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Arco de Britannia
Arco de Britannia
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Creador NeoGirl

El arco de Britannia es el décimo arco de The Blue Haired One.

Capítulo 76: Rumbo a Britannia

Por el Grand Line, el Big Sunshine navegaba con tranquilidad. Mientras que el grupo de piratas se dividió en dos grupos. Elliott y Chiyome ayudaban a Talp con las reparaciones que había proyectado para el barco, y lograr que este navegue en mejores condiciones. Y Cecilie y Ben quienes charlaban con Meredy en la cocina, mientras que el samurái preparaba la cena.

—¿Así que fue esa tal Sakura quien los ayudó en su entrenamiento? Me gustaría poder conocerla en persona algún día.— Comentaba la peliazul, luego de que sus compañeros le contaran lo sucedido durante los meses en los que ella pasó cautiva con su familia.

—Así es. También aprendí algunas cosas de ella. Es una muy buena chef.— Agregó Ben. Provocando que los ojos de su capitana relucieran de interés. —Ha sido muy amable de su parte.— Esta vez habló Cecilie, y continuó. —Pero también tiene experiencia en piratería, y sobre lo peligroso que son estas aguas.—

—Bueno, eso explica por qué es tan fuerte. ¿No?— Preguntó Meredy, con ingenuidad. —No hay que confundir las cosas. Ser fuerte no significa que saldrá todo bien.— Cecilie parecía algo desanimada. —¿Estás preocupada por Wallace?— Preguntó con intuición la peliazul.

Cecilie se avergonzó un poco, e intentó negarlo. —No tienes de que preocuparte, sólo confía en él.— Dijo Meredy con una sonrisa. —Además, si no vuelve lo expulsaré de banda.— Quiso remarcar su autoridad, aunque esto dejó confusa a Cecilie quien la observó con los ojos entrecerrados. —¿Te das cuenta de que si no vuelve no puedes expulsarlo, verdad?— Estas palabras dejaron a la peliazul pensativa, con una cara inescrutable.

—Bueno bueno. Concentrémonos en lo que sigue.— Cambió de tema. —¿A donde nos dirigimos?— Preguntó en voz alta y observó hacia la puerta, de la cual acto seguido ingresó Elliott. —Ya deja de presumir tu haki. Estamos yendo rumbo a Britannia, una isla famosa por las fuerzas armadas que posee. Recomiendo pasar desapercibidos e irnos cuanto antes.— Informó el pelirrojo.

—¿No deberíamos quedarnos y esperar a Wallace?— Interrumpió Ben, quien no quitaba los ojos de las verduras que trozaba. —No es necesario. Cecilie le entregó una vibre card mía, sabrá donde encontrarnos.— Explicó.

Al ver la disconformidad de su capitana al oír que no podrán aventurarse en la isla, Cecilie preguntó sobre aquella fama de la isla. A lo que Elliott procedió a explicar. —El Reino de Camelot es popular en todo el Grand Line por su historia. Pese a estar afiliado al gobierno mundial jamás necesitó de su protección. Es bien sabido que han podido defenderse por cientos de años sin ayuda ajena.—

Lo dicho por Elliott despertó la curiosidad de todos. —No he estado nunca allí, así que no se que visión tengan de los piratas. Pero sé que mantienen una orden de caballeros, famosos por sus capacidades en el combate, quienes se encargan de la protección del reino.— Continuó.

Fue entonces que apareció Talp, emocionado por lo que había oído. —¡¿Caballeros?! ¿Con armaduras y espadas? ¡Genial!— Vociferaba. —¡Bien! ¡Vamos a Camelot a ver a los caballeros!— Gritó Meredy, igual de entusiasmada.

Capítulo 77: Merlín

Habiendo llegado a la mañana siguiente a la isla, el grupo de piratas encabezados por Meredy se movilizaron para adentrarse en la misma. Por su parte, Chiyome fue quien se quedó resguardando el barco.

—Recuerden que esta es una isla tórrida. Si bien no hay un clima desértico, sean prudentes y cuídense del sol.— Notificó Elliott, quien estaba a gusto con el soleado y caluroso día.

—¿Donde estamos exactamente?— Preguntó Cecilie, mientras utilizaba un pequeño abanico para refrescar un poco su acalorado rostro. —Desembarcamos en Sarras, al sur del reino de Camelot.— Respondió el pelirrojo.

El grupo pasó el día recorriendo la pequeña ciudad en busca de provisiones. Pocas pudieron encontrar puesto que los comercios de la zona estaban poco abastecidos. Suponiendo que en el reino encontrarían lo que necesitaban, decidieron ir al día siguiente.

