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Arco del asalto a Lazaward
Arco del asalto a Lazaward
Información
Número de capítulos 14
Anterior Arco de la Nobleza Aoyama
Posterior Arco de la Torre de Combate
Creador NeoGirl

El arco del asalto a Lazaward es el séptimo arco de The Blue Haired One .

Capítulo 35: Asalto pirata en Lazaward

Los días transcurrieron. Meredy se adaptó lo más que pudo a la rutina de una princesa, aunque se enfocaba en entrenar a diario. Pudo combatir la soledad tras entablar una amistad con Vera y Talp, aquellos minks que conoció meses atrás en los calabozos del reino. La peliazul solía visitarlos y llevarles comida, de este modo se ganó la confianza de estos.

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Este era un día especial, por lo que iría a visitarlos un poco más tarde que de costumbre. Meredy logró escabullirse entre los pasillos y de esta manera, poco a poco, logró llegar a la entrada de la bóveda del reino. —Apresúrate, los guardias se han tomado un breve descanso.— La recibieron las palabras de Liz, quien esperaba frente al gran portón con las llaves en su mano.

Sin más, se adentró por el extenso pasillo principal de la bóveda cuya terminación constaba en una inmensa cueva repleta de objetos de valor. Entre tantas cosas, encontró lo que buscaba. Abrió sus ojos en señal de sorpresa. Era la primera vez que veía un poneglyph, el gigantesco bloque de piedra la dejó boquiabierta.

Se tomó unos minutos para leerlo con calma, aplicando todos los conocimientos que Liz le había enseñado. Algunas frases le parecieron fuera de contexto, por lo que no lograba comprender el contenido de las escrituras. Un último detalle llamó su atención. Debajo de las escrituras, al final, había un nombre. Una firma. Aquel nombre le era familiar.

Meredy se llevó un gran susto al oír unas trompetas sonar a la lejanía. Reconoció que era la señal de emergencia del reino. Se apresuró en salir de allí, corriendo llegó a la puerta. Creyendo que la habían descubierto a ella o a Liz salió brúscamente. —¡Regresa a tu habitación!— Exclamó Liz. —¿Qué está sucediendo?— Preguntó la peliazul.

Ambas se movían a paso apresurado por los pasillos, de regreso a los aposentos de Meredy. Mientras tanto, Liz le comentaba lo que había oído. —Al parecer en el puerto han avistado un barco pirata.— Mencionó. Meredy se detuvo al instante, quedándose parada en el lugar. Liz se detuvo también y volteó con intenciones de gritarle que se moviera, pero la expresión en la cara de la peliazul la dejaron sin palabras.

Meredy esbozaba una sonrisa casi de oreja a oreja y sus ojos se llenaron de lágrimas. —Gracias por todo.— Dijo, mientras se lanzó para darle un corto pero fuerte abrazo. Rápidamente comenzó a correr en dirección contraria y dobló en el primer pasillo, perdiéndose así de la vista de Liz. Esta no hizo más que quedarse en silencio, nerviosa por lo que depararían las siguientes horas.


En los muelles de la isla Lazaward, uno de los hombres que vigilaba el puerto observaba con un catalejo. —¡Veo una bandera pirata!— Exclamó. Mientras que quienes lo acompañaban observaban el barco acercarse. —¿Qué clase de dementes se atreverían a venir a esta isla?

Capítulo 36: ¿Donde están los peliazules?

Un gran número de guardias esperaban a indicaciones en el frente del castillo, cuando el ruido de una ventana destruirse atrae su atención. Tras ver caer trozos de vidrio sobre el jardín frontal notaron una figura femenina que salió a gran velocidad de la ventana. Esta era Meredy, reconocida como la princesa del reino, una de los integrantes de la familia Aoyama a quienes estaban asignados proteger.

Al ver que repentinamente se volvió el centro de atención comenzó a correr. —¡Espere!— Gritó un guardia, aunque hizo caso omiso. Tres guardias corrieron tras ella, mientras que un cuarto se dirigió en dirección contraria con la intención de notificar lo sucedido. Para sorpresa de los guardias, Meredy se movía ágil y velozmente, marcando una notable distancia tan solo corriendo y esquivando adornos del extenso jardín.

¿Cómo es que corre tan rápido?— Se preguntó uno de los guardias en voz alta, mientras se esforzaba por no perderla de vista. Ciertamente las robustas armaduras que portaban les dificultaba la movilidad, pero la agilidad de la pequeña princesa los frustraba. —¡Se dirige a los calabozos!— Exclamó un segundo guardia, quien adivinó la dirección que tomaba Meredy.

Ya con la entrada a los calabozos a la vista, Meredy aumentó la fuerza de sus pisadas y a la vez la velocidad con la que avanzaba. Como era habitual, dos guardias yacían frente a la entrada. Estos, al ver a Meredy acercarse corriendo y a lo lejos tres guardias que parecían estar siguiendola, le advirtieron que se detenga. —¡Alto ahí!— Vociferó, pero fue entonces que notó que la peliazul no parecía tener intención de detenerse.

Para cuando pudieron reaccionar, Meredy ya estaba pasando literalmente sobre ellos, y con un gran impulso saltó y se lanzó de cabeza sobre la puerta. Dejándolos anonadados, la puerta se abrió, partiéndose en trozos de madera. —¿Eso fue... haki?— Se preguntó uno de los guardias, quien estaba sorprendido por la hazaña de la peliazul. Tras esto, Meredy recuperó la estabilidad rodando en el suelo, para adentrarse a los calabozos.

Conociendo el camino, llegó rápidamente a su destino. Allí, del otro lado de los barrotes, la recibían Talp y Vera. —¡Meredy! ¿Qué está sucediendo?— Preguntaron al ver a la agitada peliazul. —Debemos salir de aquí cuanto antes.— Mencionó con apuro. —¿Y... no tienes las llaves?— Preguntó Talp, algo descepcionado. —¡¡No pensé en eso!!— Gritó Meredy, tomandose la cabeza en señal de desesperación.


Los guardias de la costa se preparaban para abordar el barco pirata, el cual se acercaba más y más. Para sorpresa de estos, un fuerte estruendo se oyó, y la caseta principal del muelle fue destruida, volando en trozos de madera que se alzaron a la vista. —¡¿Qué significa esto?!— Preguntó en voz alta el guardía que encabezaba el grupo. Un intenso brillo provino de la cubierta del barco, y delante de ellos apareció un joven hombre pelirrojo.

