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Arco de la Torre de Combate
Arco de la Torre de Combate
Información
Número de capítulos 15
Anterior Arco del asalto a Lazaward
Posterior Arco Camino del Tigre
Creador NeoGirl

El arco de la Torre de Combate es el octavo arco de The Blue Haired One.

Capítulo 49: Desde las cubiertas del mundo

Los news coo dispersan por el mundo los periodicos, y con estos las últimas noticias. Esta vez llega a ojos de todos la última hazaña de los piratas de la peliazul, quienes comienzan a generar gran expectativa alrededor del mundo. La noticia llega a los diferentes mares, en especial el Grand Line, donde diferentes piratas leen con entusiasmo el periódico. —Esa maldita me ha robado toda la atención.— Protestaba Aramis, mientras clavaba un cuchillo en la mesa de un bar. —¡Ghehehehe! ¡Son ellos!— Reía animado Gulliver tras leer el periódico, encontrándose a bordo un enorme barco.

Por otra parte, en el mismo Reino de Lazaward, los príncipes leían las noticias mientras se servían una lujosa merienda. —Aquí dice que Meredy lo planeó todo. ¡Hajajaja!— Reía con fuerza Ronet, mientras golpeaba con su puño la mesa y alteraba la paciencia de su hermano mayor. —No me sorprende, las noticias por lo general son más mentira que verdad.— Se limitó a responder Neirin, quien terminó de untar su pan solo para que sea arrebatado por su hermano menor. —¿Sabes cuanto podría aumentar su recompensa si realmente supieran quien lo planeó todo?— Curioseó, lo que atrajo la mirada de su hermano.

Navegando por el Calm Belt, dos marines son llamados a la recámara del buque. Una joven muchacha de cabello rubio entró sin golpear, y tras ella un curpulento hombre. —¿Qué sucede, Charlie?— Preguntó con completa confianza e informalidad la joven marine. Detrás del escritorio los esperaba sentado Charles, capitán de la marine. —Creí que querrían leer esto.— Soltó el periódico que sostenía sobre su escritorio, para que Johanne y Alessio lo leyeran. —Oh, me alegro de que se hayan recuperado de lo ocurrido en Blue Station.— Se mostró aliviada Johanne.

• • •

Mientras tanto, navegando a bordo del Big Sunshine nuevamente por el Grand Line, los Piratas de la Peliazul apenas creían haber salido del apuro en el que se encontraron hacía poco más de un día. Asimismo, no tenían tiempo que perder. Elliott se encontraba junto a los minks, Talp y Vera, charlando sobre revisiones para el barco, al parecer ya había comenzado el plan de reparación. Cecilie encontraba con Meredy, quien tenía su brazo derecho resentido tras el día anterior y la médica le hacía unas revisiones. A su vez, Ben les alcanzaba dos elegantes copas con jugo de frutas y Wallace dormía recostado bajo la sombra del mástil.

De repente, un kunai cae con fuerza y se clava en la cubierta del barco, atrayendo la atención de todos. Acto seguido, Chiyome cae y retira el kunai, mientras que alza su otra mano sosteniendo el periódico. —Diganme, ¿quién fue el genio que nombró vigía a la única que no habla?— Expresó Wallace. Inmediatamente todos observaron a Meredy, quien no hizo más que reír. Cecilie tomó el periódico y procedió a leerlo en voz alta.

El mundo se estremece con el surgir de nuevas tripulaciones piratas, cada vez son más novatos quienes rápidamente se ganan la atención del mundo. Esta vez dejaremos de lado a la «Mosquetera», al «Pluma Azul Dorada» y a «Don Barbacoa», para darle lugar a una tripulación de novatos que se han ganado la mención.

Hicieron su debut hace poco menos de un año en Loguetown, pero estos últimos meses estuvieron fuera del radar. ¡Ellos son ni más ni menos que los Piratas de la Peliazul! Aparentemente su capitana, Meredy Aoyama, ha planeado un ataque hacia su reino natal. Con un elaborado plan, su tripulación arribó en la isla Lazaward en un violento y caótico asalto al reino.

Meses atrás la tripulación causó destrosos en la ciudad sin leyes, Mock Town. Pero esta vez demostraron ser unos temerarios al enfrentar directamente a la noble familia de los Aoyama. Aunque unos novatos no están a la altura de las fuerzas armadas de Lazaward, han logrado escapar. La marine ha puesto un ojo sobre ellos y están a la espera de más información, ¡y con nuevas cifras sobre sus cabezas!.
Segunda recompensa de Meredy
Segunda recompensa de Wallace
Segunda recompensa de Elliott
Segunda recompensa de Cecilie
Segunda recompensa de Benjiro
Chiyome recompensa

Capítulo 50: Rumbo a la Isla de la Torre de Combate

Como era de esperarse, los Piratas de la Peliazul celebraron las noticias con un gran banquete. Aunque esta vez Ben se limitó a hacer un popurrí de ensaladas, siendo elogiado por los minks, quienes se mostraron facinados ante las habilidades culinarias del samurái. Quien no se mostró conforme fue Wallace, que no tardó en protestar. —¡¿Qué es esto?! ¡No quiero comer cesped condimentado!— Exclamó disgustado. —Las hortalizas son una comida sana, la cual no viene mal de vez en cuando.— Habló el cocinero, mientras que Cecilie afirmaba con su cabeza.

Wallace mantuvo su expresión de rabia en todo momento, apretando y crujiendo sus dientes al no ver un solo trozo de carne en la comida. Como si por instinto natural se tratase, giró su cabeza y dirigió su mirada hacia los minks, provocándoles un escalofrío que los alarmó. —Ustedes pueden servir como comida de emergencia.— Susurró, aunque fue suficiente para que lo escucharan y gritaran despavoridos. —¡WHAAAA!— Gritaron asustados ante la cruda mirada del primer oficial. Cecilie terminó por golpear con la palma de su mano la cabeza de Wallace.

Mientras tanto, Meredy les contaba a Elliott y Chiyome la historia de como conoció a Talp y Vera. —¿Entonces decidiste liberarlos para que se unan a la banda?— Preguntó el pelirrojo. —Oh, claro que no. Ellos ya pertenecían a una banda pirata pero fueron atacados y secuestrados, siendo objeto de ventas en el bajo mundo.— Explicó la peliazul, mientras mezclaba su ensalada. —Supe que su capitán fue comprado por un noble mundial y enviado a la Isla de la Torre de Combate.— Prosiguió. Para entonces todos en la cocina le estaban prestando atención. —Iremos y lo liberaremos.

Las palabras de la peliazul conmovieron a los minks, quienes de forma exagerada se lanzaron sobre ella exclamando que es demasiado buena. —En aquella isla predomina el tráfico de esclavos, los cuales son forzados a combatir sin descanso.— Procedió a explicar Wallace, quien parecía estar informado al respecto.

Por un segundo Cecilie se mostró pensativa, llevando su dedo índice a su mentón. —Los bajos fondos...— Mencionó. —Eso es terreno peligroso. ¿Eres consciente de ello?— Si bien sus palabras iban dirigidas hacia su capitana, no dejaba de ser una advertencia para los demás. Meredy simplemente asintió con su cabeza. —Bien, está decidido. Iremos rumbo a la isla de la Torre de Combate.— Pronunció en voz alta Elliott.

La tripulación, junto a los minks, se mostraban muy animados al respecto. Bromas, gritos, risas. Algo que no era de extrañar, pero Cecilie se percató de que alguien estaba más callado de lo normal. —¿Sucede algo?— Preguntó por lo bajo. Wallace la observó con una mirada perdida. —¿Eh? No, nada.— El primer oficial se levantó y se retiró. Cecilie sabía que alguien tan expresivo como él era muy malo disimulando o mintiendo, en especial porque notó que apretaba sus puños. Ella simplemente lo observó retirarse sin decir nada.

Capítulo 51: Inscripciones

Dos días completos transcurrieron para cuando pudieron divisar su objetivo a la distancia. —Hemos llegado antes de lo que esperaba. El clima nos ha favorecido.— Declaró Elliott. La tripulación observaba una pequeña isla, en comparación con otras, pero lo más llamativo era la inmensa estructura que se alzaba sobre una meseta.

Ya habiendo aproximandose lo suficiente, divisaron una gran cantidad de barcos anclados en la costa de la isla. A diferencia de Mock Town, en esta isla parecía haber un ambiente más animado. A cargo del timón, el navegante decidió anclar alejado de lo que parecía ser la costa más transcurrida. El grupo de piratas estaba listo para comenzar su plan de incursión.

Cecilie los reunió a todos en la proa. —Los preparativos ya están listos. Elliott se quedará en el Big Sunshine junto a Talp. Vera nos acompañará, pero hay que ser precavidos, los minks son esclavos muy valiosos.— Mencionaba la médica, mientras que Chiyome terminaba de vestir con largas telas a la mink coneja. —Debemos actuar con prudencia y evitar llamar la atención. ¿Entendido?