Así fue como, a la mañana siguiente, el mismo grupo se dirigió al noreste de la isla, al reino de Camelot. Pero para su asombro, y desgano, parecía un reino baldío. Alguna que otra persona se encontraba caminando, a paso ligero, por las calles del reino. Pero no era para nada lo que esperaban.

Mientras se preguntaban que sucedería allí para que estuviera tan desolado y poco concurrido el reino, Ben se percató de algo. —Oigan. ¿Notaron lo oscuro que se ha vuelto?— Las palabras del samurái hicieron notar al resto de sus compañeros de que, ciertamente, el cielo se había oscurecido.

—Es como si estuviera por anochecer, pero apenas faltan unas pocas horas para el mediodía.— Mencionó Elliott, describiendo el panorama. —Es extraño y terrorífico a la vez.— Acotó Talp.

Fue entonces cuando el grupo es divisado por dos hombres de armadura que patrullaban el reino. —Ustedes, forasteros, será mejor que se larguen de aquí.— Advirtió uno de ellos.

—Oh, sólo estamos de paso. Y nos preguntábamos a que se debe esta repentina oscuridad.— Habló Cecilie, mientras alzó un poco sus manos con la intención de dar a entender que no estaban ahí para causar problemas. Pero uno de los hombres hizo caso omiso a las palabras y llevó su mano a la empuñadura de su espada, preparándose para desenfundarla.

Esto alarmó al grupo, por lo que Ben hizo el mismo movimiento, preparándose para desenvainar su katana. Pero para sorpresa de todos, una voz masculina interrumpió la escena. —No hay necesidad de ser hostil con los forasteros.— Este era un hombre mayor vestido con una túnica y portando una larga barba blanca.

—Además, parece que tenemos una visita especial.— Agregó, mientras dirigía su mirada hacia Meredy. Acto seguido hizo una señal a los hombres de que se retiraran, demostrando autoridad sobre estos. Luego de esto, procedió a acercarse al grupo

—Disculpen lo ocurrido, últimamente las personas del reino están algo alteradas.— Se disculpó, y procedió a presentarse. —Mi nombre es Merlín, y soy el consejero del rey.—

Ya con un ambiente más calmado, Merlín los invitó a que lo siguieran. —No hay necesidad de que se presenten. También conozco a los Aoyama.— Mencionó con intención de ahorrar presentaciones. —Amm, bueno, no vengo precisamente de parte de ellos.— Aclaró Meredy, lo que provocó una leve carcajada del hombre.

—Lo se, también leo el periódico.— Merlín dejó en claro que estaba al tanto de la posición de Meredy como pirata. A lo que Cecilie decidió hablar. —No tenemos intenciones de causar revuelo, sólo estamos de paso.— Merlín volvió a reír. —¡Mahwawawa! Ningún pirata en su sano juicio vendría a Camelot a buscar problemas.—

—¿Lo dice por los caballeros del reino?— Preguntó con entusiasmo Talp.

—Claro, nuestros caballeros son los mejores combatientes en tierra conocidos en los reinos del Grand Line.— Alabó a estos. A su vez, tras una breve caminata, los invitó a ingresar a una llamativa instalación. —Este es el laboratorio donde trabajo, aquí trabajamos en investigaciones de todo tipo.— Introdujo al grupo a una enorme sala, con diferentes mesas y elementos de investigación esparcidos por esta, y unos pocos hombres en batas blancas rondando por el lugar.

El repentino tour inquietaba a Elliott, quien no tardó en hablar. —¿Y que tiene que ver esto con nosotros?— La rudeza del comentario provocó que recibiera un codazo por lo bajo de Cecilie. —¡Mahwawawa! Lamento dar tantos rodeos. Síganme.—

Merlín los llevó a una sala aledaña, aunque más pequeña, cuya iluminación de la misma estaba centrada en en una enorme bloque de tono azulado. —¡¿Un poneglyph?!— Meredy se sorprendió al verlo.

—Eso no es precisamente lo que quiero mostrarte.— Dijo Merlín, y junto a Meredy se acercaron a la enorme roca. Meredy fue quien más se aproximó, reposando su mano sobre la roca. Allí, al final del largo escrito, pudo identificar una firma.

—Raven D. Aderyn—


—Es el mismo nombre que vi en Lazaward.— Susurró con algo de asombro. Merlín sonrió. —Dije que conocía a los Aoyama. Pero la verdad es que sólo la conocí a ella. A tu madre.— Estas palabras dejó al grupo de piratas con una expresión de completa sorpresa.

Capítulo 78: La voz de todas las cosas

—¡Esperen un momento! ¡¿Meredy, tu madre era una D.?!— Expresó Cecilie, que al igual que Elliott estaba sorprendida. —Coincide parcialmente con el nombre de mi madre, pero eso no lo sabía.— Respondió Meredy, confundida.

