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El Arco de la Isla Muerta, es el tercer arco de la historia de la tripulación de Mirt Aldin.

Sinopsis

Tras los eventos en isla Wankat, los Piratas Mahón siguen su camino hacia la Grand Line, portando ahora nuevas recompensas sobre sus cabezas que sin dudas despertarán la codicia de muchos otros piratas y cazadores de fortuna. Con el claro objetivo de no dar el brazo a torcer, Mirt afronta un entrenamiento incesante con el objetivo de estar preparado cuando llegue la hora de plantar cara a piratas de gran renombre como Vilsnuit quién les ha declarado la guerra.

Capitulo 11: Siete largos días

Mirko y Oyuky se encontraban en la sala del timón, planteando la nueva ruta que deberían emprender para lograr llegar a una isla de la manera más sencilla. El Loge Pose había localizado una isla con un magnetismo leve, lo que indicaba para Mirko que seria un viaje largo, pese a esto no parecía haber otro destino cercano y los mapas que poseían no mostraban muchas formaciones cercanas a Wankat más que algunos trozos de hielo. —Deberemos afrontar el viaje, después de todo no parece haber una opción más rentable.— declaró el muchacho mientras se dirigía a la cocina, la tiradora observó pensativa el aparato que seguía indicando el camino mientras recordaba la cruenta batalla ante Hanwall. No deseaba involucrarse en una contienda similar, pero según había leído en el periódico, los Blues estaban cada vez más salvajes y por lo general controlados por piratas luego de las conquistas que los Piratas Arcadia habían iniciado hace seis años.

Mirt había dejado su pereza de lado, o al menos eso dejaba ver, pese a molestarle realizar la rutina de pesas que Eylem le había dado no daba signos de querer resignarse más que una expresión de disgusto. La arpía le supervisaba, logrando captar en poco tiempo que aquel peso no le resultaba para nada difícil de manipular. —Como lo esperaba de ti, capitán, eres demasiado despreocupado para exigirte. Deberemos pasar a las pesas más grandes.— declaró la albina trayendo desde atrás de una pared una gigantesca pesa, la cual en sus extremos portaba un peso de sesenta kilos. —¿Acaso quieres matarme? Estoy bastante bien con estas de diez, si intento levantar eso puede que me aplaste.— se quejó el rubio, aunque Eylem se mostraba firme y parecía declarar con su expresión que si eso llegase a pasar ella detendría el peso. Mirt no tuvo más opción que dejar el entrenamiento ligero y pasar a exigirse más, le disgustaba cansarse en lo que él consideraba algo aburrido, pero ambos sabían que era la mejor manera de prepararse.

Los días transcurrieron con la habitual rutina, Mirko en la cocina y a veces en la sala del timón ayudando a Oyuky con la ruta y los obstáculos que podrían presentarse. Eylem y Mirt en la sala de entrenamiento buscando llevar al limite sus cualidades físicas, mientras trataban de desarrollar mejores formas de combatir. Los siete días en el mar se sintieron como largos meses en los cuales la rutina estaba por apoderarse de sus vidas, hasta que al séptimo, finalmente la silueta de la ansiada isla se hizo visible desde la cubierta del barco. Mirt se mostró bastante conforme de finalmente poder hacer algo más que solo entrenar y dormir, Oyuky estaba bastante convencida de que Mirt solo estaba deseando poner en práctica sus habilidades nuevamente y podía ser probable después de conocer que al menos un ochenta por ciento del North Blue era administrado por piratas o bandidos. Eylem y Mirko apenas mostraban alguna reacción más que la satisfacción de poder nuevamente caminar fuera del barco, aunque parecían más interesados en llegar a la Grand Line que en detenerse.

La arpía se acercó a su capitán luego de que Oyuky y Mirko fuesen a comprobar todo para anclar al llegar a las costas, su mirada era fría y esto captó la atención del rubio quien sabia que no era habitual ver a Eylem en ese estado si no era dentro de un combate. —No te excedas, sabes que esa técnica no está desarrollada aún, pase lo que pase, debes mantenerla oculta.— expresó con seriedad, a lo que Mirt se limito a asentir con desinterés. Sin embargo, Eylem solo suspiró, dando media vuelta y volviendo al barco. Aunque Mirt pensaba que era momento de probar aquella nueva habilidad en un combate real, Eylem se mantenía mucho más al margen y había insistido en que aún no estaba pulido como para ser algo a largo plazo eficaz.

Se habia desarrollado como una broma de Mirt al accidentalmente filtrar aire por uno de sus brazos y era culpa de ella que aquello se volviera un arma al convencer al rubio de tratar de controlar la presión de aquel globo de mayonesa que colgaba en su brazo. El resto fue a lo que dedicaron los últimos cuatro días, el poder utilizar la presión y el aire como combustible para aumentar la potencia de cada golpe e incluso para poder desplazarse a grandes distancias en poco tiempo. Pero era algo inestable y la albina lo podía notar apenas al instante, la temperatura, el difícil control de la dirección, el desgaste que el cuerpo de Mirt podía sufrir de no nivelar correctamente la frecuencia en su uso. Una técnica en desarrollo no era buena idea para utilizar en un combate a muerte, aunque esperaba que lo que ocurrió con Hanwall no se volviera a repetir en aquella isla.


Capitulo 12: La isla muerta

Anclaron a pocas horas del mediodía, Mirt se notaba molesto desde el comienzo por el clima de la isla, habían pasado de estar en una isla tropical a un infierno helado donde la nieve cubría todo y los vientos gélidos dejaban al descubierto el aliento de los piratas apenas respirasen. Era conocido por Oyuky que aquel clima era el más odiado por su capitán y este solo deseaba largarse de aquella isla a la mayor velocidad posible, pero el dato que más les llamaba la atención era la tranquilidad que rodeaba el lugar. No había recibimiento, tampoco barcos alrededor, los edificios mostraban signos de no utilizarse en varios años y la nieve se paseaba libremente por los alrededores sin parecer despertar la vida en aquel lugar.

