Yo...

-...Ella pudo...

-... Yo lo hice...

-... Hacer algo tan cruel?

-... Yo maté a mi padre.

Tercer capítulo: El niño

-Oye, creo que esto no se me da bien.

-¡Tonterías, si es lo más fácil del mundo!

-Tú tienes mucha más experiencia que yo... Seguro que llevas haciendo esto desde hace mucho tiempo.

-¿¿Y qué si es así?? ¡Tan solo tienes que agarrarlo bien, darle con fuerza y esperar!

-¿De verdad todo esto es necesario? Porque yo no lo creo.

-¡Por supuesto que es necesario, cualquier pirata que se precie debería saber pescar! Y, como tu capitán ¡Te ordeno que tú no seas menos!

-Danahí y Salem están sentados en la babor del barco. La chica tiene una caña de pescar que sujeta con pocas ganas mientras que el chico parece bastante excitado por esta clase de captura marítima. No para de explicarle como debe lanzar el sedal, en que momento ha de tirar del mismo y en que posición debe de colocarse para actuar deprisa, aunque Danahí no parece estar muy contenta con todo esto.

Ya hace un par de días que escaparon de Perodaya. Cuando la joven confesó su crimen, ambos estaban lo suficientemente agotados como para no continuar con aquella conversación y tan solo se fueron a tomar su merecido descanso. Desde entonces, ninguno ha vuelto a hablar del tema. Han subsistido mediante las provisiones del barco robado y, aprovechando la existencia de herramientas de pesca, Salem ha querido tener un buen rato con su única compañera de aventuras.

-¿¿Sabes qué?? ¡Al diablo! Anda ¡Déjame a mí! -El peliazul toma la caña de pescar sin permiso y lanza el sedal. -Estaba deseando que hicieras eso. -Dice la chica. -¿Sí? No lo hubiera deducido por tu cara sin alma. -Eso es ofensivo, Gato. -¡No me gusta que me llames Gato! Llámame por mi nombre o por un mote guay, como capi o algo por el estilo. -A mí tampoco me gusta que me empezases a llamar "Daní" y no me he quejado. -¿Y ahora qué se supone que has hecho, eh? ¡Además, es un mote con mucho encanto, cosa que necesitas! -Gato. -¡Ya te he dicho qué...! -No, mira, Gato.

-Danahí está señalando a un punto en el horizonte. El chico sigue la dirección a la que apunta su dedo y se encuentra con una masa de tierra bastante llana de la cual sale un pequeño hilo de humo. Salem se levantá de un salto y se asoma por proa para poder ver mejor cuál será su próximo destino. Tras hacerlo, se pone de espaldas y...

-No, espera. -Justo cuando el chico está levantando sus manos para intentar provocar una fuerte corriente, se detiene y se sienta al lado de la chica, que lo mira extrañada (Lo más extrañada que una persona como ella puede estar, claro). Antes de que pueda decir nada, Salem habla: -¡Tenemos que hacer una bandera y ponerle un nombre a la banda pero ya! Tenemos que causar buena impresión ¿¿Qué se te ocurre?? -¿Qué tal los piratas de Meromy? -Danahí saca un enorme cuaderno de ninguna parte y enseña un Jolly Roger que claramente la

Meromyjollyroger

Jolly Roger de "Los piratas de Meromy"

representa a ella misma. -¡No seas tonta! ¡¡Ni que fueras la capitana o algo!! Pffft. -El chico se cruza de brazos e infla los mofletes en clara señal de rechazo, ella tan solo abre un poco los ojos y pasa de página el cuaderno. Ante la mirada asombrada de Salem, la chica empieza a dibujar con un lápiz a una velocidad apabullante. Cuando termina, gira la libreta para que el peliazul pueda ver el resultado:

Se trata de una alegre calavera cuyos rasgos más característicos son una trenza azulada, similar a la del capitán, y unas orejas de gato del mismo color.

-Oye, pues queda bie... ¡Espera! ¿¿A qué vienen esas orejas??

-No permitiré que uses mi diseño si no se quedan ahí.

¿¿Perdona?? ¡Ni de coña voy a permitir eso! ¡No me seas diva y quitáselas!

-No.

-Lo harás.

-No. -Se mantiene firme y con un rostro neutral.

-¡Sí!

-No.

-¡Sí!

-No.

-¡Sí! -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No. -Sí. -No.


Para cuando han dejado de discutir, la isla está a apenas unos metros y no ha habido tiempo ni de hacer la bandera ni de ponerse un nombre. Habrá que fastidiarse.

Salem hace el habitual ritual de amarrar la barca y salta hacia el muelle mientras que Danahí baja de manera más delicada. El chico se asombra ante el escenario con el que se ha topado: Varios hombres van de un lado a otro, transportando materiales o llevando cuerpos ensangretados. Varias mujeres lloran, intentando consolarse entre ellas, o intentan tranquilizar a varios niños, que parecen incontrolables emocionalmente. Todos los pequeños lloran. -Daní ¿Qué demonios ha pasado aquí? -No tengo ninguna idea acerca de esto, capitán Gato. -Ya te he dicho que no...

-Antes de que Salem logre acabar su represalia contra Danahí, recibe un potente golpe en la espalda. Tras sentir un fuerte dolor recubriendo su columna, se gira, dispuesto a darle un puñetazo a quién sea que haya hecho eso -inclusive si es su compañera- pero cuando su brazo se mueve, tan solo se da contra el aire. -¿Pero qué...? -Mira acusadoramente a Danahí, que está a unos pasos de lejanía, pero esta solo señala a un punto detrás de él. El chico se gira y ve ahí a un pequeño niño portanto una vara.