• • •

El grupo pasó por las desérticas costas, llegando a la meseta del centro de la isla. Allí se encontraron con una aglomeración de personas bajo la sombra de la enorme torre, aunque sus aspectos los hacían ver peligrosos. Bandidos y piratas se movían por los alrededores. El grupo se miró entre sí, una señal de que debían ir con cuidado. No tardaron en ingresar por una enorme entrada, allí sus ojos se expandieron ante la sorpresa.

Siendo completamente opuesto a la imagen que daba por fuera, el interior era un show de luces, música y bailarinas. Wallace no tardó en detallar que estas últimas llevaban unos collares peculiares, distinguidos por ser una elemento que portan los esclavos. El grupo se dirigió directamente a una fila de unos pocos hombres delante de un mostrador, donde una recepcionista informaba en voz alta. —Bienvenido a la Torre de Combate. Los pisos superiores están dedicados para la atracción especial de la isla. Pueden inscribirse como combatientes, y a medida que ganan combates avanzan entre los pisos donde grandes recompensas los esperan. Nuestros campeones gozan de grandes lujos.— La mujer procedió a extender su brazo, señalando a la pared detrás de ella, donde habían varios carteles con rostros y nombres, al parecer de los supuestos campeones.

Inhert cartel de recompensa

Rápidamente Vera reconoció uno de los carteles. —¡Es él!— Exclamó. El grupo se quedó en silencio por unos momentos, en los cuales la fila se fue acortando. —Bueno, no tenemos otra opción.— Wallace tomó una postura agresiva y se adelantó al mostrador. —Quiero retar a los campeones.— Señaló los carteles. La recepcionista rió levemente. —Ese es el espíritu que buscamos.— Elogió. —Pero para eso primero debes participar y llegar a la cima. Si crees ser capaz de lograrlo eres libre de inscribirte.— Explicó la mujer, entregándole un lápiz para que anotara su nombre en una ficha. —También necesitas un representante.— Mencionó, dejandolo algo confundido. Cecilie actuó rápidamente y se acercó a él. —Yo soy su representante.— Dijo mientras reposaba su brazo sobre su compañero.

La mujer terminó por entregarle una placa con un número a Wallace y una tarjeta de pase a Cecilie, y los invitó a subir por las escaleras. La médica observó hacia atrás, dedicándole una mirada al resto del grupo. —Les dejo el resto a ustedes.

La siguiente en acercarse al mostrador fue Meredy, quien con entusiasmo pidió inscribirse. Pero para su mala fortuna recibió una respuesta negativa. —Oh, lo lamento. Sólo se aceptan combatientes masculinos.— Dijo apenada la mujer, lo que provocó que la peliazul se desanimara. Chiyome observó a Vera cubierta entre telas, pudiendo disimular que era una mink, y se le ocurrió una idea.

Capítulo 52: Hombre de negocios

Wallace y Cecilie avanzaron hasta encontrarse con una segunda mujer de ropas reveladoras. Esta los recibió amablemente. —Bienvenido a la torre de combate, luchador... 602.— La mujer observó el número en la placa de Wallace y el pase que llevaba colgado Cecilie sobre su pecho. —Mi nombre es Mindy.— Wallace notó como esta también llevaba un collar distintivo, así como también numerosas marcas sobre su piel. Acto seguido Mindy procedió a guiarlos en un pequeño tour. —La torre está dividida en cinco grandes niveles. Los cuatro superiores están dedicados al combate. En el segundo y tercero, hay diferentes rings donde se llevarán a cabo combates de uno contra uno. ¡Cuantos más ganes más rápido podrás subir!— El tour prosiguió, pasando por las plataformas de combate, las tribunas, una enorme sala de estar donde los combatientes y sus representantes tenían acceso a un bar.

Terminando todas las explicaciones Mindy se retiró. No sin antes aclararle que los combatientes son llamados a combate a través de unos altavoces, teniendo cinco minutos para asistir a su cuadrilatero. Ya solos, el duo se quedó en silencio. —¿Notaste que no ha aclarado ningún aspecto negativo? Me pregunto que sucederá si pierdes.— Intentaba conversar Cecilie con su extrañamente callado compañero. —Da igual, no perderé.— Se limitó a responder, y empezó a caminar. Ella le siguió el paso, terminando por llegar a una sala aledaña, lo que parecía ser un gimnasio o sala de preparación. Allí se encontraban varios hombres musculosos jugueteando con pesas y revistas. El ambiente se mostraba hostil hacia la médica, en especial porque estaba rodeada de hombres quienes no tardaron en dedicarle unas atrevidas e incómodas frases entre silvidos.

El dúo se acercó a un mostrador. Cecilie pidió un trago mientras que Wallace un simple vaso con agua. Este último notó que su compañera lo observaba en silencio, a lo que le devolvió la mirada, pero ella la retiró. —No es necesario que me acompañes en todo momento. Puedes quedarte aquí, el ambiente parece más tranquilo.— Cecilie se sorprendió al ver que Wallace pareció preocuparse por ella. —Estoy bien, tuve que lidiar con cosas peores.— Respondió con un tono despreocupado. La corta charla se vio interrumpida por los parlantes anunciando el próximo combate. —¡549 y 602!— Wallace se levantó de su asiento con rapidez. Cecilie se preparó para acompañarlo pero una seña de Wallace fue suficiente para entender que no era necesario, a lo que se quedó en su lugar.

Con la idea de reencontrarse con los demás, Cecilie esperó. Mientras tanto observaba los movimientos que ocurrian alrededor. Notó que prácticamente ningún combatiente parecía acceder al bar, sino que los pocos hombres que habían estaban vestidos de traje y corbata, algunos acompañados de mujeres vestidas igual que Mindy.

Al verla sola, un hombre bien vestido se sentó a su lado. Este pidió dos tragos, aclarando que uno era para la dama a su lado. Sin opciones a negarse Cecilie aceptó la copa, y le agradeció con un leve movimiento de cabeza. —No pareces una representante, la verdad. Jeje.— Comentó el hombre tras ver el pase de Cecilie colgando de su cuello; aunque desde la perspectiva de ella no parecía que él estuviera observando precisamente el pase. —¿Y usted que hace aquí?— Preguntó al embobado hombre. Él se limitó a sacar una pequeña tarjeta desde uno de sus bolsillos y se la dejó delante de ella. —Yo estoy aquí para hacer negocios.— Respondió con aires de misterio, mientras que en la tarjeta se podía leer «Morva, cazatalentos». —Búscame si necesitas algo.— Ofreció con amabilidad, no sin antes guiñar su ojo, para terminar por retirarse.

Poco a poco Cecilie comenzaba a darse cuenta de cuan oscuro era aquel lugar. Aquellos hombres que esbozaban aires de grandeza no eran más que empresarios que ganaban dinero a base de esclavos. Por un momento sintió impotencia de aquellas mujeres que iban y venían, acompañando a estos "hombres de negocios" quienes seguramente las habían comprado o alquilado. Por un momento sintió, tal vez, lo que muy en el fondo sentía Wallace. Después de todo, los revolucionarios son famosos por ir en contra de aquellos que atentan contra la libertad de la gente. —¿Realmente fue buena idea venir aquí con él?— No podía evitar preguntarse.

Al cabo de unos minutos fue sorprendida por una voz que la tomó por sorpresa. —¿Está todo bien?— Sus profundos pensamientos fueron interrumpidos por el regreso de Wallace, quien al verla tan seria y distraída curioseó. Cecilie respondió afirmativamente con un movimiento de cabeza. —¿Cómo te fue?— Aunque sabía la respuesta no pudo evitar preguntar. Wallace estaba tal cual se había ido, sin muestras de haber mantenido un combate. —En este piso sólo hay perdedores y novatos, no serán un problema.— La confianza y seguridad de Wallace estaban intactas.

• • •

Mientras tanto, en el Big Sunshine, Talp y Elliott conversaban. —Navegamos por el Grand Line bastante tiempo. Nuestro capitán se hizo famoso rápidamente, y se ganó el apodo de «Rey de la Selva».— Explicaba el mink ante la atenta mirada del pelirrojo. —Fue entonces cuando apareció un teniente de la marine y lo derrotamos junto a su flota. Fue uno de nuestros grandes logros.— El mink continuaba su relato con nostalgia. —Hasta que los Aoyama aparecieron. Ellos estaban... están, a otro nivel. Y tras eso... nos separamos.— Terminó de pronunciar Talp cabizbajo.

Capítulo 53: Monstruo

Cecilie estaba un poco preocupada ya que no se habían cruzado con el resto del grupo en lo que iba del día. Pero no tenía tiempo para preocuparse, Wallace ya había ganado varios combates y estaba próximo a ascender de piso. Esta vez Cecilie acompañaba a Wallace en lo que podría ser, muy seguramente, el último combate de aquel nivel. Una caminata silenciosa hasta la zona de cuadriláteros donde se separaron. Cecilie se reposó sobre una barandilla en la primera fila, sabía que no iba a durar demasiado.

Wallace se dirigió hacia el cuadrilátero y, tras cruzarse con el juez y presentar su número, subió al mismo. El hombre frente a él portaba unos guantes de boxeo y lanzaba unos puñetazos al aire. Wallace se paró frente a él y el juez desde un costado alzó un banderín. Rápidamente lo sacudió y una campana sonó. El combate ha comenzado. Pero para sorpresa de los pocos espectadores, exceptuando Cecilie, el hombre de guantes de boxeo cae tras el primer golpe en el rostro por parte de Wallace. Tras ver al aparentemente inmovil combatiente en el suelo el juez alzó el banderín y lo sacudió, y nuevamente una campana sonó. —¡El ganador es el luchador 602!