Ben y Talp estaban extrañados, parecían no entender el porqué del revuelo. Mientras tanto, Merlín se dirigió a un armario cercano y de uno de sus cajones sacó dos grandes hojas. —Veo que puedes leer el idioma antiguo de los poneglyph.— Dijo, para entregarle aquellos papiros con extrañas escrituras. —Hemos conseguido copiar los escritos de otros dos poneglyph, pero lamentablemente no disponemos de los medios para traducirlos.—

Meredy tomó las hojas. Mientras tanto, un poco apartados, el grupo de piratas hablaba por lo bajo entre ellos. —¿Qué tiene de impresionante el nombre de su madre?— Preguntó Ben. —Solo he oído rumores y cuentos respecto a esa inicial. Pero todos coincidían en que aquellos que llevan la D en su nombre son portadores de una voluntad increíble.— Explicó Elliott.

Por su parte, Cecilie aportó lo suyo. —Desde pequeña he oído que esa inicial es sinónimo de peligro. Y que aquellos que la porten están destinados a traer el caos al mundo.— El grupo se quedó observando a la distraída Meredy en silencio.

—¿Y eso qué? Meredy ha demostrado ser diferente a su familia.— Interrumpió Talp. —En todo caso, aún debemos oír su versión.— Terminó por decir Ben.

Mientras, Meredy parecía confundida y extrañada con los escritos que observaba. —Hmm no entiendo demasiado.— Decía, mientras volteaba las hojas en busca de otra perspectiva.

Merlín se mostró bastante decepcionado al oír eso. —¿Entonces... no sabes interpretar los escritos?— Cuestionó el hombre mientras acariciaba su barba.

—Es extraño.— Dijo la peliazul. Para luego acercarse a la enorme roca nuevamente y reposar su mano derecha sobre ella. —En cambio, esto puedo entenderlo a la perfección.—

—Mucho más que un objeto material, una copa o un cáliz no son el tesoro.
La sangre en su interior puede embriagar al mismísimo sol.
Sólo en manos del verdadero rey la espada indicará su camino.—

El grupo de piratas se quedó en silencio, extrañados. Pero Merlín se mostró completamente exaltado. —¡¿Qué, realmente dice eso?!— Vociferó, a lo que Meredy asintió con su cabeza. —¡Rápido, sígueme!— Expresó, y paso apresurado comenzó a trotar.

Meredy lo siguió, y con ella el resto de la banda. A paso ligero llegaron a los caminos principales y al interior del castillo del reino. Apartando a todo guardia que se cruzaba, Merlín terminó entrando a la sala principal, abriendo de par en par las enormes puertas principales.

—¡Rey Uther! ¡Lo hemos descifrado!— Alzó la voz Merlín. Allí, en la sala, se interrumpió lo que parecía una charla. Sentado en lo que parecía ser la cabecera de una enorme mesa redonda, se encontraba un hombre corpulento, de cabello carmesí vistiendo una capa rojiza.

[ Uther Pendragon, rey de Camelot.]

Otro hombre también se encontraba sentado en la misma mesa. Este, con una expresión de disgusto, se puso de pie. —¿Ahora que quieres, Merlín?—

[Sir Lancelot, caballero de la mesa redonda.]

El grupo de piratas se detuvo en la puerta de la sala, creyendo que realmente no deberían estar ahí.

—Lo he... lo ha descifrado. Esta jovencita ha podido leer la roca.— Merlín tomó a Meredy de un brazo y la hizo avanzar. Ella, con su mejor cara de 'no se que hacer' alzó su mano y movió ligeramente los dedos, en un intento de saludo con timidez.

—¿Y ella quien es?— Preguntó el caballero. Mientras que el rey, en silencio, se puso de pie. Su mirada había cambiado, pareciendo sorprendido. —Tus ojos... los he visto antes.—

El rey Uther se aproximo a ella, parándose en frente. Este, debido a su gran tamaño, casi la triplicaba en altura. Meredy, comenzaba a incomodarse, por lo que decidió presentarse. —Me llamo Meredy, y soy una pirata.— La peliazul estiró su mano, a modo de saludo. El rey, con una cálida sonrisa estrechó manos con ella.

Merlín observó a su rey, al quien no había visto sonreír en un largo tiempo. —La voluntad de Aderyn está presente en ti. Imagino que eres su hija. ¿No es así?— Ante las palabras de Uther, Meredy asintió con su cabeza.