Tiene el pelo castaño, corto y revuelto. Tiene una venda con una pequeña mancha de sangre en la cabeza. Sus ojos son grandes y de color miel mientras que su tez es ligeramente morena, como tostadito por el sol. Su ropa está harapienta y sucia y su rostro denota determinación...

Pero esto no le importa a Salem, que en ese momento está a punto de darle una lección al niño:

-¿¿Fuiste tú?? -El pequeño asiente con fuerza. -¡Criajo del demonio! ¿¿No te han enseñado tus padres a portarte bien con la gente mayor que tú?? ¡¡Voy a hablar con ellos, lo ju...! -Antes de que termine, recibe otro golpe, esta vez dirigido a la cara. -¡Ey! -¡¡Cállate y sal de esta isla antes de que tengas que a... A... ARREPENTIRTE!! ¡Sucio pirata! -¿¿Perdona?? ¡Un niñato como tú no me va a dar ódenes y...! -Antes de que puedan seguir con su discusión, Danahí se pone al lado de su capitán y se dirige al niño: -No somos piratas. -El pequeño la mira con extrañeza y rápidamente vuelve a su rostro de enfado. -¡Eso es mentira, mentirosa! -Es verdad, fíjate, no tenemos bandera ni cañones, somos tan solo unos pescadores de paso. -Dice mientras señala un cubo, únicamente "llenado" con un par de peces diminutos. El niño empieza a creerla y medita durante unos segundos, cosa que no sirve, ya que continúa con la ofensiva. -¡¡Ya, claro, eso mismo dijeron e...!! -¡Basta!

Un hombre de aspecto joven vestido con un delantal aparece detrás del pequeño y le agarra del hombro. -Tiuko, no son piratas. Déjalos ya. -¿¡Y si lo son!? -Para. -¡¡No me creo que tan solo sean pescaderos, no otra vez!! -Tiuko, por dios, esto es ridículo. -¿¡POR QUÉ CONFÍAS EN ELLOS!? ¡¡Los adultos sois idiotas!! ¡Fue culpa vuestra que... Que... ESTO! -Tiuko, yo... -Antes de que el hombre pueda articular palabra, el niño sale corriendo y se pierde entre las casas destrozadas. El hombre suspira y la pareja de piratas se mira entre ellos, confusa (Más Salem que Danahí, claro).


Ahora, capitán y subordinada se hallan en un bar-restaurante al centro de la isla que posee un enorme agujero en el techo, por el que entra un sol abrasador. El joven que había intervenido con anterioridad se encuentra detrás de una barra destrozada, frente a los dos piratas.

-¡Gracias por invitarnos a un almuerzo, Yasho!

-Da igual chico, tenía que compensar de algún modo el comportamiento de Tiuko...

-... -Danahí tan solo mira a un lado mientras se termina una especie de postre.

-Daní, no me hagas quedar mal ¡Un simple "gracias" estaría genial de tu parte!

-... Gracias, Sho-kun.

-No hay de qué, Daní. -El joven sonríe mientras que la chica suspira, lamentándose por lo mal que le queda ese mote.

-Y bueno, Yasho ¿Qué ha pasado con el pueblo? ¿¿Y qué problema tiene ese criajo?? -Dice Salem mientras le da un sorbo a su bebida. El joven lo mira con un rostro afligido. -No es que sea una historia muy larga... Pero creo que me va a costar cierto tiempo contarla...

Bueno, como os dije, estamos en Erbania. Somos una isla pacífica, todos nos conocemos entre los miembros de nuestra pequeña aldea. Cuidamos del ganado, de las huertas y con el tiempo hemos ido "modernizándonos" a nuestro modo. Mi restaurante mismamente fue un gran añadido al lugar, no se había visto antes algo tan simple como esto.

Se ven varias escenas de gente vendiendo verduras, saludando a los vecinos o cuidando de cabras comunes. Niños jugando entre ellos y madres mirándoles con una sonrisa en el rostro.

Pero somos carne fresca, el terreno bajo de este sitio hace que tenga tendencia a las inundaciones en días de marea alta y siempre hemos tenido problemas con lo mismo. Pero lo peor no es esto. Al tener tan poco... Relieve, la isla está totalmente desprotegida, además de que su pequeño tamaño y su falta de bosques causa que sea imposible huir en caso de... Bueno, en caso de que un ataque pirata sucediese.

Las imágenes muestran personas huyendo de pequeños tsunamis, familias subiéndose a muebles para no mojarse dentro de su casa inundada y trabajadores llorando por sus campos encharcados. Seguidamente, aparecen imágenes de piratas abarcando y preparándose para el ataque

Pasó hace varios años... Y ahora... De nuevo...

-Yasho se detiene un segundo y se tapa la boca con la mano, como si tuviese ganas de vomitar. Los piratas se miran entre ellos y están a punto de decirle que no hace falta que continúe, si no quiere, pero antes de que puedan decir una sola palabra, el joven formula un suave "Lo siento" y recupera la compostura, preparado para seguir explicándoles lo acontecido.

Hace unos catorce días vino a la isla una pareja, un hombre y una mujer, como vosotros. Iban en un pequeño bote y tenían las ropas destrozadas. Dijeron que les había pillado una terrible tormenta a plena mar y que su buque de pesca había caído, junto a todos sus tripulantes. Parecían destrozados, la aldea se compadeció de ellos. La familia del "jefe" los acogió. Todo iba normal, ellos se fueron sanando de sus heridas y las gentes seguían con sus vidas...

