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Arco Camino del Tigre
Arco Camino del Tigre
Información
Número de capítulos 12
Anterior Arco de la Torre de Combate
Posterior Arco de Britannia
Creador Kurai Mun

El arco Camino del Tigre es el noveno arco de The Blue Haired One.

Capítulo 64: Niño del bosque

La Isla Densetsu, popular por las travesías narradas por sus viajeros, es un lugar que seguro cualquier aventurero que navegue por el West Blue querría visitar. Si bien la isla no posee grandes requisas de bienes, sus habitantes viven con completa tranquilidad. En esta zona la actividad pirata es muy baja por lo que la Marine tampoco debe interferir demasiado.

Un pequeño grupo de niños curiosea en los límites del bosque, el cual comienza a un kilómetro de distancia del poblado. Los adultos, especialmente los ancianos, se la pasan repitiendo lo peligroso que es esa zona. Pero las mismas historias que se le cuentan a los niños antes de dormir son las que despiertan su interés y curiosidad.

—¡Siganme!— Vociferaba el niño que encabezaba el grupo, estando varios pasos por delante.

El grupo de niños se componía de tres jóvenes y una niña, quien era la que más problemas tenía para seguirles el paso. Insegura, intentaba recordar el por qué niños de diez años se aventuraban en el peligroso bosque de la isla.

—¿Están seguros de esto?—
—Mi padre ha oído rumores de que un animal salvaje ha estado robando provisiones del pueblo por las noches. Si queremos ser cazadores debemos atraparlo.—

Al mismo tiempo que pronunciaba tales palabras alzaba el palo que llevaba, haciendo ver su valentía frente al resto de niños, quienes no tardaron en halagarlo por esto.

No transcurrió mucho tiempo hasta que el grupo decidió tomarse un descanso para merendar. Tiempo que aprovecharon también para intercambiar cortas historias que sus padres les contaban. La niña, en cambio, se mantenía en silencio.

Cuando se dispusieron a continuar con su travesía, un ruido proveniente de un arbusto cercano atrajo la atención de todos. Alarmados, creyendo que se trataba de un animal salvaje, los niños tomaron sus palos y esperaron a que la criatura se mostrara. Para su sorpresa, quien salió del arbusto fue otro niño, pero este con un aspecto demacrado. Lo primero que hizo fue gruñirles, mostrándose hostil.

Los niños, asustados, tan solo gritaron y huyeron despavoridos. Por su parte, la niña se quedó paralizada, quedando sola frente al desnutrido y sucio niño. Este ya no mostró hostilidad, sino que comenzó a olfatear desde la distancia. Rápidamente la niña entendió que se trataba de un joven hambriento, e inmediatamente decidió ofrecerle un trozo de pan que ella llevaba. El niño se acercó a ella lentamente, tal vez por desconfianza, hasta que acercó su nariz al trozo de pan que yacía sobre la palma de la mano de ella. El aroma fue tal que de forma inmediata su estómago hizo ruido. Amablemente ella le ofreció que lo tomara, a lo que de forma inesperada él abrió su boca y dio un gran bocado, aunque no fue solo el trozo de pan, sino también la mano de ella.

• • •

De vuelta en su hogar, la niña le narró lo acontecido a su madre, mientras revisaba su mano. Esta, muy enfadada, regañaba a su hija debido a que ignoró la advertencia que desde muy pequeña le daba.

—Te lo he dicho ciento de veces, Sindel. El bosque es muy peligroso.—

La mujer sabía lo inquieta que era su hija. Desde muy pequeña ella acostumbraba a seguir a los chicos de la isla, involucrándose en sus travesuras. Pero sabía que esta vez había llegado muy lejos.

Sindel, distraída, poca atención le prestaba a las palabras de su madre al no quitar la vista de la ventana. La mujer volteó rápidamente, y notó como del otro lado de la misma se asomaba media cabeza, observando curiosamente hacia el interior.

Capítulo 65: Reporte y engaño

Navegando por aguas abiertas, un inmenso buque del ejército revolucionario transportaba a sus soldados junto a unos pocos esclavos liberados de la Torre de Combate días atrás. Apartado por completo, Wallace se encontraba recostado aparentemente dormido.

—¡Tierra a la vista!— Se anunció.

Por la cubierta, saltando ágilmente entre cuerdas Sanzang se dirigió hacia su amigo. Con un salto acrobático aterrizó a su lado, pero Wallace no se inmutó. Sanzang se lo quedó observando, mientras sonreía.

—¿Qué sucede?— Mencionó aún sin abrir sus ojos.
—Es solo que me puse a pensar lo amable que fuiste con tus amigos al no querer involucrarlos en esto.—
—No son mis amigos.— Se limitó a responder.

La embarcación entera estaba lista para la llegada. Con el buque ya anclado en el puerto de la isla, la armada revolucionaria se dispone a ocuparse de los esclavos rescatados.

Wallace, junto a Sanzang, son de los últimos en descender. A los pies del muelle, los espera un hombre de pie con una distintiva capa grisácea. Eventualmente se cruzan con este, pero les corta el paso.

—Oh, supervisor Warriv.— Sanzang saludó al hombre.
—Wallace West, se me ha informado de tu llegada. Soy el oficial a cargo de Harrogath.—

Luego de esto, un pequeño grupo de revolucionarios se posicionaron tras ellos.

—Lamento no poder darte una bienvenida apropiada. En esta isla se libró una batalla durante una semana entera. Como entenderás, aún hay mucho por hacer por aquí. No puedo dejarte llegar con completa libertad como si nada sucediese, tu situación es complicada. Por favor, acompáñame.—

Wallace se mantuvo en silencio, no respondió ni una sola palabra. Y procedió a seguirle el paso a Warriv, siendo escoltado, también, por demás miembros del ejército revolucionario.

Al cabo de unos minutos terminaron por ingresar por el frente de una enorme edificación en medio de la ciudad de la isla. Allí, en un conjunto de celdas vacías se ingresó a Wallace a una, no sin antes colocarle unas esposas de piedra marina.

—Intentare darte una respuesta respecto a tu situación lo antes posible, contactaré con los superiores hoy mismo.—

Warriv se mostró atento y amable pese a la situación. Pero Wallace demostraba completo desinterés y no emitía ni un solo sonido. Luego de que Warriv se retirara, dos soldados se quedaron allí, murmurando. Aún así se hacían oír.

—¿Así que este es el traidor, eh?—
—He oído que se ha involucrado con piratas. Patético.—
—¿Ahora forma parte de esa tal Aoyama, verdad? Peliazules asquerosos...—

El tono provocativo era evidente. Incluso observaban de reojo a ver si Wallace reaccionaba. Por su parte, Wallace se limitó a sentarse en silencio. Aunque no les quitaba los ojos de encima. Una penetrante mirada fija que incomodaba al dúo, que no tardaron en marcharse.

• • •

Dentro de la misma instalación, pero en una habitación diferente, Warriv contactaba con un superior mediante un den den mushi.

—¡Warriv! ¿Qué tal todo por esos lados?— Respondió la llamada una voz juvenil.
—Todo en orden, puedo decir. Tan solo quiero reportar que Wallace West está aquí. No sabría que hacer con él luego de que desertara, así que me mantengo expectante por una respuesta de usted, después de todo es el jefe de person...—
—¡¿Wallace?!— Interrumpió con un tono de asombro. —Me gustaría hablar directamente con él y saber sus razones.—
—Bueno, he oído lo problemático que fue en el pasado, por lo que decidí ubicarlo en una celda de forma temporal hasta que...—
—¿Espera, cómo que en una celda?— Volvió a interrumpir la voz del otro lado.
—Claro. En cuanto ha llegado me he presentado y explicado la situación. Él ha accedido y ahora aguarda a...—
—¡¡WARRIV!! ¡Wallace jamás accedería a eso! ¡Te ha engañado!— Gritó.