¿Acaso no es obvio?— Mencionó. En ese instante aquellos soldados del reino notaron como la temperatura parecía haber aumentado. Aquel hombre emanaba un intenso calor. —¿Donde están los peliazules?

Capítulo 37: Una voz

Los guardías recorrían los calabozos desesperadamente en busca de la princesa. Mientras tanto, en lo lejano de un profundo pasillo, Meredy junto al dúo de minks buscaban una forma de abrir la celda. Los antiguos y oxidados barrotes cedían ante la fuerza de la peliazul por separarlos, aunque lentamente. Talp intentaba forzar la cerradura con una de sus garras, pero en vano. Al cabo de unos segundos unos guardias los encontraron, pudiéndolos ver desde la distancia en el oscuro pasillo.

¡Ahí está!— Exclamó uno de los soldados, alarmando a Meredy y a Talp. —Yo me encargo.— Dijo Vera, tras comenzar a pasar su delgado cuerpo entre los barrotes torcidos. Al lograr salir decidió enfrentar a los dos soldados que corrían directamente hacia ellos. Con un rápido movimiento saltó hacia la pared, luego hacia la otra y así sucesivamente, hasta llegar a ellos con ágiles movimientos, terminando por golpearlos, derribarlos y noquearlos. —¡Genial!— Exclamó Meredy, asombrada por los movimientos de la mink.

Tras que pudiera salir Talp, este le pregunta a Meredy que es lo que sigue para escapar. Pero nota a la peliazul distraída. —¡Meredy!— Le grita, para que vuelva en sí. —Oigo una voz.— Murmuró, dejando confundidos a los minks. —Alguien me llama, puedo escucharlo con claridad.— Tanto Talp como Vera observan alrededor intentando escuchar algo, pero no lo logran. Creyendo que Meredy perdió un tornillo, ellos proceden a planear el escape. Presionados por el tiempo, sabiendo que en unos momentos más soldados del reino llegaran hacia ellos, Talp observa al techo y exclama que tiene una idea.


Mientras tanto, en una pequeña oficina un den den mushi no deja de sonar. Pasados unos largos segundos, el hombre a cargo de la instalación levanta el micrófono, pero no dice ni una palabra. —¡¿Jefe Keeper, está ahí?!— Exclamaba con apuro una voz del otro lado del radio. —Siempre estoy aquí.— Respondió con soberbia, aunque razón no le faltaba. Keeper ha mantenido su posición de jefe de guardia por más de veinte años, y nunca ha abandonado su puesto. Su extraña calma ante una situación de emergencia demostraba un alto grado de seguridad sobre sí mismo.

¡Los guardias de la costa han sido derrotados! Pero hemos podido confirmar quienes son los piratas. ¡Estaba en lo cierto, usted tenía razón, ellos realmente aparecieron!— Notificaba el exaltado guardia, y confirmaba las sospechas de Keeper. Este último se limitó a dirigir su mirada a un afiche cercano, donde recopilaba diferentes carteles de recompensas.

Mientras tanto, el panorama en la costa y el muelle mostraba un desolado paisaje con los cuerpos de los desafortunados guardias que se cruzaron en el camino de los piratas. Estos llegaron a las puertas de la extensa muralla que rodeaba al reino. El pequeño grupo de piratas se tomaron unos pocos segundos para admirar la magnitud del paisaje, tras la muralla podían divisar una arboleda, y tras esta la gigantesca montaña. «Blue Mountain», haciendo alusión a su nombre, es un volcán inactivo que a la distancia toma una tonalidad azulada.

Quien parecía encabezar el grupo se precipitó a acercarse hacia la maciza compuerta mientras elongaba su brazo derecho. Sus intenciones de derribarla de un puñetazo eran evidentes, pese a que sus camaradas ponían en duda si era capaz de lograrlo. Para sorpresa de ellos, las puertas comenzaron a abrirse lentamente. Esto dio lugar a que pudiera divisarse, de entre la neblina, la figura de un hombre de gran altura.

Capítulo 38: Un llamado

El hombre no es más ni menos que el mismísimo jefe de guardias, Keeper. Un hombre adulto que los supera notablemente en altura, incluso al samurái del grupo quien es el más alto entre estos. Portando una oscura armadura y una lanza, se posiciona desafiante frente a ellos.

Comenzando por identificarlos a cada uno. —Wallace West, Elliott Akaminai, Benjiro Kurosaki, Cecilie Kochizaki. Su odisea termina aquí.— Las presumidas palabras que pronunciaba Keeper fastidió a los piratas, que no tardaron en demostrarlo con sus miradas.

Yo me encargaré de él. Ustedes continúen.— Mencionó Wallace. Acto seguido, Elliott y Ben avanzaron rápidamente. Keeper se apresuró en evitarlo. —¿Creen que los dejaré pasar?— Vociferó, para luego alzar su lanza y comenzar a girarla. Estaba preparado para atacar, pero para su asombro recibió un fuerte golpe directo en el pecho, resonando en su metálica armadura.

Su ofensiva fue anulada de un instante a otro. Casi cae hacia atrás pero pudo mantener el equilibrio. No le causó daño alguno puesto que su armadura recibió todo el impacto, pero no dejaba de verse confundido ante un ataque que no vio venir. Elliott y Ben pasaron velozmente por su lado, adentrándose al espeso bosque. Él solo observaba a Wallace, quien con una pose de guardia mantenía su brazo estirado hacia adelante y su puño cerrado, mientras esbozaba una sonrisa.

Ahora que entendió lo que había sucedido, se propuso confrontar a Wallace, demostrándolo al ponerse de guardia contra él. Pero para su inquietud, la mujer del grupo no se había retirado, ella seguía ahí de pie tras su compañero. Distante, Cecilie solo parecía observar.


Por otra parte, bajo tierra, el extravagante trío de Meredy, Talp y Vera, avanzaban con el mink topo encabezándolos. Este, con sus grandes pezuñas, se abría paso entre la tierra, formando así un pequeño tunel tras él. Narrando su trabajo en voz alta, Talp les comentaba que pese a que se encontraban ascendiendo, también avanzaban horizontalmente, planeando una ruta de excavación que terminaba en las afueras del reino.

Todo parecía ir acorde a su plan, pero un contratiempo inesperado le fastidia su idea. Meredy, obsesionada con aquella voz que escuchaba ella sola, comenzó a excavar también, adelantándose a él. —¡Meredy, no hagas eso! ¡Si no lo haces bien colapsará la tierra sobre nosotros!— Exclamó el mink, pero no obtuvo otra respuesta más que lo que no paraba de repetir. —Alguien me está llamando, y está cada vez más cerca.