Pero hace seis días, ocurrió algo increíble y de lo que creo que ninguno de nosotros nos olvidaremos. Yo mismo pude presenciarlo... De la nada, empezó a aparecer un barco. Era grande, tenía cañones tanto a derecha como a izquierda, pero lo más llamativo era el Jolly Roger que ondeaba en sus velas. El barco empezó a atacar con sus cañones, matando a varias personas, tanto adultos como niños, tanto hombres como mujeres... Destrozó todas las casas y los huertos. Para cuando se fue, tan solo había dejado sangre y fuego...

Los pocos supervivientes que quedamos salimos de nuestros escondites. Éramos 20 de los 140 que fuimos alguna vez. Y aquel bombardeo apenas había durado 30 segundos. Cuando no pusimos a llorar frente a los caídos, nos dimos cuenta de algo: Algunos no tenían marcas de explosiones o de fuego, sino profundos cortes por la espalda. Al principio tan solo lo ignoramos, pero a los minutos nos dimos cuenta de lo extraño que era, ya que ningún pirata había bajado del barco... Entonces, nuestra mente fue a los desconocidos que hacía un par de días habían pedido cobijo.

Algunos, yo entre ellos, fuimos corriendo hacia la casa del jefe. Ahí estaban tres cuerpos: El jefe, sin cabeza; Su mujer, con un enorme corte del hombro derecho a la cadera; y su hijo, desmayado frente a la puerta de la habitación en la que estaban los cadáveres. Tomamos al niño y lo llevamos fuera de ahí. Recobró el conocimiento un día después. No había llegado a ver a sus padres en aquel estado, por suerte, pero parece que si oyó a los asesinos conversar entre ellos... Claramente, esos asesinos fueron aquellos que hacía tan solo una semana antes habíamos creído que eran desválidas víctimas de una tormenta. El chico, tras mucho esfuerzo, nos contó lo que había oído antes de quedarse inconsciente:

Se ven dos sombras, una femenina y otra masculina. En el suelo hay dos cadáveres. La chica decide ser la primera en hablar.

-Y bueno, todo esto no ha valido la pena.

-Pff, ya ves, una isla completamente vacía ¿Cuándo vendrán los refuerzos? Quiero compensar tooodo este aburrimiento con una pequeña masacre.

-En un rato, los llamé hace unos minutos, deberían estar al llegar... Yo personalmente creo que sería más divertido si fuese una ciudad, con este pueblucho es imposible entretenerse. Ni siquiera destruyéndolo. Tan solo apoyo tu idea porque necesito ver estas estúpidas casetas ardiendo. Odio perder el tiempo.

-Ya lo sé, a fin de cuentas ¿Quién no? [...] ¿Te vas a comer eso?

-No, está horrible. Ni lo intentes probar, te hará sentir mal.

-Pff, supongo que me fiaré de tu criterio. [...] Pensé que ibas a decir algo en lo referente a...

-¿Nuestro pequeño amiguito allí oculto? Sí, me he dado cuenta.

El niño nos dijo que entonces escuchó una risa, una risa horrible, y que fue entonces cuando se desmayó.

Han venido varios ciudadanos de islas vecinas, tratando de ayudarnos a reconstruir nuestro pueblo, pero el dolor que sentimos ahora nos hace creer que nunca volveremos a ser los que éramos.

-... En mi caso, llegué hace apenas unos tres o cuatro años, no puedo decir que sufro más o del mismo modo que algunas mujeres que han llegado a perder a sus hijos y maridos. Intento hacer que todos sigan adelante, pero, claro, es imposible. Quizá, si tan solo hubiese hecho algo por ayudar, en vez de quedarme aquí, escondido como un cobarde...

-Salem y Danahí tan solo se mantienen en silencio. El chico muestra una expresión triste, mientras que ella mira a la ventana con cierto aire trágico. El peliazul alza la voz para preguntar una última cosa:

-Ese niño del que hablaste... ¿Es...? -Sí. -Le interrumpe Yasho.

Es Tiuko.


Cuarto capítulo: Desconfianza

Han pasado dos días desde la llegada de Danahí y Salem a la isla. Como no tienen prisas, se han quedado a ayudar a los aldeanos a reconstruir sus casas y demás. El bar-restaurante sin nombre de Yasho ya no tiene el agujero en el techo y solo quedan la mitad de las cabañas por recomponer. Ambos llevan materiales para empezar con una de las reconstrucciones justo cuando el chico recibe un fuerte golpe en la espalda, lo que le hace soltar todo lo que llevaba para dejar escapar un grito de dolor.

-¡NGGGGGGG! ¡¡Maldito Tiuko!! ¡Ya es la undécima vez, por lo menos! ¡LLEVO SOLO DOS DÍAS! ¡¡Encima que estoy ayudándote a ti y a tu pueblo!! -Se gira y logra ver a Tiuko escabullirse entre algunas casas. -¡¡Vuelve, cobarde!! [...] Agh ¡No vale la pena! -Dice mientras se agacha para recoger todo lo que se le había caído. Danahí tan solo se le queda mirando. -Me parece que da igual lo que haga, no le voy a caer bien y punto. Vamos, Daní. -La chica asiente y continúan su camino a la cabaña.


Tiuko mira a la pareja desde la lejanía, asomándose por la ventana de una de las casas. Planea otro ataque, pues cuánto antes los espante, mejor. Que sepan con quién se están metiendo. Es entonces cuando suena una puerta abrirse.