Warriv se mostró exaltado. Inmediatamente soltó el micrófono y rápidamente corrió en dirección de las celdas. Al ingresar a la sala de estas se posicionó frente a la que había dejado a Wallace. Allí sólo encontró las esposas en el suelo. Ante su frustración sólo pudo maldecir en voz alta.

Capítulo 66: El mundo apesta

La cotidianidad en la Isla Densetsu era constante. Nada corrompía la rutina diaria de los pueblerinos, ni siquiera los típicos problemas que eventualmente ocurrían entre estos.

En el hogar de Sindel, la rutina diaria que aburría a la niña se vio alterada con la llegada de un nuevo integrante. Los rumores se esparcieron rápidamente, una vecina había acogido a un niño desconocido. Tanto positivos como negativos, los comentarios que se hacían eran variados.

Mientras tanto, en el mismo hogar, hacían caso omiso a lo que se decía. Sindel esperaba expectante mientras que en una hoja enlistaba diferentes nombres. Fue entonces cuando su madre apareció, junto a aquel niño que encontró en el bosque. Este, con un aspecto muy diferente al antes visto, había sido bañado, notoriamente a la fuerza.

—Ha puesto resistencia... mucha. Pero ya está.— Comunicó la mujer, con pequeñas magulladuras y arañazos.

El niño estaba alterado, probablemente muy estresado por lo que fue su primer baño. Pero finalmente se veía bien con un aspecto pulcro. Su piel ya no estaba oscurecida por la tierra, al igual que su cabello, el cual se mantenía con un peinado alborotado.

—Hey, te ves bien... amm.— Sindel hizo una pausa incómoda al no saber como referirse al niño.
—He visto que te has esforzado mucho para darle un nombre.—

Su madre se acercó al escritorio y tomó la hoja. La lista de nombres era extensa, pero la gran mayoría estaban tachados.

—Hmm... Wallace suena bastante bien. Hasta diría que encaja con él.—

Formalmente Wallace pasó a ser un miembro más de la pequeña familia. Consiguiendo un cálido hogar donde dormir, comida y, por sobre todo, el cariño de una madre. Sindel se encargó de educarlo, enseñándole a leer y a escribir. Si bien Wallace aprendió rápidamente a hablar, su naturaleza salvaje y violenta le dificultaba relacionarse con terceros.

En el transcurso de un año, o tal vez más, fueron incontables las veces que Wallace se peleó con otros niños del pueblo. Demostrando rudeza en sus modos de actuar. Aunque en compañía de Sindel y su madre su carácter era más moderado.

• • •

Al igual que todos los días, por las mañanas, Wallace acompañaba a su madre adoptiva en su caminata por el pueblo. Ella horneaba pan casero y diariamente ambulaba por la ciudad vendiéndolo, diciéndose que este era el más delicioso de toda la isla. Él cargaba las cosas pesadas que ella no podía, haciendo uso de la descomunal fuerza que poseía, poco normal para un niño de su edad.

Así fue como una sorprendente noticia llegó a sus oídos. En los próximos días la isla iba a ser visitada por un noble mundial. Era extraño que un noble se viera atraído por una isla del West Blue, pero aún así era una gran oportunidad para los comerciantes del lugar.

Al cabo de una semana el pueblo estaba listo para la visita del noble, preparando una feria. Los rumores eran tantos y variados que la gente estaba confundida. No sabían como actuar frente a una eminencia. No sabían si mirarlos a los ojos, si hacer una reverencia en su presencia o si podían siquiera hablarles.

Ese día el pueblo estaba más movido que nunca. Pero por uno de los tantos rumores se decidió dejar a todos los niños en sus casas. Wallace y Sindel pasaron toda la tarde en su hogar, pasando las horas leyendo uno de los tantos libros que poseía la niña.

Llegando el anochecer, el leve murmullo proveniente del centro del poblado se silenció. Esto atrajo la atención de Wallace. Acto seguido, un fuerte estruendo resonó a la distancia. Seguido a este, otro. Ambos se asomaron por la ventana y lo que pudieron ver los dejó paralizados. Una pequeña humareda a la distancia se elevaba sobre los tejados.

Con un sentimiento que jamás había experimentado, instintivamente Wallace corrió hacia la puerta. Sindel intentó detenerlo.

—No debemos salir.— Expresó asustada, juntando sus manos y apretándolas contra su pecho.

Él le dedicó una mirada por unos segundos, pero ignoró su advertencia y salió de todos modos. Comenzó a correr lo más rápido que podía. Sabía hacia donde ir, después de todo él había ayudado en los preparativos y decoraciones días antes.

El panorama con el que se encontró lo dejó con sus ojos abiertos de asombro. Toda la calle principal, la cual se suponía que debería estar coloridamente decorada, se encontraba en completo caos. La noche estaba por caer y lo único que alumbraba eran las llamas entre tanto escombro.

Intentó utilizar su tan agudo olfato pero la calle estaba repleta de diferentes olores. Comenzó a correr, esquivando los cuerpos tendidos en el suelo, ignorándolos. Sólo se preocupaba por encontrar a una persona. Fue entonces cuando una voz gritó su nombre. Se detuvo y volteó, buscando de donde provenía.

Cuando por fin encontró el origen de aquella voz, notó que de entre los escombros de una casa en llamas se encontraba la madre de Sindel, con medio cuerpo bajo maderas incendiándose. Se apresuró en acercarse a ella, e ignorando lo que esta balbuceaba tomó una viga de madera que cruzaba sobre ella e intentó forzarla para quitársela de encima.

Inútilmente se esforzaba, con todas sus fuerzas, por levantar aquella viga. Sus manos comenzaban a arder. Si bien esta madera aún no estaba en llamas, se expusieron lo suficiente al calor como para mantener una temperatura elevada.

—¿Mamá?—

La acongojada voz de Sindel lo decía todo, así como su mirada horrorizada hacia la escena. Se quedó paralizada. Mientras tanto Wallace seguía intentándolo, pero sus adoloridas manos sufrían las consecuencias.

—Váyanse de aquí.— Habló con dificultades. —¡Wallace, llévate a Sindel!—

Apretando sus dientes con furia y con sus manos quemadas y astilladas, Wallace intentaba contener sus lágrimas.

—En unos años te convertirás en un hombre... por favor, prométeme que cuidarás de ella. ¡Prométemelo!— Habló la mujer, como si estas fueran sus últimas palabras, su última voluntad.
—Yo... yo... soy débil...—

Sus brazos no eran lo suficientemente fuertes para levantar aquel trozo de escombro, y el fuego seguía esparciéndose. Sus lastimadas manos y adoloridos hombros no podían cargar con el peso.

En ese momento, ante esa cruda realidad, Wallace se cuestionó a sí mismo. Poco tenía y aún así no podía protegerlo. Un sinfín de sentimientos negativos lo invadieron. ¿Por qué de entre todas las personas, ella? ¿Por qué la más amable que había conocido? Esto tenía que tratarse de un mal sueño, una pesadilla, no podía ser verdad. De ser así, el mundo apesta.

Capítulo 67: Gato curioso

Warriv se dirigió a las costas de Harrogath, donde un alborotado subordinado le informó sobre el hecho de que uno de sus navíos había dejado el muelle sin autorización minutos atrás.

Al mismo tiempo, ya fuera del alcance visual de Harrogath, dicha embarcación seguía su rumbo a través de la próxima noche.

—Justo como los viejos tiempos.— Comentó Sanzang, con la intención de sacarle una charla a su callado amigo.—Tuvimos suerte de que saliera como planeamos.—
—No existe algo como la suerte. Simplemente cada acción tiene una consecuencia.—

Una respuesta predecible de parte de Wallace. Sanzang pasó su adolescencia junto a él, lo conocía tanto que sabía exactamente que iba a decir. Incluso sabía como pensaba, y probablemente lo que se esté cruzando por su cabeza. Aunque intentara disimularlo, y hasta lo negase, sabía que estaba preocupado por aquella persona.