La banda necesitaba provisiones, o al menos un poco de alimento antes de marcharse, aunque tampoco parecía que en aquel lugar creciera algún árbol o fruto, la presencia de animales también escaseaba, siendo que desde que llegaron al puerto no habían visto ningún pez y mucho menos a algún animal terrestre. Toda la isla anunciaba que estaba durmiendo, en un letargo, a Eylem le parecía una isla completamente muerta ya que tampoco podía sentir ninguna presencia y Oyuky tampoco presentía ningún peligro en aquel lugar más allá del hecho de morir congelados si no se abrigaban bien.

A regañadientes el rubio se vio forzado a aceptar explorar el lugar en busca de alguna cosa que pudiesen usar, Oyuky en especial se negaba a pasar más días en una rutina y quizás para redimirse por haberlos llevado hasta aquel lugar deseaba encontrar algo que valiera la pena. Se habían separado cada uno por su cuenta para explorar la ciudad, que en poco tiempo se había convertido en un laberinto de paredes grises, Mirt buscó casa por casa, encontrando solo nieve y madera carcomida en cada interior. El rubio había deducido por una postal fechada, encontrada bajo un montículo de nieve en una de las edificaciones, que el sitio no se utilizaba desde al menos siete años. 

Algún evento había destruido la vida de la isla, aunque Mirt poco sabia sobre el tema, incluso creía que sus compañeros podrían identificar ese evento antes de que él tuviera alguna pista remota. Se dispuso a volver al barco, dando por finalizado su tarea de reconocimiento, aunque en aquel momento al levantar su mirada para ver el cielo pudo descubrir una silueta en una de las ventanas de un edificio cercano. La figura desapareció en un instante, pero fue suficiente para que Mirt entrase en alerta y utilizando su habilidad disparase seis municiones desde sus dedos, las cuales se incrustaron en la pared de la estructura, agitando la nieve que gracias al viento simulaba ser humo en aquellos orificios. 

La silueta pronto salió de su escondite, saltando desde la altura y aterrizando con gracia a pocos metros del rubio. Mirt observó como el hombre de ojos dorados y cabello castaño levantaba la cabeza sin dejar de estar encorvado, antes de asumir una postura más similar a la de un perro que la de un humano. La chaqueta que llevaba le recordaba vagamente a Hanwall, aunque su aspecto demacrado y algo más excéntrico le hacían dudar de su relación. —¿Quién eres?— preguntó el rubio seriamente, con una expresión que delataba su ataque inminente ante cualquier respuesta negativa o perjudicial. —Entras en mi territorio, deseando el conocimiento al que una presa no debe aspirar... Eres divertido, como pensé, la arpía también era interesante pero tú tienes una fruta.... ¿Eso de antes fue mayonesa?— respondió el sujeto entre risas, aunque Mirt al escuchar sobre Eylem ya había decidido el ataque, era evidente que su tripulación estaba en peligro si sus dos mejores reconocedoras no habían podido descubrirlo.

El primer intercambio de golpes fue para probarse mutuamente, el rubio intentó patear al extraño sujeto quien simplemente esquivó las patadas como si fuesen lentas, tiempo después este lanzó un gancho aunque fue repelido al chocar contra la mayonesa de Mirt dejando a la vez la mano atrapada en la sustancia. Mirt entonces lanzó un poderoso golpe en descenso, que para su sorpresa fue evadido gracias a la flexibilidad del hombre quien tras curvar su cuerpo hacia un costado hizo que su arma oculta hasta el momento en su brazo libre sobresaliera. Las dos cuchillas en forma de garra atraparon el brazo de Mirt quien observó como era cortado antes de poder mantener distancias nuevamente.

La sangre goteaba lentamente de la herida mientras la mitad de su brazo yacía en el suelo, aunque aquel intercambio le había mostrado a Mirt que el sujeto no poseía el temido haki de armadura y solo dependía de su agilidad y las premoniciones que le ayudaban a esquivar los golpes. —Oh, esperaba que gritases al perder un brazo, aunque creo que pronto perderás el otro.— declaró el sujeto sonriendo mientras revelaba otra arma similar en su otro brazo, iniciando un nuevo patrón de ataque más errático que el anterior utilizado. 

Con ayuda de las estructuras, comenzó a rebotar de una en otra mientras se lanzaba de forma descendente hacia Mirt, quien poco podía hacer para evitar los cortes que lentamente comenzaron a invadir su cuerpo. Pese a esto, el rubio notaba que aquellos cortes eran solo superficiales, el sujeto solo estaba jugando y aplazaba su muerte en espera de alguna reacción interesante. La mayonesa de Mirt se mostraba lenta en comparación a la gran agilidad y velocidad de su oponente, quien una vez comenzaba a tomar impulso entre los edificios se volvía difícil de seguir. Cuando ya el tiempo había pasado, un grito hizo girar a Mirt, se trataba de su rival quien apuntaba a su pecho con intención de apuñalarlo. La hoja gruesa se hundió en lo que parecía ser la piel de Mirt, aunque unos segundos mas tarde, el excéntrico hombre notó que no podia despegarse. —Si no puedo alcanzarte, debía frenarte y ahora no podrás escapar.— declaró Mirt utilizando su mano izquierda para contener el otro brazo del sujeto. —Muy impresionante, el dejarte herir para confiarme pero un pequeño detalle ¡No tienes brazo!— se burló el sujeto mientras reía pero aquella risa se transformó en sorpresa al ver como Mirt revelaba su brazo intacto, con solo sus nudillos heridos.