—¿Así que también puedes leer el idioma antiguo?— Uther curioseó al respecto. —No exactamente.— Interrumpió Merlín, y agregó. —Ella posee la habilidad de oír la voz de todas las cosas. ¡Igual que Aderyn!—

Capítulo 79: Diagnóstico

Meredy inclinó su cabeza hacia un lado, demostrando que no entendía a lo que se había referido Merlín. De igual modo, el grupo de piratas tampoco parecía entender. A lo que Merlín hizo una breve explicación. —Muy pocas personas tienen la capacidad de oír la voz de todas las cosas, y de esta forma interpretar cosas que otros no pueden.—

Esto dejó sin palabras a los presentes, que no sabían que decir al respecto. Por su parte, Lancelot, desconfiaba de las palabras del anciano. —Sólo es otro de tus cuentos.— Desacreditó a Merlín con su comentario. Fue entonces cuando Uther habló. —Yo fui testigo de eso. Aderyn poseía la habilidad de comunicarse con los animales.—

Mientras que Lancelot seguía incrédulo y argumentaba que debería haber una explicación razonable para eso, Cecilie se percató de algo. —¿Disculpe, alteza, se encuentra bien?— Mencionó, interrumpiendo la discusión del caballero y el consejero.

Uther no dejaba de frotar su frente con dos de sus dedos, a la vez que se encontraba sudoroso. Lancelot observó a su rey y notó esto, devolviendo la mirada hacia Cecilie, admirado por lo intuitiva que había sido al comprender rápidamente el lenguaje corporal de Uther.

—Nuestro rey ha sufrido algunos síntomas desde que la oscuridad se ha hecho presente en el reino. Asumimos que debe ser causa de una maldición.— Habló Merlín.

—¡Silencio, anciano! No existe cosas tales como la magia o las maldiciones.— Vociferó el caballero con furia. —Guárdate tu recelo. No olvides de donde provienes. ¿Qué sería de ti si te dejábamos morir en ese charco?— Replicó Merlín, provocando al caballero.

Nuevamente Cecilie interrumpió la disputa, dirigiéndose al rey. —Soy médica. Si no le molesta, podría revisarlo y así poder dar mi propio diagnóstico.— Sugirió, a lo que Uther respondió. —Los mejores médicos del reino ya me han revisado. Aún así, como desees.— También agregó. —Mientras tanto, Lancelot, escóltalos hasta los muelles del reino. Anclar en Sarras no es de lo más seguro para su barco.—

—Así que ya se habían percatado de nuestra presencia.— Susurró Elliott. Al mismo tiempo, Lancelot pasaba por su lado, retirándose, con una expresión de pocos amigos.

Cecilie se retiró junto a Uther a otra sala, a la vez que Merlín le pedía a Meredy que lo acompañara. Asimismo, el resto siguió a Lancelot, quien ya se había retirado a paso ligero.

Las horas pasaron, y el grupo de piratas se encontraba en el Big Sunshine, esperando a Meredy y a Cecilie para antes del anochecer.

—Imagino que la noche aquí será mucho más oscura.— Mencionó Ben, mientras observaba al cielo, bajo la tenue y casi nula luz del sol del atardecer. A su vez Talp protestaba, decepcionado porque los caballeros no resultaron ser como él imaginaba. —Al final son todos unos amargados.—

Fue entonces cuando observaron a Cecilie llegar. —¿Y bien, que tiene el rey?— Preguntó Elliott, aunque todos tenían curiosidad. —Es extraño. Sus signos vitales son normales. Pero ha mencionado que ha sufrido insomnio y pérdida de memoria estas últimas semanas. Sus vasallos le mencionan que ha ordenado cosas que él no recuerda haber hecho.—

Elliott interrumpió. —Curioso. Teniendo en cuenta que tiene recuerdos lúcidos sobre la madre de Meredy.— Esto dejó pensando al resto. —Exacto.— Expresó Cecilie.

—¿Entonces cual es el diagnóstico?— Curioseó el pelirrojo. Cecilie tomó una postura mucho más seria. —Su amnesia no es por causa natural. Al igual que esta oscuridad, algo la provoca.—

—¡La maldición!— Gritó Talp, asustado. —No existe algo como tal.— Dijo rápidamente Ben, para luego dirigirse al resto de sus compañeros. —¿De quien sospechan?—

—Eso no importa. Somos piratas, no es nuestra incumbencia lo que suceda aquí.— Elliott expuso su opinión al respecto. —Aún así, si vamos a interferir o no, deberá decidirlo Meredy.— Es entonces cuando Chiyome los interrumpe, advirtiéndoles que alguien se acerca.


(Quince minutos antes)

En uno de los pasillos de los laboratorios de Merlín, este se encuentra caminando con Meredy. —Te agradezco por ayudarnos a interpretar los escritos.— Decía Merlín, mientras ambos caminaban a solas.

Al oír voces, una de las tantas puertas que conectan ese pasillo se abre lentamente, pero a medias. Desde allí, alguien se asoma observando. Este se sorprende al ver como la peliazul cae al suelo, aparentemente inconsciente, con un dardo en su cuello. También ve a Merlín esbozando una malévola sonrisa.