-¿¡Qu-quién es!? -Tiuko ¿Qué haces en mi casa? -Yasho le lanza una mirada confusa. Si bien el joven sabía que el pequeño conocía dónde escondía las llaves de su hogar (Y también sabía que solía aprovechar ese dato para entrar), siempre se asombraba al verlo en su vivienda. El niño tan solo suelta un bufido. -Me has asus... DIGO ¡Es de mala educación no tocar la puerta antes de entrar! -Pero si es mi ca... -¡ME DA IGUAL! -El joven tan solo ignora las extrañas exigencias del niño y se asoma por la ventana, viendo a Salem y a Danahí desde la misma. -¿Sigues molestándolos? -¡Uuuh, si hubieses visto el golpe que le di antes al pirata peliazul! ¡¡Me impresiona que no hayan desistido todavía!! -El camarero suelta un suspiro y se sienta en un sillón cercano.

-Mira, Tiuko... Sé que debemos mantenernos alerta, pero dudo bastante que ellos dos sean piratas.

-¡Tan solo deberíamos echar a todo el que sea raro!

-Necesitamos que nuestro pueblo crezca, y para ello tenemos que tener más habitantes. Si expulsásemos a todo el que viniese, nunca podríamos... ¿Cómo te lo digo...? Ah, ya, evolucionar. Nunca podríamos evolucionar, Tiuko.

-¡Yo soy el jefe, yo pongo las normas!

-No funciona así.

-¡¡Claro que sí, funciona así, desde siempre!!

-Esto escapa de tu contr...

-¡Mamá siempre decía que es mejor prevenar que curar, y creo que sé a lo que se refería! ¡¡Así que no dejaré que nadie raro entre en mi isla!!

-Al nombrar Tiuko a su madre, Yasho no responde y piensa que es exactamente lo que debe decir para no convertir esto en un drama que parece inevitable. ¿Estaría mal aclarar que esa norma no había que tomarla tan al pie de la letra? ¿Se sentiría mal el niño si él corrigiese a su madre, recientemente "perdida"? El joven no era el mejor al tratar con estos temas.

-Piénsalo de otro modo: ¿Y si expulsases, algún día, a una persona maravillosa que podría ayudarte a ti y a la isla? ¡Hay que tener control, claro, pero tampoco hay que ser agresivo! [...] ¿No... Eh... Crees?

-... ¡No!

-A pesar de que el niño duda durante unos segundos, sale corriendo tras negar la teoría del joven. Cruza la calle, dispuesto a darle un buen golpe a Salem, cuando se da cuenta de que ya no está ahí. Mira a todos lados, decidido a encontrarlo. Corre hacia una de las casas aún destrozadas y le pregunta a uno de los albañiles, este le dice que se ha ido a buscar materiales y el niño decide ir a la zona en la que se importan. Allí encuentra lo que busca, pero no es lo único.

Salem está en ese momento tratando de calmar a un niño más pequeño que el propio Tiuko. Se acaba de caer y tiene una herida en la rodilla. El capitán no parece saber muy bien como calmar al pequeño, pero lo intenta acariciándole la cabeza y diciéndole frases motivadoras. -¡Venga, es la herida del guerrero! ¡Sé que puedes soportarlo! Vamoos... Ah... ¡¡Eres un hombre fuerte y valiente!! ¡Bien lo sé yo, jajajaja...! ... jaja... ¡Venga, busco a tu madre si quieres, pero deberías tranquilizarte! ¡Tienes que demostrar tu madurez! Mira ¡Incluso mi hermosa compañera se ofrece a curarte, jojojo! -Las palabras de Salem hacen que se calme, excepto por lo último, pues la imagen de Danahí con una venda y un bisturí no parece de lo más tranquilizante. Aun así, ella le cubre la herida como puede y Salem halaga la paciencia y valentía del niño. Finalmente, parece más tranquilo y la pareja se ofrece a llevarlo con su madre o su padre. -V-v-vale... -Dice el chico mientras toma la mano del peliazul.

Tiuko, que mira la escena desde un pequeño escondite, recuerdas las palabras de Yasho: "¿Y si expulsases, algún día, a una persona maravillosa que podría ayudarte a ti y a la isla?". Lo piensa durante unos segundos y, aunque él cree que sigue sin fiarse, en el fondo sabe que ha dejado de sospechar.


Es ya el día siguiente. Tiuko observa de lejos a Danahí y a Salem, se siente confuso, pero no tiene ni la más mínima intención de volver a hacerles daño. Yasho está detrás de él, asintiendo con la cabeza, pues le ha insistido al niño con que debe disculparse. Tiuko se resiste y finalmente sale corriendo por otro lado. Yasho tan solo suspira y vuelve a su bar.

No pasan unos minutos de eso cuando Tiuko, desde el puerto, ve a unos pelícanos llegar. Llevan con ellos el periódico y otro tipo de cosas extras que la Marine quiere comunicar a los ciudadanos. Se oyen desde la aldea avisos de que ya han llegado las nuevas y la gente deja lo que está haciendo para poder recogerlas.

Aparte de los propios periódicos, los pelícanos dejan caer varios carteles. No es la primera vez que los aldeanos ven a estos carteles típicos de "Se busca" planeando sobre sus cabezas. No se ven alarmados ante ellos. Al contrario que cierta pareja que teme por la imagen que pueda haber en esos trozos de papel amarillentos.

Tiuko recoge un par de los carteles al vuelo. Si quiere que ninguna persona peligrosa entre en su isla, lo primero debería ser informarse acerca de quiénes son los que tienen recompensa.