Todo había sido un truco, desde el primer momento, aquel brazo era falso y lo que había cortado su oponente era solo un reemplazo de mayonesa que Mirt acostumbraba a utilizar en lugar de su brazo real. —Eres lo que buscaba desde hacia tiempo.— sonrió el hombre mientras el rubio utilizaba su "Maho Drill" directo al pecho del mismo, pese a esto Mirt sintió como su brazo chocaba contra una dureza e incluso luego de estrellarlo contra una de las casas del lugar debido a liberarlo tras la potente técnica. El rubio se mantuvo firme, observando como el sujeto se comenzaba a incorporar tal y como esperaba. —Gratnell...ese es mi nombre chico, me recuerdas bastante a Hanwall, tosco pero inteligente en su medida... debí haberle matado hace unos años, quien diría que a ambos nos pusieran a vigilar unas islas.— se quejó mientras Mirt le observaba limpiarse su labio sangrante y sacudirse la nieve de su ropa, pese al fuerte impacto su torso no mostraba más que algunas magulladuras que no eran nada comparada a las cicatrices que Gratnell mostraba en su pecho. —Bueno, fue una buena sorpresa, pese a poder verlo no me diste chance alguna de evadir eso. Aunque no fue lo suficiente para dejar un estigma, solo él puede dejarlos en mi cuerpo.— declaró nuevamente Gratnell en un tono mucho más sereno, a Mirt se le empezaba a dificultar el seguirle la conversación. —¿Hablas de Hanwall?— preguntó el rubio tratando de hacer tiempo, su pelea había hecho ruido y sin dudas su tripulación estaba en camino, él mismo había malgastado parte de su mayonesa en chocarla contra las edificaciones con tal de que hubiera ruido de sobra.

—¡NO! Ese inútil ni siquiera pudo tocarme una sola vez, pese a intentarlo, solo lograba darle al suelo. Estas marcas sagradas son producto de alguien más, pero tú no mereces saber su nombre.— expresó con furia el sujeto mientras tomaba por sorpresa al rubio utilizando su cola de escorpión hasta aquel punto oculta para realizar un profundo corte que estaba dirigido a su cuello. Mirt solo pudo cubrirse con su brazo izquierdo evitando que aquello fuera fatal, pero cayendo al suelo por el impacto. —Hmmm, lamentablemente ese veneno te matará, haría los honores pero esto se ha extendido demasiado y ya siento que vienen a interrumpirnos. Aunque...si, esa chica de los cables está muy lejos, puede ser algo interesante.— expresó Gratnell dejando el lugar en dirección al este, minutos antes de que Eylem y Mirko arribaran al lugar.

—Otra vez, capitán...— se quejó la albina quien al ver el estado inicial de Mirt presentía lo peor, para sorpresa de ambos, Mirt se sentó, despegando el brazo que goteaba veneno y revelando nuevamente que solo era una copia. —Nunca vi a alguien tan confiado caer dos veces en el mismo truco del brazo falso. Aunque si tardabas un poco más quizás utilizaba esa técnica.— declaró Mirt volviendo a fabricar sus brazos falsos mientras Eylem examinaba los cortes de su cuerpo, para fortuna de ambos eran solo cortes superficiales aunque debían tratarse antes de que iniciaran una hemorragia peor. —Mirko, ese tipo Gratnell, se dirige al este. Ve y ayuda a Oyuky, ella no tiene brazos falsos y no creo que pueda mantener un combate contra alguien que busca el cuerpo a cuerpo. Contra Hanwall era diferente, él era un poco lento y apenas lograba sorprender, pero este sujeto es como una bala y apenas se toma un respiro a la hora de luchar.— ordenó Mirt, aunque su tono de voz revelaba que solo estaba pidiendo un favor, Mirko aceptó y mientras Eylem se encargaba de llevar a Mirt al barco, este se apresuró a llegar al lugar donde las explosiones comenzaban a resonar.


Capitulo 13: Hija de la Nieve

Las explosiones eran lo único que dotaban de color aquel gris paisaje, dos figuras se balanceaban entre edificios y cables, siendo que una utilizaba las explosiones tratando de escapar y la otra figura cual depredador no desistía de la persecución. La tiradora se había visto envuelta en aquella batalla de forma bastante súbita, de un momento a otro aquel sujeto había saltado desde uno de los edificios y sin mediar palabra intentó degollarla en pleno vuelo, aunque gracias a un reflejo momentáneo el corte de aquella cuchilla solo le había rozado la mejilla, de la cual ahora se desprendían pequeños hilos de sangre. No solo lidiaba contra un combatiente que parecía predecir cada explosión con exactitud, si no que era capaz de seguir sus movimientos y adelantarse a sus cambios entre un cable y otro, de cierta manera parecía ser capaz de leerle la mente.

Oyuky comprendió que era otro usuario del haki en el que ella se especializaba, sin embargo su dominio le abrumaba, siendo que una lucha de predicciones se libraba en cada ataque y solo ganaba aquel que tuviera la predicción más acertada. Lo intentó con trampas escondidas en la nieve, pero aquel hombre siempre se las ingeniaba para caer o ser derribado en zonas seguras, también trató con ataques impredecibles de proyectiles azarosos aunque esto solo le daba más facilidad al evadir unos pocos e ignorar lo demás. Lentamente las explosiones comenzaron a disminuir, mientras que en tres ocasiones el abanico de la muchacha había detenido las peligrosas cuchillas a centímetros de su cabeza.

Estaba reservando la munición, tratando de pensar una estratagema que le diera la victoria o al menos una chance de despistarlo. En el cuarto choque, Oyuky cerró sus ojos mientras liberaba una esfera que al estallar cegó momentáneamente a su oponente, haciendo uso de su agilidad saltó sobre este dejando tras de ella una lluvia de explosivos rectangulares que pese a ser evadidos se clavaron alrededor del sujeto. Finalmente, la muchacha los detonó generando una enorme jaula de fuego verdoso a sus espaldas, esperando que aquello pudiera frenar al peligroso hombre. Pese a la gran hazaña, solo consiguió quemar su chaqueta verde, su cuerpo estaba intacto pese a mostrar destellos del fuego que apaciguó con sus manos. Oyuky notó rápidamente que aquello no era haki de armadura, si no una habilidad de fruta, ya que de ser algo como lo que Hanwall usaba su ropa seguiría intacta y aquel sujeto ya mostraba signos de una pelea anterior sumado a las partes quemadas por la explosión. —Eso fue bastante bueno, me has tomado por sorpresa jovencita...— declaró sonriente el sujeto, mientras que Oyuky trataba de averiguar que fruta estaba combatiendo.