Capítulo 80: El príncipe Arthur

El grupo se reúne en la proa, observando a quien se acercaba corriendo por el muelle. Todos logran divisar que se trata de un niño de cabello carmesí. —¿Ustedes son los piratas?— Se dirigió hacia el barco, aunque se tomó una pausa para tomar aire. —¡Debo decirles lo que he visto!... ¿Esperen, hay un ninja en su tripulación? ¡Genial!— Termina interrumpiéndose a sí mismo, admirado tras ver a Chiyome.

—¡Príncipe Arthur!— Exclamó una voz. Al mismo tiempo, a gran velocidad, detrás del joven aparece Lancelot. —¿Qué hace aquí?—

[ Arthur Pendragon, príncipe de Camelot y futuro heredero del trono.]

—¡Oh, cierto! He venido a avisar al grupo de piratas que su capitana ha sido secuestrada.— Dijo Arthur a Lancelot, aunque el grupo alcanzó a oír lo que dijo. Alarmados, bajaron del barco y se acercaron al príncipe. —¿Es cierto lo que dices?— Preguntó Cecilie.

—He visto con mis propios ojos como Merlín se la llevaba inconsciente.— Explicó. Esto alarmó aún más al grupo. Temiendo que los piratas tomaran acción contra el reino, Lancelot habló. —Intentaré averiguar algo al respecto. Ustedes quedense aquí.—

—¿Como sabemos que no eres un farsante también?— Cuestionó Elliott. Esto enfureció al caballero. —¡Soy un caballero, siempre hablo con la verdad!— Vociferó, remarcando su honor.

—Está bien, confiaremos en ti.— Cecilie cortó el momento de tensión con su comentario —Si descubres algo infórmanos de inmediato, o de lo contrario nos veremos obligados a actuar.— Terminó por aclarar, aunque la advertencia no fue de agrado para el caballero. Lancelot se retiró, junto con el príncipe.

Asimismo, el grupo de piratas se volvió a reunir en el Big Sunshine. —¡¿No haremos nada al respecto?!— Protestó en voz alta Talp. —¿Tienes algo en mente— Preguntó Elliott a Cecilie.

Por la mirada seria y pensativa de su compañera entendió que algo tramaba. —Existen dos posibilidades. Que el príncipe esté mintiendo o que esté diciendo la verdad. Pero nada de eso importa. Lo cierto es que Meredy aún no ha regresado.— Sus palabras parecieron motivar a sus compañeros. —Iremos a buscarla de todos modos.—

Ben ajustó su espada a su cintura, mientras que Elliott alistaba su abanico. —En el tiempo que estuve con el rey, él mencionó que los caballeros de la mesa redonda estaban fuera del reino, por lo que podemos tomar ventaja de eso. Según dijo, dos de esos caballeros están actualmente en el reino, es decir que además de Lancelot hay otro caballero más.— Habló Cecilie, y procedió a explicar el plan. —Usaremos la misma estrategia que en Lazaward. Aprovecharemos las habilidades de sigilo de Chiyome para que busque a Meredy. Talp y Ben, ustedes serán quienes atraigan la atención de los guardias del reino. Con suerte atraerán también a uno de los caballeros de la mesa.—

Elliott interrumpió a Cecilie —No puedo usar las habilidades de mi fruta bajo esta oscuridad por muy de día que sea.— Mencionó. —Soy consciente de ello, es por eso que tu y yo buscaremos una solución ante la misteriosa oscuridad. Creo que tiene que estar relacionado de algún modo.—

• • •

Mientras tanto, algo aturdida, Meredy recobra la consciencia. Lentamente abre los ojos, y sin recordar que había sucedido observa el lugar en donde se encuentra. Este parecía ser una pequeña y oscura habitación.

Al intentar reincorporarse es cuando se da cuenta que no está sola allí. Frente a ella, justo delante de la única puerta de aquel cuarto, se puede ver a si misma de pie. Frunciendo su ceño y entre-cerrando sus ojos se mostró confundida.

—Meredy Aoyama. Tomaré prestado tu cuerpo.— Escuchó. Pero claramente no fue ella quien habló, aunque sea su imagen la que tenía frente a ella.

• • •

La banda se dividió de acuerdo al plan de Cecilie. Moviéndose con rapidez por los alrededores del castillo del reino, los diferentes grupos aguardan en sus posiciones.

Mientras que el dúo de Ben y Talp se preparan para su parte. Ambos se encuentran corriendo recto hacia las puertas principales del castillo. Es entonces cuando atraen la atención de los guardias que custodiaban la entrada. —¡Oigan, ustedes!— Exclamó uno, advirtiéndoles que no se acercaran.