En ese instante, su cara se deforma en un rostro de puro asombro y en parte miedo. Todos los ciudadanos de Erbania se sienten igual al ver las imágenes y nombres que en esos carteles se representan. Algunos miran a los lados, pero las personas que buscan ya no están. Yasho ve como los pelícanos se van por la ventana, señal de que debe salir de detrás de la barra y abrir la puerta para así ver las nuevas. Hace lo propio y recoge el periódico junto a los carteles, viendo de reojo un rostro que le resulta familiar... Admira mejor lo que tiene en la mano y entonces mira con desconcierto al interior del local. -Vosotros... -Deja caer los anuncios, permitiendo ver lo que en ellos hay plasmado: Un chico de pelo azul y tez morena junto a una chica pálida, con trenzas y un semblante completamente serio.

Salem " El gato azul" Berrysymbol9.000.000

Danahí Meromy Berrysymbol10.000.000


Todos los aldeanos se alarman, gritando cosas como que deben encontrar a los piratas cueste lo que cueste u otras como que nunca deberían haberse fiado de esos desconocidos. Algunos incluso se jactan afirmando que "ya lo sabían". Unos metros más allá del caos que están formando, en el puerto, se haya un niño que acaba de sentir como la poca confianza que le quedaba ha sido completa y totalmente destrozada. Apreta los carteles en su puño y tiembla debido a la rabia. Los deja caer y, vara en mano, sala corriendo en busca de los traidores.

Yasho ve estupefacto su bar. Hace unos segundos en el habían los dos piratas que ahora salen en las noticias, pero en cuanto se ha girado han desaparecido. Mira de un lado a otro, temeroso de un ataque sorpresa, cuando de repente recuerda la escopeta que guarda tras la barra desde el accidente. Da unos pasos hacia el lugar dicho cuando se detiene. "¿Y si están ahí? ¿Y si ya tienen el arma...? Ay dios ¿Y si los tengo detrás?" Yasho sigue paralizado mientras piensa en todas las posibilidades. Tras no pasar nada, da un par de pasos más hacia su puesto... Y, cuando apenas está a un metro de distancia, Danahí sale de detrás de la barra, apuntándole con la escopeta que él había venido a buscar. El joven levanta las manos, atemorizado. Salem sale del mismo lugar que la chica.

-¡No no no no no! ¡¡Daní, por dios!! ¡Esta no era la idea! -Dice el capitán mientras mueve las manos de un lado a otro.

-¿Ah, no? ¿No teníamos que convencerle de nuestra inocencia?

-¡¿Y crees que este es el modo?!

-Pensé que sería convincente...

-¡¡Baja el arma!!

-... Vale.

-La chica baja la escopeta un poco a desgana, casi parece decepcionada y todo. Yasho está a punto de salir corriendo cuando Salem cierra la puerta con su poder. El camarero se cae hacia atrás del asombro y se queda en esa posición.

-¡Yasho, no queremos hacerte nada!

-¡¡YA CLARO!! ¡¡E-e-ellos tampoco pa-parecían agresivos!!

-¡No hemos hecho daño a nadie!

-En realidad... -Interrumpe Danahí.

-¡¡En realidad nada!! ¡Mira, Yasho, si quieres nos marchamos y ya, no queremos hacer daño a nadie de la isla y tampoco queremos que nos hagan daño, por favor, ayúdanos a llegar a nuestro barco!

-¿¿C-cómo se-sé que no me ma-mataréis en cuanto os a-a-ayude??

-¿¡De verdad no eres capaz de confiar con nosotros por culpa de un estúpido trozo de papel!? ¡¡Esos imbéciles de la marine nos conocen mucho peor que tú o el resto de la isla, no saben nada!! ¡¡Yasho, llevamos aquí cuatro días, ayudando!! ¿De verdad crees que un par de piratas con 10.000 de recompensa estarían aquí haciendo el tonto? ¡¡Es ridículo!!

-Un silencio llena la sala. Yasho continúa atemorizado, pero ya no lloriquea como hace unos segundos. Salem lo mira fijamente, esperando una respuesta, mientras que Danahí tan solo clava su mirada en su capitán.

-... No son solo 10.000 belis

-¿Qué?


Mientras, a apenas un par de kilómetros de la isla, un bastante modesto barco de la marine surca las olas en dirección a Erbania. Al timón se encuentra una chica de pelo largo y negro cuyo rostro es, sin dudas, familiar. Lleva desde hace cinco días buscando a los culpables de los problemas de Perodaya y, hace apenas unos minutos, unos asustados ciudadanos le han dado la pista que necesitaba para alcanzarlos. Su expresión denota furia y determinación mientras gruñe un nombre....


-¿¿¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE???

-¡Ah-ah, no me hagas daño!

-¿¿Cómo voy a hacer eso?? De todos modos ¿¿9.000.000 belis?? ¡¡Hace un par de días tenía como un montón menos!!

-8.990.000 belis menos, exactamente.

-¡¡Ya me entiendes Daní!! ¿A qué ha venido este aumento?

-Gato, quizá sea por qué...

-...Shhh, mejor no digas nada.

-¿Pero entonces por qué pregun...?

-¡¡POR QUE SOY UN IMBÉCIL!! ¡Al tema, a estas alturas ya deben de haber avisado a la marine! -El peliazul se gira hacia Yasho, que ya se ha levantado pero que tiene una pose algo encorvada. -¡Por favor, ayúdanos! -¿Me prometéis que no volveréis por aquí? -¡¡Lo prometemos!! -Pues... De-de acuerdo, vamos.