El misterio no duró demasiado, cuando una cola de escorpión estuvo a punto de atravesar su traquea, pero fue detenida a unos centímetros gracias a la aparición de otra persona. —No puedo permitir que dañes a una doncella tan sensual como ella.— expresó el joven carmesí que la tiradora reconoció de inmediato —¿Nunca te cansas de coquetear no? Seguro esperas verme desnuda tras salvarme la vida.— expresó con un tono sereno Oyuky, mientras su oponente liberaba la cola de las cuchillas del cocinero. Aquella situación lo tuvo ausente un rato, en el cual solo se sentó en la nieve, observando indiferente como Mirko y Oyuky discutían sobre la coquetería, las relaciones y el agradecimiento por salvarle. —Ya me estoy aburriendo, creo que los mataré a ambos y los utilizaré de trofeos.— expresó sadicamente Gratnell lanzándose hacia ellos, para su sorpresa tanto la tiradora como el cocinero volvieron a ponerse serios al verlo aproximarse y tras un bloqueo eficiente de Mirko, Oyuky disparó una gran cantidad de explosivos a quemarropa.

—El capitán tenia razón de que es bastante imprudente...— expresó el muchacho observando la humareda frente a él, aunque el relajo duró poco tiempo. Con una agilidad inhumana, Gratnell emergió del humo lanzando cortes y patadas hacia Mirko quien abrumado por esto solo podía retroceder e intentar bloquear los ataques. Tres cortes se abrieron en su cuerpo y de una patada fue derribado, los ojos dorados de su oponente parecieron destellar por un instante y en aquel momento en el cual Mirko saltaba hacia atrás el sujeto se alejó nuevamente guardando distancias. El carmesí entendió que lo había visto, de alguna forma había presentido los explosivos enterrados en el suelo y predecido con gran certeza el rango exacto de la explosión, justo cuando había pensado que estaba mas pendiente de cortarlo que de su entorno. Desde el cielo, Oyuky intervino haciendo explotar una hilera de explosivos, causando la suficiente humareda para tomar a Mirko y desplazarse ambos hasta la cima de un edificio, esperando tener el tiempo para idear alguna estrategia.

—Puede adivinar muchas cosas, pero a la vez solo está jugando, me hace pensar que utilizó su cola solo porque sabia de mi presencia y me obligó a aparecer.— expresó Mirko tocando su hombro, de donde la sangre parecía brotar con mas abundancia. Oyuky se mostraba pensativa, hasta que su rostro mostró una sonrisa. —Eso significa que es arriesgado, si dejabas que me mate podrías haberle cortado la cabeza, pero él creyó que jamás dejarías que muera.— susurró Oyuky mientras Mirko la miraba con sorpresa. —Entonces el plan es....— empezó la frase —Que uno de nosotros muera en su visión.— finalizó Oyuky apartándose del lugar mientras que Gratnell volvía a atacar esta vez con su cola desde el aire, este utilizó ahora su veneno para intentar rociarlos aunque por fortuna solo pudo rociar las mangas de ambos.

—Vamos, esto se pone interesante y ¡Mis visiones son cada vez más divertidas!— expresó con su sádica sonrisa el castaño, buscando ahora el alcanzar a Oyuky con sus peligrosas cuchillas, aunque fue el muchacho quien volvió a interponerse chocando sus navajas con estas. —Grave error...— expresó Gratnell usando su cola para atravesar el pecho de su oponente. Su sonrisa se apoderó de su rostro, creyó haber dado una picada mortal y sabia que su veneno era más que potente para matar en poco tiempo, aunque cuando el joven se desplomó sobre su cuerpo observó el kimono de la muchacha sobre la espalda de este y no solo esto, los explosivos pegados al mismo. Al tratar de escapar fue sorprendido por el abrazo de Mirko, quien no había sido picado, si no que el aguijón se había incrustado en uno de los explosivos que Oyuky había ocultado entre sus prendas minutos atrás. —No serán capaces.— se quejó Gratnell antes de ver como los explosivos comenzaban a iluminarse y una gigantesca explosión envolvió tanto a este como a Mirko, dejando un ensordecedor ruido y un fuerte color carmesí como únicos protagonistas en la cima de aquella estructura.

El hombre escorpión se apresuró a salir de la humareda en su forma hibrida, antes de escapar de la escena con rumbo al noreste. Oyuky quien había cruzado su mirada desde otra estructura pudo notar el miedo en los ojos de su oponente. La chica se apresuró a ver el estado de su compañero, llegando al cráter generado y observando como este se encontraba con graves quemaduras en su cuerpo aunque aún respiraba y su cuerpo todavía era capaz de moverse. —Dime algo, al menos para asegurarme que no me excedí en colocarte tanta munición encima.— expresó con cierta preocupación la tiradora, ya que pese a saber que su compañero era en parte Gyojin temía que este se hubiera excedido al momento de presumir su resistencia. —Era azul...— suspiró el joven causando el sonrojo de la tiradora acompañado de un fuerte golpe de puño en la frente del mismo quien comenzó a gritar de dolor. Mirko sin duda hacia referencia a la ropa interior que Oyuky tenia en uso ya que debido a la ausencia de su kimono aquello era todo su vestuario rodeado de varios cintos de cueros y explosivos sobrantes. —La próxima vez pondré el doble y un par más en tus pantalones, pervertido.— expresó con desinterés la tiradora mientras cargaba a su compañero en sus espaldas y se disponía a emprender su regreso al barco.

Eylem tendría bastante trabajo "reparando" a Mirko, aunque en la mente de la tiradora solo había preguntas referentes a aquel sujeto, el atacarles, el no luchar enserio y el ocultar sus verdaderas habilidades eran una alerta latente. Si no fuera por el interés del hombre en pelear y ser emboscado por dos adversarios, Oyuky era consiente de que habría muerto en poco tiempo, sus habilidades individuales poco habían podido hacer y solo por Mirko había logrado aquel golpe que solo había servido para asustarle. Era en parte a su compañero y la personalidad desequilibrada de su oponente que ambos se encontraban nuevamente en camino a su barco.