Un grupo de hombres gritaron alegres, y le agradecían al combatiente que les había hecho ganar dinero mientras sacudían fajos de billetes en sus manos. Wallace cruzó mirada con ellos y rápidamente la apartó, disgustado. Cecilie se dirigió hacia el pasillo aledaño para encontrarse con su compañero. Allí vio como Wallace, al salir, era recibido por Mindy quien alegremente lo felicitaba por su logro. Aunque este parecía ignorarla puesto que no estaba interesado en falsos halagos. Ya con Cecilie presente Mindy procedió a notificarles que ya podían ingresar al siguiente piso, escoltándolos. En el camino, sus halagos hacia el potencial de Wallace continuaron.

Mientras le seguía el paso a la mujer, Cecilie no pudo evitar notar las evidentes marcas en la piel de esta. Sus reveladoras ropas, que poco cubrian su cuerpo, dejaban a la vista una numerosa cantidad de marcas a lo largo del cuerpo de Mindy. Desde pequeñas quemaduras, seguramente de cigarros, hasta moretones de golpes, se extendían a lo largo de su espalda y piernas. Cecilie no pudo evitar sentirse apenada por eso. —¿Oye, qué estás mirando?— Preguntó Wallace. Esto tomó por sorpresa a Cecilie provocando que se avergonzara, y algo exaltada intentara explicar que no es lo que cree. —No hay nada que puedas hacer. No te involucres emocionalmente.— Como si pudiera leerle la mente las palabras de su compañero la dejaron pasmada.

Mindy terminó de escoltarlos, terminando por darle un nuevo pase a Cecilie, esta vez del nuevo nivel. —Este nivel no se diferencia del anterior, su sistema es el mismo. Ánimos y buena suerte. Si necesitan algo pueden comunicarmelo.— Anunció Mindy, siempre con una sonrisa en su rostro. —¿Por cierto, podrías decirme donde puedo encontrar a Morva?— Consultó Cecilie. Mindy se mostró sorprendida y titubeó un poco. —Ah, si. El señor Morva. Los llevaré a su oficina.— La palabra oficina sorprendió un poco a Cecilie, no esperaba algo como eso. Wallace se mostró confundido, pero no dijo nada. Nuevamente fueron escoltados por Mindy, ahora por unos pasillos en una zona residencial.

El extenso, poco iluminado y tétrico pasillo daba lugar a la silenciosa caminata donde sólo resonaban los pasos del trío. La médica poco a poco descubría cuan oscuro e injusto era el mundo. —Vivimos en una ceguera constante. No sabemos lo cruel que es el mundo hasta que lo vemos con nuestros propios ojos, y aún así nos negamos a aceptarlo para no salir lastimados.— Cecilie no pudo evitar hablarle a su compañero. En su mente no cabía la posibilidad de salir ileso cuando te enfrentas a tanto dolor. —¿Cómo haces para que este mundo tan oscuro no te consuma?— Preguntó sin más. Wallace la observó, tardando unos segundos en responder. —Para poder convivir en la oscuridad tienes que convertirte en un monstruo.— Una respuesta simple y, en prespectiva, infantil. Por segunda vez Cecilie quedaba atónita ante las palabras de su compañero.

Capítulo 54: Barbazul

El trío se detiene frente a una puerta. Mindy, quien estaba por delante, llama a la misma. Tras unos pocos segundos la puerta se abre bruscamente. Como era de esperarse, el hombre tras la puerta era Morva. Este parecía bastante adormecido y malhumorado. Lo primero que vio fue a Mindy, gritando por su nombre, provocando que esta diera un pequeño salto atemorizada. —Mindy, te dije que...— Fue entonces que notó, con sus entreabiertos ojos, que estaba acompañada. Resfregando su mano por la cara y abriendo bien los ojos observó a Cecilie y a Wallace. —Oh ¿que se les ofrece?— El cambio de su tono fue notorio. Cecilie tomó la palabra. —Vengo a hacer negocios.

La supuesta representante dio en el clavo, ganandose el interés del hombre, quien no tardó en dejarlos pasar. Lo primero que hizo fue pedir disculpas por el desorden. Ciertamente, su oficina, la cual parecía más un basurero, tenía botellas y copas esparcidas por todos lados, sin mencionar el rancio olor que impregnaba sus narices desde el pasillo. Morva se sentó en la silla más lujosa del pequeño cuarto detrás de una mesa, y los invitó a sentarse en dos asientos que había delante. Cecile se sentó, pero por su parte Wallace se mantuvo de pie detrás de ella, no sin antes notar la repentina sumisión de Mindy al quedarse parada con la mirada al suelo al lado de la puerta.

Bueno, soy todo oídos.— Habló con falso entusiasmo Morva. —Estamos buscando llegar a los niveles superiores cuanto antes. Asumo que puedes ayudarnos con eso, ¿no es así?— La firmeza de las palabras de Cecilie eran diferentes a las de la mujer que conoció Morva en el bar, y eso pareció despertarlo por completo. —He oído de tu luchador. Ha derrotado a todos sus rivales de forma inmediata. ¿Pero qué gano yo?— Morva estaba esperando una oferta. —Mi luchador ha hecho feliz a varios apostadores. Puedes tomar ventaja de eso. Dinero asegurado.— Las palabras de Cecilie provocaron que Morva esbozara una sonrisa perturbadora.

Bien. Tu luchador avanzará hoy mismo en los próximos combates. No tienen de que preocuparse.— Habló Morva, haciendo muestra de su poderío y sorprendiendo al duo de piratas —Y dile que quite esa mirada, me molesta.— Agregó. Cecile volteó y observó a Wallace. Su característico rostro de desprecio era exagerado, clavaba su intimidante mirada sobre Morva mientras que apretaba sus dientes. —Los grandes negocios están en el cuarto piso, en los combates deathmatch. Allí es donde tu luchador peleará para mí. Quiero que acabe con un novato que se ha ganado la atención de todo el público, incluso la de San Petersburgo.— La expresión de Wallace cambió completamente al oír las palabras de Morva.

¿San...? ¿Un noble mundial?— Preguntó. Esto alarmó a Cecilie, temiendo que esto fuera un problema. —Claro. De vez en cuando algún noble presencia los combates del quinto piso.— Respondió Morva mientras que con un mechero encendía un grueso cigarro. —Como decía, te encargarás de eliminar a ese payaso.— Esta vez le hablaba directamente a Wallace. —Recuerdalo bien. Su nombre es...


Sobre el cuadrilátero, junto al inconsciente cuerpo de su rival, yacía de pié y alzando sus brazos el pequeño combatiente quien se convirtió en el centro de atención. Este destacaba por su cabello y barba azulados. —¡Kyahahaha!— Reía alegremente mientras que el público lo ovacionaba.

¡Ha derrotado al «perro»!— Exclamaba un hombre con asombro. A su vez, todos en el público aclamaban a este luchador. El juez, a un lado del ring, alzaba un banderín declarando oficialmente al ganador del combate. —¡Increible! ¿Quién es él?— Preguntaba otro hombre. A su lado, reposado sobre una barandilla, se encontraba un joven samurái de ropas negras quien no tardó en responder. —Él es el luchador 614. Barbazul.— Informaba al curioso hombre con una sonrisa de satisfacción.

Capítulo 55: Cuarto piso

Ya fuera de las plataformas de combate, en un pasillo aledaño, el luchador 614 yacía esperando a sus compañeros. Mientras este estaba cómicamente escupiendo al aire debido a que algunos pelos de su "barba" se le metían en la boca, vio aproximarse cuatro figuras. Una de estas era un hombre de traje que venía siguiendo al trío. —Lady Chiyome, su combatiente tiene un gran potencial.— Elogiaba a la elegante mujer, quien vestía un largo vestido de terciopelo ajustado, portando una figura más elastisada y seductora. Un alto samurái de ropajes negros y una pequeña persona que ocultaba su apariencia entre telas la acompañaban. El samurái se detuvo y reposó su mano sobre el hombro del nervioso hombre. —Lady Chiyome no está interesada en hacer negocios actualmente. Tal vez en otro momento.— Habló con una seria expresión. Lo que ahuyentó al hombre.

Ahora que nadie molestaba, el combatiente se acercó a ellos. —¡Estuviste genial, Meredy!— Exclamó Vera, a la cual, sin notarlo, se le escaparon sus orejas de entre las telas. Aunque la peliazul estaba más concentrada en acomodarse su cabello que usaba como barba, o más bien bigote, el cual constaba de su coleta dividida en dos mechones largos que cruzan por debajo de sus orejas, por sus mejillas, y se unen en un nudo debajo de su nariz. A la distancia, reposado sobre una esquina observaba con sigilo un hombre.