—¿Quieres que repasemos los detalles del plan?—
—¿Plan? Solo llegamos y le pateamos el trasero a ese imbécil.—

Sanzang dejó el timón, acercándose a su amigo.

—No cometas el mismo error que ella. No lo subestimes.—

Wallace clavó su mirada en él, aunque esta no lo intimidaba como a otras personas. Un leve sonido cerca de la popa llamó la atención del dúo. Que no tardaron en echar un vistazo.

Al acercarse, un pequeño gato negro apareció frente a ellos. Wallace lo reconoció al instante. Y antes de que pudiera decir algo este volvió a su forma humana.

—¿Tu eres Nyanko verdad?— Sanzang reconoció al joven de cabello negro.
—¿Tu de nuevo?— Expresó disgustado Wallace.

A diferencia de la primera vez que se vieron, esta vez Nyanko no mostraba intenciones hostiles.

—¿Esto que hacen... es por la «princesa ámbar», verdad? ¡Déjenme acompañarlos!

Esto sorprendió a Wallace y a Sanzang.

—No.— Ni siquiera se detuvo a pensarlo antes de responder.
—Puede que una ayuda nos venga bien.— Agregó Sanzang.

Wallace, molesto, le dirigió una mirada seria. Pero Sanzang lo ignoró, volviendo a su posición en el timón. Nyanko lo siguió cabizbajo.

—Eres muy joven, no se si estés listo para esto.— Mencionó Sanzang.
—¡¿Qué?! ¡Ustedes sólo son unos pocos años mayores que yo!—

Nyanko se mostró molesto, a lo que Sanzang no pudo evitar soltar una carcajada. Al parecer había dado en el clavo en lo que a Nyanko más le molestaba. De este modo, el joven pelinegro notó como la tensión en el ambiente se había cortado.

—Imagino que estás al tanto de lo sucedido. Pero me pregunto cual es tu interés en Sindel.— Curioseó.
—Eh... bueno... ella es asombrosa. No la he conocido en persona aún, pero he oído que lo es.— Respondió entre tartamudeo.
—¿Eso significa que te gusta? ¡Uh-ah-ah-ah!—
—¡Qué, claro que no! Sólo la admiro porque...—

Nyanko no pudo evitar sonrojarse de vergüenza. Su justificación se vio interrumpida cuando sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, notando que detrás de él estaba Wallace. Terminando por dar un salto atemorizado, alejándose de él.

—Bueno, deberás estar al tanto de a lo que nos enfrentamos.— Tomó la palabra Sanzang —Su nombre es Geglash. No sabemos que ha hecho, pero ha sido algo importante como para que ella vaya tras él.
—¿Sólo es un enemigo? Entonces no debería ser problema.—
—Lo es. Por algo estamos en esta situación.— Acotó Wallace.

Nyanko levantó una de sus cejas. Wallace estaba en lo correcto.

—Esto sucedió al mismo tiempo que la batalla en Harrogath. Suponemos que Geglash aprovechó el revuelo para escapar. Hace unos días me llegó un mensaje de Sindel, donde sólo mencionaba el nombre de Geglash y unas coordenadas.—
—Aquel mensaje puede ser una trampa.— Mencionó Nyanko.
—Es una posibilidad, por eso contacté a Wallace. También investigué un poco sobre Geglash, aparentemente es un miembro de la armada pero no hay demasiado sobre él.—
—¿Qué hay sobre su ubicación?—

Sanzang desplegó un pequeño mapa que portaba entre sus ropas. Posteriormente señaló con su dedo índice sobre un pequeño punto apenas apreciable rodeado de aguas.

—Se trata de Tristam, una ciudad en ruinas en una isla desértica. No estamos muy lejos, llegaremos para la medianoche.—

Dicho esto Wallace se retiró sin decir nada, aparentemente aún disgustado por la presencia de Nyanko. Este último se acercó a Sanzang.

—Tengo curiosidad. ¿Cual es la relación que tienen Sindel y él?—

Nyanko observó en la dirección el a que se había retirado Wallace. Sanzang se mostró sorprendido ante la curiosidad del pelinegro.

—Desde que los conozco han estado juntos. En su tiempo eran conocidos como la bella y la bestia. Aunque disparejos, eran un gran equipo.—
—¿Entonces ellos son...?—
—Deberías descansar un rato, te avisaré cuando estemos por llegar.— Interrumpió con seriedad Sanzang.

Capítulo 68: Una nueva vida

Wallace despertó, abriendo lentamente sus ojos. Estos ardían un poco, puesto que la piel a su alrededor estaba irritada. Sus manos también se encontraban adoloridas. Apenas se reincorporó pudo ver que estas se encontraban vendadas. Observó a su alrededor. Se encontraba en una oscura habitación desconocida. La humedad era tan fuerte que prácticamente le asfixiaba.

Se levantó y se acercó a la puerta, la cual se encontraba entre-abierta. Su cuerpo se sentía más pesado de lo normal, por lo que sus pasos eran lentos. Ya detrás de la puerta, antes de llegar a abrirla del todo, pudo escuchar un murmullo entre voces.

—¡Ese chico es un peligro! Después de perder la consciencia se ha vuelto loco y comenzó a atacar a todo aquel que se acercaba.—
—He oído sobre eso.— Comentó una segunda voz.
—Ha herido a muchos civiles, e incluso a uno de los nuestros. Estamos poniendo en riesgo a todos teniéndolo en el barco.—
—Soy consciente de ello.— Este parecía no darle importancia a las preocupaciones del primer hombre.
—¡Él no es malvado!— Habló esta vez una niña.

Rápidamente Wallace identificó la voz de Sindel, por lo que se hizo presente inmediatamente. Con su aparición, el grupo se quedó en silencio. Este constaba de Sindel, acompañada de dos hombres. Uno de estos de pie junto al segundo, llevando un sombrero y una capa oscura; el segundo también llevaba una capa similar, pero cubría parte de su rostro con su capucha. Apenas podía divisarse una marca, similar a un tatuaje, del lado izquierdo de su rostro. Este último se portaba un aura peligrosa. Wallace no pudo evitar sentir inseguridad frente a este hombre, por lo que no tardó en gruñirle, mostrándose hostil.

El hombre se limitó en observarlo, clavando su mirada en él y, de alguna forma, paralizándolo. Aunque quisiera, Wallace no podía moverse, al mismo tiempo que un escalofrío recorría su cuerpo.

—¡Wallace!— Exclamó Sindel.

Aquel llamado lo liberó de aquel sentimiento de desconfianza, dejándose caer sobre sus rodillas, librándose de la tensión que había en el lugar. Ella rápidamente se acercó a él y le dio un fuerte abrazo. Preocupada, también le echó un vistazo a sus manos.

—Oigan...— Interrumpió el primer hombre, mientras señalaba a un lado de Wallace. —¿Eso es una cola?—

Todos quedaron sorprendidos ya que, efectivamente, Wallace poseía una cola. Esta era medianamente larga y con un pelaje grisáceo. Él rápidamente comenzó a girar, una y otra vez, intentando sujetarla.

—¿Una fruta del diablo? Eso explica su descomunal fuerza.—

El segundo hombre, de intimidante postura, se puso de pie y se paró frente a los jóvenes.

—Su pueblo natal fue destruido por los caprichos de un noble mundial, una personas déspota e intransigente que siempre quiere que se cumpla su voluntad. Yo, al igual que muchos, me opongo a ellos y los enfrento. Les ofrezco un lugar junto a mi, una nueva vida. Ayúdenme a liberar el mundo de gobernantes como ellos.—

Sus palabras parecían sinceras, así como también convincentes. El dúo de niños no respondió inmediatamente. Tardaron unos segundos en tomar consciencia en la situación en la que se encontraban, y tras cruzar miradas entre sí terminaron asintiendo con sus cabezas.