Capitulo 14: Entierro

Tras unas horas, Mirt y Oyuky se encontraban en una de las habitaciones del barco, esperando el próximo movimiento. Para el rubio, las acciones de Gratnell simbolizaban una oportunidad de progresar aunque la tiradora insistía en que debían evitarlo durante el tiempo que sobrase. Ambos llevaban varias horas debatiendo, ya que Mirt también estaba molesto de que este atacase a sus compañeros sin ninguna provocación, en tanto Oyuky creía que aquello solo era una excusa para volver a luchar. Eylem irrumpió en el cuarto, cerrando sus ojos al ver que Oyuky continuaba sin vestirse, cosa que para Mirt y la misma Oyuky no tenia la menor importancia. —Ya he tratado a Mirko, va a estar bien pero debe descansar unos días. Por el momento tenemos comida preparada, en cuanto a ustedes dos, les recomiendo que no causen más problemas.— declaró la albina antes de cerrar la puerta, Oyuky sonrió a modo de festejo, aunque Mirt permaneció indiferente, suspirando aliviado por el estado del cocinero.

En la madrugada, Mirt se despertó cuidando de no despertar a Oyuky vistiéndose con las prendas que acostumbró a llevar en aquella isla, una gabardina negra junto con un pantalón del mismo color y una blusa azul. Se colocó la capucha mientras salia lentamente de la habitación, caminando por los pasillos encontró a Eylem vigilando la puerta de la habitación de Mirko. No tardó mucho tiempo en el cual quedaron lado a lado, el rubio se mostró decidido a ir donde quería, a lo que Eylem simplemente se encogió de hombros —No puedo detenerte, pero no me traigas más trabajo.— suspiró la muchacha dejando marchar a Mirt, ambos conocían lo que podía suceder aquella noche y por el bien de la tripulación la albina esperaba que Mirt supiera lo que estaba haciendo.

El frío se apoderaba de aquella isla en la noche, siendo mucho más gélida de lo que Mirt esperaba, aquel hecho le ponía de mal humor. Detestaba los climas fríos, aunque admitía que aquella isla tenia su encanto, era tranquila y nadie molestaba. De no ser por Gratnell y el frío seria su lugar soñado, Mirt comenzó a deambular las infinitas calles y pasadizos, sin encontrar rastros de su oponente. Había dedicado bastante tiempo en recorrer los lugares de las dos batallas pero no había indicios de que el hombre escorpión siguiera en los alrededores. Tras pasar un callejón llegó a un sector aislado de la ciudad, donde varias cruces se erigían en conmemoración a los caídos, Mirt se sorprendió al no poder contar la cantidad exacta de lápidas del lugar. —Tres mil ochocientas noventa y cuatro.— expresó una voz siniestra a sus espaldas, el rubio se giró para ver a otra persona sentada sobre una de las tumbas, limpiaba la tierra de su pala con un pañuelo mientras que su cabello albino era cubierto con más nieve.

El pirata se percató de que la pala era inusualmente larga, además de advertir los rastros de sangre en su bata y aquella extraña sutura que atravesaba su pecho, era un sujeto bastante peculiar y pese a parecer peligroso no le había atacado cuando tuvo la oportunidad. —Creí que en esta isla solo estaba ese loco, me ha sorprendido ver a otro.— expresó Mirt con sinceridad volviendo a colocar sus manos en los bolsillos. —Esta isla, Eysher, solía ser el paraíso de sueños del North Blue. Pero luego, se convirtió en el lugar donde se entierran y yo soy el que hace el trabajo.— expresó con cierta melancolía el albino, clavando su pala en el suelo, mientras preguntaba con su mirada si Mirt tenia tiempo para una historia.

El hombre comenzó a explicar como la isla pese a ser invernal era una cuna de sueños, donde muchos piratas iniciaban sus aventuras e incluso la marina prosperaba siendo usual que colegas se volvieran rivales. A Mirt le recordaba bastante a su isla natal, donde la Marina y la piratería convivían con el pasar de los años, algo que le hizo ignorar el frío y seguir escuchando. —Por cierto me llamo Shirou Von Einzbern.— se presentó antes de continuar el relato, donde nuevamente aparecía la figura de Vilsnuit, quien según el sepulturero era la peor calamidad que alguna vez presenció en aquel mar. Según sus memorias, se convirtió en una bestia de más de seis metros, mientras avanzaba con sus hombres y tomaba a los ancianos y recién nacidos, tras reunirlos los aplastó con su gran garra dejando solo un charco de sangre en aquel lugar. —Fue aquí mismo, donde lo hizo y ordenó que se enterraran a todos los ineptos, enfermos y débiles.— confesó mientras el rubio se percataba del hundimiento del terreno, una chispa se encendió en su interior, sentía temor pero a la vez una emoción de encontrar a aquel sujeto más que antes. 

Entonces Gratnell comenzó a matar a las personas menos experimentadas, los padres de Shirou habían sido asesinados por Vilsnuit, sus hermanas sufrieron a manos de Gratnell, él solo se salvó al demostrar una leve señal de lo que la bestia reconoció como Haki. —¿Eres usuario de haki?— preguntó el rubio a lo que Shirou afirmó, diciendo que solo conocía el poder de tener leves premoniciones y adelantarse a algunos peligros. La historia prosiguió, con Gratnell designándolo de sepulturero, Vilsnuit quien había masacrado a los marines y débiles por igual tomó a algunos sujetos y se marchó dejando a aquel trastornado como superior a cargo. —Su locura es peor que la de Vilsnuit, comenzó a cazar a todos sin importar, incluso a sus subordinados, al cabo de unos meses esto se volvió un desierto.— expresó con serenidad el albino finalizando el relato. La Marine trató una vez de recuperar la isla, pero solo agravaron la locura de Gratnell al destruir su Den Den Mushi y dejarlo incomunicado, Vilsnuit lo dio por muerto y jamás regresó, con ello tampoco regresó la poca cordura del hombre escorpión.

