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The Blue Haired One: MONSTERS
TBHO Monsters
Información
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Posterior Romance Dawn
Creador NeoGirl

MONSTERS es un spin-off de la historia The Blue Haired One, basado en el one-shot de mismo nombre, cuyos protagonistas son los Piratas de la Peliazul.

Sinopsis

Los Piratas de la Peliazul llegan a un desolado pueblo de temática del lejano oeste. Hambrientos, llevaban días sin comer, por lo que se acercaron al bar más cercano. «Gèrard» anuncia un gran letrero. Allí abren paso a su vista a traves de una ventana, donde pueden ver a varias camareras llevando de un lado a otro varios platos de comida.

Sus estomagos rugen fuertemente, el sonido es tal que atrae la atención de una camarera de largos cabellos rosados. Esta se muestra alarmada al ver a los cinco piratas de aspecto escuálido, por lo que decide dejarlos entrar y servirles un plato de comida a cada uno. —Ahora sí que se ven mejor, ya no parecen zombies.— Dijo al ver como los cinco recomponían la apariencia.

El grupo, quien se posicionaba frente a la barra principal del bar, comía a una velocidad inhumana. —Nos has salvado.— Decía Meredy con lágrimas en los ojos, mientras seguía comiendo. Por su parte, Ben, le da un toque a su capitana en señal de que no hablara con comida en la boca, algo que le había dicho en repetidas ocasiones. —Eres muy amable al atendernos pese a que no tenemos dinero.— Comentó Cecilie.

Oh, no se preocupen. Sólo no le digan a mi jefe.— Respondió con una sonrisa, mientras se reposaba sobre la misma barra que ellos, pero del lado opuesto. La amabilidad de la joven camarera conmovió a la banda, quienes le estaban agradecidos eternamente. —¿Y bién? ¿Qué trae a un grupo tan peculiar por aquí?— Consultó con curiosidad. Elliott, al terminar su plato, dejó los cubiertos a un lado de este y respondió. —Sólo estamos de paso.

Luego de que todos terminaran su plato, entre un ida y vueltas de preguntas, la joven muchacha se animó a hablar. —¿Tu eres un samurái, no es así?— Ben se dio por aludido y asintió con la cabeza. —¿Y no conoces al «rey»?— La pregunta prendió la curiosidad de todos.

La historia más popular de aquí narra a un joven samurái que asesinó un dragón y salvo a la gente del pueblo.— Comenzó a explicar, pero fue interrumpida por el grito de su jefe. —¡Felicia! ¡¿Cuantas veces debo decirte que dejes de contar esa historia!?— La regañó aquel hombre de apariencia mayor.

Confundidos, el grupo se queda en silencio, aunque, como era de esperarse, Meredy no. —¿Dragón? Cuentame sobre los dragones.— Expresó con entusiasmo. —¡Son geniales! Enormes criaturas que escupen fuego.— La emoción con la que hablaba iba acorde con el entusiasmo de la peliazul. —¡Felicia!— Volvió a interrumpir el hombre.

La animada camarera ignoró las advertencias de su jefe y prosiguió narrándoles la historia, la del samurái que liberó al pueblo de unos farsantes. Entretenidos y atrapados por la historia, la banda la escuchó atentamente. —...¡Y entonces de un rápido movimiento cortó su cabeza!— Seguía narrando Felicia, hasta que un hombre se acercó a ellos.

Wallace observó al desconocido, quien parecía ebrio. —Oye, niña, creo que deberías obedecer a tu jefe y dejar los cuentos para otro momento.— El tono de sus palabras fue claro, se trataba de una amenaza. Wallace reaccionó rápidamente y, de forma violenta, tomó al hombre de sus ropas y lo retuvo contra la barra.

Esto no sólo alarmó a sus compañeros, sino que también a todos los que se encontraban en el bar. Algunos optaron por retirarse, al parecer no estaban interesados en verse involucrados en problemas, mientras que unos pocos curiosos se quedaron a observar. —N-no es necesario comenzar un pleito.— Sugirió con algo de temor Felicia.