• • •
—¡Bienvenidos a la tierra de suelo blanco!—

Tras descender del navío, los jóvenes eran recibidos con ánimos por una persona de aspecto extravagante. Su cabeza era gigante en comparación con su cuerpo. Asimismo su vestimenta también era llamativa y muy extraña.

—¿Un payaso?— Preguntó Wallace.
—¿Tantos meses navegando para... esto?— Reprochó Sindel, observando los alrededores.

Ciertamente, la isla en la que desembarcaron parecía una isla desértica, repleta de pilares rocosos. Se veía muy aburrida ante la vista de una niña.

—Este lugar sirve como base principal de la armada revolucionaria. No debe ser llamativo.—

La persona de aspecto extraño, cuyo sexo era difícilmente distinguible, irónicamente les informaba acerca del lugar en donde se encontraban.

—Pueden llamarme Iva. Yo seré quien los supervisaré en su estadía aquí.—

El dúo procedió a seguir al grupo de la armada, obviando las presentaciones. Iva se mostró algo ofendido por esto, apretando sus dientes ante los pocos modales de los jóvenes.

—Han pasado por mucho, tenles algo de paciencia.—

Habló quien parecía ser el líder, pidiendo algo de consideración por los niños. Iva se mostró desanimado al saber el trabajo que le esperaba.

En el transcurso de un año Sindel y Wallace permanecieron en aquella base secreta. Si bien no dejaban de ser niños que apenas comenzaban su desarrollo físico como adolescentes, ya comenzaban a ser tratados como miembros novatos de la armada revolucionaria. Se les proporcionó los medios adecuados para que llevaran a cabo una exigente rutina de entrenamiento, la cual cumplieron rigurosamente. Por sugerencia del mismo Iva, ambos se enfocaron en el desarrollo de un arte marcial olvidado proveniente del West Blue.

Como fruto del mismo, el dúo de jóvenes superó las expectativas que se tenían sobre ellos, sorprendiendo a más de uno dentro de la armada. Asimismo, cada uno desarrolló un estilo predilecto de combate. Sindel se enfocó en estilo de las espadas, utilizando como arma principal una katana. En cambio, Wallace, aprovechando las capacidades físicas otorgadas por su fruta del diablo, optó por el combate cuerpo a cuerpo.

—Te lo he dicho ciento de veces. Debes aprender a manejar una espada.—
—Los hombres de verdad pelean con sus puños.—

El dúo se encontraba en una de las tantas sesiones de entrenamiento diarias.

—Tus puños no te servirán de nada cuando te enfrentes a alguien que porte un arma.—
—¿Quieres probar?—

El ambiente comenzaba a inquietarse. El resto de niños que también compartían horario de entrenamiento con ellos ya sabían como terminaría la cosa, por lo que no tardaron en apartarse. Para sorpresa y alivio de los menores, la situación se ve interrumpida por Iva, quien como siempre hace su aparición causando un alboroto.

Iva aparece con un gran salto y una pirueta. Tras él, tímidamente se acerca un niño pequeño, delgado y de cabello verdoso. Este es invitado a presentarse.

—Mi nombre es Sanzang.—
—Por cierto, al igual que ustedes él también proviene del West Blue.— Iva se dirigió hacia Sindel y Wallace. —¿Por que no lo dejan que los acompañe en su entrenamiento?—

Capítulo 69: Cuestión de ideales

En lo que parecía ser una fortaleza abandonada, prácticamente en ruinas, yacía Sindel encadenada en uno de los extremos que aún se mantenían de la estructura. El brillo de la luna alumbraba parcialmente el lugar a través de pequeños huecos del desgastado muro de piedras que la rodeaba.

Ella seguía forcejeando, incansablemente, contra las cadenas que la restringían desde sus muñecas. En el calmado silencio de la noche era lo único que resonaba en la silenciosa fortaleza.

—¿Lista para otra ronda?—

Resonó por lo bajo una voz. Acto seguido, apareció frente a ella un robusto hombre.

—Vete al diablo, Geglash.—
—No se por qué, pero siento hostilidad en tus palabras.—

Dijo, mientras esbozaba una sonrisa macabra. Se acercó a ella, cada vez más. Se inclinó quedando cara a cara con ella. Lo suficiente como para sentir su respiración. Ella rápidamente giró su cabeza, demostrando un claro rechazo. Geglash tomó un mechón de cabello de Sindel, uno que caía entre su mejilla y su oreja y se reposaba sobre su hombro, y lo olió. Sindel no pudo evitar hacer una expresión de disgusto.

—De alguna forma fuimos hechos de modo similar.— Geglash se refirió al cabello de Sindel, remarcando el hecho de que ambos poseían el cabello del mismo tono. —Me cuesta aceptar que me sigas rechazando.—

Sindel sólo le dedicó una mirada furiosa.

—Pude haberte asesinado, pero decidí darte la oportunidad de unirte a mi.—
—Ya te lo he dicho. Me niego a formar parte de tu locura.—

Geglash rió. Para luego agitar un pequeño bastón el cual provocó un leve chispazo de electricidad, procediendo a tocar una de las piernas de Sindel con este, precisamente a la altura de su muslo. Ocasionando que esta gritara debido a la descarga eléctrica que sufrió.

—Me agrada que no te doblegues fácilmente. Pero también me encantan tus gritos.— Decía mientras jugueteaba con el instrumento de tortura en sus manos.

Así continuó por unos largos minutos. Sindel se retorcía de dolor ante la tortura pero no cedía. La situación se tornaba incomoda para Geglash, que estaba comenzando a perder la paciencia.

—¿Qué pretendes?— Preguntó Sindel luego de ver que Geglash se detuvo. —¿Esperas que me una a ti después de intentar traicionar a la armada y escapar robando armas?.—
—¿Intentar?—
—Según a mi me parece, aún no has logrado tu cometido. Sino no estaríamos aquí.—

Poco a poco comenzaba a frustrarse más ante la voluntad inquebrantable de Sindel. Esta, pese a mantener una expresión de sufrimiento, seguía presumiendo de su posición.

—No te preocupes por eso. Por la mañana arribarán en esta isla. Tienes hasta entonces para decidir si vienes conmigo o mueres aquí.—
—Así que después de todo no estás sólo en esto.—
—Por supuesto que no. Todo forma parte de un plan divino.—

Sindel no pudo evitar demostrar una expresión de asombro. Esas palabras le extrañaron.

—¿Y para qué quiere un fanático religioso armas ilegales?—
—Claramente no sabes de lo que hablas. Es una cuestión de ideales.— Geglash parecía molesto. —Tu decides seguir a quien cuya ambición te parece correcta. Yo hago lo mismo.—

La situación se vio interrumpida por tres cortos golpes en la única puerta de la torre en la que se encontraban.

Esto sorprendió a ambos. Geglash se quedó paralizado por un momento. Sabía que estaban completamente solos, no solo dentro de la fortaleza, sino en toda la isla por muy pequeña que sea. A Sindel, por su parte, la situación le trajo recuerdos.

Geglash, en guardia, se propuso a acercarse a la puerta. Pero en el momento en que dio el primer paso el techo sobre él se desmoronó, cayendo sobre él no sólo escombros y rocas. Al no tener tiempo de reacción simplemente cayo bajo estos.

Rápidamente intentó levantarse pero notó que algo ejercía un peso mayor sobre su cuerpo. De reojo observó sobre si mismo, ya que al estar boca abajo su movilidad se vio reducida. Fue entonces cuando notó que quien estaba sobre él era un enorme hombre con características propias de un tigre, destacando dos prominentes colmillos.