Capítulo 39: Jefe de guardias vs. Tigre Blanco y Dragón Azur

Elliott y Ben avanzaron a paso ligero entre el espeso bosque que rodeaba a Blue Mountain. Llegando al pie de la montaña, prosiguieron por un marcado camino que se abría paso hacia el castillo. Por otra parte, de vuelta en los límites del reino, Keeper se mantenía en guardia mientras era confrontado por Wallace, pero se mostraba inseguro ante la presencia de Cecilie.

El jefe de guardias conocía las características de los piratas, y sabía que el ex revolucionario era precipitado en sus combates, pero esta vez mantenía su guardia alta y no comenzaba la ofensiva. Cecilie notó que Keeper estaba analizando las posibilidades, lo pudo ver en su mirada. Aprovechando la situación, ella comenzó a moverse hacia un lado y dejó de estar posicionada detrás de Wallace.

Básicamente, Cecilie planeaba moverse tanto como pudiera. Lo hacía lentamente, pero poco a poco se movia más y más hacia el mismo lado. Keeper se mostraba extrañado y mantenía la defensiva. Wallace la observó de reojo por encima de su hombro, y la pudo ver cerrar su puño y golpearlo contra la palma de su otra mano. La mujer se detuvo, aunque aún mantenía una gran distancia del guardia, y allí mismo lanzó un puñetazo al aire en dirección a Keeper, quien para su sorpresa recibió un fuerte impacto que lo hizo caer hacia atrás.

Esta vez el golpe fue más potente. Rápidamente se reincorporó y se mostró furioso, más aún tras ver a los piratas reír. —Malditos mocosos, ¡¿creen que voy a dejar que jueguen conmigo?!— Gritó con rabia, y se lanzó sobre Cecilie empuñando su lanza delante de él. Su ofensiva fue detenida por Wallace, que velozmente se posicionó frente a él y con una patada desvió el curso de la lanza, para luego girar sobre sí y con su otra pierna conectó una potente patada acompañada de una descarga eléctrica. —¡Gatenga!— Keeper salió despedido hacia atrás.

El jefe de guardias no se dejó caer pese a la situación, y se compuso rápidamente, esta vez centrando su atención en Wallace. Pero antes de que pudiera contraatacar notó que Cecilie volvía a moverse. Aunque fue una fracción de segundo, se distrajo y volvió a recibir otro impacto. Esta vez pudo ver con claridad lo que sucedía. Todo el tiempo fue Wallace quien lo atacaba desde la distancia, con una técnica similar al rankyaku del rokushiki.

Keeper comprendió que los movimientos de Cecilie fueron planeados para, además de atraer su atención, hacer que pierda a Wallace de su rango de visión. Esto pareció enfurecerlo aún más, y no iba a permitir que el ego de unos asquerosos piratas estuviera por encima del suyo. —Diviertanse todo lo que quieran, pero no podrán atravesar mi armadura.— Mencionó Keeper, remarcando algo que Cecilie había notado desde el comienzo, y que intentaba buscar un punto débil en la misma.

¡Cavaron sus propias tumbas al venir aquí!— Vociferó, anunciandoles su final. —Oye, no te adelantes tanto. Es verdad que tu armadura es un problema, pero sólo espera y verás como se cae a pedazos.— Habló Wallace, quien con una pose de combate diferente comenzaba a adquirir rasgos de un tigre. —Me hubiera gustado guardarme esto para los peliazules.— Sus ojos cambiaron, en sus manos se notaban unas prominentes garras y en su dentadura unos extensos colmillos, además de la aparición de una cola de fino pelaje tras él.

Capítulo 40: Reencuentro inesperado

Wallace, decidido y confiado, se preparó para atacar. Pequeñas descargas eléctricas se hicieron presentes alrededor de su cuerpo en forma de ruidosos y luminosos chispazos. —Oh, vaya. ¿Será 'eso'?— Se preguntaba Cecilie ante la declaración de su compañero. Keeper se puso en guardia, posicionando el brazo con el que sostenía su lanza por detrás.

Inesperadamente, algo atrajo la atención de los tres, interrumpiendo el tenso momento. La tierra detrás de Keeper comenzó a quebrarse, y en forma de un amplio círculo terminó de hundirse. Para sorpresa de todos, del poso en la tierra emergieron tres siluetas. —¡Al fiiin!— Exclamó una voz familiar, quien salió con los brazos en alto, sin prestar atención a la situación.

Keeper, actuando por acto reflejo, volteó rápidamente y tras girar su lanza atacó a gran velocidad con el mismo. Sorprendido, aunque sin poder detenerse ya, notó que a quien iba a atacar era la mismísima princesa, Meredy. Notando que se encontraba bajo ataque, la peliazul recubrió su frente de haki, adquiriendo un color oscuro. Al impactar, la hoja metálica del lanza se partió en dos. Keeper no salía de su asombro.

¡¡Meredy!!— Exclamó Cecilie, sorprendida al verla, aunque tambén con ella había dos animales. Wallace actuó rápidamente cancelando su técnica y, en su forma híbrida, se lanzó velozmente contra Keeper, impactándolo en la espalda y enviándolo a volar. Al verse frente a frente, Meredy gritó el nombre de su compañero y primer oficial, y se lanzó a abrazarlo. —¡Wallace! No recordaba lo suave que era tu pelaje.

El atigrado procedió a empujarla para sacársela de encima, disgustado por el abrazo, pero ella siguió a lo suyo saltando a abrazar a Cecilie. Por su parte, Talp y Vera se alteraron al ver a un gigantesco tigre. Asimismo, Wallace se mostró confuso al ver a dos animales parlantes. Keeper recupero la compostura y sin mediar palabras ante lo sucedido se lanzó sobre ellos. Wallace se interpuso frente a él y lo detuvo sosteniendo el asta de su lanza.

¡Ustedes vayanse!— Ordenó Wallace, a la vez que forcejeaba contra Keeper cara a cara. Cecilie procedió a tomar a Meredy del brazo y correr en dirección contraria. Talp y Vera las siguieron. —¿Y los demás?— Curoseó la peliazul, temiendo que algo les hubiera sucedido. —Ah, no te preocupes por ellos. Tienen que ocuparse de algo más.


Casi en la cima de Blue Mountain, en el frente del castillo, reposado de brazos sobre un pequeño balcón con vista a las costas de la isla, se encontraba Ronet. Su momento de tranquilidad se ve interrumpido por una potente ráfaga de viento que se alzaba verticalmente sobre el frente del castillo, provocando que la mayoría de los vidrios de las ventanas se quebraran y estallaran en pedazos. —Hey hey, que rudo.