-Los tres salen del bar. Danahí está a punto de tomar la escopeta antes, pero Salem la detiene con un brusco movimiento de mano y la chica se resigna a ir desarmada. Yasho les dice que conoce un camino alternativo por el que deberían pasar medianamente desapercibidos.


El mismo barco de la marine que antes ondeaba el mar llega, finalmente, a puerto. Su único tripulante baja del mismo y observa un pequeño pesquero amarrado junto al muelle, se acerca al mismo y le propina un fuerte puñetazo de parte de su mano enguantada, causándole un agujero en la popa. Seguidamente, entra al pueblo, haciendo que todos suspiren de alivio ante la llegada de las fuerzas del orden. Uno de los aldeanos llega hasta la mujer marine y le pide gracias mientras ella camina, ignorándolo completamente, pues está imbuida en su propia determinación y orgullo.

Desde lejos, Tiuko admira la llegada de la chica. Aunque el niño estaba dispuesto a ir al bar de Yasho a por sus enemigos, cambia su ruta para dirigirse a la marine con la sonrisa característica de un pequeño soñador. Se acerca corriendo hacia ella mientras da golpes al aire con la vara. Cuando ya está lo suficientemente cerca, empieza con su monólogo.

-¡¿Eres una marine, de verdad?! ¡¡WOOOOOW!! ¿¿Sabes?? ¡¡Yo siempre he querido ser marine!! ¡Surcar los mares capturando malvados piratas! ¡Enfrentándome a mares enfadados! FIUUU FIIUUU -Dice mientras gira en círculos, simulando un torbellino. -¡¡Estoy tan contento de que vengas a ayudarnos!! ¡Será genial, seguro que puedes con ellos! ¡¡Qué ganas!! -Oye, niño, estoy ocupada. -¡¡Seguro que les pegas una paliza, jaja!! -No lo voy a negar, pero prefiero que me dejes, tengo que buscar a ciertas personitas. -¡¡Yo sé dónde están!! -Ante esta afirmación, la marine se detiene y se agacha frente al niño. -¿Ah sí? ¿Dónde?


Yasho y los dos piratas están cerca de la aldea y logran ver a la mujer. Salem le pide al joven que la distraiga y el acepta, algo temeroso. Ambos le dan las gracias y se escabullen por el camino que él les ha señalado previamente.

El camarero aparece por la calle principal y ve a la marine arrodillarse frente a Tiuko, preguntándole algo con una media sonrisa bastante falsa.

-¡Pues están en el bar de...! -El niño sigue su propio dedo y su mirada se encuentra con Yasho. -¡¡En su bar, sí!! -¿Ah sí? ¡Oiga, caballero! -Dice la marine bruscamente mientras el joven se acerca. -¿S-sí? -¿Ha visto a los piratas que han salido en las nuevas recompensas? -S-sí, deben haber hecho cosas terribles para tener tanta... -No hablo de si ha visto los carteles. -Se hace el silencio. -En ese caso, n-no los he visto. Si fuese así lo comunicaría en s-seguida, se lo aseguro, capitana. -Hm, ya veo. -Todos a su alrededor empiezan a cuchichear, seguros de que Yasho está mintiendo. La marine mete la mano en su bolsillo y saca un objeto metálico del mismo. Entonces, Tiuko alza la voz y la vara: -¡¡NO MIENTAS!! ¡¡Estoy seguro de que fueron contigo!! ¡Trai...! -Antes de que el niño pueda terminar, una mano le agarra la cabeza y una pistola apunta a la sien de la misma.

-¿Dónde está Salem "Gato Azul"?

-La marine, con un dedo en el gatillo, mira fijamente al joven, que parece ciertamente asombrado. Tiuko está completamente aterrado y no se atreve a componer una sola palabra, al igual que el resto de espectadores.

-¡¡Su-suéltalo!! -Grita Yasho.

-Solo si me dices dónde está esa rata escurridiza.

-¡¡Él no ha hecho nada, amenázame a m-mí si quieres, pero suéltalo!!

-¿De verdad vas a valorar más la vida de ese par de ratones a la vida de este niño inocente?

-¡No sé dónde están!

-¡¡MIENTES!!

-La mujer aprieta el cañón contra el cráneo del chico mientras el joven rechina los dientes y el resto del pueblo tan solo es capaz de mantenerse expectante.

-¡O me dices dónde están o...!

-¡Aquí mismo!

-Salem y Danahí aparecen detrás de una de la casas, colocándose ambos entre Yasho y la marine. El camarero, el niño y los aldeanos no caben en sí de su asombro.

-¡¡No pensé que caerías tan bajo, bruja!! -Grita Salem con una pícara sonrisa.

-¡¡Mi nombre no es bruja, rata!! ¡Soy Lynnete O'Hallaran, capitana de la marine!

-¿Capitana...? -El peliazul parece realmente asombrado ante esta información, pero antes de que ella pueda responder, él empieza a reírse a carcajadas, para el disgusto de Lynn. -PFFFF JAJAJAJA ¡¡Hace apenas unos días eras una simple recluta, Lynnete!! PFFF ¿¿Te crees de verdad que... pfff, que alguien te va a creer?? JAJAJAJA. -Salem se agarra del estómago mientras ríe, dando la sensación de que está a punto de echarse a llorar, incluso. Los ciudadanos no saben si hacer lo mismo o si tan solo quedarse como están, completamente anonadados. Es entonces cuando muchos miran la cara de Lynn, optando por la tercera opción de "entrar en casa hasta que todo acabe".