Me pregunto, ¿qué sucedería si continuamos con la historia?— Cecilie secundaba el accionar de Wallace con un comentario irónico, clavando su mirada en aquel hombre. Un segundo hombre se puso de pié, y tomando una botella se lanzó contra Wallace, golpeándolo con la misma. La botella estalló debido al impacto, lo que provocó una pequeńa risa contenida de Meredy.

Wallace apenas volteó su cabeza, dirigiendo una penetrante y terrorífica mirada a su agresor por encima de su hombro, quien aterrorizado sólo pudo salir corriendo del bar. —¿¡Qué crees que estás haciendo!? ¿Acaso estás loco? El señor Rajaion se enterará de esto.— Habló el desesperado hombre que era retenido.

¿Entonces es ese tal Rajaion es quien no quiere que se cuente la historia?— Interrogó Cecilie. El hombre, por mucho que Wallace lo presionara, no parecía querer hablar. —El señor Rajaion es quien ha sometido al pueblo.— El tono de frustración de Felicia era evidente. —Wallace, suelta al hombre, no queremos que tomen represalias contra el bar.— Dijo Cecilie.

Wallace observó a Meredy, y esta asintió con su cabeza. Pero para la propia mala fortuna del asustado hombre, abrió la boca. —Eso es, maldito, si no me dejas salir de aquí se la verán con...— El hombre no pudo terminar sus palabras debido a que Wallace lo lanzó con fuerza, logrando que atravesara la ventana más cercana a ellos. Los presentes se quedaron atónitos con lo sucedido, mientras que sus compañeros se lamentaban que ahora también le debían una ventana nueva al bar.

El alboroto atrajo al dueño del bar, quien apresurado se acercó. —¡¿Qué fue lo que sucedió?!— Exclamó. —Fueron los hombres de Rajaion de nuevo, lo lamento.— Decía apenada Felicia. Mientras tanto, Ben le comentaba por lo bajo a Meredy, algo que pareció entusiasmarla. —Nosotros los ayudaremos con eso.— Declaró la peliazul.

Ante las inesperadas palabras de Meredy, Felicia se mostró alterada.—¿Eh? No hay nada que se pueda hacer. Ha sobornado con la Marine por lo que es intocable.— El grupo se puso de pié, todos se levantaron de sus asientos excepto Wallace, que ya lo estaba. —Sólo dinos donde encontrarlo. Tal vez las palabras de unos piratas lo hagan cambiar de parecer.— El climax cambió por completo ante las últimas palabras de la joven peliazul.

¡¿Pi-piratas?!— Se preguntaba con sorpresa Felicia, mientras que su jefe les advertía que no lo hagan. —¡Oigan! Es peligroso.— El grupo de piratas salió lentamente del bar. En ese momento se toparon con varios hombres que les cortaron el paso. —¡Ellos, ellos son!— Exclamó un hombre de rostro familiar. Rápidamente lo reconocieron como el que atacó a Wallace con una botella minutos antes.

El hombre era acompañado por una agrupación, pero entre estos destacó uno de cabellos rubios. Este se aproximó y los observó con detenimiento. —Señor Rajaion, ellos son de quienes les hablé.— La situación se volvió tensa, y las personas que transitaban por el lugar comenzaron a apartarse. El nombrado Rajaion se acercó a Wallace de manera desafiante. Preparándose para una pronta ofensiva Ben reposó una mano sobre su vaina, esperando el momento preciso para desenvainar su espada. Elliott hizo lo mismo con su abanico.

¡Así que tu eres Raiajon!— Vociferó Meredy. El hecho de que haya pronunciado mal el nombre del tan temido hombre hizo que prácticamente se le salieran los ojos a los presentes. El hombre se quedó en silencio y observó de forma altanera a aquella pequeña peliazul que se atrevió a dirigirle la palabra. —¿Y tu quien eres?— Preguntó con prepotencia. —Mi nombre es Meredy, y quiero pedirte que dejes en paz al pueblo.