Al ver que los intrusos no detenían su paso, se dispuso a desenfundar su espada y atacar al samurái, quien era el que estaba a su alcance. Para su sorpresa la hoja de su espada choca contra el antebrazo de Ben, sin causarle ninguna herida. Poco tiempo tuvo para sorprenderse el hombre ya que rápidamente fue cortado, quedando fuera de combate al instante.

Talp no tardó en comentar respecto a las habilidades de su compañero. —Tu cuerpo de acero te permite combatir sin necesidad de portar una armadura.— Palabras a las cuales Ben no supo como corresponder.

Asimismo, un pequeño grupo de guardias se acercó y los rodeó. —¿Oye, esperas que yo haga todo el trabajo?— Comentó por lo bajo el samurái. Acto seguido, el mink saca del pequeño bolso que llevaba en su cintura dos guanteletes de acero. Estas cubrían también sus garras como refuerzo. —¡Parece que llegó el momento de estrenar mi artillería!— Exclamó Talp como respuesta.

Capítulo 81: Sospechas

Rápidamente toda la atención se centró en la entrada principal del castillo, lo que favoreció a Cecilie y Elliott, quienes sin dificultades se pudieron meter por la parte trasera del castillo hasta los jardines. A paso lento pero procurando no hacer ninguna clase de ruido, el dúo camina bajo unos balcones. Fue entonces que, para su sorpresa, alguien cae justo delante de ellos.

Ambos se alarmaron al ver que se trataba del príncipe que previamente habían conocido. Este, debido al golpe, se frotaba sus partes. Cuando se percató de la presencia de Elliott y Cecilie no pudo evitar exclamar. —¡¿Ah, que hacen ustedes aquí?!— Rápidamente Elliott lo tomó por la fuerza tapándole la boca.

Para su mala fortuna, un guardia apareció para presenciar la escena. —¡Hey!— Gritó el hombre, provocando que el dúo de piratas echara a correr. Aunque también, con ellos, el príncipe. —¡Los piratas han secuestrado al príncipe Arthur!—

—¡¿Qué haces siguiéndonos?!— Vociferó Elliott mientras corrían. —Lancelot me dijo que no saliera de me habitación. ¡Pero también quiero ayudar en esto, después de todo es mi deber como príncipe!— Las palabras del joven parecieron sinceras.

El grupo logró escabullirse en los patios traseros, en donde se pusieron a resguardo. —¿No se supone que deberían luchar? Son piratas.— Cuestionó el príncipe, causando una mala mirada de Elliott. Asimismo, Cecilie aprovechó el momento. —¿Puedes decirnos algo que no sepamos acerca de la extraña oscuridad?—

El príncipe se mantuvo pensativo por unos momentos. —No se nada al respecto. Sólo sé apareció al mismo tiempo que el extraño comportamiento de mi padre. Cada vez creo más en que se trate de una maldición, como dijo Merlín.— Esas últimas palabras llamaron la atención de Cecilie. —¿Alguien más aparte de Merlín evaluó la situación?— Preguntó. A lo que el príncipe respondió. —No, después de todo él es el hombre más inteligente del reino.—

Las sospechas estaban claras. —Una acusación de brujería no es precisamente lo que esperas de la persona más inteligente del reino.— Comentó Elliott, mientras que Cecilie pellizcaba su labio inferior.

—¿Y por qué no lo hablan con mi padre?— Propuso el joven. —Uther me ha parecido una persona sensata. No perdemos nada intentando.— Acotó Cecilie. Elliott se limitó a suspirar, demostrando que no estaba convencido con la idea.


De vuelta en la entrada al castillo, pese a haber derrotado ya a varios soldados del reino, Ben y Talp se ven rodeados por más caballeros. —¿Estos son los famosos caballeros? ¡No son la gran cosa!— Exclamaba el mink mientras derribaba a otros dos soldados, motivado por el uso de sus nuevas garras.

—Te equivocas, mi peludo amigo.— Habló una voz masculina. El grupo de soldados que los rodeaba se abrieron y dieron paso a un caballero de armadura de tonalidad rosada y capa del mismo color. Su aspecto se diferenciaba en mucho al resto de soldados. —Es cierto que los soldados del reino son caballeros, pero no es de ellos de quienes has oído de su fama.— Explicó el hombre, y continuó. —Existe también una orden de caballeros de la mesa redonda, aquellos caballeros que se ganaron su lugar debido a su fuerza y lealtad.—

—Y tu eres uno de ellos.— Dijo Ben, preparado para enfrentarlo. —En efecto, mi vistoso amigo.— Afirmó, para luego presentarse. —Mi nombre es Galahad.— Terminando con una leve reverencia.

[Sir Galahad, caballero de la mesa redonda.]

El caballero desenfundó su espada y con un elegante movimiento se puso en guardia. —Atrás. Yo me encargaré de los piratas.— Expresó con autoridad al resto de soldados, quienes dieron un paso hacia atrás.