Ronet observó a los intrusos con una sonrisa. Parados debajo del balcón en el que yacía se encontraban Elliott, con una complexión musculosa que resaltaba a la vista y con su abanico abierto junto a él, y Ben, con su katana desenvainada. El dúo parecía preparado para confrontarlo, pero Ronet sólo rio y se mostró relajado. —Me hubiera gustado ver nuevamente a su compañera, la médica a bordo, la dejaría sanar mis heridas con gusto. O tal vez a aquella mujer ninja, no he tenido el placer de conocerla.— Decía, dejando salir a la luz su lado mujeriego.

Deja tus juegos para otro momento.— Expresó con seriedad el samurái. Acto seguido, acotó una voz que provenía desde el interior del castillo. —Opino lo mismo.— La presencia del segundo peliazul sorprendió a los piratas, Neirin ahora entraba en escena.

Capítulo 41: Arrogancia explosiva

Con Neirin ahora frente a ellos, Elliott y Ben se pusieron en guardia. —Me han informado que Meredy escapó. No hay razón para que ustedes estén aquí.— Habló el príncipe. —No perderé el tiempo con piratas de segunda.— Las palabras provocadoras de Neirin parecieron llegar al pelirrojo, quien en circunstancias normales no se vería afectado por algo como eso, pero los efectos secundarios de su fruta conllevaban un cambio en su personalidad.

Elliott se lanzo contra Neirin, y poco antes de llegar a él se detuvo para atacar con su abanico. Nuevamente se dispuso a utilizarlo para generar una potente ráfaga de viento, pero esta vez con más fuerza. Usando toda su fuerza abanicó en dirección al príncipe, y con esto una inmensa masa de aire fue generada contra él. El impacto fue tal que generó un estruendo cuando el aire chocó con las paredes del palacio, terminando por destruir los vidrios que aún quedaban y destrozando puertas y adornos. Incluso el mismo Ronet tuvo que aferrarse para no salir despedido.

¿Así que esto fue lo que hiciste en Mock Town? Te pediré amablemente que no se repita. Quiero que el palacio se mantenga en pie.— Dijo inexpresivamente Neirin, quien se encontraba parado en su lugar como si nada hubiera sucedido. Tras esto, Elliott se lanzó otra vez al ataque, esta vez golpeando con un puñetazo directo en el pecho de Neirin. El peliazul salió despedido hacia atrás unos pocos metros. Sin problema alguno compuso la posición, frustrando aún más al navegante. —Tu fuerza bruta no servirá de nada contra él.— Esta vez habló Ronet como espectador. —Por algo le dieron el apodo de «muralla de acero».

Elliott observó su nudillo el cual comenzaba a sentirse adolorido, comprendiendo que había sucedido meses atrás en el combate entre Wallace y el peliazul. —La magnitud de tu arrogancia está al nivel de tu inmensa fuerza.— Comentó Neirin, para luego devolverle de igual forma el golpe que recibió. Esta vez fue Elliott quien salió despedido hacia atrás. —¿Metal?— Se preguntó en voz alta Ben al ver el puño de Neirin recubierto por una tonalidad plateada. —Platino, para ser más exactos. Es la habilidad de la Pura Pura.— Informó Ronet.

Elliott nuevamente se precipitó a atacar, pero esta vez Ben lo siguió. Neirin sacó su corta espada y se preparó para enfrentarlos. Viendo las intenciones de Elliott atacar con su abanico, Neirin se apresuró en detener su movimiento, bajando la guardia contra el samurái al no preocuparse de este. Para su sorpresa, pese a que la hoja de la katana impactó contra su antebrazo recubierto de platino, causó un pequeño corte el cual comenzó a sangrar. Ronet se mostró asombrado de ver como ahora el samurái hacía uso del haki.

El inexpresivo rostro de Neirin no cambió y esta vez él contraatacó con su espada, aunque sus ataques fueron bloqueados. Al utilizar la consistencia del platino para resistir los golpes de Elliott sus movimientos se volvieron más lentos y eran fácilmente predecibles para Ben, quien utilizaba su katana para bloquearlos. —No tiene sentido que sigan aquí, deberían estar intentando escapar en vez de estar haciéndome perder el tiem...— Neirin detuvo su ofensiva y, por primera vez en el combate, mostró una expresión diferente.

Ustedes... están reteniéndome aquí, ese era su plan todo este tiempo. Tsk, una idea astuta debo admitir.— Mencionó con frustración. —Le haré llegar el cumplido a quien tuvo la idea.— Respondió Ben. Acto seguido, para sorpresa del príncipe, Elliott se posicionó detrás de él y lo rodeó con sus brazos, reteniéndolo con fuerza. —¡Alejate!— Le advirtió a su compañero, quien dio un salto hacia atrás. Rápidamente la temperatura a su alrededor comenzó a incrementar al grado tal que Ben y Ronet, que estaban a una distancia prudente, sentían el intenso calor.Pride Flare.

Neirin al recubrir su cuerpo de platino no se veía afectado por la alta temperatura generada por el pelirrojo, pero su cuerpo era bastante pesado como para poder zafarse. La vestimenta del príncipe comenzaba a sufrir los efectos, así como también la tierra sobre la que estaban de pié comenzaba a secarse puesto que la humedad del ambiente se evaporaba. Sabía que si no fuera por que su cuerpo tenía la consistencia del platino sufriría graves quemaduras. —Si es necesario, usaré mi propia arrogancia para retenerte aquí.— Dijo Elliott, provocando la furia de Neirin.

Capítulo 42: Lirio del Tigre

De vuelta en los límites del reino, en uno de sus accesos frontales, el jefe de guardias Keeper observaba como la princesa se alejaba sin poder hacer nada. Wallace, en su forma híbrida, forcejeaba con él y le impedía ir tras ella. Por un instante Wallace pierde la concentración puesto que sus sentidos captan que alguien más se acercaba. Keeper aprovecha el descuido y logra golpear al atigrado obligándolo a retroceder, recuperando así el control de su lanza.

El jefe de guardias toma la iniciativa y ataca repetidas veces con estocadas, pese a que la hoja de su lanza está quebrada, aún debería ser capaz de cortar. Wallace esquiva ágilmente cada uno de los ataques y se lanza a contraatacar con sus garras. Keeper se defiende usando de forma ofensiva el asta de su lanza, golpeando directo en el rostro a Wallace, aunque este llegó a dejar la marca de sus garras en forma de cuatro líneas verticales en su armadura.