—¡Tu eres...!—

Geglash no alcanzó a terminar sus palabras. Recibiendo un fuerte golpe en su cabeza, el cual también quebró el suelo debajo de él.

Capítulo 70: Hey

Sindel estaba completamente anonadada. No tardó ni un segundo en reconocerlo, pero sus ojos se expandieron de sorpresa de verlo. Inmediatamente la puerta fue abierta de una patada y Sanzang ingresó. El peliverde corrió hacia su amiga y rápidamente se dispuso a tratar con sus cadenas con la intención de liberarla. No tardando en forzarlas y así librando a Sindel de estas.

Sindel se encontraba algo sorprendida ante la situación. Pero alcanzó a dedicarle una mirada de agradecimiento a su amigo. Mientras tanto, Wallace seguía golpeando, una y otra vez, con fuerza la cabeza de Geglash, la cual ya comenzaba a verse poco a poco enterrada en el suelo.

—Oye oye, creo que ya es suficiente.—

Sanzang le sugirió a su amigo que detenga su brutalidad. Wallace se detuvo, terminando por dar un largo suspiro. Acto seguido volvió a su forma humana, para luego acercarse a su compañero, cruzando miradas con Sindel.

—Hey.— Expresó con naturalidad mientras alzaba una de sus manos a modo de saludo.
—¿Cómo que 'hey'? ¡¿Llevamos meses sin vernos y todo lo que dices es 'hey'?!— Recriminó Sindel. —¿Además, qué haces aquí?—
—De nada por salvarte el trasero.—
—¡¡No salgas con eso ahora!!—

Sanzang, mientras ayudaba a Sindel a reincorporarse, dejó salir una risa nerviosa.

—Justo como los viejos tiempos.—

El trío no se percato que, a espaldas de ellos, Geglash recobraba la compostura. Tomándolos por sorpresa, Geglash agarró a Sanzang por detrás y lo lanzó con fuerza. El peliverde fue lanzado con tal fuerza que cruzó de un extremo al otro en cuestión de un parpadeo, acabando por impactar e incrustarse contra el muro, quedando aparentemente inconsciente.

—Más... necesito más.—

Geglash, con un pulso tembloroso, sacó de entre sus ropas un pequeño frasco de cristal. Este parecía contener un liquido rojizo. Rápidamente dejo caer su contenido, de no más de tres gotas, sobre su lengua, saboreándolo en el proceso.

Tanto Wallace como Sindel pudieron notar como el cuerpo de Geglash reaccionaba a esto, ya que sus músculos se tensionaban mientras su cuerpo daba pequeños espasmos.

—¿Eso era sangre?— Se preguntó en voz alta Sindel.

Al cabo de unos segundos Geglash pareció calmarse, cambiando completamente su expresión. Ahora con un aspecto calmado, el rubio señaló a Wallace. Ante una evidente provocación Sindel intentó advertir a su amigo, aunque en vano.

—¡Wallace, espe...!—

Wallace se lanzó al ataque a gran velocidad, conectando un puñetazo directo en el estómago de Geglash. Para su sorpresa este ni siquiera se inmutó, y respondió tomándolo del brazo y lanzándolo sobre sí como si de nada se tratase.

Inmediatamente Wallace volvió a atacar. Ahora conectando una patada directo a la parte trasera de la cabeza de Geglash, pero este siguió sin inmutarse.

—Tus golpes me hacen cosquillas.—

Geglash volteó y dio un simple puñetazo en el pecho a Wallace, quien salió despedido e impactó contra el muro que tenía detrás.

Sindel intentó ponerse de pie, pero terminó cayendo sobre sus rodillas al no tener fuerzas para levantarse. Sus piernas se encontraban adormecidas y adoloridas después de los choques eléctricos.

Geglash volteó nuevamente, esta vez dirigiéndose hacia ella.

—Tus amigos son débiles, están destinados a perder. ¿Los prefieres a ellos antes que a mi?—

Sindel no respondió, pero no pudo evitar dejar salir una pequeña risa.

—Entonces, supongo que me odias.—
—No te odio. Siento lástima por ti. Que no sepas nada sobre la amistad, sobre los sentimientos. Es triste.—

Estas palabras cambiaron la expresión del rostro de Geglash a una de confusión.

—La amistad no tiene un valor de supervivencia, sino más bien es una de las cosas que da valor a la supervivencia.—

En ese instante, la atención de Geglash se ve atraída por un fuerte rugido a sus espaldas. Al voltear pudo ver a Wallace en su forma híbrida de tigre, ahora igualándolo en altura.

Asimismo, por la puerta se asoma Nyanko, quien se muestra sorprendido ante la situación. Sindel notó su presencia, y al observarlo pudo ver que este llevaba en sus manos una espada junto a su vaina.

—Esa es... ¡Rápido, alcánzamela!— Le gritó, mientras estiraba su brazo.

Nyanko se ruborizó un poco al ver que Sindel le hablaba a él, aunque no tardó en actuar y corrió hacia ella, entregándole su espada.

—La encontré mientras exploraba la habitación de al lado.— Explicó el joven.
—Te lo agradezco.— Agradeció tras recuperar su espada.

Sindel utilizó su espada como bastón para levantarse. Fue entonces cuando Nyanko pudo ver con claridad lo dañadas que se encontraban sus piernas.

—¡Espera, no puedes ir en esas condiciones!— Expresó el joven con preocupación.
—Tampoco puedo quedarme sin hacer nada.—

Nyanko se quedó sin palabras ante la convicción de Sindel.

—Por favor, encárgate de Sanzang.—

Nyanko se limitó a asentir con su cabeza. Tras esto, Sindel se enfocó en Geglash y Wallace, quienes se encontraban en un intenso intercambio de golpes. Los golpes del atigrado parecían no tener efecto sobre Geglash, quien los recibía y mantenía la compostura. Mientras que este último no lograba acertar la mayoría de los suyos.

Geglash se percató de que Sindel se encontraba de pie, y percibiéndola como una posible amenaza decidió ignorar a Wallace y saltar sobre ella. Para su infortunio, Wallace se cruzó frente a él.

—Eres un gato veloz.—

Halagó a su oponente luego de ver a la velocidad que se había movido para detenerlo. Estas palabras atrajeron la atención de Nyanko, quien volteó a observar.

Geglash no se detuvo y se propuso a lanzar un puñetazo directo hacia Wallace. Pero este reaccionó de forma inmediata volviendo a su forma humana y esquivando el golpe en el proceso, dejando pasar el brazo de Geglash por encima suyo. Acto seguido volvió a su forma híbrida para rápidamente lanzar él un puñetazo, esta vez imbuido en busoshoku haki, logrando impactar un golpe de gancho directo en el mentón de Geglash.

Nyanko se mostró atónito ante el movimiento de Wallace. Reconociendo que este fue muy similar al que hizo él en el encuentro que tuvieron días atrás en la Torre de Combate.

—Ese bastardo... ¡ese es mi movimiento!—

Capítulo 71: Caminos

Geglash se vio aturdido por el impacto, retrocediendo unos pocos pasos hasta recobrar la compostura. Mientras tanto Wallace aprovechó para comunicarse con Sindel.

—¿Tienes algo en mente? Mis ataques no parecen funcionar.— Preguntó por lo bajo.

A Sindel la tomó por por sorpresa la actitud de Wallace. Después de todo ella sabía que él no solía cooperar y actuaba por su cuenta.

—Necesito información.—
—Como viste, su cuerpo ha ganado una fuerza y resistencia descomunal pero a la vez parece haber perdido sensibilidad en él. Además, se mueve algo lento y tosco.— Informó.
—Hey hey, ¿qué tanto murmuran?— Interrumpió Geglash.

Mientras tanto, Nyanko se esforzaba en retirar a Sanzang de la grieta en la que se encontraba incrustado. En uno de los tantos tirones logra sacar al peliverde, quien cae junto a él por la fuerza ejercida. La sacudida hace que Sanzang vuelva en sí, recobrando la consciencia y despertando.