—Los sueños no valen la pena joven, la muerte es la libertad que tanto buscas. Con gusto podré enterrarte si decides suicidarte.— expresó el albino a lo que Mirt soltó una leve risa, para sorpresa del hombre. —¿Morir sin ser libre? ¿Cómo un pirata y encerrado en la historia como algo que yo no soy?— expresó el rubio dejando anonadado al hombre. —La libertad debe lograrse en vida, la muerte solo te libera si en esta vida has conseguido esa tediosa libertad. Los que murieron aquí puede que no tuvieran escapatoria del destino, pero yo pienso en romper con todo eso y ser libre, solo entonces decidiré si quiero que me entierren o quiero ahogarme en el mar.— declaró mientras unos aplausos se sintieron a espaldas de ambos, quienes giraron solo para encontrarse con Gratnell.

—Una meta muy noble, pero tu destino ha sido morir desde que el mar te arrastró a mis dominios.— declaró el castaño abalanzándose contra ambos, para sorpresa de Mirt cuando estaba por atacar con su habilidad, Gratnell se vio forzado a retroceder debido a un corte que estaba destinado a decapitar su cabeza. El rubio tornó su mirada al responsable de aquella maniobra quien no era nadie más que Shirou, que usando su pala había atentado contra alguien a quien afirmaba no guardar rencor ni odio. —Es una falta de respeto interrumpir una conversación.— expresó el sepulturero colocándose frente a Mirt. —No pedí tu ayuda, pero no te detendré si es lo que deseas hacer, solo no te vuelvas un obstáculo.— expresó el rubio con una leve sonrisa que fue correspondida por Shirou. —¿Otra vez una pelea en desventaja?— preguntó Gratnell antes de revelar su cola y colocarse sobre la fría nieve del cementerio. —Esta matanza tiene un doble significado para la gloria de Vilsnuit. ¡No pienso dejarlos con vida!— vociferó con emoción antes de volver a atacar a la improvisada alianza.


Capitulo 15: Epidemia Despierta

Gratnell seguía jugando pese a haber dicho que no pensaba dejar a alguien con vida, Mirt podía notarlo al ver como se dedicaba a evadir a Shirou y su estilo de combate inusual. La pala del hombre era incapaz de conectar con su oponente, pero a la vez, lograba mantener a su enemigo a una distancia prudente el suficiente tiempo para que no atacase. La pelea entre ambos se asemejaba a un combate de agilidad, siendo que el albino se movía con gracia por el terreno para mantener ocupado a su oponente y este se limitaba a saltar, agacharse y curvar su cuerpo en ángulos para no ser alcanzado. Ambos costados no daban el brazo a torcer, siendo que Gratnell aprovechaba para presionar a su oponente apenas tuviera oportunidad y Shirou debía actuar con precisión para mantener la ventaja de posicionamiento.

Una sombra se extendió sobre Gratnell que giró la cabeza solo para presenciar una enorme masa negra que comenzaba a desplomarse sobre ambos. —Eso es...— comentó Shirou intentando alejarse antes de ser alcanzado cosa que logró solo por unos centímetros. —¡Giant Arm!— gritó el rubio mientras su brazo ahora recubierto de haki y con un tamaño cuatro veces mayor al de su cuerpo colisionaba contra el suelo. La nieve se mezcló con la tierra en una violenta explosión generada por el impacto, cuando finalmente solo el humo invadía el aire Mirt despegó su brazo de la gigantesca masa que comenzó a desplazarse por la superficie. Al cabo de unos segundos, el brazo gigante había desaparecido dejando en su lugar un inmenso lago de mayonesa. El albino comenzó a acercarse, aunque Mirt lo detuvo con su mano, no estaba seguro de que aquello lograse acabar con alguien que contaba con las capacidades de Gratnell.

Y así era, el silencio se rompió cuando el hombre castaño reapareció por detrás de Mirt solo mostrando algunas magulladuras en su rostro, el corte de las cuchillas en forma de cruz alcanzó a Mirt quien retrocedió unos metros por aquel ataque. Mientras el rubio corroboraba sus heridas, Shirou cayó desde el cielo con su pala, siendo bloqueado por Gratnell quien tras retroceder pareció desvanecerse en la nieve. —Tsk... alcanzó a cortar mi hombro, pese a que estaba preparado.— expresó Mirt en un tono molesto mientras que Shirou se dedicaba a tratar de localizar a Gratnell. Nuevamente el castaño apareció de imprevisto, esta vez cortando profundamente la espalda del albino quien poco pudo hacer para evitarlo mas que girar pero para su sorpresa no encontrar rastros de su oponente. —¿Que clase de truco está usando?— se preguntó el sepulturero mientras que Mirt se colocaba a sus espaldas buscando reducir los daños de su oponente.

El hombre escorpión continuó usando aquella estrategia de aparecer, golpear y esfumarse. Cada vez se volvía mas complicado golpearle, e incluso a veces solo alcanzaban a ver un destello de su figura. Mirt se arrodilló, colocando sus manos en el suelo, causando la preocupación del albino pero la voz de Mirt logró despejar sus dudas. —Maho River— expresó el capitán, logrando que grandes cantidades de mayonesa invadieran el lugar. Shirou clavó su pala en el suelo y la utilizó como soporte para evitar ser arrastrado por la corriente. La técnica obligó a Gratnell a aparecer y sostenerse de una de las lápidas del terreno. Mirt y Shirou presentaban bastantes heridas y la sangre comenzaba a colorear su piel, siendo que solo habían podido bloquear dos de los ocho cortes que habían recibido. —No desaparecías, solo cambiabas tu tamaño.— concluyó Mirt al ver que Gratnell se había visto manchado por la mayonesa desde sus piernas, lo que indicaba que de alguna manera el sujeto podía reducir su tamaño, enterrarse en la nieve y recuperar su forma para atacar por sorpresa.