Hoy en día cualquier mocoso es capaz de dominar el haki.— Al ver que su armadura fue rasgada, Keeper no pudo evitar comentar su descontento. —Por un momento creí que subestimabas a tus oponentes, pero no es así. En realidad te sobrestimas más de lo que debes.— Mencionó Wallace, tomando una postura de combate, extendiendo sus brazos hacia delante con sus puños cerrados. Y continuó hablando. —Tu orgullo te hace creer que estás por encima, y solo observas hacia abajo cuando miras a alguien más. Hoy caerás a causa de eso. Y cuando lo hagas, desde el suelo verás hacia arriba y podrás ver un mundo completamente diferente al que estás acostumbrado.

Sin intención de seguir escuchando sus palabras, Keeper toma una pose ofensiva también, pero para su sorpresa presiente que alguien más lo ataca por la espalda. Gira rápidamente y logra divisar la figura de una mujer quien desciende con una patada hacia él. La mujer es Chiyome, quien ataca con su Ninpō: Kōha Senkaigiri. Asimismo, Wallace también ataca arremetiendo contra él con ambos puños con su Kōtei Shōgeki. —¡Ninpō: Oniyuri no Jutsu!— Los dos concretan sus ataques contra Keeper, quien fue tomado por sorpresa y no pudo evitar la potente combinación de ataques.

Su armadura se quiebra levemente, pero igualmente él recibe todo el impacto del golpe, cayendo así derrotado. En señal de un festejo improvisado, Wallace y Chiyome chocan sus puños amistosamente.


Mientras tanto, camino al muelle de la isla, Cecile corría a paso ligero mientras tiraba del brazo de su capitana, quien curiosamente no dejaba de sonreír; tras ellas las seguían los minks. —¿Qué sucede?— Preguntó Cecile. —Estoy feliz de que hayan venido a por mi. Además, ya sé el origen de aquella voz.— Decía mientras esbozaba una sonrisa de oreja a oreja. Cecilie mostró una expresión de confusión, y observó a Talp y a Vera. Estos simplemente levantaron sus hombros en señal de que no sabían de lo que hablaba.

Antes de que pudiera preguntarle a que se refería notó que había un pequeño grupo de guardias frente a ellos que impedían que llegaran al muelle. Pero sin tiempo de reacción alguna un fuerte estallido seguido de una explosión ocurrió tras los soldados, estos cayeron incapacitados inmediatamente debido al fuerte impacto. —¿Un cańón?— Se preguntaron, puesto que había sonado como tal. Tras el polvo y la humareda, que no tardaron en dispersarse, se pudo divisar un gran barco. —¡¡Sunshine!!— Exclamó la peliazul al reconocer su barco.

—Me alegro de volver a verte, Meredy.—

Capítulo 43: Mente brillante

El tenso encuentro entre Neirin y Elliott continuaba. El cuerpo de platino del peliazul se mantenía intacto, pero por el contrario sus ropas comenzaban a rasgarce e incinerarse. Su blanca capa fue la primera en caer, prácticamente consumida; aquella lujosa tela no era rival para una arrogancia tan ardiente. A Neirin se le agotaba la paciencia y el tiempo para traer de regreso a su hermana. Asimismo decide comenzar a tomarse en serio a su rival.

Usando la dureza del platino, movió bruscamente su cabeza hacia atrás concretando un cabezazo directo al mentón del pelirrojo. Elliott sintió el impacto, y aún más los otros dos que le siguieron. El tercero le afectó lo suficiente como para debilitar su agarre. Neirin se percató de esto y con tan solo el uso de fuerza bruta se zafó, procediendo a seguir golpeando al pelirrojo, esta vez con dos puñetazos seguidos a su rostro.

Con Elliott fuera de su camino, Neirin procedió a arrancar los restos de su vestimenta que poco cubría y ya se volvían una molestia, dejando a la vista su tonificado torso. —No es necesario que presumas.— Comentó con ironía Ronet, quien recibió una fría mirada como respuesta. Acto seguido, Neirin hizo un leve pero veloz movimiento con su torso, inclinándose hacia su izquierda, logrando esquivar el ataque sorpresa que lanzó Benjiro con su katana.

Pese a mostrarse tranquilo, Ben se encontraba bastante nervioso ante el príncipe, quien ahora le dirigía la atención. La situación se volvía desfavorable por cada minuto que transcurría. No faltaba mucho para el anochecer y Elliott se debilitaba poco a poco; asimismo, Neirin parecía más decidido a luchar en serio y comenzaba a hacer uso del haki. Sin pensárselo demasiado, Ben se lanzó nuevamente a atacar con su katana, pero esta vez de frente. El peliazul procedió a desenvainar su espada rápidamente y detenerlo. El filo de ambas hojas resonaron al chocar la una con la otra.

En el cruce de miradas, Neirin se mostraba relajado y confiado. —Siendo sincero, creí que el «tigre blanco» vendría a buscar su revancha.— Comentó el peliazul. —Lamento decepcionarte.— Respondió Ben. Acto seguido, el samurái lanzó una seguidilla de veloces cortes, pero para su frustración todos fueron esquivados sin dificultad.

A su vez, Elliott se reincorpora al combate lanzando un puñetazo a Neirin, pero este último lo detiene fácilmente con su antebrazo izquierdo. El pelirrojo notó que, el brazo del peliazul, esta vez estaba recubierto de platino e imbuído en haki de armadura. —Un poder descomunal y una resistencia de acero. Dentro de su pequeño grupo ustedes son los más aptos para confrontarme. Teniendo en cuenta que buscan retrasarme puedo asumir que esto no es casualidad.— Rápidamente giró sobre sí sacándose de encima al pelirrojo y al samurái, para elevarse de un gran salto y comenzar a avanzar por el aire, saltando por el mismo.

Tanto Ben como Elliott se mostraron alarmados al ver como Neirin se alejaba velozmente. —Él sabe lo problemático que puede ser tener a un enemigo así de astuto.— No tardó el hablar Ronet, quien seguía de pie observándolos. Esto provocó que el dúo le clavara la mirada. —Oh, tranquilos. No pienso detenerlos. No estoy interesando en evitar que Meredy escape.— Luego de sus palabras se mostraron un poco más aliviados. —Pero... ahora aquella mente brillante es la que está en peligro.