Capítulo 82: ¡Soy yo!

Chiyome decidió infiltrarse en los laboratorios de Merlín. Pasando por alto las salas donde había gente y se enfocó en buscar en salas vacías, en busca de alguna pista. No tardó en llegar a un pequeño salón, al extremo de un vacío pasillo. Este parecía funcionar como cuarto de elementos desechables, puesto que se encontraba repleto de muebles antiguos y malgastados, así como otros objetos en iguales condiciones.

Nada parecía fuera de lugar, excepto por la extraña corriente de aire que hacía rechinar el suelo de madera. Chiyome levantó la pesada alfombra bajo sus pies descubriendo que bajo esta había una trampilla.

Fue entonces que notó que no estaba sola. —Parece que pensamos en buscar en el mismo lugar.— Dijo una voz. Acto seguido Chiyome se puso en guardia sacando un kunai. Algo sorprendida, notó que esta persona que se encontraba de pie en la entrada de aquel lugar era Lancelot.

—Esperaba que no se quedasen de brazos cruzados, pero dime una cosa... ¿Debo tratarte como aliado o enemigo?— Habló el caballero con una extraña calma. Desconfiando de él, Chiyome se apresuró y saltó hacia la trampilla. Tras descender por esta notó que llegó a lo que parecía ser un pequeño cuarto adornado como si fuese una vivienda.

Tras ella descendió también Lancelot, quien echó una rápida mirada hacia su alrededor, con completo desconocimiento de su existencia, para luego dirigirse a Chiyome. —No me agrada la idea de atacar a una mujer.— Dijo, reposando su mano izquierda sobre su cintura, donde portaba su espada.

Chiyome, al verse acorralada, se dispone a confrontarlo. Es entonces cuando una voz los interrumpe. —¿Hay alguien ahí?— Esta voz proviene de detrás de una antigua puerta de madera. Ambos se miran entre sí, priorizando el descubrir quien era aquella persona antes de comenzar a luchar.

Lancelot sin mucho esfuerzo logra forzar la puerta y abrirla, descubriendo que del otro lado hay una reducida habitación a oscuras con tan sólo una cama. Asimismo, la voz provenía de una escuálida mujer. Esta, al verlos, los reconoce al instante, mostrándose sorprendida de verlos. Por su parte, ellos no la conocen en lo más mínimo.


Mientras tanto, el combate entre Ben y Galahad ya había dado comienzo, pero se reduce a un reñido choque de espadas. El caballero no tarda en lanzar halagos a su contrincante. —Nunca antes había visto a un samurái combatir, estoy maravillado.— Ben se limitó esbozar una sonrisa antes de responder. —No mientas, aún no logro encontrar una abertura en tu estilo.—

Ben continúa lanzando una seguidilla de cortes veloces, los cuales son bloqueados por el caballero aunque este se ve obligado a retroceder poco a poco. A lo que Ben detiene su ofensiva al percatarse de que él era el único que se encontraba atacando.

Galahad aprovecha el momento y toma distancia de él. —¿No atacarás?— Preguntó Ben, bajando su espada. Esto provocó una risa nerviosa de parte del caballero. —Eh... Hahaha... es que no encuentro modo de derrotarte.— Comentó mientras rascaba nerviosamente su cabeza, avergonzado.

Esto provocó que el resto de caballeros quedaran boquiabiertos ante la declaración de Galahad, incluso Talp. —¡Queeeeeee!— Vociferó el mink, incrédulo y decepcionado.

—He visto que tu cuerpo cuerpo no puede ser cortado por la hoja de nuestras espadas, no tiene sentido que te ataque.— Su actitud dejó a todos perplejos, exceptuando a Ben quien sólo suspiró. —Bueno, mis órdenes son retener el avance de los piratas en la entrada principal. Y eso estoy haciendo.—

Ben envainó su katana. —Supongo que eso es todo.— Expresó, cruzando sus brazos. —Nuestro trabajo era retener al caballero aquí, y eso estamos haciendo.— Aclaró.

Galahad sonrió. —En otras condiciones me gustaría haberlos invitado a beber algo, al menos.— Dijo amistosamente.


—A ver si entendí bien.— Habló Lancelot. —¿Dices que se robaron tu cuerpo y que te dejaron aquí atrapada en ese?— Intentaba creerle a la extraña mujer de bata blanca, mientras que esta seguía repitiendo lo mismo. —¡Exacto! ¡Soy yo, Meredy!—

Chiyome se mantuvo pensativa, observando a aquella mujer que decía ser su capitana. No podía evitar dudar al respecto. Al notar que estaba siendo observada por la kunoichi, esta decidió hacer una pose la cual sabía que reconocería. —Nin nin.— Dijo, mientras juntó las palmas de sus manos. La pose que hizo con estas sorprendieron a Chiyome.