Tras oír sus palabras, el rubio lanzó una carcajada, lo que provocó que sus seguidores también rieran. —¿Qué harás si me niego?— Habló con soberbia Rajaion, mientras le dedicó una breve mirada a sus acompañantes quienes rieron, aumentando su ego. —En ese caso, ¡te patearé el trasero!— Las persistencia de Meredy ya comenzaba a molestarle, y se notó en su expresión. —Está bien, decidamoslo en un duelo. El ganador decidirá el destino del perdedor.— Propuso.

Meredy se mostró de acuerdo, mientras tanto, el grupo de bandidos comenzaron a alentar a su líder. —Bien, el primero en caer pierde.— Declaró, a la vez que se ponía en guardia, con una pose bastante exagerada. Claramente no se estaba tomando en serio a la joven peliazul que, extrañada, lo miraba. Felicia y su jefe observaban desde la entrada del bar, atemorizados por el desenlace.

Luego quiero golpear al gordo.— Habló Wallace, refiriéndose al hombre que previamente lo había atacado. Meredy volteó y rió. —Debes pedirle un duelo también.— Al ver que su contrincante se distrajo, Rajaion aprovechó la oportunidad y rápidamente saltó hacia ella, y con un golpe horizontalmente tajante con su mano derecha golpeó la parte izquierda del cuello de Meredy. —¡No debes distraerte en un combate!— Exclamó, esperando que al golpear un punto clave ella callera, pero no fue así.

Oh, lo siento.— Dijo, para luego estirar su brazo y empujarlo. La expresión de asombro de Rajaion era exagerada, no podía creer que su ofensiva había fallado, y ahora, se encontraba de espaldas en el suelo al caer luego de un simple empujón. —Creo que gané.— Fue lo que dijo Meredy, mientras sonreía. Inaceptable, la palabra que se repetía una y otra vez en la mente de Rajaion era esa. —¡Gheb, disparale!— Esto alarmó a los compañeros de la peliazul.

De la faja que cubría su cintura, tomó una pistola y apuntó a Meredy. Rápidamente Wallace reaccionó, embistiendo al hombre e impactando contra el frente del bar, dejándolo incrustado entre las maderas. —Hush, se me adelantó.— Reprochaba Ben, quien tenía su katana a medio desenvainar. —Es hora de que liberes a la gente del pueblo.— Habló con seriedad la peliazul.

Rajaion, incrédulo de aquello que sucedía, se negó. —¡Me las pagarán!— Gritó, para luego sacar de entre sus ropas un extrańo objeto. Los pueblerinos, alarmados, comenzaron a retirarse. —¿Un cuerno?— Se preguntó Elliott, tras observar la oscura pieza. Mostrandose atemorizada, Felicia cubrió su boca con sus manos. Cecilie no comprendía el porqué del alboroto, y la observó a la espera de una explicación. —Ha llamado... al dragón.— Dijo de forma pausada. Acto seguido, un rugido se escuchó desde la lejanía, proveniente de los cielos.

¡Algo se acerca!— Anunció Ben, quien divisó una silueta a la distancia. Con el fin de asustar a los presentes, Rajaion vociferó. —Están acabados. Este pueblo será reducido a escombros.— Pero para su descontento, la peliazul parecía más emocionada que antes. —Woaaah.— Exclama Meredy al ver al dragón sobrevolando el poblado. Este era enorme y de un color amarillento. —¡Meredy, no es momento de distracciones, las personas corren peligro!— Advertía Cecilie a su capitana.

Las personas que aún yacían en el lugar, comenzaron a huir de forma desesperada. El dragón se aproximó, y con tan solo su vuelo raso generó una ventisca lo suficientemente poderosa como para levantar unos pocos tejados de madera. Decidida a detenerlo, Meredy planeó llegar a él. —Wallace, necesito un impulso.— Le dijo a su compañero, quien rápidamente comprendió a que se refería. Ella dio un pequeño salto hacia él, su primer oficial se posicionó como para lanzar una potente patada que, en lugar de patear, propulsó a la peliazul hacia arriba a gran velocidad.