Por otra parte, ya habiendo terminado de hacer negocios, el duo de piratas caminaba de regreso por el extenso pasillo. Cecilie esperaba otra caminata silenciosa, pero no fue así. —Bien hecho.— Fueron las palabras de Wallace. En su tono se notaba una clara vergüenza ya que no acostumbraba a elogiar o felicitar a terceros. Cecilie vio la oportunidad de mencionar algo al respecto de la noticia del noble mundial, quería recordarle el por qué estaban allí. Pero dudó, se tomó sus segundos para analizarlo detenidamente. Pudo percibir un aire diferente en su compañero, tanto en su forma de caminar como en el brillo de sus ojos, parecía más animado. Pensó en que esto podía favorecerle y decidió no decir nada al respecto.

Aún así...— Habló repentinamente Wallace. —Te has puesto en peligro al exponerte de esa forma. ¿Lo sabes, verdad?— Cecilie sabía perfectamente a lo que se refería, por lo que asintió con su cabeza. —No he querido pensar demasiado en el tema. Que yo esté en peligro implicaría que tu hayas fallado, pero confío en tí.— Wallace no pudo evitar dedicarle una mirada un poco asombrado. Ella continuó hablando. —De todas formas no he podido evitar analizar diferentes posibilidades y resultados. Escucha con atención...

• • •

El resto del día transcurrió. Y como había sido acordado, Wallace ganó sus siguientes tres combates. Esto le facilitó el avanzar al siguiente piso. Aún así esto le dejaba un mal sentir, combates los cuales ganaba por ausencia de su contrincante o que estos cayeran sin haberlos tocado no le hacía ninguna ilusión. Sin embargo esto daba comienzo, por fin, al verdadero lado oscuro de la Torre de Combate. Los combates deathmatch.

Wallace y Cecilie fueron recibidos en el nuevo piso. Y nada más llegar pudieron ver el verdadero comercio detrás de los combates. Apreciando diferentes grupos de hombres, bien vestidos con caros trajes oscuros, fumando habanos y unos pocos de ellos jugando con cartas, pero todos con gruesos fajos de billetes en sus manos o sobre sus mesas. Más llamativo aún, una enorme pantalla con una lista de, presumiblemente, combatientes.

Bienvenidos al cuarto nivel.— Los sorprendió la aparición de Mindy. —Como habrán notado, aquí el ambiente es mucho más animado. A diferencia de los pisos inferiores, aquí se lleva a cabo un combate por día. Aquellos que sobreviven tienen la oportunidad de intentarlo al día siguiente. Jiji.— Terminó con una risa nerviosa, ganandose la mirada extrañada del duo. —El combate deathmatch consiste en un todos contra todos, y quien sea el último de pie avanzará al tan ansiado quinto nivel. Aún así, no puedes ausentarte de los combates. Todo luchador que aún pueda mantenerse de pie está obligado a participar, en caso contrario será eliminado.

Cecilie intentaba disimular su asombro. Básicamente, Mindy, les estaba anunciando con ánimos una especie de masacre en masa con la que se mueve muchísimo dinero. —El combate de hoy comenzará en poco menos de seis horas.— Continuó informando. Esta vez señalando a la gigantezca pantalla frente a ellos, donde en una esquina inferior había un contador marcando el tiempo restante. —También puedes ver la lista de los combatientes. Actualmente son treinta y cinco.— Tanto Wallace como Cecilie observaron la pantalla, allí pudieron notar como el nombre de Wallace era añadido de forma remota a la lista. Leyeron con atención todos los nombres, y aún así algo los inquietaba.

Capítulo 56: Encuentro

Las horas transcurrían. El dúo estaba en calma, relajados y apartados del resto de personas. Cecilie no podía evitar observar a la distancia a Mindy, quien recibía amablemente a otros combatientes que llegaban. Devolvió la vista a la pantalla, allí estaba la atención de Wallace también. —Si no aparece su nombre pronto... deberíamos asumir que algo sucedió.— Comenzaba a notarse el tono de preocupación en la voz de Cecilie. En cambio, por su parte, Wallace se mostraba bastante tranquilo. —No entiendo como los hombres pueden ser despreocupados...— Antes de terminar con su queja hubo algo que la dejó pensativa. Volvió a observar la pantalla, esta vez detallando en cada nombre.

Wallace se encontraba recostado sobre un extenso banco, reposado sobre sus brazos ubicados detrás de su cabeza. A su lado, Cecilie, llamó a su nombre, a lo que este entreabrió un ojo. —¿Habías notado que en la lista de participantes no hay ningún nombre femenino?— El primer oficial observó la lista también. Faltando quince minutos para que el deathmatch del día comenzara, un último nombre se agregó a la lista. —Mira eso.— Dijo mientras se levantaba. —Supongo que debo ir preparándome. Intenta encontrar a los demás mientras.— Comenzó a caminar, retirandose. Cecile observó nuevamente la lista y pudo observar el último nombre en ser agregado, sus ojos se expandieron en señal de sorpresa.

Faltaban diez minutos y Wallace ya estaba listo para ingresar al cuadrilatero, pero las puertas que dividían el pequeño estadio con la sala de espera aún no abrían. Haciendo caso a un previo consejo de su compañera, se dispuso a voltear para observar más detenidamente a sus rivales, de quienes tal vez podía comprender sus posibles habilidades. Al hacerlo notó que la gran mayoría portaban heridas en sus cuerpos. No a la vista, pero los vendajes y sus sufridas expresiones evidenciaban que no todos se encontraban en condiciones óptimas para el combate. Fue entonces cuando una voz llamó por su nombre, una voz demasiado familiar.

Faltando cinco minutos, una mujer de similares ropas a las de Mindy se acercó con una planilla y le pidió su placa de madera, la cual registró. Tras esto, se anunció que en el próximo minuto se abrirían las puertas para el ingreso al cuadrilátero.

¡Wallace!— Vociferó una aguda voz. No necesitó voltear para saber de quien se trataba, la reconoció al instante. Tras enterarse que sólo clasificaría un sólo participante por día supo que no era una buena noticia encontrarse allí, aún así volteó para recibir a su capitana, o eso creyó. Evidentemente era Meredy, no cabía duda, pero su apariencia diferente con su cabello simulando una barba dejó a Wallace paralizado.

Meredy, quien se acercaba rápidamente se detuvo al ver el rostro de Wallace. —¿Sucede algo? Oh, seguro no me reconociste por esto.— Señalaba la peliazul a su cabello atado por delante. —Psss, soy yo, Meredy.— Le dijo por lo bajo. A lo que Wallace frunció su ceño. —¡Eso ya lo se! ¿Qué haces con eso?— Elevó su voz, molesto. —Es que sólo admitían a participantes masculinos, así que Chiyome me ayudó a camuflarme.— Explicó la peliazul, juntando sus manos y haciendo la pose de un ninja.

¡Será mejor que estén listos, combatientes! ¡Porque esto empieza ahora!— Anunció con ánimos una voz por un parlante. Acto seguido, la puerta detrás de ellos se abrió, dando paso directamente al enorme cuadrilátero.

Capítulo 57: Deathmatch

Sin más alternativa el dúo avanza por el único camino delante de ellos, seguidos por el resto de luchadores del nivel. A medida que el cuadrilátero se llenaba de participantes los espectadores más aclamaban. Wallace notó como Meredy parecía haber olvidado la "misión" al verla alzar sus brazos y saludar a la multitud, aunque también al observar al resto de luchadores notó algo más. —Meredy.— Atrajo la atención de su capitana. —Parece que la gran mayoría se ha agrupado.— Meredy observó a su alrededor y, efectivamente, Wallace estaba en lo cierto, el resto de participantes parecían dividirse en pequeñas agrupaciones de tres o cuatro luchadores.

¿Qué? Pero si se supone que sólo uno ganará.— Se quejó en voz alta la peliazul. —Su idea es asegurarse de eliminar al resto de participantes y luego decidirán quien gane, o se traicionarán.— Las palabras del primer oficial fueron interrumpidas por la voz anunciante de aquellos parlantes que resonaban en todo el nivel. —¿Están listos para el show?— Preguntó con entusiasmo, a lo que el público gritó con aún más euforia. —¡El último en pie será quien avance!— Dicho esto, una campana sonó, dando comienzo al deathmatch.

Desde la lejanía de los últimos asientos de la gradas, el trío compuesto por Chiyome, Benjiro y Vera observaban desde allí. —¿Alguien más notó la ironía cuando dijo "show"? Tratan de espectáculo un encuentro donde se muelen a golpes, que barbarie.— Comentaba el samurái. —¡Oh, ahí está Meredy! ¡Y Wallace también!— Exclamó Vera al verlos.

A su vez, en el cuadrilátero, los luchadores comenzaban a moverse, preparándose para atacar. Wallace observaba los movimientos de los demás, como se movían en grupo y priorizaban diferentes objetivos. —¿Qué tanto miras?— Curioseó la peliazul al verlo tan enfocado en los demás combatientes. —Estos combates están corrompidos. No buscan ganar, sólo satisfacer a quienes pagan sus intereses.— El tono disconforme de Wallace era notorio. —No importa. De todas formas debemos derrotarlos.— Respondió con simpleza la peliazul, mientras levantaba sus brazos en pose de guardia. Wallace hizo lo mismo, quedando espalda con espalda con ella.