Sin mediar palabras y a paso apresurado, Ben y Elliott corrieron en dirección opuesta al camino por el que habían llegado. Ronet reconoció esta ruta como un atajo hacia la costa, por lo que no pudo evitar esbozar una sonrisa al pensar que su hermana había conseguido formar un grupo muy interesante.

Capítulo 44: Aquella mujer

Ya en el barco, Cecile revisó todos los cuartos del mismo. La médica a bordo se mostraba profundamente confundida, no entendía lo que había sucedido, puesto que le parecía improbable, o imposible, que se disparara un cañón si no había nadie en el barco. —¡Este barco es un desastre!— Exclamó Talp tras observar el malgastado navío, interrumpiendo los pensamientos de Cecilie. —Nuestro navegante ha hecho lo que ha podido, aún no contamos con un carpintero.— Le comentó, aunque no dejaba de pellizcar su labio inferior mientras volvía a sus pensamientos. —Pues hoy es su día de suerte, nosotros nos haremos cargo.— Expresaron con entusiasmo los minks.

Es entonces cuando Meredy sale de su cuarto y golpea con su bastón el suelo. —Bien, ya estoy lista.— La peliazul había vuelto a ser ella misma. Con su cabello recogido en una coleta y portando su característico bō, se anunció.

Luego de que Cecilie les indicara donde se encontraban las herramientas, los minks comenzaron a hacer un diagnóstico del estado del barco. Mientras tanto, Meredy observaba en silencio hacia el reino. —Si todo sale como lo planeado, deberíamos zarpar pronto.— Se acercó Cecilie a su capitana. Esta le dedicó una sonrisa. —¿Tienes todo pensado, verdad?— Curioseó la peliazul.

Más o menos. Me he asegurado de que nadie corra peligro. Supuse que al momento de que supieras que estabamos en la isla no esperarías a un rescate ordinario, pero no me esperaba que las cosas salieran de esta forma.— Hizo una breve pausa para aclarar su garganta. —Gracias a los planos del reino que consiguió Chiyome pude establecer una ruta de escape rápida y segura. Aún así hay algo que me sigue inquietando.— Su rostro se tornó mucho más serio.

La atención de ambas se centra en la costa, con la llegada de Wallace y Chiyome. Meredy no puede evitar alegrarse de volver a verlos, aclamando por ellos con los brazos en alto. El dúo consigue llegar al barco luego de saltar ágilmente hacia él. Allí, Meredy recibe a Chiyome con una pose de manos y dedos característica de los ninja. —Nin nin.— Chiyome rápidamente le responde haciendo la misma pose. Lo que terminó en un afectuoso abrazo entre las dos.

Cecilie observaba como el ambiente de la tripulación volvía a ser el de antes. Pero su tranquilidad se ve interrumpida por su den den mushi sonando. Esto atrae la mirada de Wallace. Al descolgar el micrófono puede oír la voz de su compañero Ben con un tono alarmante. —¡Cecilie! Tienen que salir de allí. ¡No importa que suceda, alejense de la costa! ¡El objetivo ya no es Meredy, ahora eres...!


Una leve ráfaga de aire fue suficiente como para hacerlo volver en sí. Keeper abrió sus ojos bruscamente y en un instante recordó todo lo que había sucedido. Aún tendido en el suelo, giro su cabeza hacia un lado y pudo ver a alguien parado a su lado. Junto a él se encontraba su discípulo. —¡Príncipe!— Exclamó sorprendido ante su presencia, e intentó reincorporarse. En ese instante pudo observar más detenidamente a Neirin, quien portaba una apariencia desgastada, algo que pocos tendrían el lujo de presumir que presenciaron.

Su fría mirada fue suficiente como para que Keeper entienda que él se encargaría del resto, por lo que se dispuso a informarle lo sucedido. —Ellos sabían exactamente que hacer y lograron doblegarme. Fui tomado por sorpresa. Pero no hay duda, quien está detrás de todo... es aquella mujer, Cecilie Kochizaki.— Neirin no hizo nada más que asentir, para luego comenzar a caminar en dirección a las puertas del reino. —Bien. Era todo lo que necesitaba saber.

Capítulo 45: Minus Tempo

¡¿Realmente estás dispuesta a arriesgar todo quedándote?!— Reclamaba Wallace, cuya intención era atender a las indicaciones que previamente había dado Ben. —Lo haré si es necesario. Además, ella no aceptaría dejar compañeros atrás.— Mientras pronunciaba sus últimas palabras observaba a Meredy, quien junto a Chiyome parecían estar muy entusiasmadas en su reencuentro; aunque ajenas al aviso.

Talp y Vera interrumpen luego de haber revisado el barco. —La proa y la popa es lo que mejor se mantiene, pero el resto del barco, casi en un setenta porciento, necesita reparaciones.— Informó Vera. —Podemos hacerlo, pero llevará tiempo. Además de elementos que precisamos.— Acotó Talp. —Nos preocuparemos de eso más adelante.— Comentó de forma cortante Wallace, provocando que los minks hicieran muecas de disgusto hacia él.

En la lejanía, el grupo divisa a Ben y Elliott corriendo en dirección hacia ellos. —¡¿Por qué siguen aquí?!— El samurái expresaba su nerviosismo. —No importa, ya estamos todos aquí.— Elliott intentaba ver el lado positivo. Aunque físicamente agotado y con pocas fuerzas no tenía otra opción. Para su mala fortuna, y sorpresa, un fuerte estruendo ocurre tras ellos dos. Algo había caído con fuerzas provocando una nube de polvo. Sin detener su paso voltearon sus cabezas, y al observar de quien se trataba sus expresiones cambiaron a una de completo asombro.

La atención de todos se centró en aquel punto. Y para cuando se disolvió la espesa polvareda pudieron ver que se trataba de Neirin, cuyo cuerpo completo se encontraba cubierto de un color platinado. —¿Cómo llegó tan rápido?— Se preguntaban Elliott y Ben, quienes hicieron un medio giro y se dispusieron a atacarlo con su abanico y katana, respectivamente. El peliazul pasó entre ellos con unos movimientos extraños, su cuerpo se movió rápido pero con movimientos suaves y simples, como si de una hoja de papel se tratase. Wallace rápidamente reconoció dicha técnica como el Kami-e del Rokushiki.

Neirin decidió ignorarlos y usando su siguiente paso se propulsó a una velocidad descomunal en dirección al Big Sunshine. Esto tomó por sorpresa a Wallace y Chiyome, quienes apenas pudieron reaccionar saltando hacia él con intenciones de detenerlo, aunque en vano. Neirin se propulsó en el aire, pateándolo, evitándolos y pasando sobre ellos, para luego redirigirse nuevamente. Su objetivo era claro y no titubeaba, iba tras Cecilie. Como si el tiempo prácticamente se detuviera y transcurriera más lento, no podían evitar ser espectadores de algo que no podrían evitar. Incluso Talp y Vera gritaron asustados ante la situación.