-¡¡Salem gato azul y... Danahí Meromy!! -Grita, logrando silenciar la voz del capitán. Cuando tiene su atención, suelta a Tiuko, haciéndolo caer al suelo. El peliazul frunce el ceño, enfadado. -¡Estáis siendo arrestados, no os resistáis y nadie saldrá herido! -Salem vuelve a su rostro anterior, sonriendo. -Será un placer ver como lo intentas.

-Antes de que ninguno de los espectadores se de cuenta, la batalla ha comenzado.

Salem sale disparado hacia la derecha de la marine, rodeándola junto a Danahí, que va por su izquierda. Lynn logra sacar una segunda pistola a tiempo y dispara tanto a izquierda como a derecha; La chica logra esquivarlo por muy poco mientras que el chico desvía las balas con una fuerte corriente. Tras evadir los disparos, se preparan para contraatacar: Danahí saca de uno de sus guantes cinco cuchillos, que lanza con gran velocidad hacia Lynnete, esta los esquiva y se prepara para volver a disparar justo cuando escucha:

-¡Rootarii Kyoofuu!

-La marine se gira hacia Salem, logrando percibir como los cuchillos que ya le habían lanzado vuelven, incluso a más velocidad. Los evade de nuevo, pero uno de ellos le roza la mejilla, haciéndole sangrar. Aún de cara al chico, se toca suavemente la herida y mira la sangre que hay en su mano, completamente enfadada. Se quita los guantes, dejando ver unos puños americanos con los que dispone a golpear a Salem en cuanto lo alcance. Está a punto de ir a por él cuando oye un paso por detrás de ella: Al girarse ve a Danahí dispuesta a darle una cuchillada por la espalda, la marine suelta un puñetazo que causa que la chica se vea obligada a retirarse. Antes de darse cuenta, Lynn recibe un golpe en el cuello por parte del chico, que retrocede antes de que ella pueda devolvérselo.

Lynn está acorralada, pero gracias a esta estrategia tan simple por parte de sus adversarios, presupone que ahora la chica está a punto de tratar de darle. Se gira justo cuando ella está llegando, dándole tiempo a reaccionar y golpearle en la cara con mucha fuerza. Danahí sangra por la nariz y la boca y retrocede varios pasos mientras se cubre la zona dañada con dolor. La marine se aproxima a ella con velocidad, dispuesta a darle más veces. Cuando la tiene "a tiro", Salem aparece volando por encima de ambas, con las palmas de las manos apuntando hacia Lynn:

-¡Amari Chiisana Kyoofuu!

-La corriente de aire que genera causa que Lynnete se detenga y retroceda un par de centímetros, dándole tiempo a Danahí de escapar de su trayectoria. Cuando la corriente desaparece, Salem ya no está.

La mujer se gira en ese instante, dándole tiempo para ver el puño del chico antes de chocar contra su nariz. Cuando lo hace, la mujer trata de contraatacar lanzando puñetazos al aire, pero fallan debido a una corriente generada por Salem, que causa que salga disparado.

Después de restregarse la mano por la cara, en un extraño intento de eliminar el dolor, alza la mirada para ver como ambos piratas se burlan de ella. Su rostro está totalmente deformado por la ira, y toda aquella profesionalidad y buen estar que habían antes en ella han sido sustituidos por movimientos y pensamientos llevados por las emociones más fuertes, dejando ver a la auténtica Lynnete.

-¿Qué? ¿Quieres más "ca-pi-ta-na"?

-La marine se lanza sobre ellos, bufando y lanzando puñetazos a diestro y siniestro. Ambos la esquivan con facilidad, separándose de nuevo a ambos lados de ella. Danahí empieza a lanzar los cuchillos de uno en uno mientras que Salem los devuelve con su técnica Rootarii Kyofuu. La marine tan solo los evade malamente mientras trata de alcanzar a alguno de los dos, sin ninguna clase de éxito. Finalmente, ignorando cualquier cuchillo volador. Sale corriendo hacia el chico.

-¡¡SAAAAAAAAAAAAAALEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEM!!

Aunque uno de los cuchillos se clava en su hombro izquierdo, logra dar un devastador puñetazo al capitán en la cabeza, puñetazo que logra tumbarlo, haciendo que su cara choque contra el suelo. Se para frente al cuerpo del chico y alza la pierna, dispuesto a aplastarle el cráneo. En ese momento, sufre un terrible dolor en el hombro dañado y empieza a sentir un peso en la espalda.

-No voy a permitir que le hagas daño, bruja.

-Danahí está colgada de los hombros de la mujer, rodeando su cintura con las piernas, como si de un koala y su cría se tratasen. Está clavando el cuchillo de su omoplato más profundamente, causando un terrible dolor en la marine. Finalmente, esta consigue la fuerza para quitarse el parásito de la espalda, que cae dando una pequeña vuelta en el suelo. Aprovechando que la chica está ahí, tirada, le da una patada en el estómago, lo cuál hace que de otra vuelta, en un intento de alejarse de la marine. Esta arrastra su brazo izquierdo, inutilizado, mientras se prepara para darle el golpe de su vida. Es entonces cuando otro dolor distinto le atraviesa la columna, oyendo una pequeña voz a su espalda:

-¡¡No permitiré que los malavados hagan daño a mi isla!!

-Para cuando se gira, Tiuko ya está tratando de hacer que Salem se ponga en pie, ya que se ve un tanto atontado por el golpe. -¡¡NO PERMITIRÉ QUE TE LEVANTES DEL SUELO, SUCIA RATA!! -Dice Lynn mientras corre hacia el chico. Pero no llega a tiempo, ya que el capitán logra alzar la mano antes para gritar:

-¡¡TSUYOI KYOOFUU!!