—Lo has adivinado mucho más rápido que otros...— expresó Gratnell quien al intentar volver a realizar aquella táctica se encontró aprisionado en la mayonesa, siendo obligado a volver a su tamaño real con sus extremidades pegadas al suelo. —Puedo manipular la consistencia de mi salsa, hacerla más blanda, endurecerla o darle propiedades pegajosas.— explicó el rubio ante la mirada atónita de Gratnell quien recibió un fuerte golpe en el mentón cortesía de la pala que manejaba el sepulturero. Gratnell se vio desplazado involuntariamente hacia atrás, escupiendo sangre debido a que la situación había escapado a su control, tras rebotar contra la mayonesa, un nuevo golpe lo clavó al suelo. Shirou mantenía su pala clavada al estómago del hombre escorpión, quien había evitado el ser desmembrado gracias a la coraza que le brindaba su propia fruta. —No sean tan arrogantes, si creen que un par de mocosos podrán contra mi, contra la epidemia viviente...— comenzó a murmurar al tiempo que se liberaba de Shirou gracias a su cola.

Esta vez, los ataques de Gratnell fueron mucho más serios, demostrando el poder evitar tocar el suelo gracias a usar las tumbas como plataformas. El estilo de pelea de Shirou tampoco le fue problema, y en más de una ocasión estuvo a centímetros de rebanarle alguno de sus brazos, de no ser por la intervención de Mirt al crear muros que le daban el tiempo suficiente al albino para evitar ser diseccionado vivo. Nuevamente, el hombre escorpión demostraba mucha más experiencia y habilidad, en lugar de ser descuidado como lo había sido en los encuentros anteriores. Mirt estaba consciente del creciente peligro, más cuando su rival estuvo a punto de cortarlo con su cola envenenada. —Shirou, necesito que lo distraigas un momento, necesito probar algo.— indicó el rubio mientras que su compañero pese a estar mucho más herido y cansado que él se comprometía a mantener alejado a su duro oponente.

El sepulturero comenzó a combatir contra Gratnell, teniendo recuerdos de sus hermanas con cada corte que su cuerpo sufría. Recordó las frías tardes que pasaban juntos fabricando mesas, el negocio familiar de hacer muebles, los primeros encargos realizados en compañía de sus familiares. No pudo sentir cuando cayó de espaldas a la nieve, pero si podía sentir su sangre caliente contrastar contra el frío terreno que su espalda soportaba. Estaba tumbado boca arriba, cubierto de cortes, sangre y nieve. Frente a él se encontraba su oponente, mientras que su pala yacía clavada a centímetros de su cabeza. —Parece que esta será tu última tumba.—expresó el hombre escorpión sonriente y alzando su cola para el golpe final, fue en ese momento que un potente golpe se incrustó en el cuerpo de Gratnell. El puño comenzó a rotar violentamente contra el costado derecho del castaño quien solo pudo escupir sangre mientras que la coraza era perforada hasta causar una herida profunda, el cuerpo de Gratnell tomó un impulso mayor al esperado y fue disparado violentamente contra las tumbas del lugar hasta que una de estas fue lo suficientemente sólida para detener su trayectoria.

Shirou giró su cabeza al mismo tiempo en el cual Gratnell levantaba la suya, ambos pudieron observar a Mirt, quien había inflado sus muñecas y empeines hasta que alcanzaban un tamaño similar a un globo. El olor a mayonesa quemada se desprendía de los agujeros presentes en las extremidades, de los cuales también emergía bastante humo. —Es un poco pronto para decir que está completa, ese golpe me dolió bastante...— comentó Mirt observando su mano izquierda, a la par que volvía su mirada a su oponente. —Es momento de pasar a la práctica, con el Maho Press.— expresó con seriedad mientras su oponente ya reincorporado se mostraba dispuesto a combatir.


Capitulo 16: Escape de la isla muerta

Shirou comenzó a levantarse lentamente, tras escuchar a Mirt decirle que escapase al barco y se presentara en su nombre. Arrastrando su pala, el albino se comenzó a retirar con dificultad, Gratnell no parecía interesado en perseguirle aunque de un minuto a otro su expresión cambió e intentó un ataque furtivo. Nuevamente un golpe a gran velocidad se incrustó en su mandíbula pero este pese a detenerle no logró impulsarlo, Mirt se mostraba adolorido y un fuerte crujido se sintió cuando su brazo se volvió a contraer por su cuenta. Mirt reconoció su propia inexperiencia mientras sus brazos volvían a la normalidad, sus brazos mostraban quemaduras debido a la alta temperatura, además su brazo izquierdo colgaba inerte. —Fue peor de lo que esperaba.— comentó frustrado el rubio mientras trataba de reincorporarse, pero sentía calambres en sus piernas y brazos que solo le hicieron caer de frente contra la fría nieve.

La cola de escorpión de Gratnell se enroscó como una soga a su cuello, levantandole lentamente del suelo, el castaño comprobó que su oponente se había desmayado después de solo un golpe acertado. Pese a ser una victoria, se sentía muy vacía ya que fue la propia técnica del rubio la cual terminó por derrotarlo y no había sido obra de sus manos. —Suelta a mi capitán.— expresó una voz fría a espaldas del hombre escorpión, quien sin darse la vuelta solo le arrojó el cuerpo inconsciente de Mirt. La arpía lo atrapó con facilidad al tiempo que Gratnell se giraba y observaba la situación. —Matarlos aquí seria aburrido, esa técnica fue lo más cercano a un buen golpe que he recibido en años. Deberían irse.— expresó Gratnell mirando hacia el abandonado puerto, donde varias sombras de navíos se aproximaban, Eylem también pudo notarlo y cargando tanto a Shirou como a Mirt se dirigió al barco sin percatarse que Gratnell la seguía como una sombra.

Eylem llegó al barco dejando a los heridos en una sala de emergencia y pidiendo a Oyuky que le informe la situación. —Son barcos de los Marines, al menos siete. Deben habernos seguido desde Wankat— informó la tiradora preparando los cañones, el momento se rompió por una voz ajena a la tripulación. —¿Wankat? Entonces le dieron una paliza a Hanwall.— expresó Gratnell quien se había infiltrado en un descuido. Oyuky preparó su abanico y Eylem se apresuró a colocarse a sus espaldas aunque el castaño detuvo a ambas solo usando un leve movimiento. —Eso significa que son presas del señor Vilsnuit, deberé ayudarles a salir de aquí. Cuando uno es su presa, solo él puede matarlos.—  explicó con una sonrisa el pirata para salir a la cubierta siendo seguido de cerca por ambas mujeres quienes aun no se fiaban de sus intenciones.