Chiyome se dirigió a Lancelot y terminó por asentir con su cabeza. —¿Qué, le crees?— Cuestionó el caballero, recibiendo otro movimiento de cabeza afirmando. —Supongo que se trata de algún lenguaje secreto que manejan ustedes, interesante.—

Capítulo 83: Morgana

El trío de Cecilie, Elliott y Arthur se escabulle por el castillo, evitando a los guardias, y se dirigen hacia el gran salón principal. Al acercarse notan que el par de portones se encuentran entre-abiertos, por lo que deciden asomarse y echar un vistazo antes de ingresar. Allí vieron a Uther, en compañía de Merlín y Meredy.

Asombrado, Arthur muestra intenciones de ingresar y declarar lo que había visto, puesto que le parecía extraña la situación. Pero justo antes de que pudiera hacerlo, Elliott lo detuvo tomándolo de un brazo. Y con una mirada seria le dio a entender que debía esperar. Allí, pudieron observar y oír la ya empezada charla.

—¿¡Acaso piensas chantajearme!?— Exclamó Uther.

—Obedece, o acabaré con tu reinado en un momento.— Habló Meredy, con un tono amenazante.

—Mi rey, su banda ha capturado al príncipe. Son piratas después de todo, son capaces de cualquier cosa.— Agregó Merlín, mostrándose atemorizado.

Por dentro, Merlín no podía estar más satisfecho, ya que el rumor de que el príncipe había sido secuestrado era perfecto para la situación en la que se encontraban. A su vez, Cecilie y Elliott se encontraban completamente anonadados.

Sin más, esta vez es Elliott quien toma la iniciativa e ingresa al salón. Cecilie y Arthur le siguen. Esto sorprende a Merlín, quien da un pequeño salto. Por su parte, Meredy voltea a verlos y muestra una expresión de disgusto. A su vez, Uther se sorprende de ver a su hijo.

—¿Que se supone que está sucediendo?— Interrogó con seriedad Elliott.

Merlín rápidamente quiso responder, balbuceando algunas palabras. —Esto... es...— Pero rápidamente fue interrumpido por Elliott. —Cierra la boca. No estaba hablando contigo.— El navegante dejó en claro que se dirigía hacia Meredy.

El joven Arthur se mostró fascinado por la respuesta del pirata. Mientras esto sucedía, Cecilie analizaba a Meredy. Notando que desde el comienzo, la postura que esta tenía era extraña, además de que sus ojos se encontraban oscurecidos, y su expresión facial era completamente diferente.

Al no haber respuesta por parte de la peliazul, Cecilie decide hablar. —¿Quién eres?— Las palabras de la mujer sorprendieron aún más, de lo que ya lo estaban, a los presentes. Elliott la observó, preguntándose a que se refería. —Tú no eres Meredy. Te ves como ella, pero claramente no lo eres.— Agregó.

Merlín, por dentro, maldecía al reconocer lo perceptiva que era Cecilie. —Supongo que ya no tiene caso seguir intentando esta farsa.— Habló la supuesta Meredy. —Yo no soy esa tal Meredy. Mi nombre es Morgana.— Tras decir esto, volteó y observó al rey. —¿Me recuerdas?— Preguntó con evidente furia.

Uther se mostró exaltado. Claramente reconoció ese nombre. —¿P-pero como?— Se preguntó en voz alta.

—Después de que me abandonaras, Merlín me acogió y desde entonces he soñado con destruirte.— La rabia en sus palabras se hacía notar. —Ahora, con este cuerpo, puedo lograrlo.—

—¡Yo no te abandone!— Vociferó Uther, para luego hacer una pausa. —Yo... lo siento.—

—¿Creíste que un hijo bastardo quedaría en el olvido? Cosechas lo que siembras.— Esta vez habló Merlín.

—Dijiste 'este cuerpo', por lo que no se trata de un tema de apariencia sino que literalmente es el cuerpo de Meredy. ¿no es así?— Preguntó Cecilie, tras analizar las palabras previas de Morgana.

—Exacto, domino la magia Hen Hen.— Explicó Morgana. —No te molestes en pedir que regrese el cuerpo, este es mucho mejor que el mio.—

El rey Uther, indignado, interrumpió con un grito. —¡Detengan esta locura!— Merlín solo dejó salir una carcajada. —Ya es muy tarde.— Respondió, para luego alzar una mano y, de un instante a otro, oscurecer por completo la sala.

Segundos más tarde todos recuperaron la visión, pero para entonces Merlín y Morgana ya no se encontraban allí. —¡Escaparon!— Exclamó Arthur. Mientras que Cecilie y Elliott intentaban procesar lo sucedido.

Capítulo 84:

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