—Mi cabeza... duele.—

Sanzang tardó unos pocos segundos en entender lo que sucedía. Tomándose su tiempo para observar a su alrededor.

—Parece que las cosas se pusieron feas.—

Aún así, sin dudarlo, se propuso ayudar a sus amigos. El peliverde saltó sobre Geglash, tomándolo por sorpresa y reposándose sobre su espalda. Este reaccionó lanzando un manotazo sobre sí, pero Sanzang lo esquivó con una voltereta rápida, cayendo delante de él con una sonrisa en su rostro.

—Están empezando a ser más molestos de lo que creí.—

Luego de expresar su disgusto, Geglash se dispuso a atacar a Sanzang. Pero este último esquivó el puñetazo fácilmente con un santo y tomó un segundo impulso sobre el mismo brazo del rubio, terminando en un giro con voltereta incluida, para aterrizar de pié detrás de él.

Aprovechando que la atención de Geglash estaba en Sanzang, Wallace se dirigió hacia Sindel.

—¿Puedes moverte?—
—Lo intentaré. Pero necesito una abertura.—

Inmediatamente Wallace se movió, preparando su ofensiva. Sanzang seguía esquivando los ataques de Geglash, quien cada vez parecía más frustrado al no poder alcanzarlo.

—¡Si piensan hacer algo, que sea ahora!—

Tras el grito, Sanzang esquivó el siguiente golpe de Geglash con un salto y, posicionándose frente a él, estiró sus piernas y giró velozmente, logrando acertar varias patadas directo en el rostro de Geglash.

—¡Hihi-ji: Kazaguruma!—

Como esperaba, esto no logró nada sobre Geglash, excepto fastidiarlo aún más, terminando por lanzar un manotazo de revés sobre el peliverde, sacándoselo de en frente.

Fue entonces cuando vio a Wallace delante de él, acercándose a gran velocidad, y notó que su movimiento previo lo dejó con una apertura directa sobre su torso.

—¡Tora-ji: Kotei Shogeki!

Wallace embistió a Geglash con ambos puños, golpeando fuertemente directo en su pecho. Resentido, pero no abatido, Geglash se esforzó por demostrar que mantenía la compostura después del golpe. Aunque para su sorpresa ahí no acababa la ofensiva.

Wallace se hizo a un lado, dando paso a Sindel. Esta se encontraba detrás de él de pie. Acto seguido se dejó caer hacia delante, para luego dar un impulso con sus pies en la misma dirección. Combinando la fuerza de gravedad de su aparente caída y su propia fuerza logró una aceleración increíble.

—¡Ryu-ji: Shidensen!—

Sindel pasó por debajo de Geglash, entre sus piernas, a una gran velocidad. En el proceso, utilizó su espada para hacer un corte en la parte trasera de la pierna derecha de Geglash, lo que provocó que este cayera sobre su rodilla al perder fuerzas para sostenerse de pie.

Geglash no tuvo tiempo de reacción, y quedó perplejo ante los movimientos de los jóvenes. Nyanko también se mostró sorprendido mientras observaba desde una distancia prudente. Fue entonces cuando recordó algo que había oído de otros miembros de la armada sobre el trío del West Blue, donde se mencionaba que dominaban un estilo de combate único y antiguo.

—¿Esos son sus... «caminos»?—

El joven pelinegro no daba crédito a lo que presenció. Aquellos rápidos movimientos lograron reducir al enorme hombre que los enfrentaba.

Capítulo 72: Sueños

Un buque acababa de desembarcar en Baltigo. De este, los primeros en descender son un trío de adolescentes, con la joven rubia marcando el paso por delante. Tras ellos, lentamente descendían otros miembros del ejército, algunos con dificultades para caminar y otros cubiertos de vendajes.

No muy lejos de allí los recibió Iva, quien aguardaba por la llegada de estos. Al igual que siempre con una ruidosa y llamativa aparición.

—Parece que ustedes son los únicos ilesos.— Expresó nada más verlos.
—No fue para tanto, el resto sólo estorbó.— Comentó Wallace.
—He oído de sus desempeños.— Iva daba crédito a los jóvenes. —Tora-boy, destruir una embarcación por tu cuenta es simplemente increíble. Y tú, Sindel, confrontar al ejército enemigo sola es sin dudas una gran hazaña.—
—¡Oye! ¡Yo también he participado!— Reclamó Sanzang.

La bienvenida se ve interrumpida con la aparición del jefe y lider de la armada, apareciendo por detrás de Iva y portando su característica capa que cubría todo su cuerpo.

—Definitivamente las nuevas generaciones están ganándose su lugar.— Mencionó por lo bajo. —Pero... no siguieron las instrucciones de su superior y eso casi le cuesta la vida a sus compañeros.—

El regaño dejó enmudecidos a los jóvenes, quienes tampoco se atrevían a cruzar miradas con él.

—No pongo en duda sus habilidades. Son excepcionales, pero les falta disciplina. Llevan más de cinco años en esto y su actitud no cambia, y dudo que cambie. Intentan disimularlo, ocultarlo, pero en el fondo están frustrados. Logran todo lo que se proponen y a su vez nada cambia.—

El grupo de jóvenes se mantuvo cabizbajo. Al parecer las palabras estaban dando justo en el clavo.

—Sin embargo... puedo darles la oportunidad de enfocar esa frustración y convertirla en poder. Pero para eso necesito saber si sus voluntades son dignas y puras. ¿Díganme, cual es su sueño?—

El primero en alzar la voz fue Sanzang, quien declaró su sueño con ánimos.

—Yo quiero demostrarle a las personas que sufren que el mundo es más que eso, que la vida no es solo dolor. Quiero darles una razón para sonreír.—
—Que infantil.— Comentó con frialdad Wallace.
—¡¿Ah, por qué siempre te burlas de mi?!—
—Este mundo está mal, está podrido desde sus raíces. Es por eso que debe ser puesto de cabeza. De ese modo, los rostros tristes pasarán a ser sonrisas.—

Los jóvenes parecían no disentir tanto en sus aspiraciones personales. Aún así, siendo la única que no había hablado, dirigió su atención hacia Sindel, esperando a que esta expresara su sueño.

—Es verdad que el mundo es injusto, y que todos merecen la oportunidad de ser felices. ¿Para eso estamos en esto, no? Para llevarles la libertad a quienes están privados de ella, y para derrocar a quienes someten a otros.—

La firmeza de las palabras de Sindel sorprendieron a Iva, en cambio, el encapuchado esbozó una sonrisa de satisfacción.

—En ese caso ya escogieron sus caminos. ¡Es momento de que hagan valer sus palabras! A partir de mañana yo mismo me encargaré de entrenarlos, y llevarlos por el camino que eligieron.—

El trío expandió sus ojos, demostrando sorpresa. Jamás pensaron que llegarían a entrenar bajo la supervisión del líder del ejército, quien pocas apariciones tuvo frente a ellos.


Geglash, furioso, tomo como un intento de humillación el trabajo en equipo del trío. Rápidamente se reincorporó y dio un medio giro, golpeando con su antebrazo a Sindel, quien se encontraba detrás de él. Esta salió despedida, pero fue atrapada rápidamente por Sanzang antes de que alcanzara a caer.

—No puedes pelear en estas condiciones.—

El peliverde notó lo debilitadas que se encontraban las piernas de Sindel.

—Lo sé, y no pienso volverme un estorbo.—

Acto seguido, Sindel gritó el nombre de Wallace, llamándolo. Para posteriormente lanzarle su espada aún enfundada. El atigrado alzó su brazo y la sujetó en el aire, aunque se mostró extrañado.