Así fue como el dúo de piratas comenzó a repartir puñetazos a diestra y siniestra, todo aquel que se cruzaba o intentaba atacarlos caía inmediatamente tras recibir un puñetazo por parte de alguno de estos. Wallace no tardó en notar lo evidente que era que iban tras ellos, y no precisamente porque se hayan ganado la atención, sino que podía notarse que alguien más procuraba eliminarlos. —¡Malditooo!— Exclamó una gruesa voz que atacó por detrás a Meredy. Ella alcanzó a esquivar el ataque con un ágil y acrobático movimiento. —¡Me las pagarás!— Exclamaba con furia el hombre, cuyo rostro le era familiar a Meredy. —Oh, tu eres el perrito.— El hecho de que Meredy no recordara su apodo enfureció al hombre.

El furioso hombre se lanzó sobre Meredy intentando golpearla tras lanzar varios puñetazos, los cuales fueron fácilmente esquivados por esta. —Pero si lo he derrotado ayer, ¿cómo ha clasificado?.— Se preguntaba en voz alta la peliazul —¡Yo soy Wanko «el perro», y soy un mercenario de renombre, recuerdalo bien!— Vociferó.

Mientras tanto, Wallace es confrontado por un joven de contextura pequeña, quien se refiere a él por su antiguo epíteto. —Así que tu eres Dientes de Sable, el traidor.— Las palabras del joven fueron directas. —¿Nos conocemos?— Preguntó, molesto por las palabras del joven pelinegro. —Dudo que me conozcas, eres demasiado orgulloso y egoísta como para reconocer a alguien más. Pero yo si te conozco.— Wallace no pudo evitar mostrarse fastidiado ante tales palabras.

Capítulo 58: Deathmatch II

¿Te enviaron para eliminarme?— Interrogó Wallace. —Para nada, esto lo hago por mi propia cuenta.— Acto seguido, el joven se lanza sobre Wallace, pero este reacciona rápidamente lanzando un puñetazo directo, cuya velocidad sorprende al joven. Este sin más opciones para esquivarlo se transforma en un pequeño gato negro, saltando sobre el brazo de Wallace y cayendo detrás de él, ya en su forma humana nuevamente. —Como era de esperarse, tu no te defiendes ni esperas a que tu enemigo haga uso de sus habilidades, simplemente atacas sin pensártelo.— Habló el joven, con un tono de confianza. Aunque en el fondo, sabía que había logrado esquivar el golpe por los pelos.

¿Quién eres?— No pudo evitar preguntar Wallace. —Mi nombre es Nyanko, y soy miembro del ejército revolucionario.— El tono del joven esta vez pasó a ser más serio. Este esperaba que sus palabras generaran algún impacto o sorpresa en Wallace, pero no fue así, por el contrario era él quien estaba sorprendido por la reacción de Wallace, quien esbozaba una terrorífica sonrisa. —Bueno, eso explica lo de "traidor".— Dijo en voz baja, aunque Nyanko alcanzó a oirlo. De un instante a otro, Wallace desapareció de su vista para aparecer detrás de él. Atemorizado, Nyanko actuó de forma instintiva cambiando a su forma animal de gato logrando esquivar nuevamente el manotazo de Wallace, quien intentaba tomarlo por detrás.

Con dos saltos se alejó de él, y volviendo a su forma humana no le quitaba los ojos de encima. Una gota de sudor cayó por su mejilla. Sintió el instinto asesino de Wallace y sabía que si volvía a perderlo de vista podía costarle caro. —Después de todo lo que decían era verdad. La bestia del West Blue es real.— Las palabras de Nyanko atrajeron la atención de Meredy, quien al estar cerca pudo oír lo suficiente como para entender bastante. Aunque su curiosidad se ve interrumpida por Wanko, atacándola de forma continua pese a que sus ataques eran esquivados. —¡Presta atención, hombrecito, o te arrancaré la cabeza.!— Vociferó Wanko entre puñetazos que no lograba acertar.

Meredy, molesta ya por la persistencia del hombre, decidió deshacerse de él. —¡Ya déjame en paz!— Gritó, mientras acertaba una patada directo al mentón de Wanko, derribándolo tras el golpe. Wanko, lejos de dejarse vencer, se reincorporó. Desde los laterales del cuadrilátero, diferentes hombres lanzaron sobre el mismo algunas armas, entre ellas espadas, hachas y lanzas. —¡Oh! Parece que ha llegado el tiempo de las armas.— Anunció la voz por el parlante con falso asombro. Esto desconcertó un poco a Wallace y a Meredy, incluso a Benjiro, Chiyome y Vera, quienes observaban.

Wanko no dudo ni un segundo y tomó un hacha cerca de él. Demostrando gran habilidad con ella luego de girarla sobre su mano con destreza. —No es justo, no tengo mi bō.— Protestó la peliazul. Pero para su sorpresa, otro combatiente la tomó por detrás. —¡Vamos, acabalo!— Le gritó a Wanko, señalándole que atacara mientras ejercía fuerza para retener a Meredy. Wanko se mostró dudoso al atacar, puesto que su objetivo no estaba quieto del todo. Pese a que el hombre lo duplicaba en tamaño, el pequeño Barbazul se resistía.

Superando en fuerza al hombre que la sostenía por detrás, Meredy terminó por cargar con él sobre su espalda. Acto seguido, y sin casi tiempo de reacción para sus atacantes, Meredy dio un salto con fuerza, la suficiente como para alcanzar el techo sobre ellos en un instante. Al impactar contra este el hombre la suelta, entonces Meredy gira y lo toma en el aire, posicionándolo por debajo de ella, terminando por caer nuevamente en el cuadrilátero sobre él amortiguando la caída, dejándolo completamente inconsciente por el impacto. Wanko estaba perplejo, Barbazul no dejaba de sorprenderlo.

Alzando la voz en un grito de esfuerzo, Wanko se lanzó al ataque empuñando su hacha. Con esta delante de él atacó. Por un instante pudo ver como el puño de su rival tomaba un color oscuro, y al impactar directamente contra la hoja del hacha el desgastado metal de esta se hacía añicos. Con ello también supo que perdió la oportunidad de ganar, y sin más recibió el puñetazo directo en su rostro, cayendo rendido de una vez por todas. A su vez, Wallace reducía a Nyanko en el suelo posicionándose sobre él, reteniéndole con un brazo y amenazándolo con el otro. El joven pelinegro dejó caer un pequeño cuchillo de su mano mientras la alzaba, en señal de rendición. Wallace se reincorporó, liberándolo, mientras frotaba su mejilla izquierda limpiando una gota de sangre que brotó de un pequeño corte.

—¡Tan solo quedan dos de pie! ¿Quién será el que avance al siguiente piso?—

Capítulo 59: No tan simple

Esto no es bueno.— Expresó Benjiro, al observar que los dos últimos combatientes eran nada más ni nada menos que Meredy y Wallace. —¿Qué? Pero si ahora tan sólo uno debe rendirse y ya.— Comentó Vera en voz alta debido a la expresión de preocupación que tenía el samurái. —No es tan simple...— Respondió rápidamente, dejando un silencioso suspenso tras sus palabras.

Mientras tanto, sobre el cuadrilátero, Meredy y Wallace cruzaban miradas mientras estaban de pie a unos pocos metros de distancia. Fue entonces cuando la peliazul iba a comentar lo que procedía, pero apenas llegó a mover sus labios que Wallace se lanzó hacia ella a gran velocidad, atravesado aquellos metros de distancia entre ambos en una fracción de segundo. Meredy se cubrió posicionando sus brazos delante de ella, deteniendo el golpe. Dando lugar a un segundo cruce de miradas, pero esta vez más intenso. Wallace actúa rápidamente girando sobre su propio eje para terminar conectando una patada contra ella a la vez que un destello chispeante se hizo ver tras el golpe. —¡Gatenga!— Pese a que la peliazul consiguió bloquear el ataque, el impacto fue tal que la hizo retroceder. Aunque logró mantenerse de pie, notó resentido parte de su brazo derecho y costillas del mismo lado.

¡La ha golpeado!— Exclamó con sorpresa Vera. —Ese maldito... como se atreve.— Continuó diciendo con rabia hacia Wallace. —Durante los últimos meses Wallace estuvo entrenando para luchar contra los Aoyama. Ahora se enfrenta a una de ellos.— Acotó Ben con seriedad. —Pero ella no es como ellos.— Respondió Vera por lo bajo. Por su parte, Chiyome no quitaba los ojos del cuadrilátero, observando ansiosamente.

De vuelta al centro de cuadrilátero, Meredy se reponía de golpe mientras que Wallace tomaba una pose de guardia, alzando sus brazos entrecerrando sus puños. Sin mediar palabras, Meredy se lanzó contra él lanzando un puñetazo con su brazo izquierdo, el cual fue fácilmente esquivado por Wallace, haciéndose a un lado, y contraatacando golpeando con dos dedos, índice y medio, entre el hombro y el cuello de la peliazul.Senga JinkeiUn golpe directo al nervio, debilitando el brazo izquierdo de Meredy.