Cecilie observaba a Neirin casi sobre ella, con su puño recubierto en platino. En ese instante temió por su vida, sentía claramente como sus piernas se aflojaban. Cerró sus ojos por acto reflejo. Acto seguido, el sonido del metal golpeando resonó en el silencioso atardecer. Cecilie cayó hacia atrás, y al abrir sus ojos pudo ver a Meredy delante de ella, chocando puños recubiertos en haki mientras que una onda de choque quebraba el aire mismo.

¡Muevete!— Exclamó Neirin a su hermana, al ver que esta interfirió. Luego de que ambos fuero propulsados hacia atrás, Neirin se posicionó sobre el previamente destruido muelle, al igual que Meredy, ella estando entre él y el barco. —Estás muy equivocado si crees que dejaré que le pongas una mano encima a mis amigos.— Las palabras de Meredy causaron una extraña sensación en Neirin. Él desconocía el porqué, pero aquella mirada penetrante de la peliazul, además de ser diferente, le incomodaba.

Meredy -mirada seria-
Minus Tempo.—

Capítulo 46: Cuestión de perspectiva

Parados uno frente al otro, los hermanos Aoyama cruzaban miradas. Pero para su asombro, la mirada de su hemana menor lo incomodaba. Aunque sus palabras expresaban furia, su rostro se mostraba sereno, extraño en ella quien siempre se encontraba haciendo una expresión llamativa. Ya sea sonreír o fruncir su ceño.

Meredy comenzó a acercarse lentamente hacia él. Neirin se preparó para lo que sería un próximo combate. Meredy, a una velocidad inconcebible para los presentes, se lanzó contra él. Neirin de igual manera se lanza contra ella. Ambos impactan sus puños de lleno, provocando nuevamente una onda de choque causada por el haki de ambos. —Es inútil que se resistan, no tienen escapatoria.— Neirin intentaba provocar a su hermana, pero esta no mostraba ningún estímulo más que su intención por combatir.

Usando su otro brazo, Meredy atacó con su bo. Neirin pudo preveerlo y esquivarlo. Esto marcó una pequeña distancia entre ambos que el príncipe aprovecho para atacar.Tsuchi Uchikudaku.— Luego de dar un pequeño salto Neirin cae con fuerza sobre ella, utilizando su brazo recubierto en platino y haki en un golpe descendente. Meredy intenta cubrirse pero la fuerza del golpe la supera, y tras recibir el impacto cae al suelo.

Quita esa insoportable mirada de tu rostro.— Pronunció Neirin con aires de superioridad. Su cabeza comenzó a sangar levemente, tiñendo su flequillo y parte de su frente de rojo. Rápidamente Meredy se reincorporó y utilizó su bo para propulsarse hacia su hermano, atacando con una patada frontal. Neirin se cubrió y evitó el golpe fácilmente. Acto seguido la tomó de su pierna y dio un medio giro, terminando por lanzarla en dirección opuesta a la que se encontraba. Meredy cayó y rodó por el destruido muelle.

Sin Meredy en medio, ahora Neirin podía enfocarse en lo que buscaba. Le dio la espalda y observó directamente a la proa del Big Sunshine, cruzando miradas nuevamente con Cecilie. Dos kunais impactan en la espalda de Neirin, sin efecto alguno debido a su cuerpo de platino, ingorándolos. Cecilie, decidida a actuar, salta sobre la barandilla y se lanza contra el peliazul. —¡¡Ahora!!

¡Elliott!— Ben gritó el nombre de su compañero, para comenzar a correr directo a la acción. El pelirrojo reaccionó rápidamente y, extendiendo su abanico, generó una ráfaga de aire contra Ben, impulsándolo a gran velocidad. Asimismo, Wallace también participa en la ofensiva atacando con sus filosas garras en su forma híbrida de tigre. Neirin atina a cubrirse cruzando sus brazos recubiertos en haki delante de él. Hors d'Oeuvre y Koko no Jomon, respectivamente, ambas técnicas enfocadas en múltiples cortes.

La casi absoluta defensa de Neirin se vio superada por la combinación de ataques que lograron causarle algunos cortes en sus brazos, pero Neirin se mantenía firme en el lugar. —¡Sus débiles intentos son inútiles!— Vociferó el príncipe. —La debilidad siempre ha sido cuestión de perspectiva.— Respondió una voz por detrás de él. Neirin giró su cabeza y pudo ver, por encima de su hombro, a Cecilie esbozando una sonrisa de confianza. A su vez, la palma de su mano estaba reposada sobre la espalda del peliazul.

Asombrado, Neirin se aleja de ella con un brusco movimiento. —¡Meredy!— Gritó la médica, dando la señal para atacar a su capitana. Neirin volteó y observó a Meredy de pie, en una pose lista para atacar. En ese instante notó que su cuerpo se encontraba debilitado. Tras sentirse levemente sediento, recordó lo que sabía sobre las habilidades de la fruta de Cecilie, la Ika Ika. Inmediatamente pudo vaticinar lo que sucedería mas no podía hacer nada para evitarlo. Meredy se lanzó a atacarlo, empuñando su brazo derecho por detrás de ella.

Minus Tempo: Gurensen.—

Capítulo 47: Mi verdadero hermano

Sorprendidos, los piratas de la peliazul, así como los minks, no podían creer lo que habían visto. —¡Lo golpeó!— Con sus ojos completamente abiertos de sorpresa observaban incrédulos lo que creían algo imposible.

Un cálido recuerdo invadió su mente. Una dulce voz se apoderó de su sentido auditivo, acompañada de una agraciada silueta femenina que se hizo presente en sus recuerdos. —Madre.— Abrió abruptamente sus ojos, y notó como parte de su pecho y abdomen se sentían adoloridos. Asimismo, estaba cayendo hacia atrás. Instintivamente recuperó la estabilidad en medio de la caída, reincorporándose de un momento a otro. —¿Acaso perdí la conciencia por un momento?— Se preguntaba Neirin. Su cabeza daba vueltas entre tantos pensamientos.