—Ya sabes que hacer.—

Capítulo 73: Joyeuse

Wallace observó extrañado la espada que había recibido. Se tomó varios segundos para observarla y balancearla en su mano, midiendo su peso.

Tanto Nyanko como Sanzang se mostraron igual de confusos. Este último, buscando una explicación, curioseó con su amiga, aunque no pudo evitar bromear al respecto.

—¿En serio le das tu espada a Wallace? Podrías haberle dado dinamita y tendría mejores posibilidades.—

Sindel no pudo evitar reír debido a la gracia que le causó el comentario, soltando una leve carcajada. Pero procedió a explicar su ocurrencia.

—Teniendo en cuenta que los golpes no lo afectan no hay otra forma de combatir que con una espada.— Y también agregó. —Además, en todo lo que llevamos Geglash aún no ha usado la suya. Eso quiere decir que no debe ser muy diestro en su uso.—

En efecto, el rubio portaba una espada enfundada colgando en su cintura, la cual procedió a desenvainar al ver a Wallace sosteniendo una. Aunque este se encontraba pensativo, hasta que decidió romper el silencio.

—¿Cual era su nombre?— Preguntó por la espada.
Joyeuse.— Respondió rápidamente Sindel.

Como si el saber su nombre consistiera en una especie de comando de liberación o autorización, Wallace desenvainó la espada de forma lenta. Dejando resonar la afilada hoja suavemente. Para finalizar, con un rápido movimiento, en una pose de guardia con su espada por delante.

Sanzang abrió sus ojos de sorpresa. Ante tal expresión, Sindel se vio obligada a dar una breve explicación. Aunque con algo de timidez, mientras rascaba la parte trasera de su cabeza.

—Puede que... le haya enseñado algunos movimientos en el pasado.—

En lo que parecía un pequeño dojo, o más bien una sala que imitaba a uno, se encontraban unos jóvenes Wallace y Sindel en uno de sus tantos entrenamientos matutinos. Ambos, descalzos y con ropas holgadas, combatían entre sí para demostrar que estilo propio era mejor.

—¡Los combates de verdad son con los puños!—
—Tus puños no son rival para una hoja de acero.—

El dúo nunca se ponía de acuerdo. Y como era normal terminaba en una disputa que a su vez se convertía en un combate entre ambos. Si bien no dejaba de ser un entrenamiento, ellos lo daban todo para demostrar que su ideal era el correcto.

Wallace era veloz y cuando lograba acertar un golpe lo hacía con fuerza. No se contenía a la hora de golpear a Sindel. Asimismo, los pulidos movimientos de la rubia lograban evitar la mayoría de los golpes que Wallace lanzaba. Con delicados y sutiles giros Sindel parecía dominar este encuentro, empuñando su espada de madera y bambú.

La sonrisa provocadora de Sindel no hacía más que enfadar a Wallace, quien quejoso no dejaba de lanzar puñetazos, pero sus manos terminaban adoloridas de tanto golpear la espada de entrenamiento con la que se defendía Sindel.

—No tiene caso, no lograrás nada así.— Presumió la joven.
—¡Cállate!—

Wallace era bastante terco y gruñón, pero todo pareció acabar con un último movimiento de Sindel que terminó por golpear con su espada la cabeza de Wallace. Este, adolorido, llevó sus manos a su cabeza.

—Te lo dije. Si fuera una espada de verdad ya te habría cortado en dos.—

Tras un largo suspiro, Sindel procedió a alcanzarle otra espada a Wallace. Insistiendo a que le de una oportunidad al estilo de la esgrima.

Wallace accedió a tomar la espada y alzarla frente a él. Demostrando su frustración y enojo apretando sus dientes.

—Escucha, Wallace. Usar una espada no es sólo moverla de un lado a otro. Tienes que sentirla como una parte más de ti. También debes lograr una conexión con ella, sino no lograrás cortar nada.—

Palabrería que obviamente Wallace no quería escuchar. La teoría siempre fue algo que le aburría y prefería ir directo a la práctica.


Al esgrimir la espada de Sindel no pudo evitar que aquellos recuerdos vengan a su mente. Esto provocó que se enfureciera poco a poco. Recordar todo eso, no poder luchar como le gusta y tener que recurrir a usar una espada, además de pensar en las heridas de Sindel.

—¿Cómo llegamos a esto? Te has vuelto más molesto de lo que pensé.— Murmuraba Wallace mientras apretaba y crujía sus dientes. —¡Agh! ¡Voy a enterrarte la espada en el trasero!—

El grito de molestia de Wallace causó que Sanzang y Nyanko rieran, aunque intentaran contenerse. En cambio, Sindel reclamó por lo que había dicho.

—¡Oye, no te olvides que es mía!—

En el fondo Sindel sintió un gran alivio. Escuchar esas palabras, el característico enojo de Wallace, le trajo una especie de alivio. Al fin de cuentas su amigo y compañero no parecía haber cambiado del todo.

Capítulo 74: Trueno rugiente

—Me llamas molesto a mi, pero fueron ustedes quienes interfieren en mis planes.— Replicó Geglash a las quejas previas de Wallace. —He preparado todo para este día durante meses, y llegan ustedes y lo arruinan.—
—¡Cállate! No me cuentes tu vida.

Geglash no piensa soportar más la insolencia de Wallace, por lo que se lanza a la ofensiva contra el atigrado.

Ante la atenta vista de Sanzang, Sindel y Nyanko, el combate se resume en continuos choques de espadas. Ninguno logra acertar un corte sobre el otro. Pero si algo es evidente es que Geglash logra hacer retroceder a Wallace.

—Parecen estar igualados.— Comentó Nyanko.
—Wallace sólo sabe lo básico, a este paso no logrará nada.— Acotó Sindel.
—Bueno, sabemos que Wallace aprende con rapidez. Es cuestión de tiempo para que se adapte.— Esta vez comentó Sanzang.
—No hay tiempo.— Interrumpió Sindel. —Olvidé mencionarlo. Según dijo Geglash por la mañana llegarán refuerzos.—

Esto último alarmó a Sanzang. Por lo que tenían unas pocas horas para salir de allí antes de verse envueltos en más problemas y terminar en completa desventaja.

Las rápidas reacciones de Wallace le permiten esquivar sin dificultad lo cortes que lanzaba Geglash, aún así tampoco lograba concretar un corte él.

Es entonces que, entre un ida y vuelta de espadazos, Geglash detiene la hoja de joyeuse con su mano libre. Esto le provoca un corte en la mano pero aún así la sostiene con fuerza, para acto seguido utilizar su espada y apuñalar a Wallace en el estómago.

El atigrado reaccionó rápidamente dando un salto hacia atrás, logrando así que la herida no sea profunda. Satisfecho de haber logrado herirlo, Geglash esbozó una sonrisa.

—¡Wallace no tienes mucho tiempo! Si no acabas rápido estaremos en mayores problemas.—

Alzó la voz Sindel, con quien Wallace cruzó miradas. Para posteriormente quedarse pensativo por unos minutos.


El dúo de jóvenes continuaba con su entrenamiento. Esta vez Sindel le daba algunas sugerencias a Wallace de como sostener una espada. Pero esta comienza a frustrarse y enfadarse al ver que su compañero no le está prestando demasiada atención.

—¡¿Oye, me estás escuchando?!— Reclamó. —Si no quieres hacer esto sólo dilo.—
—¡Te lo he dicho veinte mil veces!—
—¿Y bien... que harías si te encuentras con un enemigo al que no puedes vencer normalmente?— Preguntó la rubia, esta vez con un tono más serio.
—Me volveré más veloz y fuerte, y le arrancaré la cabeza de un movimiento.—

La respuesta de Wallace no fue muy convincente para Sindel. Pero para entonces ambos estaban dispuestos a comprobar sus palabras.

Wallace tomó la iniciativa de atacar, sorprendiendo a Sindel con una gran aceleración y veloz movimiento se lanzó contra ella, pasando a su lado y golpeándola, provocando que cayera hacia atrás.