Meredy observó dicho brazo y notó que tenía dificultades para moverlo. —¡¿Argh ese maldito, ahora que le hizo?!— Protestaba Vera. —Es extraño, normalmente Wallace sería mucho más agresivo al atacar. Sabía que Meredy tenía resentido su brazo derecho, por eso es que ha buscado atacar e inutilizar su lado izquierdo. Está siendo precavido. Realmente busca ganar este combate.— Comentó sus pensamientos en voz alta Ben, ante la afirmación de Chiyome con el movimiento de su cabeza.

Las cosas que ha mencionado el chico ese de antes... ¿son verdad?— Preguntaba la peliazul mientras se masajeaba el hombro. —No necesitas saber sobre eso.— Respondió el primer oficial mientras se ponía en guardia. La peliazul también tomó una pose de guardia. —Qué aburrido eres.— Expresó. Por su parte Wallace rió levemente. Acto seguido, se lanzo a gran velocidad directamente hacia ella. Tras esto, desapareció de su vista, apareciendo detrás listo para lanzar un golpe. Para su sorpresa, Meredy volteó rápidamente y lanzó una patada al aire, obligándolo a retroceder. El rápido movimiento de la peliazul indicaba que había predicho el movimiento.

Aprovechando que Wallace retrocedió, Meredy se abalanzó contra él con la intención de lanzar un puñetazo con su brazo derecho, pero Wallace reaccionó a tiempo y detuvo su golpe con la palma de su mano izquierda. Para su sorpresa, un rodillazo impactó directamente en su mentón, seguido de una patada en su pecho que los separó. Nuevamente frente a frente cruzaron miradas. —Creía que te habías vuelto más rápido.— Mencionó Meredy en un claro tono provocativo aunque amistoso. Tales palabras fueron suficientes para calentar el ambiente. Acto seguido, Wallace procedió a levantar su pantalon desde su tobillo, mostrando que llevaba una especie de tobilleras debajo de estos. Se las quitó casi de inmediato, y posteriormente las dejó caer. Aquel golpe que causó la caida de estas confirmo el excesivo peso que poseían.

Wallace comenzó a correr hacia ella, a una velocidad increíblemente alta. En cuestión de un parpadeo estaba casi frente a ella. Una pequeña descarga eléctrica se iluminó brevemente trás él, y luego desapareció. Para sorpresa de la peliazul tan solo una ráfaga de viento pasó sobre ella. Los espectadores saltaron de sus lugares, incluso Vera y Ben se mostraron asombrados. Wallace había desaparecido de la vista. Chiyome se enfocó en Meredy, quien movía su cabeza de lado a lado, notando que ella podía seguir los movimientos de su primer oficial. Por los lados, detras y delante. Wallace no dejaba de moverse a su alrededor con tal aceleración que provocaba que los ojos de los espectadores no pudieran captar sus movimientos.

Meredy, aunque asombrada, estaba tranquila. Pese a que tenía dificultades para seguir con la vista los movimientos de Wallace, podía sentirlos. Concentrándose podía oír un pequeño zumbido causante del aire siendo cortado por la velocidad de movimiento, así como también sonidos remanentes de las pisadas. Cerró sus ojos y esperó a la ofensiva de Wallace. El primer oficial no tardó en actuar, apareciendo por el lado derecho de la peliazul lanzó un a patada alta. Meredy reaccionó inmediatamente agachándose y esquivando el golpe. Wallace, no conforme, giró sobre sí aún sobre su postura, para lanzar una segunda patada pero esta vez por el lado izquierdo de la peliazul. Para su sorpresa, Meredy detuvo el golpe con su antebrazo izquierdo.

Al ver que Meredy recuperó la movilidad de su lado izquierdo Wallace pensó en retroceder, pero fue tomado de su pierna por esta y lanzado con fuerza hacia el lado opuesto. Recuperando la estabilidad en medio del aire transformó sus brazos y utilizó las garras para aferrarse al suelo para evitar caer fuera del cuadriátero, rasgándolo en el proceso. Sin pausa Meredy se lanzó al ataque, pero Wallace se movió velozmente de su lugar, posicionándose lejos de los límites del cuadrilátero. —Hmpf... pies ligeros.— Expresó la peliazul por lo bajo.

Vera, quien no salia de su asombro, se mostraba tensa. —Parece que están muy igualados.— Chiyome, por su parte, observaba en silencio y de brazos cruzados. —Siempre creí que un combate entre dos usuarios de kenbunshoku sería bastante monótono. Aún así, pareciera que ambos se están divirtiendo.— Comentaba Ben.

Ahora quien tenía la iniciativa de atacar era Meredy, quien intentaba seguirle el paso a Wallace. Frustrándose al ver que no podía acertar sus golpes decidió a esperar que sea Wallace quien se acercara a ella. Wallace rodeó a Meredy con rápidos movimientos pero la tensión en los músculos de sus piernas le hicieron perder aceleración y velocidad, aún así decidió seguir con la ofensiva. Extendiendo su dedo índice y girándolo con fuerza atacó de frente. —¡Hatsume!— Wallace logró impactar en la peliazul, justo por debajo de su clavícula, pero notó un fuerte dolor en su dedo, entendiendo que Meredy usó busoshoku para disminuir el daño recibido. Acto seguido la peliazul lanzó un potente puñetazo directo al mentón de Wallace.

A su vez, Meredy lanzó un segundo puñetazo. De forma simultánea Wallace también lo hizo. Ambos impactaron con fuerza en la mejilla del otro, pero ninguno cedió.

Repentinamente una oleada de pensamientos invadieron a Wallace. Tal vez a causa del golpe, tal vez a causa de la fatiga sobre su cuerpo. Asumió que estaba listo para ganar la ronda de deathmatch y avanzar al siguiente nivel. —Puedo ganar.— Se decía a sí mismo. Pero en este momento comenzó a dudar. —¿Por qué?— Comenzó a preguntarse. Tal vez Nyanko estaba en lo cierto. Su orgullo y egoísmo podría afectar los planes de Meredy.

Repentinamente, para sorpresa de los espectadores, e incluso de la misma Meredy, Wallace cayó al suelo, aparentemente derrotado. Tras los gritos y alientos del público se anunció al ganador.

—¡Barbazul es el ganador del emocionante deathmatch de hoy!—

Tras el anuncio, Wallace se reincorporó y comenzó a retirarse del cuadrilátero. Al ver que realmente no estaba herido se acercó a él. Ambos, con algunas magulladuras sobre ellos, cruzaron miradas, pero antes de que ella pudiera decir algo él habló. —Cállate.— Dijo sin más, y continuó retirándose.

Capítulo 60: Cuando el gato merodea

Cecilie continuaba con su recorrido por los laberínticos pasillos del cuarto piso, cuando repentinamente un fuerte dolor de cabeza provocó que se tambalease; terminando por apoyarse sobre la pared. —Ahora no...— Expresó en voz baja, temiendo que sus habituales síntomas se hicieran presentes. —Nos volvemos a encontrar.— Resonó una voz del solitario pasillo. Cecilie observó por encima de su hombro y pudo ver a Morva acercarse. —No te ves bien. Permíteme ayudarte.— Dijo, para posteriormente cruzar su brazo tras ella y tomarla de la cintura. Dicho acercamiento le permitió a Cecilie sentir el asfixiante olor a alcohol del hombre.

Cerca de allí Morva tenía una habitación reservada, la cual también servía como oficina improvisada. Ya en ella le ofreció un vaso con agua. Mientras que Cecilie yacía sentada, Morva se encontraba dando vueltas a su escritorio. —Escucha, tu luchador no cumplió con lo que le dije.— Ella pudo notar de inmediato el tono nervioso en la voz de Morva. —Esto es un negocio, así como yo espero que cumplan su parte también hay otros esperando a que yo cumpla la mía.— Seguía hablando. —El señor Krawler me está presionando mucho y yo no...— Sus palabras se cortaron al momento en el que cruzó miradas con la enmudecida Cecilie.

Disculpa, últimamente los negocios me tienen un poco estresado.— Manifestó con más calma. Procediendo a acercarse a ella y pararse a su lado. —Te daré una respuesta pronto, déjame hablarlo con...— Cecilie intentó apaciguar al hombre, pero se detuvo cuando este reposó su mano sobre su hombro. —No es necesario, él estará ocupado. Pero nosotros podemos pensar en como solucionar esto.— Su tono era insinuante, a la vez que acercaba su mano al cuello de Cecilie y corría levemente su cabello.

Asimismo, en otro lugar del mismo piso, Wallace era guiado por Mindy por la zona residencial a su nueva habitación. Ya en la misma, Wallace entra y curiosea lo que hay en ella. Pero nota que Mindy no se ha retirado. La mujer cierra la puerta ante la extrañada mirada de Wallace, quien pasa a sorprenderse al ver como Mindy comienza a desvestirse. —¿Dime, hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor?— Dijo en un tono bajo y suave, en una mezcla de vergüenza y lujuria. Las palabras de Wallace no salieron de su boca, por lo que Mindy tomó la iniciativa y se abalanzó sobre él. Reposando su torso desnudo sobre su pecho, a la vez que acariciaba su abdomen. —No tienes de que preocuparte. Es un regalo del señor Morva.— Le susurró.