-La corriente generada logra hacer volar a la marine, dirigiéndose contra el puño de Danahí, que tan solo había levantado el brazo. Un crujido se oye junto con el viento. Para cuando la mujer cae al suelo, no es capaz de levantarse.

Los piratas la miran, echada en el suelo e incapaz de mover las piernas. Una de las pistolas está cerca de ella y Lynn trata de alcanzarla, pero Danahí la toma antes. -Esto queda más... Artístico, unos metros más allá. -La lanza lejos mientras Lynn tan solo se ve capaz de soltar un fuerte gruñido antes de caer rendida del cansancio.

Los ciudadanos no saben exactamente si lo que acaba de pasar es bueno o malo, tan solo se quedan quietos y temblorosos, esperando la respuesta de los, hasta hace unos minutos, malos de la película. Ellos se miran entre ellos y se dirigen al puerto en busca de su pequeño barco. Tiuko los sigue.

Al llegar ven a Yasho, reparando el barco de pesca de los piratas, dañado cuando Lynnete llegó. Él los saluda, aún algo temeroso.

-No sé quiénes sois ni sé por qué tenéis tanta recompensa, solo sé que habéis salvado a Tiuko. -El joven deja el pesquero para acercarse al niño y removerle el pelo. -Y os lo agradezco, pero no soy capaz de dejaros estar mucho tiempo más. La Marine está por llegar y si os ven aquí, nos acusarán de ser cómplices. Lo siento. -No pasa nada, gracias por todo, Yasho. -Tiuko alza la mirada para ver fijamente a Salem, este le devuelve el gesto. -... -... -... Lo siento, pirata tonto -Pfff. -El capitán se ríe ante esa disculpa y, mientras sube al barco, le responde. -¡No pasa nada, niño idiota!

-El barco ya ha sido impulsado por las corrientes cuando Tiuko empieza a dar golpes en el aire, enfadado por el comentario de Salem, mientras Yasho trata de calmarlo. El capitán tan solo continúa riendo mientras el Sol, vigilado por la atenta mirada de Danahí, se esconde en el horizonte.

Adiós, Erbania.


Unos minutos más tarde, los Marines llegan a la isla. Mientras curan las heridas y roturas de Lynnete, los ciudadanos cuentan una pequeña mentira, en un intento de no ser encarcelados por la ley. Afirman que la recluta se enfrentó con valentía a los piratas, echándolos de la isla a costa de su integridad sanitaria. Mencionan, eso sí, que la mujer amenazó a un niño con un arma de fuego, a sabiendas de que Danahí era amante de los niños pequeños. La Marine parece confusa con esta afirmación, pero creen cada palabra que dicen los ciudadanos. Mientras, Yasho y Tiuko toman un poco de zumo en su bar, recién bautizado como "Gato azul".

-Ahora no quiero ser marine... Quiero ser... ¡Quiero ser un gran jefe!

-Estoy seguro de que lo serás, Tiuko.

-Volvemos con la recluta, Lynnete, que se ha negado a ir con sus compañeros, quedándose en el pueblo hasta su futura recuperación. Mientras descansa en la cama de una de las casas, piensa en el futuro negro en el que se está adentrando... Seguidamente, tan solo cierra los ojos.


Loguetown ahora está en paz. Sin las constantes persecuciones causadas por Salem, la Marine está mucho más tranquila. En un pequeño bar de la ciudad, un anciano se dedica a limpiar los vasos de su local, mirando de reojo dos carteles de se busca.

-Siempre supe que acabarías haciendo grandes cosas, chico.


Ha pasado un día desde la despedida de Erbania. Hace un tiempo favorable, como siempre, el viento sopla en las velas y la pequeña embarcación se dirige a su próximo destino. La chica garabatea en su cuaderno mientras el chico se dedica a pescar su siguiente cena.

-Es curioso. -Dice él. -Pero me impresiona que me hayan puesto exactamente el mismo apodo que me has puesto tú. Se ve que si tienes un ojo para ese tipo de cosas. -Danahí no lo mira, pero le responde. -En realidad... -Dice, captando la atención del chico. -... Llamé a la Marine para proponerles el mote. -Esto, perdona ¿Qué? No te he oído bien. -Llamé a la Marine y les dije tu nombre, afirmando que fuiste tú quién me ayudó a escapar y dejando caer sutilmente el mote de "Gato azul". -¿¿QU-QU-QU-QU-QUÉEEEEEEEEEEEEE?? ¡¡YO TE MATO, DANÍ, TE MATO!! -Salem se levanta de un salto. -¿¿CÓMO SE TE OCURRE?? -Claramente, fue una llamada anónima. -¡¡Eso no es lo que me importa!! ¡Me has metido en un problema serio! -En realidad, ellos ya sabían que fuiste tú, lo único que aporté fue el nombre. -¡¡Aaaaaagh!! ¿Qué voy a hacer contigo? -Tras un rato de silencio, Salem se empieza a reír, causando que Danahí se sintiese bastante confusa. El chico se dirige a la proa y apoya una pierna en el mascarón

-¿Sabes qué? Da igual, es bastante gracioso.

-Me alegro de que no estés enfadado.

-Tranquila, no pasa nada... Tan solo una cosa ¿Cómo llamaste?

-Había un Den Den Mushi en el centro de mando.

-Mira, una buena noticia para endulzar el día... Me siento bastante bien hoy.

-... Yo también.

-¿Preparada para la siguiente aventura? -Dice Salem mientras le tiende la mano. Danahí la observa por unos segundos, deja su libreta al lado y la acepta.

-Sí.

~FIN~

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