Habiendo quedado de espaldas a ella, Wallace volteó con aires de grandeza, intentando presumir de su movimiento. Pero fue entonces cuando notó que, sin quererlo, había golpeado la nariz de su compañera provocando que esta comenzara a sangrar.

El cruce de miradas entre los ojos llorosos de Sindel y la mirada de sorpresa, y probablemente terror, de Wallace dieron fin al entrenamiento de ese día.


Al ver que la herida de su abdomen no dejaba de sangrar, Wallace suspiró. Si bien no sentía un gran dolor, el hecho de tener que observar la sonrisa de Geglash le molestaba en exceso.

Wallace tomó una postura de guardia. Con una pose diferente a lo visto anteriormente. Separando sus piernas y extendiendo sus brazos hacia adelante. Asimismo, en su forma híbrida de tigre, su musculatura se vio reducida de forma considerable. A la vez que respiraba lentamente, pequeñas descargas eléctricas se hicieron presentes alrededor de su cuerpo en forma de ruidosos y luminosos chispazos.

—Quería guardarme esto para los peliazules. Pero supongo que ya no importa.—

Ante la atenta mirada de Geglash, así como la de los jóvenes revolucionarios, Wallace se preparó para ejecutar su nueva técnica.

Raijin Senkei: Raikōhō

Un fuerte destello eléctrico surgió sobre Wallace. Acto seguido, desapareció de la vista de todos, para un segundo más tarde aparecer detrás de Geglash, aún blandiendo la espada de Sindel. Otro segundo más tarde, del cuello de Geglash comenzó a emanar una gran cantidad de sangre en forma de chorros. Fue entonces que, quienes observaban lo sucedido, notaron que la mitad derecha del cuello de Geglash fue rebanado.

Tanto Sindel como Sanzang quedaron perplejos ante tal movimiento, mientras que Nyanko intentaba comprender lo que sucedió. Geglash calló de espaldas al suelo, dejando bajo sí un gran charco de sangre. A la vez, Wallace volvía a su forma humana.

Wallace se acercó a Sindel y le entregó su espada, devolviéndosela. La rubia notó que esta no tenía ni una sola mancha de sangre, por lo que el corte fue limpio.

—Tsk, fallé al querer cortarle la cabeza.— Expresó Wallace, disgustado.
—Si hubieras sostenido bien la espada, con una mejor postura, podrías haberlo hecho.—

Capítulo 75: Wallace y Sindel

La muerte de Geglash dio fin a la corta pero intensa aventura en Tristam. Ya habiendo recuperado dos enormes cajas de armas y municiones robadas previamente, el grupo se dispone a volver a Harrogath.

—Oye, esa técnica fue genial.— Rompió el silencio Sanzang.
—Si. Aunque me pareció bastante similar a mi shidensen.— Acotó Sindel.

Un intenso cruce de miradas entre Wallace y Sindel. Lo que provocó una risa nerviosa en Sanzang, quien sabía lo que proseguía.

—¿Crees que me copié? Pero si mi técnica es mil veces mejor y eso que aún no está completamente desarrollada.— Presumió Wallace.
—¿Seguro? Todos sabemos que no eres bueno con las técnicas después de todo.— Replicó Sindel.
—No eres la única con técnicas así. Conozco un samurái que tiene un movimiento similar.— Se refirió a Ben, su compañero.
—¿Entonces te copiaste de él?—
—¡Que no me copié!—

Sanzang no pudo evitar reír a carcajadas. Estos momentos le recordaban a los viejos días en los que los tres estaban juntos. Por su parte Nyanko se mantuvo en silencio, hasta que decidió hablar.

—Supongo que te debo una disculpa. No eres tan traidor después de todo.— Habló algo avergonzado el pelinegro.
—Tan traidor... ¿Quieres pelear?—

Sindel golpeó en la cabeza a Wallace, advirtiéndole de sus modos.

—No seas así y acepta sus disculpas.—
—Aunque... podríamos haber interrogado a Geglash si no lo hubieras asesinado.— Nyanko volvió a su tono provocador.
—Si no te gusta como lo hice, la próxima vez haz algo tú.— Cerró su puño con fuerza, demostrando las ganas que tenía de golpear al joven.
—No habríamos podido sonsacar nada de él. Estaba ciegamente obsesionado con un supuesto 'plan divino'. Diría que es un religioso que perdió la cabeza y ya.—

El grupo se quedó en silencio por unos segundos. La conclusión a la que llegó Sindel fue convincente para ellos. Fue entonces cuando Sanzang no pudo evitar bromear al respecto.

—Pues casi pierde la cabeza de nuevo. ¡Uhahahah!—
• • •

El grupo fue bien recibido debido a que fueron al rescate de la Princesa Ámbar. Después de atender las heridas de Sindel y Wallace, el grupo se encuentra con Warriv, a quien proceden a explicarle lo sucedido. Aunque Wallace no está con ellos.

—Wow. Que el jefe de personal te llame en persona, eso debe ser complicado.— Pensó en voz alta Nyanko.
—Nah, ellos son amigos.— Comentó Sanzang.

Mientras tanto, Sindel informaba a Warriv sobre las acciones de Geglash y el accionar de sus amigos quienes fueron en su rescate.

—Ellos sólo fueron a ayudarme. Si los va a reprender por actuar por su cuenta debería hacerlo conmigo también. Después de todo yo también actué por mi cuenta y provoqué toda esta situación.— Dijo apenada.
—Si lo pones de ese modo...—

Asimismo, Wallace se encontraba en una habitación aparte, sentado frente a un pequeño escritorio con un den den mushi, sosteniendo su micrófono.

—Así que has recuperado la memoria, te reencontraste con tu hermano y comiste una fruta del diablo. Viejo, eso es mucho.—
—Lo se, debemos juntarnos a beber algo y charlar.—
—Cuando quieras.—
—Y sobre lo acontecido, no se preocupen. Yo me encargaré de aclarar las cosas por aquí. Me alegro que todo haya salido bien, buen trabajo chicos.—

Luego de que Wallace cuelga el micrófono, cortando así la comunicación, se da cuenta de que Sindel se encuentra parada en la puerta, reposada sobre el marco, de brazos cruzados.

—¿Te irás pronto?—

Preguntó por lo bajo Sindel. Wallace se levantó y pasó por su lado, la respuesta era obvia. Aunque Sindel lo tomó del brazo.

—¿Podrías quedarte hasta mañana?—
• • •

En las instalaciones de Harrogath gran parte del personal de la armada se encuentra entre indignado y sorprendido. El rumor de que Wallace se había quedado en la habitación de Sindel se esparció por toda la isla.

Nyanko estaba completamente furioso, tal vez de envidia, mientras compartía mesa con Sanzang, la golpeó con su mano.

—¡Ese maldito!—
—Ellos siempre han compartido cuarto.— Aclaró el peliverde.

Entretanto, en la habitación de Sindel, Wallace se encontraba sentado reposado sobre la pared, mientras que ella de igual forma se reposaba sobre su hombro. Ambos se encontraban en silencio y a oscuras.

—¿Por qué decidiste unirte a ella?—

Pregunta que se ha estado haciendo Sindel desde que se enteró que Wallace se había convertido en un pirata, pero que no se había animado a hacerle con anterioridad. Wallace se quedó en silencio unos segundos, pensando su respuesta.

—Ella no busca fama o poder. Sólo busca vivir libremente. No es diferente a nosotros.—
—Ya veo. Pues que suerte que tiene de tenerte en su banda.—

Wallace no pudo evitar preguntarse si Sindel estaba celosa.

—En un comienzo fue bastante absurdo.— Dijo, para luego dejar salir una pequeña risa. —En ella vi que aún hay esperanzas para el mundo.—
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