Esas últimas palabras dejaron pensante a Wallace. —¿Regalo después de que he perdido?— Ciertamente eso no tenía ningún sentido para él. Más aún viniendo de alguien que trabaja en los bajos fondos. Wallace tomó a Mindy de sus hombros y la apartó de él. —¿Donde está Morva?— Preguntó seriamente. Pero Mindy, con la mirada perdida, no respondió a su pregunta. —No... yo debo hacer esto, así que por favor déjame complacerte.— Insistió con el acercamiento físico. Pero Wallace volvió a alejarla, esta vez con un movimiento más brusco. —Creo que se acabaron los negocios.

De vuelta en la improvisada reunión entre Cecilie y Morva, las cosas se acaloraban poco a poco. Este último acariciaba y jugueteaba con el cabello de Cecilie, lo que evidentemente le incomodaba. Pero más incomoda aún era su propuesta para saldar cuentas. —Me temo que debo rechazar tu "propuesta".— Habló Cecilie con aparente firmeza. Morva dejó salir una carcajada. —¿Crees que estás en posición de decidir? Te volverás mi perra personal si quieres seguir viviendo.— Morva se mostró amenazante. Cecilie se puso de pie a la vez que apartaba la mano del hombre. Pero en un acto violento este la tomó de su antebrazo con fuerza. —Te dije que...— En ese entonces notó como las gotas de sudor de su frente desaparecían a la vez que sentía que su energía se perdía. —Quitame tus sucias manos de encima.— Mencionó.

Morva rápidamente la soltó, mostrándose algo asustado. Pero repentinamente le dio una fuerte bofetada haciéndola caer sentada en el asiento. —Tu puedes valer mucho más de lo que creí.— Vociferó. A la vez que la puerta de la habitación voló en pedazos, sorprendiéndolos a ambos. Tras esta, quien había dado la patada, se encontraba Wallace, quien pudo observar a su compañera reposando su mano sobre su enrojecida mejilla y a Morva con su mano alzada.

Al verlo Cecilie se sintió aliviada, así como Morva atemorizado. La terrorífica y perturbadora expresión que esbozaba su sádica sonrisa provocaron que, literalmente, se orinara en los pantalones. —Muere.— Tras esto, un agónico grito resonó por casi todo el nivel de la torre. Un alarido de dolor tan real y profundo que provocó que más de uno que haya oído aquel grito no quisiera saber de que se trataba.

A la vuelta del pasillo aguardaba un encapuchado. Este esbozaba una gran sonrisa, como si se estuviera divirtiendo. —Cuando el gato merodea... los ratones deben esconderse.

Wallace y Cecilie salieron rápidamente de dicha habitación. —Jamás creí ver que una extremidad pudiera girar de esa forma.— Comentó con ironía la médica. —Pudiste haberte defendido de él si quisieras.— El tono gruñón de Wallace ya no era como el de los últimos días. Para Cecilie parecía haber vuelto a la normalidad. —Si, bueno, mi fiebre está subiendo, debo ir al barco cuanto antes.— Informó, justo antes de que un extraño les cortara el paso.

Wallace West, tiempo sin vernos.— Formuló el encapuchado, quien procedió a revelar su rostro. Aunque Wallace reconoció su voz al instante, por lo que se mostró asombrado de verlo. —Tu eres...

Capítulo 61: Que comience el show

El día terminó de transcurrir, dando paso al siguiente. Por la mañana del nuevo día, Cecilie, ya en el Big Sunshine, estrujaba un pequeño paño que había usado durante la noche en la que fue incapaz de conciliar el sueño. Aunque por otra parte, los síntomas parecían haberse ido.

Al verla levantada Elliott se acercó y reposó sobre el marco de la entrada de la habitación. —Deberías seguir descansando.— Sugirió el pelirrojo. —Lo haré tan pronto como pueda. Pero antes, hay nuevas órdenes.— Las palabras de Cecilie tomaron por sorpresa a Elliott. —¿De Meredy?— Preguntó algo que parecía una obviedad. —No... de Wallace.

• • •

Ya en el quinto piso Meredy, o mejor dicho Barbazul, junto a su representante fueron recibidas con lujos. La hora del gran evento se acercaba, lo que significaba que el plan de rescate también. Mientras tanto, Benjiro y Vera ya ingresaban a la arena. Recorriendo las gradas y la zona donde se posicionaban poco a poco los espectadores, hacían un reconocimiento del área. Esta no difería demasiado con la del nivel inferior, exceptuando por la temática similar a un coliseo que poseía, el ambiente de negocios y apuestas era el mismo.

Vera notó un espacio apartado del resto, y rápidamente se lo señaló a Ben. El apartado VIP se encontraba por encima y en un extremo de la arena, fuera del alcance de cualquiera. El dúo se quedó sin tiempo para seguir investigando, puesto que el show daba comienzo con un juego de luces. Acto seguido, la misma voz del día anterior anunciaba por un parlante que el gran evento daba comienzo.

¡Espero que estén listos, espectadores, porque el gran show está por comenzar!— Rápidamente el lugar se iba llenando de personas. Estos con vistosos trajes y vestidos. —Muchos luchadores han pasado por aquí, y todos nos han brindado un espectáculo. Como olvidar a Undertaker, Bishamonten, o el mismísimo Gigaimpacto.— El público comenzaba a aclamar de emoción. —¡Veamos si el combatiente de hoy está a la altura de estos famosos luchadores!— Dicho esto, una compuerta se abrió y de allí ingresó Barbazul con un brazo en alto, ganándose el aliento de la mayoría de los espectadores.

A su ves, en el otro extremo de la arena, otra compuerta se abría dando lugar al ingreso de lo que parecía ser un hombre-león. —¡¿Será capaz Barbazul de derrotar a la bestia?!— El tono con el que se anunciaba el encuentro no era del agrado de Meredy, en especial porque el mink león delante de ella se encontraba acompañado de dos hombres que lo retenían con cadenas, mientras este forcejeaba. —¡Es él!— Exclamó Vera al instante en que lo vio, reconociendo a su capitán, Inhert.

Esta vez tenemos el agrado de anunciar la presencia de San Petersburgo, quien también participará de las apuestas, ¡Así que anímense a apostar!.— Mientras que un foco de luz apuntaba al pequeño palco que previamente Vera había divisado. Allí una silueta poco distingible por su aparatoso traje y casco burbuja alzaba levemente su mano en señal de saludo; asimismo se encontraba rodeado de hombres de seguridad.

—¡Que comience el show!—

Dicho esto, los hombres soltaron las cadenas que retenían al mink y se retiraron rápidamente. Fue entonces cuando Inhert puso atención a su contrincante, notando el azulado color de cabello que le resultaba familiar. —Tu...— Se limitó a pronunciar, para acto seguido lanzarse con furia contra ella. —¡E-espera!— Exclamó la peliazul, pero esto no detuvo la embestida del mink, la cual pudo esquivar por poco.

El reciente encuentro se interrumpe por un fuerte estallido cercano. Al observar, ven como el palco vuela en pedazos tras una explosión. De entre la multitud, se divisa a un hombre encapuchado con un bazooka, apuntando en aquella dirección. Tras esto las personas del público, alarmadas, comienzan a correr e intentar huir. A su vez, más hombres encapuchados se mueven por el lugar y corren en dirección de los escombros del palco.

Meredy no pretende perder el tiempo ante la distracción y teniendo a Inhert cerca intenta convencerlo de huir. —Estoy aquí para liberarte.— Vociferó la peliazul entre el bullicio. —¡Todos los de tu especie son iguales!— Replicó Inhert, para lanzar un zarpazo.

Vera saltó a la arena, seguida por Ben quien derribó a dos hombres que intentaban impedirles el paso. Inhert al verla gritó por su nombre, sorprendido. La mink saltó sobre su capitán al verlo nuevamente. —¿Vera, qué haces aquí?— Preguntó el mink león, quien parecía más calmado que antes. —No tenemos tiempo para explicaciones, pero ellos son amigos.— Aclaró, mientras que Inhert, desconfiado, cruzaba miradas con Meredy y Ben.

Capítulo 62: Puedes confiar en nosotros

¿Quienes son ellos?— Preguntó Meredy al observar la revuelta de aquellos que portaban capas oscuras. Estos cruzaban disparos contra agentes de seguridad de la torre, quienes iban apareciendo poco a poco en el lugar. —¿Parecen ser... revolucionarios?— Se preguntó Ben en voz alta.

Un pequeño grupo de estos se acercó al montón de escombros de aquel palco previamente destruido. Tras inspeccionar los cuerpos se alzó la voz de alarma. —¡Este no es el verdadero noble mundial!— Gritó uno de aquellos revolucionarios.

A su vez, un grupo de agentes observaron el centro de la arena y, alarmados, corrieron hacia el pequeño grupo pirata. —¡Debemos salir de aquí!— Exclamó Vera con un tono apresurado, el grupo se preparó para escapar pero vieron que Inhert no se movía. —No puedo ir con ustedes mientras tenga este collar.— El mink, con un tono triste, señaló al collar que llevaba en su cuello. Ben rápidamente lo reconoció un collar explosivo, distintivo entre los esclavos.