Tras ese golpe su convicción se había perdido. Frente a él seguía de pie Meredy, pero su intención de detenerla se desvaneció. —¿Por qué estoy dudando ahora?— Se preguntaba, aunque en el fondo sentía un gran alivio. No fue hasta que Meredy pronunció sus palabras que entendió lo que sucedía. —Eres libre.— Tras esas palabras, Neirin cayó en la realidad. —Olvidarás toda emoción, sentimiento o recuerdo que te haga titubear. Mis palabras son absolutas.

Las palabras de su padre resonaron en su mente, como si de una órden se tratase. —Entonces él... usó su habilidad conmigo.— Razonó. —¿Cómo lo supiste?— Le preguntó a su hermana. —Dilys me lo dijo.— Se limitó a responder. Mientras tanto, el grupo de piratas se encontraban confusos al no entender lo que sucedía.

Te he causado muchos problemas. Lo siento, he sido un mal hermano.— Mencionó Neirin, apenado. Meredy suspiró y sus ojos recobraron el brillo habitual. —No te preocupes. Después de todo me has ayudado a volverme más fuerte.— Respondió con una sonrisa. Al parecer los ánimos se han sosegado. —¡¿Qué?! ¿Entonces se disculpa como si nada después de todo lo ocurrido?— Cuestionó Wallace.

Neirin lo observó mientras esbozaba una leve sonrisa. —Si quieres podemos continuar luchando, tigre blanco, pero ambos sabemos el resultado.— Habló el peliazul con su tono característico. —Tranquilos, este es mi verdadero hermano.— Comentó Meredy entre risas. El grupo de piratas aún estaba algo confundido. —Como muestra de mi arrepentimiento, los perdonaré por los problemas que han causado y los dejaré marcharse. Deben apresurarse, la marine está en camino.

Tras oír sus palabras, el grupo dejó de cuestionar el accionar de Neirin y priorizaron el escape, por lo que se prepararon para zarpar cuanto antes. Meredy se quedó frente a su hermano por unos segundos. —Cuidate.— Dijo por lo bajo Neirin. Meredy sonrió, para luego girarse y dirigirse en dirección al Big Sunshine. Neirin también se giró y comenzó a caminar hacia la costa.

Comenzando a adentrarse en el terreno selvático, en dirección al castillo, se encuentra con su hermano menor. —Al fin alguien te hizo abrir los ojos.— Comentó Ronet. —Y bien, ¿ahora qué?— Terminó por preguntar. Neirin no pareció sorprendido de encontrarse con él, siguiendo su paso sin detenerse. —Hay unos asuntos que debo tratar.

Capítulo 48: Enemigos naturales de los dioses

Pasada dos horas y media del asalto a la isla, el reino Lazaward volvía a sus actividades habituales. Mientras tanto, un buque de la marine se puede visualizar anclado en el destruído muelle. De él baja una tropa de soldados, quienes abren paso a dos siluetas femeninas que descienden tras ellos.

La primera mujer en descender del navío, portando la distintiva gabardina de la marine y un largo cabello negro, es Kyoko. Tras ella, una joven de cabello corto aunque característico color azul, reconocida como una de las princesas del mismo reino. En la costa ambas fueron recibidas por Keeper, quien portaba una vestimenta de civil.

Las jóvenes marines fueron escoltadas hasta el castillo sobre la montaña. El grupo de soldados aguardó en la entrada del mismo. Ya dentro, siguieron el camino hacia una enorme sala repleta de adornos. Allí se encontraron con uno de los príncipes. —Ohh, pero si es la vicealmirante rompecorazones.— Las características bromas del peliazul no podían faltar. —Cállate, Ronet.— Increpó la joven marine a su hermano. —A la órden, capitana Aoyama.— Respondió en un tono de burla, mientras alzaba su mano sobre su frente y hacía el saludo de los marines.

El trío procedió a acceder al siguiente salón, cruzando la puerta delante de ellos. Y frente a ellos, en su habitual aposento, se encontraba el patriarca y líder de la familia, Gruffud Aoyama. El ambiente estaba tenso, como si una intensa discusión hubiera ocurrido previamente.

Lamento las molestias, vicealmirante, pero no es necesaria la participación de la marine en asuntos familiares.— Gruffud habló formalmente. —¿Asuntos familiares? Justamente he venido a notificar sobre eso. Han mostrado incompetencia a la hora de tratar sus "asuntos familiares" en dos ocasiones, no habrá una tercera. A partir de ahora, Meredy «la peliazul» será tratada como una pirata y pasará a ser asunto del gobierno.— Habló seriamente la pelinegra. Esto pareció molestar a Gruffud, quien no pudo evitar dirigirle una mirada de furia.

Sin intenciones de mediar más palabras la vicealmirante procedió a retirarse, y tras ella los príncipes peliazules. Al salir, Ronet no pudo evitar reír, halagando las agallas de la vicealmirante.

Ha pasado tiempo, Kyoko.— Apareció Neirin, saludando a una vieja amiga. Mientras que Kyoko y Neirin se saludaban, Ronet codeaba a Dilys emocionado. —Veo que te diviertes fastidiando a mi padre.— Habló Neirin, en tono de burla. —No puedo negar que me agrada fastidiar a los nobles.— Respondió, dejando salir una leve risa al final.

¿Cómo es que tu padre no intentó retener a tu hermana con su habilidad?— Interrogó la marine, quien aparentemente estaba informada de lo ocurrido. —En ella no funciona, no es la primera vez que la fruta Ken Ken no tiene efecto sobre alguien.— No pudo evitar comentar el príncipe menor. —¡Ronet!— Vociferó el príncipe mayor. El tono de Neirin advertía a su hermano que no continuara. Como consecuencia, un intenso cruce de miradas se produjo.

Durante años nuestro inmundo padre ha querido ocultar lo inevitable. Él ha intentado usar su «autoridad» para mantenernos callados.— Esta vez era Dilys la que hablaba. Neirin, al cabo de unos segundos, comprendió a sus hermanos, por lo que se limitó solo a suspirar. —¿Y todo esto que tiene que ver con Meredy?— Preguntó la confundida vicealmirante.

Hasta el momento sabemos que la «autoridad» de nuestro padre pierde el efecto cuando aquel que está bajo el mismo pierde el conocimiento. Pero... al parecer hay ciertas voluntades que no ceden a su habilidad.— Explicó Dilys a su superior. Kyoko se mostro pensante durante un momento —Sabemos que algunas voluntades son indomables...— Interfirió Ronet. —¿Has oído hablar de los «enemigos naturales de los dioses»?— La expresión de sorpresa de la marine respondió a su pregunta, a lo que Ronet no pudo evitar esbozar una sonrisa.

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