La fuerza y la dirección fueron precisas. Meredy alcanzó al dragón, tomándolo de su cuello. Esto fue positivo, puesto que el dragón cambió su curso de vuelo y dejó de avanzar por el poblado. Pero ahora era Meredy quien se sostenía de la enorme criatura que giraba sobre sí con intención de quitarse a ella de encima. Felicia se precipitó, tomando el cuerno de dragón y alzándolo a la vista, para que la criatura pueda verlo. Esto atrajo su atención sobre aquel objeto, y comenzó su descenso.

Ahora era Felicia quien se había convertido en el objetivo del dragón. Reaccionando de forma veloz, Ben tomó a Felicia de sus ropas y la lanzó a un lado, logrando así que el dragón no la alcanzara. En su ascenso, el dragón giró bruscamente, provocando que Meredy se zafara de su agarre. Sus compañeros, alarmados, observaron la situación. Pese a no ser una gran altura, eran varios metros de caída. Esta vez fue Elliott quien actuó rápidamente, extendiendo su abanico y utilizándolo para generar una ráfaga de viento en dirección a Meredy, deteniendo notablemente la velocidad de su caída.

De esta forma, Meredy pudo posicionarse bien y caer sobre sus pies sin problema alguno. —¡Cuidado!— Gritó Felicia, al ver como el dragón descendió nuevamente y se posicionó detrás de Meredy, para luego rugirle directamente a ella. —¡CALLATE!— Gritó con fuerza la peliazul, dejando perplejos a todos. El dragón nuevamente se preparó para rugir pero Meredy tomó su bo y golpeó la cabeza de la criatura —¡Ya deja el pueblo en paz!

El dragón, se mostró molesto por el golpe, pero no reaccionó de forma violenta. Para sorpresa de todos, dio un paso hacia atrás mientras movía su cabeza en señal de dolencia. —¡No tienes porqué destruir el pueblo!— La criatura respondió con un gruñido. —Vete, eres libre. Pero no vuelvas a molestar a las personas de aquí.— Dijo Meredy, para luego acercarse sin temor a él y acariciar su cabeza. —Lamento si te golpeé muy fuerte.

De forma inesperada, el dragón se mostró dócil, y simplemente alzó su cabeza y la observó. Tras un breve cruce de miradas, alzó vuelo, y en unos pocos segundos ya se había alejado lo suficiente como para que se perdiera en la distancia. Meredy se acercó a sus compañeros y, con completa naturalidad, dijo. —Problema solucionado.— Además de su cálida sonrisa. Sin saber que decir, estos le siguieron la corriente.

Por su parte, Rajaion perdía la razón por su furia, y se levantó. Antes de que pudiera decir sus siguientes palabras fue golpeado en el rostro por Felicia, haciendo que caiga nuevamente. No fue hasta entonces que los pueblerinos festejaron, a base de gritos, por la libertad del pueblo. Aquellos piratas se habían convertido en los héroes que los liberaron, y en agradecimiento a esto se les ofreció un festín, el cual aceptaron.

Después de mucho tiempo, las personas de allí pudieron disfrutar de música, comida, y companía de otros. La fiesta continuó hasta la noche, donde luego de comer, beber, charlar y disfrutar, Felicia se acercó a Meredy. —Creo que debes quedarte con esto.— Le dijo, para luego entregarle el cuerno de dragón. —Creo que te lo ganaste, junto al apodo de «reina». Tu historia será contada al igual que la de aquel samurái.— Agregó. Meredy le agradeció, mostrándose avergonzada por el elogio.

Así fue como concluyó esta aventura de los Piratas de la Peliazul, quienes a la siguiente mañana se despidieron efusivamente de todos y comenzaron un nuevo camino hacia su siguiente aventura.

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