A la distancia, apartados del alboroto, dos hombres no perdían de vista a Inhert. —¡Unos intrusos están intentando llevárselo!— Anunciaba uno de los hombres. El otro, al oír esto, sacó del bolsillo de su traje un dispositivo con una especie de interruptor. Justo antes de que se dispusiera a activarlo es noqueado por detrás por un golpe en la cabeza. Su compañero, alarmado, observó al atacante, siendo ni más ni menos que una mujer con un elegante vestido. Esta, lo apuntaba con un kunai.

El grupo de revolucionarios comenzaba a replegarse. A lo que Ben advertía a los demás. —En cuanto los revolucionarios se retiren nosotros seremos el blanco.— Vera tironeaba del brazo de Inhert, quien se negaba a ir con ellos. —¿Acaso crees que no he intentado escapar en todo este tiempo? ¡Es imposible!— En ese instante, un pequeño número de agentes les bloquean el paso a la salida más cercana, apuntándolos con armas de fuego.

Son demasiados, y están separados lo suficiente como para no poder alcanzarlos a todos sin que algunos de ellos logren disparar.— Pronunció en voz baja el samurái, mientras desenvainaba lentamente su katana. —En ese caso...— Habló Meredy, acto seguido alzó sus dos brazos. —¡Prepárate!— Rápidamente los bajó y con sus puños golpeó el suelo debajo de ellos. La fuerza del impacto fue tal que resquebrajó las baldosas de la arena donde se encontraban. Esto tomó por sorpresa a los agentes, quienes perdieron el equilibrio debido a que el suelo se partió y fragmentó bajo sus pies. Aprovechando el momento Ben atacó velozmente con su katana a los agentes, logrando derribar a todos.

En ese instante Chiyome apareció, exponiendo una pequeña llave en su mano. Entregándosela a Vera, esta la utilizó en el collar de Inhert, liberándolo de este. —Prometí liberarte, y eso haré. Puedes confiar en nosotros.— Habló la peliazul, con una penetrante mirada que transmitía la firmeza de sus palabras y a la vez una calidez de confianza. Sin el collar en su cuello, Inhert, pudo sentir la libertad nuevamente, después de tantos meses de sufrimiento, se desahogó con un fuerte rugido.

Ahora si, el grupo de los piratas, incluido Inhert, se dispusieron a salir de la torre. Ya fuera de la arena, el ambiente era un caos. Personas corriendo de un lado a otro, algunos revolucionarios rezagados quienes confrontaban a los agentes en un cruce con armas de fuego. Esto le cortaba el paso al grupo de Meredy, quienes buscaban descender al cuarto nivel. Para sorpresa del grupo, alguien chistó desde la distancia, atrayendo la atención de estos. Este era Wallace, quien desde la vuelta de un corredor les hizo una seña de que lo siguieran.

Capítulo 63: Agradecimiento y despedida

El grupo ahora era encabezado por Wallace, con una nueva ruta de escape. —¿No deberíamos ir hacia los niveles inferiores si queremos salir de aquí?— Preguntó Vera tras ver el desvío que habían tomado. —No exactamente.— Se limitó a responder Wallace, mientras los guiaba por los laberínticos pasillos.

En cuestión de unos pocos minutos llegaron a unas escaleras ascendentes. Estas llevaban a la cima de la torre, allí el grupo se mostró asombrado ante la gran operación que tenía preparado el ejército revolucionario allí. Estos contaban con numerosos globos aerostáticos escoltados por peces voladores. —¡Hey, estamos por irnos!— Exclamó un joven de cabello verdoso hacia Wallace, cuya expresión daba a entender que se conocían.

El grupo se aproximó a uno de las aeronaves y se montó en ella. Esta era lo suficientemente amplia como para que entraran si problemas, y en la misma cabían también algunos soldados de la armada revolucionaria junto con unos pocos esclavos liberados.

Por su parte, Meredy estaba maravillada con los peces voladores, montados por un revolucionario quienes acompañaban a los globos. —Así que tu eres el popular Barbazul.— Interrumpió el mismo joven de antes. Atrayendo la atención de la peliazul, está recordó que aún seguía aún bajo el alias de Barbazul. Acto seguido, procedió a retirar el cabello de su cara para volver a atárselo por detrás en su característica coleta. —Soy Meredy, mucho gusto.— Procedió a revelar su identidad y a saludar amablemente, estirando su brazo esperando estrechar manos.

El joven revolucionario tardó unos segundos en reaccionar, pero terminó por concretar el apretón de manos. —¡¿AH?! ¡¿Eras tú?! No te había reconocido ¡Uh-ah-ah-ah!— Se mostró sorprendido, mientras que su peculiar risa recordaba cómicamente al chillido de los monos. —Soy Sanzang, un viejo amigo de Wallace.— Se presentó también. —¿Así que Wallace tiene amigos?— Se preguntó en voz alta Benjiro, provocando que este le gruñera.

Al cabo de unos minutos, el grupo ya se encontraba nuevamente en tierra. La revuelta de la torre se había trasladado a las afueras de la misma. Por lo que el grupo se apresuró en dirigirse a la costa. A la distancia Talp y Cecilie observaban al grupo acercarse, por lo que les gritaron que se apresuraran, que ya estaban listos para zarpar. Así fue como, uno a uno, de un gran salto alcanzaron el barco y lo abordaron, incluido Inhert. Pero uno no saltó.

¡Meredy!— Vociferó Wallace el nombre de la peliazul. Esta volteó y vio a su primer oficial aún de pie sobre la costa, detrás de él estaba Sanzang. —Esta vez no los acompañaré. Hay un asunto del que debo encargarme.— Dijo Wallace, dejando sorprendidos a todos. —Pero... podemos acompañarte y ayudarte en lo que sea que...— Interfirió Cecilie, pero rápidamente fue interrumpida por Meredy, cuya respuesta sorprendió aún más a la banda. —Está bien. Pero volverás... ¿verdad?— La peliazul respondió con seriedad. Wallace se limitó a asentir levemente con su cabeza. Un ultimo cruce de miradas ocurrió entre ambos, antes de que este procediera a retirarse, en dirección a un enorme buque.

¿Quien era ese?— Preguntó Elliott, quien se mantenía en el timón, refiriéndose al joven que acompañaba a Wallace. —Él es un viejo conocido de Wallace, su nombre es Sansón— Respondió Meredy. —Creo que su nombre era Sanzang.— Acotó Ben, corrigiéndola.

Por cierto, buen trabajo estando preparados para zarpar de inmediato.— Halagó la peliazul. Elliott y Cecilie cruzaron miradas. —Wallace dio nos advirtió y ordenó que estuviéramos preparados para zarpar previamente.— Mencionó Cecilie. Meredy levantó su ceño en expresión de asombro, aunque se alegró de que finalmente su primer oficial comenzara a hacer su trabajo. —Oh, casi lo olvido.

¡WALLAAAAAACE!— Gritó a todo pulmón Meredy, voz que alcanzó a su objetivo, quien se detuvo a voltear. —¡¡Más te vale regresar, o sino te lanzaré por la borda!!— La advertencia de la peliazul dejó pasmados a sus compañeros, quienes no se esperaban para nada aquella absurda amenaza. —¡¿Cómo me vas a lanzar por la borda si no estoy?!— Respondió con el mismo tono Wallace. Esto dejó pensando a la peliazul. —¡¡Si no vuelves... te buscaré, te encontraré, y entonces te lanzaré por la borda!!

El momento se vio interrumpido por Inhert. —Meredy Aoyama, estoy eternamente agradecido contigo. Agradeció el mink, mientras hacía una reverencia. —Ah, no es nada.— Respondió, avergonzada. Mientras que Talp y Vera se lanzaron sobre ella, agradeciéndole también. —No tengo intenciones de ser un estorbo para ustedes y retrasar su viaje. Es por eso que pensé en aprovechar la conmoción de la isla para tomar un barco y regresar a mi tierra natal, Zou. Allí me tomaré un tiempo para meditar bien mi decisión de ser un pirata.— Habló Inhert.

Bien, esperaré con ansias saber más del Rey de la Selva en el futuro.— Las palabras de la peliazul fueron consoladoras, a la vez que alentadoras para Inhert. Quien nuevamente hizo una reverencia de agradecimiento y se dirigió hacia la proa del barco, listó para saltar nuevamente a la costa. Asimismo, esperaba ser acompañado por sus viejos camaradas. Vera le siguió el paso, pero Talp dudó por un instante.

¿Talp, que sucede?— Preguntó con tristeza Vera. Inhert lo notó al instante, la mirada del mink topo era evidente. —No seré yo quien se interponga en los sueños de un joven espíritu, eres libre de hacer lo que gustes.— Su antiguo capitán le dirigió las emotivas palabras. Talp, con lágrimas en sus ojos, volteó y se dirigió hacia Meredy. —Puede que sea un atrevimiento de mi parte, pero... ¿me aceptarías en tu tripulación? Aprenderé aún más sobre carpintería y prometo serte útil.— La peliazul rió, para luego responder afirmativamente. —Claro. Después de todo necesitamos un buen carpintero.

A continuación, Inhert y Vera se despidieron con los brazos en alto. Esperando volver a encontrarse en el futuro.

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