La nieve comenzaba a soplar fuertemente en aquel amanecer, los barcos de la marine se acercaban dispuestos a rodear peligrosamente a los Piratas Mahón. Gratnell se despidió con una reverencia burlesca de ambas mujeres, lanzándose a gran velocidad hacia uno de los buques enemigos. Oyuky volvió rapidamente a la sala del timón aprovechando la sorpresa generada por el hombre escorpión para escapar hacia el Noroeste, donde el loge pose indicaba la próxima isla. No hizo falta que Eylem activara los cañones, el desconcierto en las tripulaciones de los marines hizo que sus disparos terminaran por impactar en los propios buques aliados. El hielo también había frenado el avance de otros, dejándolos encallados en mitad del trayecto, mientras que el barco de los mahones pudo sortear los obstáculos gracias a algunos disparos perdidos que habían abierto un camino.

Gratnell disfrutaba masacrando a los marines inexpertos, haciendo gala de su agilidad y sus instintos afinados, los primeros buques fueron un paseo para el hombre escorpión. Pese a su herida en el costado, la carnicería que había montado en unos instantes lo hicieron ver como un verdadero monstruo. La masacre continuó hasta que llegó al último barco donde una niña de cabello verde pudo predecir los ataques de Gratnell, aprovechando para incrustarlo contra la cubierta con solo un golpe. -Me sorprende que uno de los tuyos ayude a quienes están en la lista negra de su superior.- expresó la muchacha colocando sus manos en los bolsillos. —Has masacrado seis pelotones enteros, pero no me sorprende. La marine solo es un puñado de ineptos desde la muerte de Akahebi...—

[Agente del Cipher Pol «Aigis» Zero, Triffle]

El castaño se levantó sacudiendo el polvo de su ropa, mostrando una seriedad notoria tras escuchar las palabras de aquella niña. —¿Akahebi? Entonces el gobierno mundial está solo a días de caer... ¡No dejaré que te interpongas en el camino del señor Vilsnuit!— expresó Gratnell mientras aumentaba varias veces su tamaño, cambiando a la forma de un escorpión gigantesco, cuyas patas se aferraban al buque y su aguijón apuntaba directamente a su rival. —Es mi deber capturarte y obtener el paradero de tu capitán. Agradece que deba contenerme, Epidemia de Marineford...— expresó con seriedad la muchacha escupiendo el palillo de la paleta y mordiendo el caramelo en su boca mientras una sonrisa se formaba en su rostro. 

Oyuky quien presenciaba la escena desde su barco se preguntó quien era aquella muchacha que le plantaba cara a semejante bestia, aunque nuevamente volvió a su misión de escabullirse. Pese a su ayuda, Gratnell era un enemigo y sin importar el vencedor de aquella contienda ellos podrían ser los siguientes si se quedaban demasiado tiempo como espectadores. Eylem se dedicó entonces a supervisar a los heridos, regañando en su mente ya que Mirt había roto dos promesas en tan solo una noche.

Pasaron dos semanas desde aquel suceso, el periódico volvía a incluirles en una portada, Mirko cocinaba el almuerzo mientras la banda se encontraba reunida en el comedor. Mirt tenia su brazo izquierdo enyesado por aquel exceso que por poco le deja sin brazo, mientras que la nueva incorporación parecía más un cadáver suturado que un ser vivo. Eylem había contado más de cien cortes en su cuerpo y era un milagro que hubiera podido moverse unos pasos luego de recibir tal maltrato, incluso la sangre perdida era mucho menor a la que ella esperaría. —Miren, hablan sobre nuestro escape.— señaló Oyuky indicando dos párrafos del periódico, en el cual también se detallaba lo que había ocurrido.

"En un intento por obtener información sobre Vilsnuit, la marine atacó la isla Eysher, donde solo gobernaba un subordinado de la bestia. El pirata Gratnell, conocido como la epidemia de Marineford y con una recompensa de Berrysymbol 107.000.000 libró una violenta batalla contra los siete buques enviados. La información oficial reporta su captura, pero también grandes bajas para el bando de la Marine, con al menos trescientos caídos. Por si fuera poco, su captura ha servido de poco, el ferviente adorador de la Pereza Maldita niega haber tenido contacto con este durante los últimos seis años. Se debe recordar que el último intento por recuperar la isla fue hace cuatro años, donde los marines sufrieron una dura derrota y al dia de hoy la isla se encuentra en un estado de abandono sin habitantes reportados.

Además se ha visto a los problemáticos Piratas Mahón escapando con el lujoso buque ahora reconvertido en un infame navío pirata. Se cree que estuvieron librando una contienda con el pirata Gratnell debido a las pruebas de detonaciones y restos de sangre presentes en la isla, sin embargo su mayor hazaña fue sin duda burlar a la marine quienes poco pudieron hacer por impedir su huida. El gobierno aún sigue evaluando el aumentar en un futuro el precio por su captura."

Vilsnuit rompió violentamente el periódico mientras llamaba a una figura sombría quien portaba una espada enfundada en su cintura. La silueta de una mujer enmascarada apoyó su rodilla en el suelo, mientras escuchaba a su superior. —Gratnell seguía vivo, ambos sabemos adonde se dirige.— rugió Vilsnuit mientras la mujer se limitaba a asentir. —Luego de nuestra tarea con los marines, te encargaré su liberación. No me defraudes.— expresó con frialdad mientras que la soledad volvía a invadir el cuarto. —Ese tonto, debí suponer que no moriría sin dar algún tipo de espectáculo. Cuando vuelva a verlo, será mejor que tenga su veneno preparado...— murmuró en soledad, mientras volvía a recordar su primera incursión a Marineford.

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